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Diversidad entre elegidos del Premio Curriculum Cero

El Premio Curriculum Cero, que exhibe en estos días la galería Ruth Benzacar, cumple 10 años de vida. Ha pasado ya una década desde aquella primera convocatoria destinada a descubrir artistas menores de 30 años, sin antecedentes pero talentosos, y el proyecto resultó exitoso. La idea de tender una red con formato Premio para pescar talentos en plena gestación, cumplió con creces su cometido: son muchas las jóvenes figuras que ingresan a la escena del arte a través de Curriculum Cero. Y muchos llegaron para quedarse. Flavia Da Rin, Adrián Villar Rojas, Daniela Luna, el grupo DOMA, Eugenia Calvo, Matías Duville, Elena Dahn, Leopoldo Estol, Lila Siegrist, Estanislao Florido, Luciana Lamothe, Martín Legón, Nicolás Domínguez Nacif, Tiziana Pierre, Sofía Bothlingk, Eduardo Navarro, Jazmín López, Cotelito, o Erica Bohm, entre otros, dieron sus primeros pasos en el Premio. Como se sabe, el punto de partida de una ascendente carrera bien puede ser un premio o un golpe de suerte.

Hoy, en la salita de ingreso a la galería, se expone el video del ganador del Premio 2011, Tomás Maglione, junto a las obras de los artistas seleccionados este año, Daniel Alva, Francisco Amaru Medail, Mariano Javier Benedetti, Sebastián Desbats, Sebastián Garbrecht, Bruno Gruppalli, Laura Langer, José Manuel León, Sol Pipkin, Facundo Pires, Paula Pogranizky, Rocío Ruscelli y Sofía Sarkany.

Maglione filmó un paisaje donde el cielo y las aguas de un río se confunden. Las imágenes de un pájaro que cruza la pantalla o los leves movimientos de las nubes, las variaciones de la luz y todo el acontecer de la obra, se perciben a través de reflejos. El recurso que utiliza Maglione es enfocar exclusivamente el agua y transformarla en espejo. De este modo, el universo que muestra el artista tiene una relación estrecha con lo real, pero es una relación distanciada e inestable. Ese cielo que refleja el agua tiene las características de esos dos elementos y un efecto hipnótico sobre el espectador.

Exposición

Aunque al ganador del Premio no le otorgan dinero, su beneficio consiste en la posibilidad de realizar una muestra individual al año siguiente en la galería. De este modo, el ganador del Currículum Cero 2010, el rosarino David Maggioni, exhibe una sorprendente y enigmática instalación: una inmensa forma inflada y realizada en una tela traslúcida que rodea una columna y ocupa toda la sala de la planta baja. Es una escultura blanca, blanda, iluminada; una forma de aspecto tan ligero y a la vez tan sensible, que parece moverse cuando el espectador se desplaza.

Esa cosa enorme reposa, mansa, en el piso, con la blancura de la nada, ostentando su vacío interior y, aunque está quieta, parece emular la respiración humana. Acaso la mayor virtud de esta misteriosa presencia abstracta sea su capacidad insondable para abarcar la marea de interpretaciones que, con su mero estar ahí, despierta en el espectador.

En el texto del catálogo, Roberto Echen, que fue maestro del artista, habla de una «criatura», cuando dice: «Maggioni construye algo que -en fin- sólo está para dar valor a una forma conceptual, a un pensamiento repetible (como todo signo) -que, además, se sostiene en la experiencia que un visitante pueda hacer del encuentro con esa cosa- , sólo que sin esa materialización concreta en una seudo-criatura frágil, esforzada y efímera, no tendría sentido, ni siquiera existencia».

Si bien este año resulta difícil detectar «genialidades», el conjunto de las obras permite conocer una producción muy diversa y detectar cuáles son las tendencias dominantes entre los jóvenes. Vale la pena destacar que entre los ganadores de los últimos años estuvo Elena Dahn, también con una escultura blanda.

Luego, si se observa el Premio en retrospectiva, la pintura adquiere un relieve singular. La Argentina es un país de buenos pintores y las nuevas generaciones han heredado esta virtud. En esta ocasión Laura Langer presenta dos obras que demuestran un muy lejano parentesco con Alfredo Prior, al igual que el de Sol Pipkin con nuestros maestros abstractos.

Con la manipulación digital de documentos y archivos fotográficos, Francisco Amaru Medial organiza una obra personal: la imagen de un mundo que literalmente se viene abajo.

Lo cierto es que una obra de arte «genial» está siempre al alcance de las manos de cualquiera que, con una especie de séptimo sentido y un ojo muy entrenado, sea capaz de detectarla y de juzgarla. Pero, aun así, los méritos de los artistas emergentes suelen pasar inadvertidos, y lo bueno de Curriculum Cero consiste en colocarlos en la vidriera. La galería cierra la programación de cada año con un nuevo salón que suscita el interés de los críticos, galeristas y coleccionistas.

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