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Doris Day: adiós a un emblema del Hollywood feliz

A pesar de que les debe su mayor fama a las comedias conyugales que realizó junto a Rock Hudson, fue una actriz versátil, capaz de transitar por el drama, el musical, y hasta el policial de suspenso que hizo con Hitchcock.

Era rubia natural, y de natural encanto y simpatía. Carita redonda, flequillo en ocasiones, modales de chica bien educada, voz dulce de leve y sensual ronquera, símbolo de la clase media americana de los años 50, el cine de la ilusión y el Technicolor, Doris Day murió ayer temprano, en su casa de Carmel Valley, California. El pasado 3 de abril había hecho su última aparición pública, cuando cerca de 300 personas fueron a saludarla para su cumpleaños número 97.

Hija de un organista y profesor de música, nacida Doris Mary Ann von Koppelhoff en Cincinnati, Ohio, a los 15 años inició su carrera de cantante en la orquesta de Barnie Rapp, quien le hizo tomar su nombre artístico. Más adelante, en la de Les Brown, tuvo su primer éxito: “Sentimental Journey”, 1944, melancólico saludo a los soldados que estaban volviendo a casa. Actuó en radio junto a Bob Hope y luego Frank Sinatra. En 1949 apareció en un film musical, “Romance en alta mar”, y ya en el siguiente pasó a protagonista. Así se sucedieron “Mi sueño eres tú”, “El amor no puede esperar”, “Té para dos”, “Calamity Jane” (Oscar a la Mejor Canción por “Secret Love”) y otras cuantas comedias para alegrar los corazones.

También fue haciendo dramas: “Música en el alma”, con Kirk Douglas, Lauren Bacall y la caída en el alcoholismo, “Storm Warning”, con Ronald Reagan enfrentado al K.K.K., “Quiéreme o déjame”, con James Cagney como el mafioso que domina a una artista, “El hombre que sabía demasiado”, de Alfred Hitchcock, con James Stewart, donde ella canta el famoso “Qué será, será” junto al niño Christopher Olsen (segundo Oscar a la Mejor Canción), y el policial de suspenso “Encaje de medianoche”, con Rex Harrison.

Tuvo directores de lujo: Michael Curtiz, Hitchcock, Seaton, Tashlin, Donen, Gene Kelly, Delbert Mann, Norman Jewison. Y partenaires impecables. Sin agotar la lista, Frank Sinatra (“Joven de corazón”), Clark Gable (“Enséñame a querer”), Jack Lemmon (“La viudita indomable”), David Niven (“Éramos tan felices”), Cary Grant (“Amor al vuelo”), James Garner, Rod Taylor.

Por alguna razón, el más recordado es Rock Hudson, con quien hizo “Problemas de alcoba” (que la hizo candidata al Oscar como Mejor Actriz) “Vuelve, amor mío” y “No me manden flores”, donde el marido hipocondríaco cree que está mortalmente enfermo. Cuando muchos años después Hudson enfermó de veras y todos se alejaron, ella lo acompañó, e incluso lo llevó a Francia en busca de algún tratamiento. Pero nada era posible, todavía.

Para entonces, Doris Day estaba retirada. En 1968 había muerto su tercer marido (el que más le duró, casi 24 años), empezaban las primeras arrugas, entonces se pasó del cine a la televisión, donde tuvo un programa propio, “El show de Doris Day”. Le iba bien, pero al cumplir los 50 prefirió dejarle a su público el buen recuerdo, y dedicarse a su casa, sus perros, la defensa de los animales, los paseos con su nieto, y la música. En 1976 escribió sus memorias. “Doris Day. Her own story”, donde confesaba algunas picardías de su vida amorosa. Participó cada tanto en algunos especiales de TV y documentales sobre ella (a señalar, “Doris Day. A sentimental journey”, 1991, con el crítico Roger Ebert, Tony Randall, Clint Eastwood y otros amigos). En 2011 grabó su último disco, “My Heart”, ya con 89 años y todavía con una voz preciosa. No deja discípulas.

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