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Economía sigue fallando en sus pronósticos

Nuevamente ante la aparición de algunos indicadores positivos la conducción económica estima que en diciembre pasado la recesión tocó piso y que a partir de allí comenzará la recuperación. Así sigue fallando en sus pronósticos, ya sea por marketing o por ignorancia.

Desde ya que cualquier área de la economía que se analice muestra gigantescas y preocupantes caídas respecto a los mismos meses del año pasado, pero en diciembre y enero, varios de los datos difundidos exhiben leves mejoras respecto al mes que los precede. Este hecho se considera suficiente desde el Palacio de Hacienda a Presidencia de que la recesión había concluido.

Juicios de esta naturaleza que se emiten con frecuencia desde el Gobierno han quedado claramente desmentidos. El caso reciente que cobró mucha difusión fue que después de tres meses de reducción del ritmo de aumento de los precios al consumidor -desde los niveles estratosféricos de septiembre de 2018 de 6,5 % mensual-, el propio Presidente afirmó que la inflación estaba en baja. Lo hizo un día antes de que el INDEC informara de una nueva aceleración en la marcha de los precios en enero.

En febrero se aceleró significativamente la tendencia alcista y todo indica que en marzo la inflación será también mayor que la de diciembre. La conducción económica ahora reconoce que los índices permanecerán altos hasta mayo.

Pero más allá de algunos datos puntuales, está a la vista la gigantesca presión alcista que muestra el dólar y que el Gobierno irresponsablemente intentó reprimir en los últimos meses llevando las tasas de interés a niveles inmanejables para los agentes económicos. Ahora, con mayor irresponsabilidad aún pretende contener el dólar con fuertes ventas que hasta fin de año llegarían a u$s10.000 millones. Se usarían para ello los fondos prestados por el FMI, dejándonos otra vez con la deuda y sin los dólares. Se trata de una precaria estrategia para demorar un estallido que, en el mejor de los casos, se producirá después de las elecciones. Aun cuando la venta de dólares continúe, la inflación volverá a ser motorizada en noviembre y diciembre, por los fuertes aumentos tarifarios que se producirán pasadas las elecciones. De esa forma, las proyecciones de inflación más optimistas alcanzan hoy 35% en el año, pero muchos analistas ya la ven más allá.

Un error de proyección semejante se da en estos días con los indicadores del nivel de actividad. Quizás el peso de los aguinaldos, el adicional de $5.000 para los trabajadores, una temporal baja de las tasas de interés y la cosecha de trigo pueden explicar una mejora. Pero aun sin causa aparente en el contexto de la gigantesca recesión del segundo semestre del año pasado, aparecieron esporádicamente algunos meses positivos, que de ninguna forma marcaron tendencia.

No cabe duda de que la recesión se está profundizando. Se advierte, por ejemplo, que la utilización de la capacidad instalada de la industria, según los últimos datos del INDEC, se redujo en enero al 56%, el nivel más bajo desde 2002, cuando se vivía la mayor crisis política y económica de la historia argentina. Todos los días grandes y reconocidas empresas del país cierran, despiden, suspenden personal, solicitan procedimientos preventivos de crisis, en todos los rubros. Incluso soportan graves problemas los productores primarios o agroindustriales con poca presencia exportadora, como ocurre con los vinos, la yerba, los duraznos o las verduras. Los afectados por la sequía del año pasado padecen hoy iliquidez por la falta y el alto costo del crédito.

Las gigantes tasa de interés ahogan a la actividad productiva y continúa ininterrumpidamente el cierre de pequeñas y medianas industrias y comercios. Las dos grandes “industrias de industrias”, la construcción y la automotriz, no parecen tener chances de reactivación. La primera por los recortes presupuestarios que paralizarán cada vez más la obra pública. La otra, por la caída de los préstamos prendarios y los planes de ahorro previo.

La masiva reducción de horas trabajadas reduce significativamente la masa salarial. De esa forma la demanda no podrá recuperarse. La inflación del trimestre superará aún el aumento a los jubilados de marzo. El ponderado 11% que recibirán a fines de marzo los dejará en abril con ingresos reales inferiores a los de diciembre pasado. Mucho más si se considera la canasta del jubilado concentrada en alimentos, servicios públicos con un aumento en los dos primeros meses del año superior a 9%. Los aumentos de las paritarias se pagan en cuotas. De esa forma tampoco habrá mejora en términos reales en los próximos meses.

Mientras tanto, se acerca el proceso electoral en un clima político cada día más confuso. La inversión en todos los sectores declinará hasta que el panorama aclare.

En este contexto, los meses que muestran mejoría no indican el inicio de la recuperación. Dentro del actual modelo económico la caída es la regla y la mejora es la excepción.

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