Clima y doble mercado se llevan puesto al campo

Economía

“Si acá no llueve bien en los próximos días, a los productores no los sacan más de arriba de las rutas”, aseguró un dirigente, aludiendo a un factor determinante en este momento, y del que nadie habla: la amplia sequía que ya está produciendo fuertes pérdidas en la producción agropecuaria.

El dato suma y contamina tanto la parte política como la económica de un sector sensibilizado (por los antecedentes) con las nuevas autoridades políticas del país.

Esto y los errores/déficits de comunicación están disparando un conflicto que se podría evitar con rápidas correcciones que no pasan, justamente, por resucitar procesamientos y embargos por hechos de hace 11 años, cuando intentó reimplantarse el esquema de retenciones móviles, más conocido como Resolución 125, como está ocurriendo ahora. Tampoco alcanza con que el propio presidente Alberto Fernández critique la decisión judicial, ni se comunique para expresar solidaridad con los dirigentes involucrados, incluyendo a Margarita Stolbizer.

El punto es que “tocar” las retenciones siempre es complicado, pero más cuando los márgenes de la producción se deterioran rápidamente por aumento de los costos, los rindes se caen por la seca (y el calor), y la incertidumbre sobre el programa económico y hacia adonde se va crecen en forma exponencial. Cóctel explosivo para quienes “enterraron” u$s300-500 por hectárea, que recién comienzan a cosechar ahora con el trigo, y que terminarán de recolectar en abril-mayo con la soja. Sólo para los cultivos anuales la producción invirtió más de u$s10.000 millones, y ahora por la política, el clima y la economía, eso es una parte de lo que está en juego.

Pero de lo que tampoco se habla es del verdadero impacto de las últimas medidas anunciadas, teniendo en cuenta el desdoblamiento del tipo de cambio. Es que si bien los impuestos a la exportación (retenciones) fijados hasta ahora son de 9% (carne, pesca, etc.), 12% para cereales y 30% para la soja, la brecha entre el dólar oficial y el blue, por el cual se rigen muchos servicios, insumos y hasta el combustible, implican una quita sensiblemente mayor para “el bolsillo”. Así, para la tasa de 9%, la quita “real” respecto al nivel de la divisa en la calle, ascendía ayer a 30%, mientras que en el caso de la soja, superaba el 42%, con el agravante de que el equipo económico estaría pidiendo 3 puntos más para cada nivel (12%, 15% y 33% respectivamente).

Ante eso, los más preocupados son los dirigentes que temen ser nuevamente rebasados por el enojo de “las bases”, mientras que los gobernadores son los que siguen en el nivel de alarma. Es que son ellos los que tienen más claro que nadie lo que representa el campo a nivel de ingresos por impuestos, movimiento de la economía general, y naturalmente, por el ingreso de divisas cuando se exporta. Sin mencionar lo que las provincias le “transfieren” a la Nación vía, justamente, las retenciones.

A nivel nacional, la conciencia sobre la situación es mucho más despareja, y tampoco parece saberse que “el 100% de cero… es igual a cero”.

También se suman otros elementos para nada menores, como la situación financiera de media docena de empresas grandes que está impactando sobre la cadena agrícola en más de u$s 500 millones (y se habla del doble con los bancos) que “seca” adicionalmente la plaza restando ingresos a los productores; o el shock en China con cancelación de contratos y problemas de pago, cuyo impacto se sentirá seguramente en los próximos días, sumando inestabilidad (y baja) en el mercado internacional, lo que a la Argentina le pega de pleno en materia de exportación de carne vacuna, e indirectamente, en los granos.

Lo que tampoco parecen notar los funcionarios es que, por un lado, ya se anotaron más de 70 millones de toneladas de granos, que no serían alcanzados por las nuevas medidas, y que la seca les sigue restando a los ingresos esperados (por divisas y por impuestos).

Ya en trigo las últimas previsiones hablan de no más de 17,5 millones de toneladas, cuando al principio se especulaba con 20-21 millones. También el maíz está muy golpeado pues el de primera está sufriendo el estrés calórico (y la falta de agua), y el de segunda no se puede sembrar, lo que va a marcar una caída importante de volumen, mientras que también la soja, aunque menos sensible y con mayor margen de siembra, pasa por la misma situación.

De tal forma, si la cosecha última fue de alrededor de 140 millones de toneladas (las cifras oficiales marcan 147), la que está comenzando rondaría unos 125 millones de toneladas, en tanto y en cuanto, las lluvias se regularicen ya, de lo contrario, los números seguirán bajando para la Nación, para las provincias, y para los productores. Y eso hablando sólo de la cadena granaría.

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