El dilema entre proteger la salud o la economía

Economía

Los distintos gobiernos están "poniendo toda la carne en el asador". Los bancos centrales del mundo están bajando las tasas de interés a niveles mínimos, emiten dinero e implementan líneas de crédito especiales; los gobiernos lanzan paquetes de ayuda. El problema es que nadie sabe si realmente funcionarán. Dilema por el parate para disminuir contagios.

¿Esto es una guerra? le preguntaron recientemente al reconocido Kenneth Rogoff con relación a la crisis mundial derivada del coronavirus. Su respuesta fue: “Eso creo. Realmente siento como si fuera una invasión alienígena. Estamos siendo ocupados. Nos escondemos en nuestras casas. Nos dicen que no nos vayamos. Estamos teniendo una parada repentina en la actividad económica. Vamos a ver una recesión, al menos a corto plazo, como la que no hemos visto al menos desde la Segunda Guerra Mundial”.

Algunos economistas sostienen que nunca se había dado el fenómeno simultáneo de un shock de demanda y de oferta. Por lo cual dan a entender que las recetas aplicadas por ejemplo, en la crisis del 2008 no son suficientes.

Los distintos gobiernos están en modo “all in” en su versión en inglés o “poniendo toda la carne en el asador”. Los bancos centrales del mundo están bajando las tasas de interés a niveles mínimos, emiten dinero e implementan líneas de crédito especiales; los gobiernos lanzan paquetes de ayuda de hasta 10 puntos de producto bruto interno. El problema es que nadie sabe si realmente funcionarán.

A esto se suma que la coordinación mundial hasta el momento ha sido escasa, ya que las distintas medidas para contrarrestar la pandemia fueron resueltas en el terreno nacional. Recién una semana atrás los líderes del Grupo de los 7 (las naciones más desarrolladas del mundo) mantuvieron una videoconferencia en la que se comprometieron a “hacer todo lo que sea necesario” para controlar la enfermedad. Y esta semana hubo una conferencia entre Ministros de Economía en el marco del G20. Se estima que este jueves los jefes de Estado mantendrán el primer encuentro virtual desde que se desato la pandemia hace ya más de tres meses.

Un terrible dilema

Una de las explicaciones más claras del inédito fenómeno que se está dando la dio el economista Neil Irwin en un reciente artículo publicado en el periódico New York Times.

Irwin parte de la simple idea que “el gasto de una persona es el ingreso de otra” y señala que sobre en esta sencilla frase se resume el funcionamiento de los 87 billones de dólares que cada año genera de la economía global.

A su juicio, lo realmente preocupante sobre las consecuencias económicas que está provocando la pandemia es que “requiere casi un completo parate de este mecanismo por un período de tiempo indeterminado”.

Agrega que ninguna economía moderna ha experimentado algo semejante y simplemente “no sabemos” cómo va a responder el sistema, cuál será el daño que va a ocasionar ni cuán fácil o difícil será volver a la normalidad.

Riesgos

Para una economía como la de los Estados Unidos, en donde el consumo es el principal motor, los efectos son desbastadores. Irwin señala que los rubros entretenimiento, viajes, restaurantes y otros del estilo generan un gasto de más de 2 billones de dólares por año, equivalente a 14% del consumo total de los estadounidenses.

Esta proporción da una idea del impacto que tendría la detención de esa rueda, pero el efecto final sería mucho mayor por los efectos indirectos. Nuevamente, como el consumo de unos es el ingreso de otros, si hipotéticamente se cerraran todos los bares y restaurantes de los EE.UU., por citar sólo un caso, los empleados de este sector no percibirían un ingreso anual de más de 300.000 millones de dólares, es decir dejarían de gastar esta cifra generando lo que se conoce como un “efecto dominó” (caídas consecutivas).

Recesión

Distintos estudios académicos muestran proyecciones sobre el impacto que la pandemia puede tener sobre la economía, con escenarios que arrojan caídas de entre 2 y 8% en el producto bruto de distintos países según los supuestos que se tomen en consideración.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, afirmó que la perspectiva de crecimiento mundial para 2020 es negativa y que espera “una recesión al menos tan grave como durante la crisis financiera mundial o peor”, aunque también agregó que “esperamos una recuperación en 2021”.

Las cifras que se van conociendo sobre el impacto de la pandemia superaron muchos de los pronósticos pesimistas. Se estimaba semanas atrás que el coronavirus podía llegar a provocar una caída del orden de 3% en la producción industrial en China, el país en el que se originó la pandemia. Sin embargo, en el primer bimestre del año la actividad manufacturera china tuvo un retroceso de 13,5%, contra el período enero-febrero de 2019. Y los resultados en el consumo y la inversión fueron peores, con derrumbes de 20% y 24%, en ese orden.

No es mejor el panorama en Occidente. Por citar sólo un caso, en Noruega el desempleo saltó de 2,3% de la población en febrero a 5,3% en la medición de mediados de marzo.

Robin Brooks, economista jefe del Instituto Internacional de Finanzas, afirmó con respecto a la recesión desatada por el coronavirus que, asistimos a “casi un colapso completo en los servicios”, que “lo peor está por venir”, que cabe esperar contracciones record en el producto bruto durante el segundo trimestre y que la pregunta abierta es si la economía se podrá recuperar en el tercer y cuarto trimestre del año.

Por el fuerte impacto que tienen las políticas de aislamiento de la población sobre la actividad económica y el nivel de empleo, algunos gobiernos están reconsiderando esta receta que es la que proponen la gran parte de los sanitaristas. Parten del criterio que el aislamiento social puede funcionar por un tiempo, pero si dura puede resultar impracticable tanto desde el punto de vista económico como político y social.

El especialista en epidemias John Ioannidis director del Stanford Meta – Research Innovation Center sostiene que, si bien los datos no son preciosos, la mejor evidencia disponible hoy indica que la tasa de mortalidad del Coronavirus puede ser del 1% e inclusive menor. “Si esta tasa es verdad cerrar al mundo, con las potenciales tremendas consecuencias sociales y financieras sería totalmente irracional”, afirma Ionnidis.

El caso más notorio es el presidente de los Estado Unidos: Donald Trump dijo que el costo de la cura, es decir el aislamiento y el consiguiente freno de la actividad, no puede ser peor que la enfermedad. El mandatario afirmó que” esperaba que el país estuviera reabierto en dos semanas“, lo que mereció las críticas de especialistas de salud que consideraban demasiado rápido el levantamiento del aislamiento para contener la pandemia. Cabe recordar que Gran Bretaña no impuso el aislamiento al comienzo de la epidemia con la expectativa que la sociedad desarrollara defensas, estrategia que rápidamente fue dejada de lado.

Defender la vida

En cambio, el presidente Alberto Fernández se pronunció públicamente por priorizar la salud de los ciudadanos aún a costa de afectar una economía ya frágil. Argentina a diferencia de los países desarrollados cuenta con un 40% de trabajadores precarios situación que complica el cumplimiento efectivo del aislamiento por un tiempo prolongado. Se estima que la caída del PBI para este año podría llegar al 5%. Uno de los temores en el gobierno es el incremento del desempleo a pesar de que aún no se han tomado demasiadas medidas para apuntalar a las empresas.

La disyuntiva de hierro pasa por evitar que muera más gente o rescatar la economía, al menos que la ciencia encuentre antes un atajo. Los especialistas en epidemiología señalan, como dato esperanzador, que nunca antes la comunidad científica mundial trabajó de manera tan colaborativa e interconectada como ahora para encontrar una salida.

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