La Bolsa se frena ante el coronavirus y los bonos toman la posta

Economía

Desafiante, la epidemia suma afectados, salta fronteras, ensaya nuevos brotes, no da el brazo a torcer. Wall Street, a la par, revisa su estrategia en el margen.

El coronavirus es tenaz como el mercado bull. Difícil de acorralar. Su encerrona todavía ofrece resultados dudosos. China cambió una vez más la metodología de cómputo e impide medir la velocidad precisa de su propagación. Desafiante, la epidemia suma afectados, salta fronteras, ensaya nuevos brotes (en Singapur, Corea del Sur, Irán, el norte de Italia), no da el brazo a torcer. Wall Street, a la par, revisa su estrategia en el margen. El paso de los toros en la Bolsa fue arrollador -récord tras récord- pero jueves y viernes acusó el impacto. El daño del Covid-19 cobra peaje en economías y empresas, y no será posible ignorarlo olímpicamente. ¿O sí? Japón rechazó la oferta de Londres de cambiar la sede de los Juegos (Olímpicos y Paralímpicos) previstos para estrenarse en Tokio el 24 de julio. Wall Street, por cierto, tiene más alternativas a mano. ¿Cancelará el rally de las acciones como amagó en las últimas dos ruedas? Cuenta con otro festival en cartelera: el de los bonos, cuyo auge se acentúa. Un portafolio balanceado, en efecto, lucraba hasta ahora por ambas ventanillas: con la Bolsa vertiginosa haciendo caso omiso al virus y con la arremetida de los bonos (y el derrumbe de las tasas de interés) a caballo de la epidemia y sus consecuencias adversas. Habrá que dejar descansar a una monta y taconear a la otra. La resiliencia del virus nos dirá a cuál. Hoy los bonos tomaron la posta. La tasa del Tesoro a diez años rinde apenas 1,45% y la de 30 años cayó a un mínimo de todos los tiempos: 1,89%. Sin embargo, China promete aniquilarlo a fines de marzo. “Una victoria completa”, pronosticó su embajador en Moscú. ¿Alcanza? ¿O surgirán otros focos de infección a los que también se deberá sofocar? Como fuera, aún si la epidemia cesase en el acto, la factura económica ya es enorme. ¿Una China semiparalizada está adecuadamente cargada en los precios? Basta pensar que en las dos primeras semanas de febrero las ventas de autos se hundieron 92% para esbozar una dimensión del desastre.

¿Se podrá digerir un traspié así en la Bolsa confiando simplemente en que el evento no se repetirá y el vigor de arrastre sí habrá de recuperarse rápido? La Bolsa puede retemplar su espíritu, tensar los ratios de precios a ganancias (lo que hizo para alimentar el rally con utilidades en baja), sacar fuerzas de flaquezas (hoy los dividendos del S&P500 rinden 30% más que un bono del Tesoro a diez años) y justificar todo en el regreso a una normalidad exenta de males circunstanciales. ¿O cómo sobrellevó la incertidumbre de la guerra comercial (y la merma concreta en los volúmenes de intercambio)? El Covid-19 es un shock que se produce tras otro shock. El coronavirus sucede tras el virus arancelario, de la familia de las enfermedades proteccionistas (que por cierto llegaron para quedarse). ¿Será que el cuerpo aguanta, y se recupera? No hablamos ya de bulls versus bears y su pulseada eterna en la Bolsa. La economía, ¿lo resistirá? Japón declina, como mínimo, hacia una recesión “técnica” con dos trimestres consecutivos de contracción; Alemania está mejor, pero no tan lejos visto su estancamiento. Y sabremos de los destrozos en China, pero -ojos que no ven, corazón que no siente- nunca nos mostrarán la adición. Wall Street puede, y suele, ignorar al mundo, y más si le conviene. De hecho, si cayó el viernes 1%, fue por una factura doméstica: el informe PMI (IHS Markit) reveló la primera caída de la producción desde octubre de 2013. ¿El villano? El virus infame. ¿Escapará EE.UU. de sus garras? La curva de los bonos volvió a invertirse. Señal de recesión en ciernes. Falló el año pasado. ¿O tal vez se apresuró? La economía está mejor de lo que se cree (el índice líder voló 0,8% en enero) y mucho más robusta que Europa y Japón. Pero ¿cómo se explican los mínimos de la tasa de 30 años? Y, ya que estamos, ¿pari passu con la Bolsa en sus máximos? ¿Y la fiebre del oro? ¿Se perdió la brújula por el virus de la codicia? No necesariamente. Hay un racional que les da la derecha a todos. No hay recesión en camino sino un riesgo en alza de recesión. No es lo mismo. La marcha atrás puede evitarse. Lo dijo Jay Powell en el Congreso: estamos alertas. Las tasas bajan por los peligros que acechan y también por la solución prevista. Los futuros ven una o más bajas de tasa como el escenario más probable en junio (60%). La Fed de Powell sería el Albert Sabin de nuestro tiempo: te vacuna y te salva, y todo con un terrón de azúcar.

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