Un mundo que trae oportunidad y riesgo

Economía

Tasas bajas y el rebote de China juegan a favor. La incógnita de Brasil. Estados Unidos, entre el covid-19 y las elecciones. ¿Meterá la cola el regreso de la tensión Washington-Pekín?

Si la pandemia del nuevo coronavirus hundió al mundo en su peor crisis económica desde la Gran Depresión, su evolución en los próximos meses será crucial para que se defina el tipo de recuperación esperable, un dato fundamental para una Argentina que intentará, una vez más, refundarse tras el acuerdo logrado con los acreedores externos para salir del default. En principio, el plano financiero ofrece oportunidades para un país sediento de financiamiento productivo y con una infraestructura que demanda a gritos obras de gran porte. Asimismo, el rebote veloz que parece consolidarse en China también envía viento de cola. En tanto, el corto plazo de Brasil y Estados Unidos, los dos países más golpeados por la emergencia sanitaria, parece menos claro y el recrudecimiento de las tensiones entre Washington y Pekín vuelve a pesar sobre el ánimo global. En definitiva, lo que espera en el futuro previsible es una suma de oportunidades y peligros. La vida misma.

La depresión económica global producto del Gran Confinamiento de 2020 hace proliferar multimillonarios planes fiscales de estímulo, en particular en Estados Unidos. Eso mantiene y mantendrá por un tiempo considerable muy bajas las tasas de interés en ese país, lo que debería constituir un estímulo para que el capital fluya de nuevo hacia los mercados emergentes. ¿O no será así?

En realidad, los índices de emergentes que están creciendo tienden a sobreponderar a China y otros países de Asia y todo indica que, en un contexto tan incierto, los inversores serán selectivos. Uno de los temas que preocupan, justamente, es la posibilidad de una oleada de insolvencia en varios países, justo cuando la Argentina y Ecuador acaban de resolver sus respectivas cesaciones de pagos.

De cualquier manera, el ministro de Economía, Martín Guzmán, ya dijo que se no buscará por ahora el regreso a los mercados voluntarios, algo que, por otra parte, podría llevar un tiempo en resultar viable. De hecho, la Argentina logró liberar en buena medida su horizonte financiero con el entendimiento del lunes. Diferente puede ser la situación de empresas que sí podrían encontrar más facilidades para financiar proyectos conforme la economía comience a recuperar el tono. Eso, con todo, tampoco ocurrirá de la noche a la mañana, aunque se espera que las condiciones de tasa favorables se sostengan en el mediano plazo, dando tiempo a que le país aproveche, al menos, parte de la tendencia.

En el plano comercial, la gran noticia para el país es la recuperación veloz que experimenta China, el foco original de la pandemia, que ahora parece allí mayormente controlada.

El producto bruto interno (PBI) de ese país rebotó 3,2% en el segundo trimestre, período que fue fatídico en casi todo el mundo. De ese modo, la economía china limitó a 1,6% su recesión en el primer semestre y se encamina, como se ha pronosticado, a ser la única -o una de las únicas- en crecer en el año. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó que así será en su revisión de datos de junio, que arrojó una proyección positiva del 1% que podría quedarse corta.

El dato puede parecer magro para el ritmo habitual de esa economía, pero lo que vale es la fuerza del rebote. De hecho, la actividad industrial, el dato crucial, se aceleró en julio a la mayor velocidad desde enero de 2011: el índice de gerentes de compras (PMI) saltó desde los 51,2 puntos de junio a 52,8, dato que va de la mano con el modo en que China a reactivado sus importaciones de insumos clave como el petróleo, la soja, el cobre y el aluminio.

En ese contexto, China desplazó a Brasil del lugar de principal socio comercial de la Argentina. Según datos del INDEC, las exportaciones a ese país treparon en junio un 51,7% interanual, hasta 666 millones de dólares, y el semestre, 20,6%.

Eso incrementa la primarización de las ventas externas nacionales, que hoy es la mayor desde 1986. Inevitablemente, la recuperación de la “fábrica de dólares” genuinos comenzará por el sector más competitivo de la economía, algo que queda claro en el énfasis oficial por cortejar a la agroindustria y por el tipo de iniciativas que moviliza actualmente la Cancillería conducida por Felipe Solá.

La industria, claro, espera para reactivar sus exportaciones el rebote de Brasil. Este viene lento, pero comienzan a surgir indicios alentadores. El empleo empezó a recuperarse en junio, cuando la pérdida de puestos de trabajo fue de apenas 10.984 frente a 350.000 de mayo. Asimismo, en ese mes, los despidos retrocedieron un 16% y las contrataciones se incrementaron un 24%.

Ayer se sumó otro brote verde: la producción industrial brasileña creció un 8,9% en junio, el segundo aumento más importante del que se tenga registro, lo que redujo a 9% la caída interanual. De sostenerse la tendencia, la industria del vecino comenzaría a demandar más partes a la Argentina, mientras que la recuperación de los ingresos de los trabajadores haría lo propio con los bienes de consumo. Falta todavía para que los brotes germinen, pero el camino parece haber comenzado. De hecho, las perspectivas de recesión anual contenidas en el informe Focus que elabora el Banco Central de Brasil se reducen semana a semana y pasaron de 6,5% hace un mes a 5,7%, bien por debajo del 9,1% pronosticado por el FMI.

Tal como ocurre en Europa, también en Estados Unidos los paquetes de estímulo fiscal se suceden para hacer reaccionar la producción.

El segundo trimestre estadounidense fue muy diferente al chino, algo esperable dados los diferentes ciclos de la pandemia en uno y otro país. En la principal economía mundial, el PBI se desplomó 32,9% interanual, una cifra escalofriante y sin precedentes en 70 años, que, según el Fondo, derivará en una retracción anual del 8%. Ante ese escenario, en el que el virus no da tregua y va trashumando hacia nuevas regiones, un Donald Trump desesperado por la inminencia de las elecciones de noviembre presiona a los demócratas del Congreso para que apuren un nuevo megapaquete de estímulo.

La oposición propone uno de 3 billones de dólares, mientras que el oficialismo republicano, más sensible al incremento del déficit fiscal generado por medidas que hasta ahora costaron 14% del producto, propone uno de 1 billón. Los números no son el mayor problema del presidente, sino el timing. Es por eso que amenaza con frenar los desalojos por decreto y llena de improperios a sus rivales, a quienes acusa de pisar la pelota para que el parate económico haga su efecto en los comicios.

Desde ya que la tracción que puede ejercer Estados Unidos, con su PBI de 21 billones de dólares, sobre la economía internacional es un factor crucial también para la Argentina. Sin embargo, en las elecciones parece jugarse algo que va más allá: la relación entre Trump y el régimen chino vuelve a agriarse a propósito de la buscada “americanización” de la red social TikTok (ver página 17) y a proyectar sombras sobre los mercados.

El capítulo de la guerra comercial pareció cerrarse en enero, con compromisos de Pekín de incrementar sus compras de productos primarios norteamericanos, de levantar ciertas trabas a las empresas extranjeras y de dar mayores garantías a la propiedad intelectual. Sin embargo, las tensiones recrudecen ahora y complican al mundo en una coyuntura especialmente delicada.

¿Bastaría un cambio de mando en la Casa Blanca para que la transición entre una potencia consolidada y otra que busca el reconocimiento a su nuevo rol se haga más suave?

El mundo que viene ofrece oportunidades, pero también peligros. En esa realidad la Argentina deberá abrirles paso a sus esperanzas.

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