Economía

FMI: Alberto Fernández confía en el eje Trump- Werner para negociar

Se busca que el director generente para el Hemisferio Occidental encabece el caso desde el Fondo. Pero hay dudas por su continuidad.

“Todo bien con Trump”. Una alta fuente del próximo Gobierno de Alberto Fernández aseguró ayer que el ruido provocado la semana pasada entre el argentino y el jefe de Estado norteamericano por el conflicto boliviano no generó alteraciones en la estrategia para el tratamiento futuro de la deuda externa del país; y, especialmente, en el apoyo que Donald Trump prometió ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). Según las comunicaciones que se reciben desde Washington, por ahora indirectas y sin negociaciones abiertas, la cuestión Bolivia no interfirió con el diálogo que los delegados argentinos mantienen con los Estados Unidos. Incluso, desde el FMI, se les transmitió a los futuros funcionarios del Gobierno de Alberto Fernández que los embajadores de Trump en el organismo ya anunciaron que están dispuestos a apoyar las negociaciones que abra el país, una vez que asuma la próxima gestión. Las fuentes locales afirmaron también que desde la administración Trump se entendió que las declaraciones del próximo presidente sobre el aval del norteamericano al golpe y el nuevo Gobierno boliviano “son cuestiones de soberanía con las que aprenderemos a convivir”, insistiendo además en que “no influyen en el apoyo de Trump al país ante el FMI”.

Las mismas fuentes afirmaron que las preocupaciones en Buenos Aires parten por otro tema:la situación del mexicano Alejandro Werner como director gerente para el Hemisferio Occidental del FMI y las dudas sobre su permanencia en el cargo. Y, en consecuencia, como principal conductor del acuerdo con la Argentina y las futuras negociaciones entre el país y el organismo. Según la información que circula dentro de los grupos de asesores de Alberto Fernández que trabajan en la relación con el FMI, la situación del mexicano-argentino como número tres del Fondo es hoy algo endeble. La causa de esta situación es, precisamente, la ya segura caída del megaacuerdo que el organismo mantiene con el país, lo que derivará inevitablemente en el mayor fracaso en la historia de los créditos otorgados por el FMI en toda su historia, tanto por el monto otorgado (56.000 millones), lo que representa el 47% del total de los préstamos colocados. El FMI le entregó ya al país unos u$s44.000 millones, y aún quedan pendientes tres últimas transferencias, incluyendo el suspendido giro por u$s5.400 millones que aún quedan pendientes; dinero que, por otra parte, los asesores de Alberto Fernández dudan en reclamar. La principal defensora del acuerdo entre el FMI y la Argentina era Cristine Lagarde, quien ya no está en el organismo y dejó su puesto a la búlgara Kristalina Giorgieva, la que aún no emitió opinión (al menos pública y oficialmente) sobre el futuro de la relación con el país. Ante la ausencia de Lagarde y la indefinición de Griogieva, el responsable máximo del crédito y su caída es Werner, ya que el número dos del Fondo, el norteamericano David Lipton, siempre fue crítico de las flexibilidades que se le iban aprobando al país.

Alberto Fernández y sus futuros responsables en la negociación de la deuda creen que si Werner continúa en su cargo, será más fácil negociar un acuerdo como el que tiene en mente el próximo Gobierno: un plan de pagos al estilo Néstor Kirchner en 2003, dejando de lado tanto el stand by vigente como la alternativa de un facilidades extendidas clásico. Se considera que si el mexicano (nacido en Córdoba) es desplazado, al menos en las responsabilidades negociadoras con el país, el diálogo podría complicarse y volverse complejo. El principal temor es que se imponga la línea de pensamiento crítico contra la Argentina, inaugurada por la ex número dos del FMI Anne Kruger en los tiempos de la caída de la convertibilidad (persona que aún mantiene relevancia ideológica en las líneas técnicas del Fondo), y que las discusiones se compliquen. El primer punto de conflicto será la exigencia del organismo de comenzar y terminar con las discusiones por el pago de la deuda del stand by antes de abrir el diálogo con los acreedores privados.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su nueva etapa bajo la conducción de Kristalina Georgieva, envió un mensaje dual a la Argentina. El organismo financiero internacional dejó claro tanto al Gobierno como al “albertismo” que la estructura de la deuda global de la Argentina “no es sustentable” y que una negociación con acreedores privados tiene que contar con su intervención. Los responsables del caso argentino en la entidad explicaron con una metáfora simple la situación del país: la Argentina se encuentra bajo la “teoría de un solo bolsillo”. Esto es, los compromisos de pago futuros dependerán de los dólares de que disponga el país, sin importar si se trata de pasivos con privados internacionales, deuda interna o con organismos internacionales. En otras palabras, lo que reclama el FMI es que las discusiones se encaren bajo un “enfoque integral” y no por separado, ya que “todo se conecta con la capacidad de pago del país”, la que, según la visión desde Washington, “es alarmante”.

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