Economía

La industria sigue golpeada: trabajó al 57,7% en septiembre

Los efectos de la devaluación post-PASO y las elevadas tasas de interés complican la actividad manufacturera, que en el mes se contrajo 5,1%. Tres sectores tienen más del 50% de capacidad ociosa: químicos, metalmecánica y automotriz.

La utilización de la capacidad instalada en la industria volvió a retroceder en septiembre, al registrar una baja de 3,4 puntos porcentuales al 57,7%, informó ayer el INDEC. La caída confirmó el contexto complicado que está atravesando la actividad manufacturera, principalmente luego de la devaluación post-PASO, que generó algunas complicaciones para la industria. En tanto, en comparación con agosto, la baja fue de 2,8 p.p.

En septiembre, los rubros con mayor proporción de utilización de la capacidad fueron Industrias metálicas básicas (79,1%), seguido por Refinación de petróleo (77%) y Productos minerales no metálicos (75,4%), que completaron el podio. Más abajo se ubicaron Papel y cartón (73,1%), Productos del tabaco (69,2%), Productos alimenticios y bebidas (61,6%) y productos textiles (57,8%). Durante el período, tres sectores finalizaron con más de la mitad de la capacidad ociosa, como fue el caso de Sustancias y productos químicos (47,7%), Metalmecánica excepto automotores (40%) y la Industria automotriz (37,4%). Otros rubros que finalizaron por debajo del nivel general fueron Edición e impresión (57,5%) y Productos de caucho y plástico (51,3%).

La devaluación de agosto y la fuerte suba de las tasas de interés, sumado a una caída en el consumo interno llevaron a una contracción en la producción manufacturera, que en septiembre se contrajo 5,1% interanual, de acuerdo con el Índice de Producción Industrial Manufacturero, acumulando en los primeros nueve meses del año una merma del 7,8%. Y en los próximos meses, lo más probable es que la caída continúe, acentuándose en la metalmecánica, automotriz y textil, entre otros. Esto implica que los indicadores sociales, de empleo y de ingreso continuarán golpeados, dado que la industria es uno de los sectores más intensivos en lo que es contratación de mano de obra.

A lo largo de la historia argentina, los economistas han abogado por un tipo de cambio competitivo que permita que la producción nacional pueda disputar en el plano internacional con las exportaciones del resto de los países. El problema es que, en simultáneo, se necesita que el mismo mantenga cierta estabilidad que permita realizar proyecciones, para que las empresas puedan llevar a cabo decisiones de producción. Y desde la crisis cambiaria que comenzó en abril de 2018, la economía argentina se ha visto golpeada por los reiterados saltos que ha registrado el dólar, lo que complicó a diversos indicadores, como los de consumo e inflación, entre otros. A contramano, los de cuenta corriente empezaron a verificar sucesivos superávits comerciales y de turismo, entre otros, a partir de una menor cantidad de importaciones y de viajes al exterior. Con la imposición del cepo hard, las fluctuaciones del tipo de cambio deberían estar contenidas, aunque esto podría traer complicaciones en el largo plazo. Por esta razón, es necesario que el próximo gobierno siga avanzando sobre la corrección de los desajustes macroeconómicos de la Argentina, para poder insertar al país en un sendero de crecimiento.

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