Lo que se dice en las mesas

Economía

Con mercados contaminados parece que se acaba la pax en el Congreso. El test Rafecas. ¡Un vocero de la deuda, por favor! Wall Street, en terreno correctivo. Esto no lo arregla ni la Fed ni el BCE.

Ya se había advertido desde esta sección la semana pasada que mientras el mundo caía en la cuenta en la dimensión preliminar del efecto coronavirus (CODID-19) en el país la atención se distraía entre el Bono Dual y los rumores sobre el proceso de reestructuración de la deuda soberana. Lo cierto es que los mercados globales fueron la caja de resonancia de cómo se aceleraba la dispersión del virus en el mundo. Hubo un lunes negro, un martes, un miércoles y ayer no fue la excepción: hubo otra jornada terrorífica para las principales Bolsas del mundo. En este contexto los activos argentinos no hicieron otra cosa que acompañar la tendencia mundial. Mientras tanto, el Congreso ayer dio gala de que la “pax” de los primeros 100 días se habría terminado y con eso los marcos de tolerancia negociadora de la oposición, sobre todo de Juntos por el Cambio (JxC). Un avezado conocedor de estas lides políticas planteó ayer a hombres de negocios que ahora el caso del pliego del juez federal Daniel Rafecas para procurador general será el próximo test para ver si se alteró el equilibrio entre las “palomas” y los “halcones” en JxC y vuelve a ganar protagonismo el tridente Macri-Bullrich-Pichetto, menos propenso a pactar con el Gobierno por desconfiar de CFK. Hasta ayer no solo hablaban ambas fuerzas políticas sino que negociaban, pero ayer algo se quebró. Todos miran al Instituto Patria. Un tema a monitorear por lo que se viene en materia de agenda legislativa. Tampoco los operadores del mercado entienden mucho que por unos u$s300 a u$s400 millones (sería la recaudación adicional por subir las retenciones a la soja) el Gobierno se compre un conflicto con el campo. Pero en un país donde se confunden las jubilaciones “especiales” con las de “privilegio” y hay millones de jubilados sin aportes no se comprende la solidaridad y el ajuste. Se mezclan los condimentos fiscales con los de otra índole. La lectura de viejos lobos del mercado es que (jubilaciones especiales y retenciones) ya no son cuestiones fiscales, sino que responden a cierta revancha. Claro que otros dicen reconocer la “letra” del Fondo. No sería extraño, máxime cuando el Gobierno le pide “paciencia”, “foto de apoyo” y “acompañamiento”, a cambio de más solvencia fiscal. En el medio, Don Martín Guzmán sigue escondiendo. ¿Hasta cuándo? Es lógico que no se muestren las cartas antes que los otros jugadores pero los precios de los bonos argentinos reflejan la incertidumbre generada por rumores y especulaciones de analistas ante el silencio oficial de qué está pasando en relación a los contactos con los bonistas. Sería mejor que “alguien”, no un vocero, transparentara cómo viene el proceso, porque de lo contrario el ánimo de los inversores sigue siendo víctima de lo que publican los researchs y los medios. Alguien va a tener que hablar antes del 31-M.

Warren Buffett pidió que no cundiera el pánico ante la avanzada del coronavirus. Mucho caso no le hicieron sus seguidores. Ayer Wall Street volvió a desplomarse más del 4% (Dow -4,42%; S&P 500 -4,42%; y Nasdaq -4,61%). En lo que va de la semana la Bolsa de Nueva York (va camino de cerrar su peor semana desde 2008) acumula una pérdida de más del 10% desde los máximos históricos del miércoles y entró en “territorio correctivo”. La expansión del coronavirus a multitud de países anticipa que su impacto económico será mayor de lo inicialmente estimado, lo que está provocando un lógico “fly to quality” hacia activos más seguros como bonos y oro. Por ahora no surgen convocatorias a un “momento de compra” de renta variable. Encima los inversores confiaban en la intervención de los bancos centrales para mitigar las consecuencias económicas de la epidemia. Pero ahora la sensación cambió y el mercado teme ya que las medidas que puedan adoptar el Banco Central Europeo, a cargo de Christine Lagarde, o la Fed no sean antídoto suficiente ante la epidemia, que cada vez se extiende a más países. Los analistas creen que, si llega, la relajación de la Fed y el BCE, como recorte de tasas o inyección de liquidez podría no servir para nada. Es que los inversores se han dado cuenta de que pese a los superpoderes que los bancos centrales esgrimieron en los últimos once años, ni siquiera ellos pueden mitigar los efectos globales de un virus que sigue extendiéndose por todo el mundo. Porque se preguntan: ¿de qué sirve el dinero fácil si no hay trabajadores, ni piezas, ni demanda?. Por más inyección de dinero si se cierran fronteras y se decretan cuarentenas, el consumo sufrirá.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario