No perjudiquemos a los niños más humildes

Economía

La Anses dispuso eliminar el requisito de la presentación del certificado de alumno regular del año pasado para poder cobrar este año la Asignación Universal por Hijo (AUH), cuyo objetivo inicial había sido fortalecer la escolaridad de los niños humildes, aspiración meritoria en este siglo de la globalización con rápidos avances científicos y tecnológicos; por eso la fortaleza de una sociedad hoy depende sobre todo de su capital humano.

La población es la depositaria de ese capital, que es decisivo para el progreso. El nivel de conocimientos acumulados por los habitantes de un país es la garantía de su avance. Estuvo en lo cierto The Economist cuando afirmó que: “La fortaleza de una sociedad depende principalmente de lo que está en la cabeza de las personas. Por esta razón Japón y Alemania pudieron recuperarse rápidamente a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, a pesar que sus ciudades estaban reducidas a cenizas”.

Nuestra acumulación de capital humano calificado es menor que en otros países y es insuficiente para enfrentar los nuevos desafíos científicos y tecnológicos, ya que el crecimiento económico no depende hoy de los recursos naturales sino de la acumulación de capital humano.

La última prueba PISA (2018) fue un llamado de atención, ya que indica que estamos perdiendo el tren educativo del siglo XXI, no solo cuando vemos lo que esta ocurriendo en las naciones desarrolladas, sino también en América Latina. Los resultados de esta Prueba PISA evidencian una situación crítica en lo que hace a los conocimientos de nuestros jóvenes. En Ciencias nos ubicamos en el lugar 65, en Lectura en el 63, mientras que en Matemática hemos descendido al lugar 71; es decir estamos en los últimos lugares de los 77 países participantes. En América Latina el nivel de conocimientos en Matemática de nuestros adolescentes esta por debajo del nivel en Chile, Uruguay, Costa Rica, Perú, Colombia y Brasil, atrás nuestro apenas están Panamá y República Dominicana. La comparación de nuestros resultados con los países asiáticos es otro llamado de atención, ya que el puntaje de los alumnos chinos es 55 por ciento mayor al nuestro.

¿Qué tenemos que hacer para mejorar el nivel educativo de nuestros alumnos? Para eso debemos comenzar por lo elemental, el cumplimiento de las leyes. En 2005 se sancionó la ley que expresaba que la inversión en educación, ciencia y tecnología, sería destinado a “lograr que, como mínimo, el 30% de los alumnos de educación básica tengan acceso a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando los sectores sociales y las zonas geográficas más desfavorecidas”. Al año siguiente fue sancionada la Ley de Educación que ratificó esa meta, disponiendo: “Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa (JEE/JC) con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel por la presente ley”. La realidad es otra, ya que el Ministerio de Educación informa que, en el 2018 en las escuelas primarias, apenas el 13,9 por ciento de los niños gozaba de los beneficios de la JEE/JC.

El atraso en la implementación de la JEE/JC, más los frecuentes cierres de escuelas públicas asegura pocas horas de clase; no se trata de comparar nuestro calendario escolar “efectivo”, es decir no el legal que nunca se cumplió en todo el país, con países europeos o asiáticos, sino con Cuba, Colombia y Chile que registran 1000 o más horas anuales, o con México, mientras que el nuestro “efectivo” es apenas alrededor de 660 horas. Más horas de clase no aseguran avances educativos, pero menos horas en la escuela consolidan el atraso educativo, particularmente el de los pibes humildes cuyo futuro depende de una buena escuela.

Para nuestras leyes la educación es un derecho, pero también una obligación, ya que así lo disponen tres importantes leyes; (1) Ley 1420 (1884), que establece que la escuela primaria será no solo común y gratuita sino también obligatoria. (2) Ley 26206 (2006), determina que la escuela es obligatoria desde los cinco años de edad hasta terminar la secundaria. (3) Ley 27045 (2015), que extiende la obligatoriedad a los niños de 4 años de edad. Pero la realidad es otra, ya que la graduación secundaria de los niños no solo es muy baja cuando se compara con otros países latinoamericanos, sino también muy desigual, ya que de cada 100 niños que en el año 2006 ingresaron al primer grado privado se graduaron en el 2017 en la escuela secundaria 70, mientras de los fueron a escuelas estatales se graduaron apenas 33.

Este año es preocupante que nueve provincias no tengan previsto cumplir con el requisito legal de un mínimo de 180 días en el calendario escolar (Ley 25864), según el informe realizado por Gustavo Iaies (Observatorio Argentinos por la Educación). La experiencia además indica que es probable que haya más provincias por debajo de los 180 días obligatorios de clase a medida que transcurra el año.

Existen buenas intenciones, por eso sancionamos leyes y comprometemos el cumplimiento de metas con la esperanza de que nuestros niños reciban mejor educación. Las leyes educativas no dejan lugar a dudas, es hora de entender que incumplirlas es un pasaporte a la pobreza y la exclusión social, por eso esta reciente medida de Anses no contribuye a cumplir con las metas educativas y así perjudica el futuro de los niños pobres.

(*) Academia Nacional de Educación

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