Para asustar al INDEC: la CGT va por suba de salario mínimo de 31%

Economía

Después de casi nueve meses que no se reunían, la cúpula de la CGT ayer retornó a pleno con nuevas exigencias. Ya quedó en el pasado el importante logro obtenido por la mayoría de los gremios: aumentos salariales sin disfraces en torno a 25% (sólo 16,5% para la contabilidad oficial). Ahora van por un incremento del salario mínimo para julio de 31% que lo lleve a $ 1.050. Todo un cóctel que derivará en aumentos de precios que requerirán más de las habilidades artísticas del INDEC para disimularlos. No es todo: ayer se agregaron demandas como ayuda oficial para las obras sociales, nueva ley de accidentes de trabajo ( obviamente, que favorezca juicios a empresas) y hasta reducciones en el Impuesto a las Ganancias. Son tiempistas los caciques de la CGT: saben que hasta la fecha de las elecciones presidenciales en octubre, cualquier pedido que hagan tiene casi asegurada su aprobación desde el gobierno.

Néstor Kirchner escuchó el monólogo de Hugo Moyano que enumeró las virtudes de que, otra vez, el «movimiento obrero esté unido». De mañana, el Presidente le puso el oído al jefe de la CGT sin sospechar que unas horas más tarde esa fusión se le volvería en contra.

Luego de casi nueve meses congelado, con la central fragmentada en tres, el consejo directivo cegetista volvió a sesionar ayer tras el pacto entre Moyano, Luis Barrionuevo y el dúo Gerardo Martínez-Andrés Rodríguez, artífices a pedido del gobierno de la normalización de la CGT.

El impacto del proceso de reunificación amaga, a simple vista, con convertirse en una incomodidad para la Casa Rosada. Ayer, aunque de manera genérica, la CGT acordó avanzar en un paquete de medidas nada cómodas para el gobierno. Hay varios ítems sensibles:

  • Por intermedio de su delegado en el Congreso, el diputado Héctor Recalde, se impulsará un proyecto para que el modelo de excepción que se aplicó para los petroleros patagónicos respecto del Impuesto a las Ganancias se «generalice» a los empleados de todos los rubros. En aquel caso, se excluyeron de la base imponible los montos correspondientes a horas extras, viáticos y viandas. «Si existe igualdad ante la ley eso debe hacerse extensivo a todos los trabajadores», dijo, anoche, una fuente gremial. En paralelo, se pedirá que eleve el mínimo no imponible.

  • Reforzar la presión sobre el gobierno para que mande al Congreso una ley de ART -el proyecto oficial duerme en el segundo cajón de la izquierda del escritorio de Carlos Zannini-y, si considera oportuno, convoque a una mesa de conciliación para que la nueva conducción de la UIA exprese su postura. Hay un proyecto de la CGT en el Congreso -otros cuatro de diputados sueltos-que, cada tanto amenazan con empezar a discutir.

  • En julio de 2006, se firmó la suba del mínimo a 800 pesos por lo que, según el criterio que la central expresó ayer, pasado un año desde entonces « automáticamente» se debe convocar al Consejo del Salario. El número se acordó hace dos semanas y fue anticipado por Ambito Financiero: la CGT pretende en julio estar « sentada con los empresarios y el gobierno» para discutir un aumento que pretende lleve el mínimo vital y móvil a los 1.050 pesos.

  • A mano alzada, también se acordó también avanzar en un pedido para aumentar las asignaciones familiares, así como también anular o retocar la variable Machinea del «impuestazo» de 1999 que limitó las deducciones personalesdel Impuesto a las Ganancias.

  • Sin que se defina todavía el formato, hubo además sintonía para plantearle al gobierno «algún tipo de asistencia» para las obras sociales que enfrentan crisis financieras. Ese planteo esconde una queja contra los delegados de la CGT en la Superintendencia de Salud, no sólo el moyanista Juan Rinaldi, sino también a los miembros de la Comisión Consultiva de la superintendencia que preside Oscar Mangone. Fueron Luis Barrionuevo y Juan José Zanola los que expresaron sus quejas sobre el tema y lograron que el Consejo Directivo convoque a los miembros de esa comisión para que expliquen su desenvolvimiento. En cierta manera, una interpelación interna de la CGT.

    Tres horas y media, incluida una exposición de Moyano elogiosa de la «buena voluntad» para normalizar la central, alcanzó para que, otra vez juntos, los caciques fijen una agenda que pondría a Kirchner a lamentar haberle reclamado tanto al camionero que reunifique la CGT.

    P.I.
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