Arde Wall Street después de Irán y quema récords

Economía

El anuncio reza vibrante: “11.000 puntos ganados en el Dow (Jones) en los 3 años desde la elección del Presidente Trump”. ¿Quién masajea el entusiasmo? ¿Otra vez la típica recomendación de compra de los brokers de Wall Street? Frío, frío. El mensaje continúa así: “Hoy puede alcanzar 29.000. Esto NUNCA ocurrió antes en ese lapso. Y ha sumado 12,8 billones de dólares al VALOR de las empresas de los EE.UU”. ¿Será una propaganda de la Bolsa de Nueva York (NYSE)? Tampoco. El remate es más comercial todavía: un trilladísimo “y lo mejor está aún por venir”. Desde Washington, el viernes, Donald Trump promocionaba las virtudes de su presidencia. Afanoso, lo tuiteó y luego le hizo su propio retuit. Se ve que le salió a gusto. ¿Publicidad engañosa? De ninguna manera. El Dow superó la promesa récord de los 29.000 aunque no pudo sostenerse a la hora de cierre. ¿Y por qué conviene tenerlo presente? Para saber qué se trae el presidente entre manos. ¿Será que, cuando ordenó cegar la vida del general Soleimani, quería, o consideró la posibilidad de, una confrontación bélica abierta con Irán? Trump vende un único producto (bajo formas múltiples): su propia persona, que es su marca.

¿Habrá pensado el lunes que estrenar la Tercera Guerra Mundial era una gran carta de presentación y el viernes, todo lo contrario, que le convenía el expediente sencillo de alentar la bonanza en altura de las finanzas? 2020 es año electoral. No hay tiempo para quehaceres antagónicos. Ya pronto comenzarán las primarias, tomará calor la campaña, y en noviembre se jugará la suerte de su reelección. En el medio, habrá que sortear el juicio político, y para ello debe conservar la disciplina partidaria. Los senadores republicanos poseen la llave del veredicto. En sus distritos predicarán por Trump si el discurso vende la salud exuberante de la economía y el empleo, y los buenos augurios de una Bolsa que audaz se eleva. Se hará pesado si la situación se deteriora, o arruina. Y quizás haya que tomar distancia de Trump si además se deben mandar tropas a Medio Oriente (o explicar las bajas en el terreno). La vida de los líderes políticos es dura. Trump debe mantenerse competitivo no sólo para ganar la reelección, sino para no perder su actual mandato. La guerra vende sólo si la paz no se altera.

Wall Street lo leyó al presidente sin comerse ningún amague ni sobreexcitarse. Ni el drástico final de Soleimani ni la lluvia de misiles que despachó Teherán a modo de venganza la perturbaron. Y los directos involucrados – de momento, satisfechos y sin ánimo declarado de escalar la trifulca – le dieron la razón. ¿Qué es esto? ¿Una guerra de juguete? Algo así aunque con muertos de verdad (y un saldo terrible ya de víctimas inocentes como daño colateral). ¿Puede la política pergeñar un truco semejante? Hollywood lo hizo en el filme Wag the Dog (Cortina de Humo, 1997, con Dustin Hoffman y De Niro). Pero, que conteste el presidente. Él sería incapaz, por supuesto, pero alguien maligno – como su predecesor, Barack Obama – lo podría intentar para ganar una elección (“No dejen que Obama juegue la carta iraní para iniciar una guerra para ser elegido – tengan cuidado, republicanos”, tuit suyo del 22 de octubre de 2012).

Otra de las guerras de Trump, la de comercio con China, celebrará un modesto armisticio este miércoles en la Casa Blanca. Beijing va a enviar una delegación encabezada por el vicepremier Liu He (o sea, que tampoco Beijing teme una Tercera Guerra inminente). Desde agosto, Wall Street sabe que Trump, quien se asustó cuando la recesión se le venía encima, prefiere alisar hostilidades. Continúa belicoso, pero, la conflagración que prepara es interna y no fuera de los EE.UU. Allí apuntará Trump los cañones. Ni hacia chinos o iraníes: a los demócratas. Wall Street se sacó las dudas rápido y volvió a su negocio de acumular récords tras récords. En silencio. Es el propio Trump quien se ocupa de la difusión.

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