Economía

Diálogos de Wall Street

Convulsión en los mercados. Trump sube aranceles y amenaza con hundir el acuerdo de comercio con China. ¿Cómo sigue el entuerto?

Periodista: Volvió el Trump volcánico. Después de larga ausencia entró en erupción. Y con su juguete favorito: la aplicación de aranceles. A diestra y siniestra. Cayeron la Argentina y Brasil. Se viene Francia. ¿Cuál es la lógica?

Gordon Gekko: Le podía tocar a cualquiera, menos a China.

P.: Era lo que nos faltaba. Volábamos por los aires.

G.G.: No se confunda. China es lo único hoy que a Trump le importa.

P.: Juega con fuego. La Bolsa en récords es un espectáculo montado sobre el supuesto de un acuerdo pacífico con Beijing.

G.G.: Tropezón no es caída. “Peanuts”, dijo Trump. No es nada. Pero si la Bolsa se derrumba, nadie dará dos pesos por la economía en 2020.

P.: China es una obsesión, pero puede esperar. Si Trump pierde las elecciones el año próximo por culpa de una recesión, no tendrá revancha.

G.G.: Todo eso es cierto. Y es demasiado evidente como para no tenerlo en cuenta. Deberíamos entender la lógica de esta erupción volcánica dentro de ese contexto, y no suprimirlo, o pensarla por fuera.

P.: Trump acaba de decir que será mejor esperar que pasen las elecciones (que se celebrarán recién en noviembre 2020) para firmar un acuerdo con China. Y el Dow Jones cae 300 puntos con la noticia.

G.G.: Desde octubre que un acuerdo fase uno está muy cerca, según el propio Trump (en reiteradas ocasiones) y ahora conviene patear todo por un año. O sea, seguimos negociando. China se hizo eco de lo próximo de un arreglo, se prestó al juego en su momento; será interesante escuchar lo que tenga para señalar ahora. Si calla, le sigue el juego.

P.: ¿Usted qué cree?

G.G.: Hay una fecha límite, el 15 de diciembre, que se nos vino encima. Me parece que explica bien por qué Trump eligió estos días para su exabrupto.

P.: Si no hay acuerdo, el presidente prometió volver a subirle los aranceles a China. Un gravamen de 15% a un universo de 160 mil millones de dólares de exportaciones. Medida cuya ejecución se suspendió para facilitar las negociaciones.

G.G.: ¿Qué hacemos? ¿Llegamos al 15, en ascuas y con creciente suspenso? El tránsito también iba a ser accidentado. A medida que se arrimara la fecha y no hubiera anuncios concretos, cómo despejar la tensión… ¿O nos ponemos de acuerdo, y revelamos un pacto modesto, con los elementos donde sí hay consenso? Pero si se realiza sin épica sería como una adbicación, una doble rendición. Bastaría con leer el papel, y no encontrar nada sustancioso para corroborarlo. Es mejor río revuelto, la paz así tiene otro valor. Mientras tanto, con la aplicación de aranceles a terceros a mansalva, Trump les comunica a los chinos que el día 15 es su turno. ¿Qué parte no se entendió?

P.: La última vez que hablamos usted pensaba que llegado el día Trump , puesto contra la pared, iba a subir los aranceles. ¿Piensa igual?

G.G.: Perro que ladra no muerde. ¿Les avisó Trump a Brasil y a la Argentina que les iba a aplicar aranceles al acero y el aluminio? No. ¿Para qué? El impacto es pleno, y más vistoso, cuando ocurre por sorpresa. Este revuelo, la grandiosa puesta en escena, la amenaza de postergar todo hasta fines de 2020, no es casual. Se podría ahorrar la parafernalia y despachar la medida con la misma asepsia que usó para los dos países de América del Sur. Es claro: no quiere subirle los aranceles a China, quiere un arreglo a su medida, pero si debe elevarlos (y eventualmente dejarlos sin efecto después), lo hará.

P.: ¿Se equivocó Wall Street al estimar que esta vez, sí o sí, surgiría un acuerdo, en parte porque ni Trump ni Xi podrían digerir un fracaso; en parte, porque se licuaron las exigencias sobre su contenido?

G.G.: Dados los supuestos, Wall Street debería pensar que ahora sí estamos muy cerca del acuerdo. ¿O el fin de semana, el presidente descubrió un antídoto electoral contra el mercado bear y la recesión?

P.: Eso exige una enorme templanza. No es su mejor atributo.

G.G.: Es más fácil comprar cuando todo sube. Mentime que me gusta. La alternativa es desensillar, los precios son excelentes aun si toca retroceder. El verdadero riesgo en estas pulseadas es el error de cálculo. Que en el fragor de la disputa, la discusión se salga de cauce, y que haya un daño que después no se pueda reparar. Trump no es un cirujano. No tiene la precisión de un bisturí. Atropella con el cuchillo de carnicero. Es un peligro. Para los demás y para sí mismo. Y todavía tiene que terminar la operación.

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