Diálogos de Wall Street

Economía

¿Los misiles de Irán son fuegos artificiales? La Bolsa, por lo menos, no considera que puedan dañar su vuelo rasante. ¿Cuál es la lógica? Contesta Gordon Gekko, nuestro experto en mil batallas de mercado.

Periodista: Irán cumplió con su promesa de venganza. Lanzó una andanada de misiles que cayeron en suelo iraquí, en bases con militares estadounidenses, pero que no mataron a nadie. ¿Suerte? ¿Cálculo preciso? No quiere escalar la guerra, dicen sus voceros. El presidente Trump tomó el incidente como una prueba de que la tensión se descomprime. ¿Y ya está? ¿Se acabó la Tercera Gran Guerra?

Gordon Gekko: El Nasdaq clavó otro récord intradiario. Y lo mismo el S&P500. Tienen mejor puntería que Teherán.

P.: ¿Es todo esto un gigantesco bluff?

G.G.: El general Soleimani está muerto. Eso es en serio. Irreversible. Y es un golpe tremendo para Irán. Todo lo demás conviene tomarlo con pinzas.

P.: ¿Irán sació su sed de venganza? ¿Con una exhibición tan inocua como sería un show de fuegos artificiales?

G.G.: Desde ya que no. Pero cuando dice que no quiere escalar la guerra es verdad. No le conviene. No puede sostener el esfuerzo en las condiciones actuales. Elegirá una devolución más contundente, no va a dejar pasar la ofensa impune, pero ello demandará tiempo, que Estados Unidos baje sus defensas, y quizás se aplique sobre algún aliado de Washington en la región. En fin, lo de costumbre.

P.: Usted decía que la reacción del mercado era de manual. Pero que se retome la suba tan pronto se sale del libreto, ¿o me equivoco?

G.G.: Estoy de acuerdo. Es muy llamativo.

P.: Es como si los mercados le estuvieran tomado el tiempo a Trump. Y por más terrible que sean sus acciones, parecen confiar en que se trata de un golpe de efecto, dramático, pero que exagera su gravedad. Salta al abismo, sí, pero resulta que hay una red de seguridad.

G.G.: ¿Lobo está? Confiarse es un peligro.

P.: Pero Trump se sale con la suya. Dio un golpe furibundo, y la respuesta es una seguidilla de jabs que dan en el vacío. E Irán se queda satisfecho. Hizo lo que tenía que hacer a los ojos de su gente. Cumplió con el ritual de su venganza.

G.G.: Que esto vaya a ser gratis no lo creo.

P.: Sin embargo, los mercados suben de vuelta, con desaprensión, como si el precio no lo fueran a pagar ellos.

G.G.: Mire, las protestas internas en contra del Gobierno iraní eran feroces. Después del asesinato de Soleimani la población se galvanizó en contra de los Estados Unidos. Ese es un precio que los mercados internacionales ni siquiera van a notar.

P.: Está claro que la geopolítica no es un asunto atractivo para Wall Street. Y que en cuanto puede, sintoniza otro canal.

G.G.: Siempre fue así. Cerrar los ojos y comprar los shocks geopolíticos ha sido un gran negocio. Eso sí, la reacción positiva solía tardar más. La última vez que hacerlo salió mal fue después del 11 de septiembre de 2001.

P.: Tras el atentado a las Torres Gemelas.

G.G.: Tal cual. Y no fue por un error de cálculo del factor geopolítico en sí. Los mercados ya venían cascoteados -por la recesión de arrastre, por el derrumbe del Nasdaq y la fiebre de las puntocom, lo mucho que los bancos habían pagado por las licencias 3G- y el ataque a las Torres y al Pentágono fue la frutilla del postre. De hecho, la recesión en los EE.UU. terminó un par de meses más tarde, en noviembre. El aumento del gasto que disparó el acto terrorista proveyó un impulso que no estaba en los papeles; aceleró la recuperación.

P.: Si Irán bloquea el estrecho de Ormuz, el precio del barril de crudo podría ascender a los 100 dólares, señala un experto. ¿No provoca ninguna preocupación?

G.G.: Pregunte por la cotización. Déjeme ver: los futuros del Nymex, próximo mes, se ubican por debajo de 60 dólares. Cayeron 4% en la rueda. El shock geopolítico no se tradujo en un shock petrolero. Lo anticipó la Bolsa desde el primer momento.

P.: Usted decía que la duda era si iba a ocurrir una parada técnica o no, que el informe de empleo de mañana (por hoy) tenía la palabra.

G.G.: Tanto es así que el informe ADP, que aproxima la creación de empleo en el sector privado, registró un salto de 202 mil puestos, la cifra más vigorosa desde abril, y ya hay muchos relamiéndose.

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