Diálogos de Wall Street

Economía

Wall Street no padece el coronavirus y goza de buena salud. Los récords son la regla de 2020. Gekko nos explica el milagro de su fortaleza a toda prueba.

Periodista: No hay epidemia que detenga la fiebre de las Bolsas internacionales. Wall Street no deja de clavar máximos. El índice S&P500 acumula diez en lo poco que va de 2020.

Gordon Gekko: No existe virus más potente que la codicia. Y es contagioso en extremo.

P.: Ya lo veo. Y no le teme a nada.

G.G.: Es notable. El bull market lleva diez años largos de recorrido, y está fresco y brioso como si recién se estrenara.

P.: Muchas veces tanta complacencia es un búmeran. No será la primera ocasión en que el crucero de la alegría se da vuelta campana.

G.G.: El rally se abre paso bajo presión intensa. Soportó la suba de tasas de la Fed en su momento, dos años de conflicto e incertidumbre comercial, el cisne negro del affaire Soleimani, y el cisne incoloro del coronavirus. No digo que no exista complacencia, pero sí recalcaría que la suba de las acciones se pone, una y otra vez, a prueba. No es soplar y hacer botellas.

P.: La valuación es por demás generosa.

G.G.: Estoy de acuerdo. Y los inversores han sido muy tolerantes con los baches del camino. No es lo usual.

P.: Y deberán seguir así porque la epidemia de coronavirus nos va a dejar de regalo una factura de gran envergadura.

G.G.: Por única vez.

P.: Pero no es la única factura. Todavía estamos pagando la debilidad que sembró la puja comercial entre China y Estados Unidos. La rentabilidad de las empresas no levanta cabeza hace mucho tiempo, y una recuperación que nivele las valuaciones se hará esperar más que lo esperado. Si es que al final acontece.

G. G.: El rally se pone a prueba. Por esto mismo que usted señala. En otro momento, cuando ocurrió la epidemia de SARS en 2003, por ejemplo, la Bolsa corrigió el 10%.

P.: A modo preventivo. Por si las dudas. Recuerdo una portada que se interrogaba: ¿será el Chernobyl de China?

G. G.: La respuesta fue negativa. El SARS era un enigma. Y se exageró su impacto. La baja del mercado se recuperó con creces. La histeria en torno del escrutinio de los casos, toda la saga del Tamiflu, la droga que se promocionó como cura, fue una oportunidad de compra. Es indudable que, con ese antecedente en la memoria, hoy el enfoque es otro. El virus avanza por su cuenta y la Bolsa, como quien dice, “se lava las manos”. No prevé un contagio. Hace la suya. Para marzo deberíamos estar hablando de otro tema. Y lo que no mata, fortalece.

P.: ¿Qué va a pasar cuando aparezca la próxima tanda de indicadores económicos?

G. G.: Irán, de mal en peor. Y no sólo en China. La Agencia Internacional de Energía estima que el virus provocará una caída interanual en la demanda global de crudo en el primer trimestre. No es moco de pavo. Y más de un ministro de Economía ya está abriendo el paraguas de sus previsiones de crecimiento para el comienzo de 2020. Habrá que revisar los números para abajo.

P.: ¿Cuánto?

G. G.: Todavía el shock no terminó. No sabemos cuánto durará ni su magnitud. Pero lo que ya se produjo es significativo.

P.: ¿Y los mercados lo tomarán con la liviandad actual? ¿O allí, en ese momento, les caerá la ficha?

G. G.: Todo es posible. No sería muy consistente pero no es un imposible. Sobre todo, si se produjera algún shock adicional. Las bolsas anticipan. No ignoran lo que está sucediendo. Si marcan récord tras récord sin pestañar no sería lógico que se asusten cuando vean los números en rojo. A menos que la situación se agrave mucho, pero tampoco en ese caso deberían esperar a que se publiquen los indicadores.

P.: Pasó Jay Powell por el Congreso. Como es habitual en febrero presentó su informe a las dos Cámaras. La Bolsa no tendría tanto coraje si no supiesen que la Fed es su amiga.

G.G.: Powell pasó de monitorear la puja comercial a seguirle los pasos al coronavirus. La política monetaria no requiere rebalanceo, dijo. Está bien donde está, pero la Fed permanece atenta por si hubiera que rebobinar.

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