ABEL BOMRAD: Presidente de ACARA

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Habiendo reasumido nuestro compromiso de presidir ACARA, nos encontramos con un panorama de crecimiento que recién comenzaba a percibirse cuando finalizamos nuestro primer mandato en 2006.

Sin embargo, esas expectativas nos fueron sorprendiendo día a día con un mercado en franco desarrollo que traccionaba en forma permanente hasta alcanzar cifras impensadas para nuestras proyecciones.

La superación histórica de ventas a lo largo del año pasado nos permitían avizorar un mejor mercado para este año y una vez más fuimos superados por los resultados. En el mes de marzo habíamos vislumbrado una comercialización de aproximadamente 730.000 unidades anuales. Las cifras finales nos dan una estimación de 850.000 vehículos de cierre para todo este año.

Es realmente un número muy importante y con un mercado de esas características uno no puede decir que tenga graves problemas. No obstante, existen algunos subyacentes que se pueden superar por la buena demanda y la cantidad de negocios, pero que están latentes y acotan considerablemente las perspectivas del negocio. Me refiero específicamente a la presión impositiva, que realmente es muy alta. Quizás sería necesario aclarar que al no ser formadores de precios los márgenes son acotados, y cualquier impuesto que se imponga sobre el total del auto influye negativamente sobre nuestro negocio.

Pero no es en esta oportunidad que debemos realizar un análisis de los números de la imposición para demostrar lo que manifestamos, pero sí es valioso destacar que solamente con la importante comercialización que tenemos podemos atemperar la tremenda presión impositiva que sufrimos.

Es tal vez un sector muy especial y sensible, por eso reclamamos prudencia en el hacer y resguardo en el obrar.

Somos conscientes de la situación del mercado y las condiciones económicas en el que se desenvuelve, pero circunstancias ajenas a la propia comercialización como lo son los problemas irresueltos de Europa, la influencia que financieramente surgirá con la fuga de capitales y las connotaciones emergentes del aumento del costo del dinero, propician un panorama que no es tan halagüeño, pero tampoco negativo. Sólo aspiramos a mantener un mercado positivo.

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