¡Agónico!

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La alegría era visitante, como tantas veces en los últimos años. Pero no. Los jugadores se rebelaron ante ese destino cruel que los quería dejar otra vez afuera de la fiesta. Marcharon hacia adelante con alma y vida, apretando los dientes. Y fueron un vendaval. Provocaron la última infracción, a los 42 minutos. Fue Chicho Núñez desde una posición incómoda y la mandó por el centro de la hache. No hubo tiempo para más. Abrazos, llantos y risas. Cardenales a la final. Bien mere-cido que lo tiene.

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