23 de octubre 2009 - 00:00

Agricultura sostenible, todo listo para multiplicar el negocio

A través de la combinación del mejoramiento genético, la biotecnología y las buenas prácticas agrícolas, se ha logrado modificar la curva de incremento de los rendimientos del maíz.
A través de la combinación del mejoramiento genético, la biotecnología y las buenas prácticas agrícolas, se ha logrado modificar la curva de incremento de los rendimientos del maíz.
Para un óptimo aprovechamiento de los recursos disponibles y de las oportunidades que brinda un mercado en continuo crecimiento como el de los alimentos, la Argentina debe incentivar una agricultura de mayor volumen, basada en la mejor combinación de cultivos y prácticas culturales que permitan obtener el máximo beneficio sostenible en el tiempo.

Esto implica elevar y mantener por un tiempo prolongado la productividad de los sistemas, sin soslayar las limitaciones y potencialidades sociales, económicas y de los recursos naturales del entorno.

Este crecimiento de la agricultura no implica una mayor utilización de insumos sino su uso racional, maximizando la sinergia entre ellos ya que la agricultura es un proceso continuo, y todas las actividades que realizamos impactan tanto en los resultados inmediatos como en las campañas y en los cultivos subsiguientes.

Uno de los principales factores que influyen en la sustentabilidad de los sistemas es el incremento de los rendimientos y su estabilidad. El maíz, fruto de la combinación del mejoramiento genético, la biotecnología y las buenas prácticas agrícolas ha modificado la curva de incremento de rendimientos de manera sensible, pasando de 0,89 quintal por hectárea por año en los años 90 a 1,95 quintal por hectárea por año en la actualidad, demostrando ser uno de los cultivos con mayor tasa de incremento de la productividad.

Esta mayor productividad es acompañada por una estabilidad superior de la producción, que se observó en las campañas pasadas: ante condiciones de estrés tanto para el maíz como para la soja, el cereal preservó rendimientos relativamente superiores a la soja, desafiando el concepto de mayor estabilidad de la soja, gracias a sus posibilidades para compensar situaciones de estrés.

Otro de los conceptos que influyen sobre la sostenibilidad es el efecto del cultivo antecesor y de sus prácticas de manejo sobre el subsiguiente, estudiado por infinidad de trabajos realizados en nuestro país por técnicos reconocidos.

En el caso de la soja, nuestro principal cultivo, se han reportado importantes incrementos de rendimientos cuando es sembrada en un lote proveniente de maíz, de entre el 12% y el 19%, variando entre años y zonas, con total consistencia entre distintos investigadores.

El incremento en el rendimiento de la soja sobre antecesor maíz es atribuido, entre otros factores, a que el maíz es altamente eficiente en la generación de materia orgánica y de cobertura del suelo por rastrojos, aumentando la eficiencia del uso del agua y disminuyendo el riesgo de estrés por su deficiencia, además de mejorar el balance de nutrientes.

Por otra parte, la rotación con maíz ayuda a preservar el balance de nutrientes y a disminuir la degradación de las propiedades físicas y biológicas de los suelos, cuya principal consecuencia es la menor disponibilidad de agua para los cultivos.

Estos efectos se vieron corroborados en la pasada campaña, cuando la falta de agua fue una constante en todas las zonas agrícolas, a través de los resultados reportados por 427 productores de todas las zonas agrícolas, que pudieron comparar en el mismo campo el rendimiento de soja con antecesor soja (soja/soja) y con antecesor maíz (maíz/soja).

De estas comparaciones surge muy claramente que los lotes provenientes de maíz (maíz/soja) presentaron, en el 50% de los casos, rendimientos un 12,9% superiores a los provenientes de soja (soja/soja) y que la magnitud de esta diferencia varía con la calidad/productividad de los ambientes.

Si bien en todos los ambientes evaluados la respuesta al antecesor maíz fue significativa y muy importante, es en los ambientes con deficiencia de agua más marcada donde se encuentran las mayores diferencias a favor de los lotes provenientes de maíz, con un incremento superior al 15% en el 50% de los lotes evaluados.

Además, es en estos ambientes, como ya sabemos, donde obtenemos el mayor beneficio por la utilización de las tecnologías disponibles y la mitigación del estrés.

Por estas razones, el crecimiento de la producción de maíz beneficiaría no solo a los integrantes de su cadena de valor sino a todo el país. Al efecto descripto sobre la sostenibilidad, el maíz suma un multiplicador sobre la economía que ofrece grandes oportunidades para el desarrollo social y ecológico. Pero, estos efectos requieren una sinergia entre todos los actores del sector privado y un Estado que actúe como motor de las iniciativas privadas.

Las bases están dadas: la Argentina cuenta con los mejores suelos, los productores más eficientes del mundo, la tecnología más avanzada y un gran impulso industrial y comercial. Todo está listo para multiplicar el negocio actual. Hay que comenzar a trabajar en ese sentido.

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