Anécdotas de azafatas

Edición Impresa

Historias sexuales, eróticas, divertidas, sorprendentes, que las hay, las hay, pero sobre todo están las que surgen de las ocurrencias e impertinencias de toda clase de pasajeros que sufren las auxiliares de vuelo, «desde los prepotentes y los revoltosos, hasta los más ingenuos e ignorantes, pasando por los cascarrabias, los impúdicos, los babosos, los peligrosos, los truculentos, los abusivos, los trastornados y los afligidos», según el catálogo que ofrece David Watchel en «Anécdotas de azafatas», donde también están los beneficios que tienen de andar por el mundo, las fantasías que las rodean, los pesares por los horarios, los trastornos orgánicos, que impone un «estilo de vida gitanesco».

Ofrecemos algunas de las que ha recopilado en su libro el periodista neoyorquino David Watchel.

Advertencia

«Aunque la mayoría sospeche que la finalidad de la tripulación de un avión es servir comidas y bebidas, están incurriendo en un error causado por una evaluación superficial y hecha a la ligera. La misión principal de los tripulantes de cabina, para la que estamos altamente entrenados y preparados, es mantener el orden y el control ante cualquier eventualidad que ponga en riesgo el vuelo, la nave y/o los pasajeros. Aun así, dado el elevadísimo nivel de seguridad que tienen hoy los vuelos, debido a las rigurosas inspecciones técnicas y los exámenes a los que se someten las aeronaves y el personal, nuestra competencia suele terminar encajando en la categoría del servicio y el confort, cuales (relativamente involuntarios) camareros de los restoranes del cielo», señala Ivana, azafata de una línea aérea de Dubái.

Abducción

Buena parte de los tripulantes sostiene haber visto cosas raras en el cielo. Acaso debido a reiterados pedidos al respecto. «Entre los curiosos avistamientos que he tenido, uno fue el de unas luces de movimientos erráticos que le hicieron exclamar al capitán: ¡Un ovni! De pronto, las luces lejanas con un envión parecieron desaparecer sobre nuestro avión. Ahí empezamos a bromear sobre la abducción súbita e imperceptible de uno de nosotros que había sido sustituido por un extraterrestre, y que iba a avisar a los pasajeros: Señoras y señores, hay un alien entre nosotros, pero descuídense, por el momento parece mansito. En realidad, estábamos desconcertados y atemorizados con lo que habíamos visto».

Recomendación

Tras horas de rutina, a veces se suelen hacer anuncios chistosos por el altavoz, por ejemplo: «Señoras y señores, amables pasajeros, hemos arribado. Conforme vayan saliendo, asegúrense de llevarse todas sus pertenencias. Todo lo que dejen será equitativamente repartido entre los miembros de la tripulación. Por favor, no dejen niños ni cónyuges. El último en salir del avión deberá limpiarlo».

Iniciación

«No sé si le han informado -le dice el atildado y maduro comandante a la nueva azafata-; aquí en la aviación la vida tiene otro ritmo y tenemos un hábito: lo que sucede en el avión aquí se queda; también la costumbre de que toda chica nueva para entrar en el oficio tiene que estar con el comandante. Así es la cosa», y se quita el saco y luego la corbata. La chica empalidece y comienza a temblar. El comandante corre una cortina y todo el resto aplaude y entre risas grita: «¡Bienvenida a bordo!».

Exabrupto

En la cabina de un avión, luego de una breve disputa entre un pasajero y una azafata, el hombre, ofuscado, le dice:

-La verdad, usted es absolutamente antipática y desagradable.

A lo cual, con suma educación la azafata responde:

-Fíjese lo que sucede, usted a mí me parece una bellísima persona, pero es muy posible que los dos estemos absolutamente equivocados.

Prestaciones

Un grupo de jóvenes ejecutivos viaja en clase business. La azafata reparte vasos de whisky. Uno decide hacerse el canchero y mostrándole el pasaje, le dice a la azafata:

-Señorita, por el precio que se ha pagado por este ticket, ¿se puede sentar arriba mío y dejarme que la acaricie un rato?

Ella sin darse por ofendida, con suma dignidad, toma el pasaje y comienza a revisarlo con mucha seriedad hoja por hoja. Luego le entrega el billete con una sonrisa encantadora y le dice:

-La verdad es que por el precio que se ha pagado usted tiene derecho a hacer eso con el comandante, deme un minuto que ya se lo llamo.

Tranquilícese

El vuelo estaba en ruta. Por los amplificadores se oye al piloto explicar:

-Señoras y señores, estamos en pleno vuelo. En lo posible mantengan colocados los cinturones de seguridad. En tres horas llegaremos a destino.

No se da cuenta que ha dejado abierto el micrófono, y le dice a su copiloto:

-Me voy al baño, luego a voltearme a la azafata morocha de clase turista que está buenísima y después me tomo un café y vuelvo.

Al oír esto, la azafata morocha enrojece indignada, deja el trilley, el carrito con el que repartía comidas y bebidas y sale corriendo hacia la cabina de comando, enojadísima.

Una mujer se le cruza en el camino.

-Tranquilícese, no sea tan loca, dijo que primero tenía que ir al baño.

M.S.

Dejá tu comentario