Nueva York - La Justicia estadounidense aprobó ayer la venta en bancarrota de General Motors Corp, una decisión que deja a los activos más rentables de la compañía bajo control del Gobierno. La aprobación llegó sólo un mes después de que GM pidiera su concurso preventivo, el mayor de una empresa industrial en la historia de los Estados Unidos. El juez Robert Gerber dijo que la aprobación de la venta «evitará la muerte del paciente en la mesa de operaciones».
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La nueva GM operará los mejores activos de la compañía, incluyendo sus marcas Chevrolet, GMC y Cadillac, y tendrá de menores costos laborales, una red de concesionarias más chica y una deuda más manejable. El resto de sus activos será liquidado. Gerber mantendrá congelada su sentencia por cuatro días a la espera de eventuales apelaciones, lo que le permitiría sellar la venta el próximo jueves. Un grupo de consumidores en contra de la venta ya presentó documentos judiciales para una apelación.
La decisión del juez marca la segunda gran victoria para el Gobierno del presidente Barack Obama, que el mes pasado logró también completar la venta de la quebrada Chrysler a un grupo liderado por la italiana Fiat.
GM, que pidió protección contra sus acreedores el 1 de junio último, advirtió durante el proceso que su liquidación era inevitable si la venta no era aprobada. El Gobierno de Obama, por su parte, había afirmado que podría retirar su oferta de financiamiento a la automotriz si la aprobación se demoraba más allá del 10 de julio. «GM no puede sobrevivir con sus pérdidas y sin el financiamiento oficial que caducará en cuestión de días», dijo el juez Gerber en su fallo de 95 páginas.
El Tesoro de Estados Unidos acordó proveer u$s 60.000 millones para financiar la nueva empresa, incluyendo unos u$s 50.000 millones que darían al Tesoro una participación de un 60% en la nueva GM.
El magistrado desestimó las objeciones a la venta de GM por parte de concesionarios cuyos contratos serán anulados, de grupos de consumidores y demandantes por los efectos cancerígenos del amianto que argumentan que ahora no podrán demandar a GM por daños.
También existe un grupo que se autodenomina «Comité No-oficial de Bonistas de Familia y Disidentes de GM». Ese comité argumenta que GM podría haberse reestructurado a sí misma con un plan tradicional de reorganización bajo el Capítulo 11, en el que los acreedores hubiesen podido votar. El juez dijo que ese planteo no es realista.
«La única alternativa para una venta inmediata era una liquidación: un resultado desastroso para los acreedores de GM, los proveedores que dependen de GM y las comunidades en las que opera GM», escribió el juez. «En el caso de una liquidación, los acreedores que ahora intentan recuperar más no obtendrían nada», agregó.
La «vieja GM», que incluye marcas poco populares y fábricas y pasivos no deseados, seguirá bajo control de la corte de quiebras para ser liquidada. Aunque la «Nueva GM» ha acordado seguir adelante con las futuras demandas de esas víctimas, la venta podría hacer que los actuales reclamos pierdan su curso.
El juez, teniendo en cuenta la venta de Chrysler como precedente, finalmente acordó con GM que era necesario permitir que la firma dejara esos reclamos detrás.
El Sindicato de Trabajadores de la Industria Automotriz se quedaría con una participación de un 17,5% de la nueva empresa.