Asado, alpargatas y muy lejos del ruido

Edición Impresa

¿Quién no ha soñado alguna vez en su vida con abandonar la ciudad y mudarse al campo? No hay mucho margen para la duda si se compara lo peor de las grandes urbes -el estrés, la violencia, el ruido, y la lista sigue- con la imagen idílica que suele tenerse del mundo rural. Los sueños no son la realidad, pero tampoco se los debe negar, y es por eso que cada vez más ciudadanos se animan a probar, aunque más no sea por unos días, cómo serían sus vivencias en una estancia, vistiendo bombachas de gaucho, calzando alpargatas y alimentados a puro asado.

Así es como el turismo rural encuentra en La Pampa un destino perfecto, porque las estancias de esta provincia conservan aún el espíritu original de estas unidades productivas que dominaron la vida de la Argentina durante sus primeros 120 años.

Autenticidad

Atendidas por sus dueños, las estancias pampeanas invitan a una experiencia muy real, con gran efecto de autenticidad, lo que les da un plus por sobre los establecimientos bonaerenses más concurridos y, en algunos casos, con excesivos clichés «for export».

Agrupadas de norte a sur sobre la Ruta Nacional 35, las estancias se extienden a lo largo de unos 200 kilómetros, cerca de la frontera con Buenos Aires. Las propuestas son bastante heterogéneas, ya que los establecimientos pueden apuntar a espíritus orientados al reposo o también a los más aventureros.

De todos modos, el placer para la familia, la pareja o el grupo de amigos se encuentra en esas prácticas típicas del campo: exquisitas y abundantes carnes cocidas al asador o a la cruz, extensos paseos en caballos criollos y puestas de sol que ponen la piel de gallina hasta al menos sensible. Suculentos desayunos, tardes de pileta bajo un sol abrasador y partidos de truco a todo o nada pueden hacer que el tiempo se escurra de las manos muy rápidamente, incluso más que en una febril jornada dentro del microcentro porteño. El paisaje y la fauna local se suman a la propuesta agroturística. No es un dato menor: la típica descripción geográfica de la pampa como una infinita planicie, un «mar de tierra», no parece ajustarse a la superficie de La Pampa, donde el suelo está surcado de este a oeste por valles transversales, poblados de bosques -de caldén, chañar y piquillín-, médanos, lagunas y ojos de agua.

La fauna también sorprende con especies importadas de Europa, como el imponente ciervo colorado, que en la temporada de brama -entre marzo y abril- es el principal atractivo. Los safaris fotográficos son también una actividad a la que se accede desde las estancias pampeanas. 

Dejá tu comentario