17 de mayo 2013 - 00:00

Atacama, un destino para cualquier viajero

La visita a los géiseres de El Tatio son una de las más atractivas excursiones que pueden realizarse en el desierto del norte de Chile.
La visita a los géiseres de El Tatio son una de las más atractivas excursiones que pueden realizarse en el desierto del norte de Chile.
San Pedro de Atacama es un destino para todo aquel que se sienta viajero. Guarda el misterio del imponente volcán dormido Licancabur y la historia de sus primeros pobladores emparentados con la cultura inca, Tiwanaku, con su cruce con la hispánica.

El centro de esta pequeña población, ubicada en uno de los oasis del desierto de Atacama, Región II del altiplano chileno, invita a una caminata amable y relajada recorriendo su plaza, municipalidad, iglesia y el interesante museo arqueológico Gustavo L de Le Paige.

Pocos días en San Pedro alcanzan para descubrir también bellezas de la naturaleza. Pasajes lunares, enormes dunas de desierto e impresionantes postales de atardeceres en salares serán imágenes recurrentes en una visita.

A solo 17 km del centro se accede a la Cordillera de la Sal, donde se aprecia una vista importante del Valle de la Luna, con una superficie similar a la de ese satélite rodeada por la antigua Cordillera Domeyko y la imponente Cordillera de los Andes, que en esta región tiene sus picos más altos. En otro recorrido, tras el paso por el pueblo del Toconao, región húmeda donde se cosechan las frutas más sabrosas de la región, y acompañados por la presencia de los volcanes Licancabur y Lascar, se llega a la Reserva Natural de Flamencos, ubicada en el Salar de Atacama. Un atardecer allí es una experiencia visual que jamás se olvidará.

Otra de las visitas de enorme interés geológico es la que se realiza al campo geotérmico de El Tatio, ubicado en la Cordillera de los Andes (4.200 m de altura) formado por 40 géiseres, 60 termas y 70 fumarolas termales. Llegando muy temprano en la mañana, y realizando una caminata, con precaución, por el terreno, se puede observar una impresionante actividad de fumarolas de vapor producidas por las altas temperaturas de sus acuosos cráteres. Al terminar el recorrido, y para quien se anime a las contrastantes térmicas, está la opción de tomar un placentero baño en una de sus piscinas naturales.

Además de estas visitas diurnas, a las que se pueden sumar las ruinas de Tulor, pueblo de más de 3.000 años, que fue recuperado tras ser tapado por la arena, vale la pena una visita a las lagunas altiplánicas Miscanti y Minique también a más 4.000 metros a nivel del mar.

Sin duda, hay que agregarle también los interesantes paseos nocturnos atacameños. Quienes disfruten de la tranquilidad y la oscuridad de la noche tendrán la posibilidad de ver las estrellas como nunca antes lo habían hecho. Existen tours que comienzan con una explicación geográfica del cielo y sus constelaciones, para luego continuar con las observaciones de objetos realmente impresionantes como los cráteres de la Luna, los anillos de Saturno, los cúmulos de estrellas, galaxias y otras maravillas del universo.

Para los que prefieran también disfrutar de una noche no menos oscura, pero si más ruidosa, podrán visitar los bares de la pintoresca calle no asfaltada Camarones, donde yendo temprano (oficialmente, la actividad nocturna termina antes de la 1 de la mañana), se podrá escuchar música y compartir una refrescante "chela" (así llaman a la cerveza) con lugareños y turistas de todas partes del mundo.

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