Ballet: celebran el centenario de un Stravinski clásico

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Hasta el 25 de este mes (con funciones los jueves a las 14:30, los viernes y sábados a las 20.30, y los domingos a las 19) el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín está presentando tres propuestas diversas de tres de los coreógrafos más destacados de nuestro país: los estrenos "Galaxias", de Margarita Bali y "Oscuras golondrinas" de Daniel Goldín y la reposición de "La consagración de la primavera" de Igor Stravinski en versión de Mauricio Wainrot (director de la compañía), coincidentemente con el centenario del estreno de ese ballet.

Dialogamos con ellos:

Periodista: Bali, ¿cuál fue el punto de partida para esta obra?

Margarita Bali:
La idea de "Galaxias" comenzó el año pasado con un concurso en el marco de la Bienal Gyula Kosice. Dado que la puesta iba a ser en el Planetario decidí trabajar con todo lo relacionado con la astronomía. Me interesaron mucho las imágenes de las galaxias y las nebulosas, algo de enorme colorido, la problemáticas de los agujeros negros, y a partir de esas imágenes se me ocurrió hacer una serie de videoinstalaciones, y una proyección sobre la cúpula del Planetario. Yo introduje a los bailarines en vivo, porque siempre trabajo con el cuerpo humano, de manera que ellos navegaban en este espacio no como astronautas sino como bailarines. Le traje este proyecto a Mauricio Wainrot con la idea de presentarlo en vivo,combinado con las proyecciones, y le interesó.

P.: Es decir que en este formato es un estreno total.

M.B.:
Sí, porque no quedó prácticamente nada de lo que había hecho. Aquí tenemos una proyección en formato rectangular, más trabajada como fondo del bailarín en vivo que como obra final. No me limito a proyectar una película y tirar adelante a los bailarines, sino que filmé a esos mismos bailarines en este teatro. Hay vestuarios más fantasiosos diseñados por Mónica Toschi para crear una situación más alejada de la realidad astronómica. Hay muchos interrogantes en juego, es una indagación un poco filosófica y un poco lúdica.

P.: ¿Y en el caso de "Oscuras golondrinas"?

Daniel Goldín:
Es una obra creada especialmente para este Ballet, es mi primer trabajo coreográfico en Argentina después de 26 años (nota: reside en Alemania desde 1987) e implicó un encuentro con una compañía de bailarines excelentes y muy dúciles. Es una obra humana, sobre mujeres y hombres, con todo lo que puede simbolizar una golondrina en su ciclo de retorno y partida, y que a pesar de anunciar la primavera son un poco oscuras.

P.: ¿Hay alguna relación en este planteo con el hecho de que usted trabaje fuera del país?

D.G.:
Puede ser, sí, para mí el planteo fue pensar qué hacer al volver al teatro que dejé hace 26 años. Digo poco sobre la obra porque yo puedo decir qué significa pero me gusta que cada espectador pueda leerla de distinta manera y asociarlo. Lo maravilloso del lenguaje de la danza es justamente su carácter abierto.

P.: ¿El poema de Bécquer del que está tomado el título, que plantea la imposibilidad del regreso, fue un punto de partida?

D.G.:
Es una lectura posible. Está la añoranza, el recuerdo, el inicio y el final de un ciclo, la reiteración de un ciclo. La imagen de las oscuras golondrinas fue un símbolo del final y del inicio. A eso obedeció también la elección de la fuga como base musical. Mis maestras Ana Itelman y Renate Schottelius tenían una obsesión por las fugas, y de alguna manera me la transmitieron. La fuga como forma musical es muy movilizadora, muy inspiradora, y en ella hay algo que retorna: un tema que se repite, se transforma y se varía. Hay una selección de preludios y fugas de Shostakovich, un fragmento de un cuarteto de cuerdas y de una suite suyos y un preludio y fuga de Bach. Sobre eso hice un collage musical que constituye el marco.

Mauricio Wainrot: Es un programa fuerte, contundente. Este año son cinco los coreógrafos invitados, tres de la primera generación y ellos de una generación más adulta. Los tres, cada uno en lo suyo tenemos una experiencia muy fuerte.

P.: Imagino que para cualquier coreógrafo esta obra de Stravinski implica a la vez una tentación y un desafío. ¿Cómo lo encaró en el momento de la creación, Wainrot?

M.W.:
Es una de las músicas más fuertes que se han escrito para danza, no hay que perder de vista que es música para danza. Debe ser una de las obras más transitadas por los coreógrafos. Con esta reposición me uno a los festejos en el mundo, porque casi todas las compañías han hecho una versión de "La consagración..." este año, un homenaje a un genio que hizo esta obra tan valiosa que nos abrió la cabeza a todos. Antes de eso Stravinski había hecho otras obras increíbles, pero...

M.B.: Uno se pregunta qué compositor de hoy en día está haciendo obras de ese nivel.

M.W.:
Y para danza. Philip Glass o John Adams, pero no de esa envergadura, y además con eso maravilloso que él tuvo, como Bártok, Villa-Lobos o Ginastera, de basarse en temas populares. Yo tengo un especial amor por la música folklórica del mundo.

P.: Si tuviera que definir su "Consagración" en pocas palabras, ¿cuáles usaría?

M.W.:
Es una de las obras que más quiero. Me sorprendió hacerla y con ella aprendí mucho. Para mí constituyó un antes y un después. Antes de eso yo trabajaba mucho las obras en mi casa, pero cuando creé ésta, la hice directamente con la compañía, sin un paso previo, y eso me dio una libertad como coreógrafo. La inventé con la gente con la que trabajaba. Por ejemplo el solo, que es tan largo, lo hice en dos horas, y en mi casa me hubiera llevado una semana. Ahí aprendí a trabajar a una velocidad impresionante usando el cuerpo del otro y el mío.

Entrevista de Margarita Pollini

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