Charlas de Quincho

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¿Qué hará Cristina de Kirchner el 2 de abril, día patrio por Malvinas, cuando deba estar en Londres para la cumbre del G-20? ¿De qué hablan Néstor Kirchner y Alberto Fernández? ¿Hay crisis de fracs para alquilar o la demanda de los integrantes de la delegación que acompañará a Cristina de Kirchner a España este fin de semana supera cualquier previsión? ¿Cómo hará el embajador Carlos Bettini para cumplir la promesa a la Presidente de que ese viaje será «imponente»? ¿Por qué Mauricio Macri volvió de la cumbre de Davos más optimista sobre la economía que cuando salió? Respuestas a estos enigmas, además del relato de las últimas fiestas de enero, en la entrega de hoy.

El alud de críticas al capitalismo que desencadena el fenómeno Obama les parece a los Kirchner una oportunidad para ganar casillas en política exterior. Por eso les dan a los viajes a España la semana que viene, a Chile en marzo y a Londres en abril una importancia desmesurada si se tiene en cuenta el desdén con el cual han tratado a la política exterior. Ya mandaron a blanquear desde El Calafate un adelanto de este diario de hace dos meses: que hay una negociación en marcha con el grupo Marsans para cerrar la estatización de Aerolíneas sin juicios ni otros entuertos. Lo adelantó este diario y nadie lo negaba; cuando faltan pocas horas, el Gobierno mandó el fin de semana a la prensa detalles de cómo se hará (aumentando el gasto estatal a través de un contrato de compra de aviones contra el levantamiento de juicios en el CIADI), y eso explica la serenidad de los funcionarios de la empresa, la tranquilidad de los diplomáticos españoles y la euforia del embajador en Madrid, Carlos Bettini, quien le mandó a decir a Cristina de Kirchner que le ha preparado «un viaje imponente» a Madrid, con el mejor tratamiento en reuniones y saraos a la mandataria por parte de la administración Zapatero, que anunciará la pax Marsans como un logro de su política exterior, tan desflecada como la de la Argentina. Cristina de Kirchner renovará además en Madrid la campaña para que admitan a España en la cumbre del G-20, un grupo que mezcla países desarrollados emergentes, según una foto de los años 1999-2000 y al que pertenece la Argentina pero no España. Cuando lo reunió en noviembre George W. Bush para analizar la crisis, José Luis Rodríguez Zapatero logró entrar porque Nicolas Sarkozy le prestó una de los dos sillas que tiene en ese club. Zapatero va a escucharle en Madrid a Cristina decir en público varias veces que España tiene que estar en la reunión de los 20 en Londres en abril, una forma de mostrarse solidarios con España después de una sucesión de desaires que hicieron peligrar el viaje. Los españoles de Zapatero ya ven como un agravio no estar incluidos en el Grupo de los 20 e imaginan que la cumbre de abril que convoca Gordon Brown debería ser en realidad de un imaginario «grupo Washington» (es decir, los 20 más España). Maravillas de la imaginación diplomática a la que intentan contribuir los Kirchner en la visita a España. De paso, el viaje a Londres mortifica a la Presidente por una minucia de calendario: la cumbre de los 20 se inicia el 2 de abril, fecha patria en la Argentina, feriado nacional y motivo para que los Kirchner se vistan de nacionalismo cada vez que pueden. Han insistido en una no-política en torno a este tema de las islas que ha distanciado mucho al Gobierno de los ingleses, que tampoco dan un paso para amortiguar el agravio que significa la usurpación de ese territorio. ¿Qué hará Cristina ese día en Londres? La fecha es una invitación a la boutade, por ejemplo declararse en feriado hasta determinada hora y no ir a las reuniones, aprovechar la tribuna para hacer un reclamo por la soberanía, o directamente llegar al día siguiente para recordarles a los ingleses su falsía. Para unos, una trivialidad, pero nunca un asunto de imagen es una minucia para los Kirchner, que encarnan como pocos el modelo de la presidencia «de escenario», modalidad que inauguró en la Argentina Carlos Menem. Según ese formato, la política se agota en los gestos sobre las tablas y ante la pantalla, que es lo único que advierte el público y lo demás es todo negociable.

El fin de semana en El Calafate que se tomaron los Kirchner -y que acompañó, con rapidez de burócrata Sergio Massa, quien aprovechó el mismo jueves, luego de los anuncios económicos del Gobierno para irse a Pinamar- se pasó en el repaso de carpetas y copias de e-mail sobre asuntos exteriores. Lo doméstico parece tranquilo después de que se aprobase la reglamentación del blanqueo y la moratoria fiscal que debió anunciarse hace ya una semana, pero que se postergó para hoy, a la espera de que el debate que se planteará sobre su eficacia (o no) tape otros entuertos, como las negociaciones con gobernadores para unificar al oficialismo en todas las provincias o las maniobras de neutralización de hombres como Alberto Fernández para impedirles aventuras críticas del kirchnerismo. Es útil esto de usar un tema como el fiscal, que toca a muchos, para distraer el tema de fondo que tiene que ver con la agenda externa y que es donde el Gobierno intenta armar algo solvente. El viento de cola era el financiero que ayudó como nadie más al Gobierno, pese a que debe aún un balance de lo que desperdició en la era de la bonanza que ya se fue. Ahora, la mesa chica del Gobierno cree que el viento de cola es el político: la crisis del sistema financiero global la usan los Kirchner como una justificación a destiempo de desaciertos anteriores, abusando de frases como «¿vieron que teníamos razón?», como si ellos hubieran vaticinado antes que otros el colapso. Este tsunami los tomó desprevenidos como a todos y les arruinó todos los intentos que hicieron, como la derrota ante el campo para recomponerse con los mercados (arreglos de deuda que recién ahora les están aceptando los acreedores).

La operación sobre el ex jefe de gabinete Fernández les lleva bastante tiempo a los Kirchner. Ya se contó que Cristina no quiere saber nada de ningún retorno a cargos, pero Néstor lo sigue convocando para conversar a espaldas de la Presidente. El ex funcionario lleva pliegos de críticas al Gobierno, en particular al ala Guillermo Moreno. Cuando Kirchner le dice que elija la forma de volver al Gobierno, Alberto le responde: «Con esa gente, jamás». ¿Qué responde el ex presidente? Según Fernández, se le queda mirando. ¿Qué quiere decir eso? Es un avance según el visitante a Olivos, porque antes, cuando le decía eso, Kirchner montaba en cólera y defendía al secretario de Comercio. Hoy se queda callado. Le cuenta a Kirchner, además, cómo transcurre su agenda: Fernández alardea de hablar con todos los que le levantan el teléfono, de Felipe Solá a Celso Amorim, algo que a Kirchner le sirve porque no abundan los entornistas que le abran la ventana a la realidad por fuera de la cápsula de poder, esa trampa que terminó con tantos que creyeron que el mundo era plano.

Volviendo a la agenda global: el Gobierno dedica a esa reunión de Londres esfuerzos que por ahora no se notan. El embajador en los Estados Unidos, Héctor Timerman -verdadero canciller itinerante y «sherpa» o baqueano de Cristina en cumbres internacionales-, debió fatigar aviones entre Washington, Madrid y Buenos Aires para controlar a los funcionarios que están encargados de estos viajes. Hernán Lorenzino, en Economía, es el encargado de movilizar la participación de la Argentina en las cuatro comisiones del grupo de los 20, y que deben cumplir el pedido de Gordon Brown y de Angela Merkel en la cumbre de Davos (Suiza), que terminó ayer, de que los países vayan a Londres con los deberes hechos y no a pedir sin dar algo a cambio, entre otras cosas ideas para salir de la crisis. Esta visita le presenta además problemas de fachada a la delegación, ya que el protocolo prevé que los reyes de España reciban a Cristina de Kirchner y acompañantes en una cena de gala en el palacio de Oriente que tiene un protocolo riguroso: las damas de largo -lo cual no es problema- y los varones de frac, prenda que eluden algunos por ideología y otros por anatomía. Algunos de los que van a Madrid tienen smoking, pero en la democrática argentina hay que ser muy fiestero para tener además un frac, prenda casi no usada, salvo en los programas cómicos. Un empresario como Guillermo Moretti, directivo de la UIA, que está invitado a viajar a Madrid, agotó las consultas en la ciudad de Rosario, en donde vive, y no ha conseguido quién le alquile un frac a la medida de su talla. Para algunos esta preocupación es una pavada, pero el invitado explica que sin frac no entra a la fiesta. Cuando Fernando de la Rúa fue a España en el año 2000, dos democráticos reacios a ponerse esos emblemas de la aristocracia de antaño que son los fracs (los usaban los presidentes al asumir, lo hicieron Perón en sus primeras presidencias, Frondizi, Illia) debieron resignar sus convicciones. Fueron los diputados Leopoldo Moreau y Rafael Pascual, a quienes fotografió en agraviante frac un enviado especial de este diario cuando intentaban subir al micro que los llevaba a la cena con los reyes por una puerta de atrás para evitar al fotógrafo de la presidencia. Experto en lucimientos, Carlos Reutemann en 1998, cuando acompañó a Carlos Menem en un viaje a Gran Bretaña, directamente se quedó en el hotel sin asistir a la cena en el palacio de Buckingham con tal de no ponerse un frac. Creyó que una foto con ese atavío equivaldría a 1.000 palabras... en contra. Despidió vestido de sport a la delegación que iba toda en frac y explicó: «¿Ustedes creyeron que alguna vez me dejaría sacar una foto en frac?».

Lole sabe de estas cosas de imagen y mejor es escucharlo. Agustín Rossi debería hacerlo, porque está en la delegación que va a Madrid y también se va a tener que poner el frac. El diputado por Santa Fe insiste en ir a la reelección este año y Lole no lo quiere en la lista porque dice que el voto del campo lo rechaza por haber apoyado este legislador la postura de los Kirchner en la pelea por las retenciones móviles y eso arruina las posibilidades de triunfo del PJ. Rossi cree haber cumplido como para que le paguen y amenaza con ir a internas contra la lista de Reutemann, clave hoy en la estrategia del oficialismo nacional para revertir el diagnóstico de derrota que tiene aun para las elecciones de octubre. Lole hasta amenaza con ir a comicios por afuera del PJ, ganar él y no transferir el aroma de victoria al kirchnerismo que todavía sostiene a Rossi.

De esto se habló también en la noche del viernes en «La vuelta del Pirata», el quincho que tiene «Chiquito» en la costanera de Santa Fe en la cena que organizaron el ex presidente Ramón Puerta y el ex senador Héctor Maya con un grupo de peronistas disidentes para organizar el lanzamiento de esta fracción justicialista en Entre Ríos. Mirar la política de Santa Fe es ver el laboratorio de las alianzas para octubre, no sólo por la reaparición de Reutemann sino por el deterioro de la entente que ha tenido hasta ahora el socialismo que gobierna Santa Fe con la jefa del ARI, Elisa Carrió. El autodenominado Frente Progresista que intentará la reelección de Rubén Giustiniani arriesga su hegemonía sin los votos de Carrió ni de los radicales que votaron a Binner en 2007, pero que esta vez pueden regresar al redil de la UCR. Por eso los socialistas han lanzado a rodar el mito de una pata PJ, encarnada ahora en la ex diputada peronista María del Carmen Alarcón, hoy funcionaria de Binner y con llegada buena a un sector del peronismo moderado. Ex reutemista, Alarcón, que tiene también predicamento en el voto del campo, puede animar la elección que terminaría con un cabeza a cabeza entre peronismo y socialismo. El grupo de los disidentes que devoró en el quincho de «Chiquito» (versión renovada de la original parrilla de río que funcionaba años atrás en la laguna Setúbal varias fuentes de pacúes, bogas, dorados y surubíes), se embaló en proyectos que llaman a la reconstrucción del peronismo con el mismo método de la renovación del PJ en los años 80. Puerta es el teórico de la idea de que no hay que juntar a peronistas y radicales. A la cabecera de la mesa en la que estaban además Teresa González Fernández, Juan Pablo Laporte, Mariano Caucino, Silvio Echeún, Mauricio Silva y otros entornistas. Puerta explicó que «a cada pueblo que vas hay radicales y peronistas, no existen los transversales. Hay que reconstruir PJ y UCR porque tienen ADN diferentes; es un error sumar 'patas' ajenas que terminan como la Alianza del 99 o con la muerte hoy de los partidos».

La mesa de esa noche en Santa Fe era preparatoria de un lanzamiento de Maya como candidato a diputado por la vecina Entre Ríos, aunque Puerta prohibió hablar de nominaciones: «No podemos discutir de lo que no existe. Hagamos como con la renovación de los 80, armemos y después veamos quién es candidato a qué». Eso explica que en esa reunión de lanzamiento que se hizo el sábado en la capital entrerriana no hubiera referencia alguna a Alberto Rodríguez Saá, amigo de todos ellos, pero ya no se baja, dice, de una candidatura presidencial. Atentos como todos los artesanos de la política a los testimonios mediáticos, la mesa de peronistas alternativos repasó la amplia galería de visitantes que tiene «Chiquito» (dueño de la parrilla, que de chiquito no tiene nada) en las paredes de «La vuelta del Pirata». Allí sonríen en decenas de fotografías Reutemann -el más fotografiado en esas paredes, entre otras cosas porque la casa de Lole en la Capital provincial está a tres cuadras de allí-, Carlos Menem, Elisa Carrió, Palito Ortega, Alain Delon, Raúl Alfonsín, Chacho Jaroslavsky, Enrique Iglesias (los dos, el cantante y el ex director del BID), pero no figura Néstor Kirchner. No es que no haya frecuentado el lugar, adonde solía ir a cenar junto a Cristina cuando los dos eran constituyentes en la convención de 1994 que se realizó en la universidad local para reformar la Constitución. Estos alternativos se fueron con la idea de que no tienen fotos en esa parrilla porque el público no los quiere, aunque algunos sospechan que el dueño del local cambia las fotos, como el camaleón, según la ocasión.

La cumbre de los 20 de Londres fue el centro de otra charla, muy lejos del oficialismo, que mantuvieron referentes del otro lado de la realidad -para algunos, la que fue; para otros, la que viene- como Mauricio Macri, el candidato de la oposición chilena Sebastián Piñera y los presidentes Álvaro Uribe (Colombia) y Felipe Calderón (México) en el hotel Cassana de la villa de Davos, donde terminó ayer el World Economic Forum. Esta reunión se convirtió en la década de los años 90 en el festival de la economía global y del clintonismo. Con la declinación de aquellos consensos había entrado desde 2001 en cierta declinación. Este año se reanimó por la crisis mundial porque muchos querían escuchar el diagnóstico y la autocrítica de lo que el historiador Samuel Huntington llamó «el hombre de Davos», el modelo del dirigente cosmopolita global, enemigo de las fronteras y liberado de la servidumbre a los nacionalismos. El comentario en esa mesa era que, a diferencia de lo que muchos cantamañanas y gurúes repiten en los medios, el diagnóstico que se llevaron de Davos es que en la segunda mitad de 2009 la economía mundial se comienza a equilibrar y que en el último trimestre de este año se va a poder empezar a hablar de crecimiento. Arbitraron Uribe, Calderón, Macri y Piñera los datos optimistas que recogieron en decenas de reuniones en esa ciudad de los alpes suizos, donde se encantaron, además, de cómo se puede caminar por las callejuelas y cruzar saludos, anécdotas u otros sombrerazos con hombres de la talla de Vladimir Putin o Bill Clinton, que por tres días se allanan a llevar una vida a ras de tierra y como simples ciudadanos. Venían de escucharlos a Brown y Merkel pidiendo que los países del grupo de los 20 vayan a Londres con claridad sobre qué sectores de la economía van a necesitar ayuda y también con sus bancos saneados y funcionando. «Estamos en ese grupo por un país que es de otro tiempo, gracias a Dios», comentó Macri en la mesa, cuando expresó sus dudas de que la Argentina le saque algún provecho al hecho de estar entre los 20. Se admiró el jefe porteño, además, de cómo México y Colombia habían llevado delegaciones y stands imponentes a Davos mientras que la Argentina tuvo como presencia la de un opositor con quien el oficialismo tampoco dialoga, o sea que no le puede servir de delegado por lo menos para enterarse de qué pasa en esos foros que por inercia nomás, por la cantidad y el nivel de gente, lanzan ideas que se pueden aprovechar. Por ejemplo, Macri se prendió al debate de los alcaldes de grandes ciudades sobre cómo enfrentar el hecho de que el proceso de concentración de la población es imparable, ya que la mitad de la población del planeta vive en megaciudades y eso requiere medidas para resolver cómo se podrá vivir en un ambiente sano, con economía sustentable, transportes y trabajo para todos. Un problema que requiere imaginación y recursos que nadie hoy tiene en la medida de la amenaza que es para todo el mundo. También salieron de Davos sorprendidos por el nuevo rol de países como China y Rusia, que se presentan hoy como los teóricos de un nuevo capitalismo posamericano, líderes defensores de la economía de mercado y contrarios al intervencionismo estatal que los críticos del sistema en crisis presentan como solución. «Conozco los daños que produce el exceso de intervención estatal en la economía», dijo Vladimir Putin al defender la baja de impuestos en su país. Como Rusia y China hoy son los más ricos y con recursos para auxiliar al resto del mundo, estas expresiones cobran más interés porque apartan del keysenianismo de oportunidad que llama a más intervención del Estado por sí misma, como declama Cristina de Kirchner en sus discursos. O del optimismo de los trasnochados que se entusiasman porque en una librería de Davos la venta de «El Capital» de Carlos Marx aumentó por cuatro el volumen de ventas. ¿Cuántos vendería antes? ¿Más de uno al año?

Lejos de estas globalidades, Punta del Este despachó sus últimas fiestas de enero. El empresario médico Jorge Aufiero abrió su casa de Laguna Brava, donde es presidente del country club, y regó un formidable goulash con Dom Perignon y Catena Zapata para un pequeño grupo de invitados entre quienes lucían los abogados Carlos Fontán Balestra y Mariano Grondona, la empresaria Lily Selecky, el ucedeísta Jorge Pereyra de Olazábal, Any Mestre (hija del mítico Goar Mestre), el banquero Jorge Fiorito y pocos más de los que quedan en las playas del Este. La charla se centró en la ambición de desarrolladores inmobiliarios en esas playas que lanzan proyectos que desafían la capacidad de inversión. El de Roberto Giordano en la Estancia Portal de la Sierra se construyó una especie de club house que tiene 26 comedores y que nadie ocupa (prometen un hotel de cadena internacional); el del hermano del Pacha Cantón en Narbonna compromete a los compradores con futuras botellas de un vino que todavía nadie crió. Más modesto, el mecenas Pancho Dotto loteó el predio que tenía cerca de la Boya Petrolera, sacó dos decenas de lotes a la venta y se quedó con uno para su casa personal, a la que invita a ver cómo se pone el sol entre los arbustos de donde salen, dijo un bromista en lo de Aufiero, a las modelos que después cultiva y representa. Otro grupo se acercó al departamento de Gorlero del empresario y banquero Guillermo Laraigné, que festejó su cumpleaños en el último piso de un edificio que tiene una de las mejores vistas sobre la marina de Punta del Este. Entre otros, estaban el periodista Jorge Jacobson, el publicista Aram Rupenián, que fue dueño de la radio FM Concierto de Punta del Este y hoy produce revistas, y el inmobiliario Armando Sagasti. Éste es el dueño de la galería en donde funciona el casino de Gorlero que, contó, en los próximos meses adoptará el nombre de Mantra, como una sucursal del que funciona en el hotel de ese nombre de La Barra. Sagasti es un argentino que vivió siempre en el Uruguay dedicado a la actividad inmobiliaria y que fue socio, en los años 70, del recordado político Julio Mera Figueroa, que se exilió en esa ciudad después del golpe de 1976. Contó y escuchó anécdotas de aquel ministro del Interior de Carlos Menem que intentó, el primero, emprender una reforma en la confección de los DNI que fracasó hasta el día de hoy. Ese proyecto le costó el puesto, según recordaba Mera, porque lo había hecho con una empresa estatal francesa y eso era rechazado por una multinacional informática de los EE.UU. Éstos también fracasaron, como los alemanes de la Siemens que firmaron un contrato que también se cayó y que motivó uno de los escándalos de coimas más grandes de la historia y sobre el cual más de un argentino deberá dar explicaciones.

El cumpleaños de Alain Hombreux y Silvia Romero congregó a directivos del BNP Paribas y a artistas plásticos en Pilar. Es que este francés tiene una empresa de consulting que se encarga de asesorar a las empresas de su país con representación en la Argentina. Por ahora, la mayor actividad está en los viñedos donde explotan varias fincas en Mendoza y San Juan. Del resto de la economía argentina, no hablan. Silvia Romero, que está preparando una exposición inspirada en distintas Betty Boop y mujeres negras, escuchaba del galerista Javier Baliña que la temporada de arte que comienza a pleno en abril hasta ahora parece no sentir la crisis. Coincidían con él Luz O'Farrel, una pintora argentina que está cotizando muy bien, y Sebastián Masegosa otro artista que ha alcanzado excelentes precios por sus audaces obras donde utiliza hasta ácidos, que se están preparando ignorando los datos del mundo. No saben si lograrán los buenos precios de 2008, pero no creen que mermen las ventas. El arte sólo era uno de los temas de la conversación. La economía pronto captó la atención, no sólo porque alguien comentó el drama de los cartoneros que con la caída de los precios de las materias primas internacionales, sus ingresos bajaron más del 50%, ya que les pagan menos por papeles, cartones y ni hablar de metales. Decía que esto está causando un aumento de la pobreza que no mide el INDEC. En tanto, Paula Iorio, que además de curadora de museos, es despachante de Aduana, no entendía cómo los funcionarios locales se desgarraron las vestiduras por las trabas que ponía Brasil, cuando los productos de ese país tienen serias dificultades para entrar a la Argentina. Silvia Fernández Barrio y María Racana la escuchaban atentas. Iorio decía que el poder de la Secretaría de Industria y Comercio que encabeza Guillermo Moreno es tan grande que ha desarrollado una «lista sensible» integrada por productos que nadie conoce y cambian constantemente. En la Argentina existe una Lista Automática donde las mercaderías que la integran tardan 72 horas en cumplir todos los trámites, pero si uno de esos productos ingresó a la lista sensible, puede demorar entre diez y quince días más en entrar. Ni hablar de la nueva lista «no automática» integrada por bicicletas, motos, hilados, telas, ropa, electrodomésticos, calzado, partes de calzado, juguetes, neumáticos, cámaras y cubiertas de bicicletas, entre otros productos que pueden demorar como mínimo entre 60 y 90 días hábiles para ingresar. Hay productos que demoraron siete meses. El almacenaje de los containers lo pagan los importadores. Algunos decidieron presentar acciones de amparo, pero la represalia de Moreno puede ser grave, porque si Comercio después no aprueba la importación, deben pagar fuertes multas.

Cerramos con un chiste de la línea fuerte, útil para animar a quienes deben retomar tareas a la vuelta de las vacaciones: Estaban el León y el Burro en la selva, y después de mucho tiempo sin compañía femenina deciden hacer un pacto y hacerse un favor mutuamente. Al momento de decidir quién lo hace primero, el Burro le dice al León: Señor León, usted es el rey de la selva, así que le concedo el primer turno.
El Burro se da vuelta para que el León empiece lo suyo. Luego de unos minutos de no sentir nada se da vuelta y ve al León untándose con algo en su miembro y le pregunta qué está haciendo. El León le dice: -Ya que usted ha sido tan generoso conmigo, me voy a untar con para evitar cualquier dolor en su anatomía.
Dicho esto, el León acomete y termina con lo suyo. Ahora le toca el turno al Burro. Este comienza a untarse con productos de tres potes diferentes. El León se interesa por ese trámite, y el Burro le explica: -Bueno, no es todo vaselina. Como usted fue cuidadoso conmigo, voy a ser también gentil: en la mitad ponemos vaselina para evitar el dolor, en el medio un poco de VicVaporub para las molestias del pecho y en la punta va Amoxidal 500 para que no le duela la garganta...

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