Charlas de Quincho

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La crisis agudiza el espadeo político, sobre todo en este verano de incertidumbres para el Gobierno y la oposición. El ex presidente, uno de los más activos en charlas y definiciones («No duermo, milito día y noche»), se estrenó en un quincho como augur: anunció que en octubre empieza «otra cosa» que superará la antinomia que gira sobre la K. Pero Duhalde, que volvió a quinchos en nuevo comedero de la Capital, no se quedó atrás: «Yo puse la mesa, yo la voy a levantar», dijo, y no se refería al servicio. También estuvimos, desde ya, en los ágapes macristas de la pasada semana, donde supimos de algunos viajes no ajenos a futuras alianzas. Veamos.

Rarezas de la política criolla: cuando crece el temor a una amenazante crisis que se explica mucho, pero que no se sabe cuán profunda es, la dirigencia festeja la coyuntura. Celebra Kirchner en Olivos que la oposición se divide, celebran los opositores fantasías de unidad y van todos al choque en unas elecciones de resultado más que incierto. Ese ánimo dominó las cenas, almuerzos, cumpleaños y otras variedades quinchescas a lo largo de la semana. Antes de partir a El Calafate con Cristina de Kirchner a celebrar un aniversario bien tirado de los pelos (el del bautismo del Lago Argentino con ese nombre), el ex presidente hizo un maratón de charlas con los gobernadores que fueron a los dos actos en Olivos (planes sociales el jueves; protección de bosques el viernes). Eso de hacer actos presidenciales en Olivos tiene una sola explicación: que los convocados a los anuncios pasen por el chalet que usa Kirchner para sus reuniones y para despachar proyectos y conspiraciones electorales, que están hoy a toda marcha.

«¡No duermo, milito día y noche!», se entusiasmó Kirchner ante los visitantes de esos días, con quienes celebró, a su manera, el lanzamiento de la liga Macri-Solá-De Narváez. «Fantástico, se une la derecha, se divide la oposición, nos facilita las cosas», dijo ante un par de gobernadores a quienes comprometió para el tramo final de la campaña para Catamarca, en donde el kirchnerismo va a tener el primer test el 8 de marzo en elecciones provinciales. A quienes les preocupa la situación en la provincia de Buenos Aires por esa liga macrista, los tranquiliza así: «Ya se van a empezar a pelear entre ellos, cuando discutan las candidaturas». ¿Acelera eso su decisión de ser candidato a diputado en ese distrito? Comienza a admitir la posibilidad, cuando hasta ahora decía que prefería que el cabeza de lista fuera Sergio Massa. A los pocos con quienes se confiesa en serio agrega que quiere en la lista a todos, «que nadie se haga el distraído, la liga de Macri es competitiva y les tenemos que oponer todo: Massa, Ocaña, Scioli (José, se entiende, que ya es un soldado de la causa), yo, si es necesario». Y para después de Catamarca, la estrategia nacional: seguramente dividir cuanto se pueda elecciones a cargos provinciales de las nacionales para producir un efecto psicológico de cascada de éxitos. «¿Éxitos?», le preguntan. «Sí, tenemos que elegir las provincias en las cuales los candidatos kirchneristas puedan ganar fácilmente para adelantar los comicios y acumular titulares periodísticos que hacen de triunfos». Un informe que acercó el jueves Juan Schiaretti en Olivos dice que la UCR de esa provincia crece con figuras reflotadas como la de Rubén Martí y eso achica las pretensiones de Luis Juez, que no cerró alianza con los radicales y eso mejora la chance del peronismo de hacer una mejor elección. Con elecciones separadas, dice la estrategia, hoy en estado gaseoso, amortiguamos la pérdida que vamos a tener de bancas nacionales, que es algo natural porque es difícil que se repita la buena elección nacional de 2005 en esos niveles. El gran argumento de fondo que discuten estos gobernadores y ministros que se acumulan en Olivos a lo largo de la semana es el mismo que discute el público: cuando el efecto de la crisis global llegue a la Argentina, ¿los votantes se pegarán al Gobierno para evitar que se debilite o buscarán en la oposición una solución que reemplace a lo que hay? A este dilema, Kirchner le ha encontrado en estas horas esta respuesta, enigmática y que desmiente ese pronóstico derrotista que transmiten algunos actos del propio Gobierno: «Se equivocan los que plantean la pelea Kirchner-anti Kirchner. Eso se termina en las elecciones de octubre y ahí empieza otra cosa, ya van a ver».

Pero no todo es fiesta en Olivos, por lo menos para el senador porteño Daniel Filmus, cuyo destino político se nubló cuando dijo que su límite dentro del frente que encabeza el ex presidente es el ex coronel Aldo Rico, hoy aliado de aquél, como él. Sentado en la primera fila de los invitados del viernes, debió soportar con una triste sonrisa que la Presidente lo retara, aunque sin mencionarlo. Fue cuando la mandataria echó pestes a los que habían declarado que el alud sobre Tartagal se había producido por culpa de la tala indiscriminada de bosques. Había sido Filmus, entre tantos, el autor de esa declaración, y ahora Cristina de Kirchner lo apuntaba en público. Para colmo, el ex ministro de Educación tuvo un fuerte entredicho con la diputada y ex ministra de Educación de la provincia de Buenos Aires, Adriana Puiggrós, a quien acusó de haberle «robado» un proyecto de ley de la época en que a Filmus se lo veía como mandamás del Palacio Pizzurno. «Vos modificaste el proyecto sin consultarme», le arengó con gesto adusto y el dedo en alto. Filmus se refería a un proyecto de ley sobre jubilaciones docentes, con el objetivo de permitirles a los maestros y profesores, entre otros beneficios, la jubilación a los 57 años. Puiggrós sostiene que la iniciativa tiene deficiencias y que debido a su importancia exige una inevitable modificación en la Cámara baja. «Mandá el proyecto pero no lo trates en el recinto», le sugirió Filmus. «Yo lo voy a tratar ahí porque no hay otro ámbito; si querés digo todas las veces que pueda que es la ley Filmus», retrucó la ex funcionaria de Felipe Solá. Siguieron un par de entreveros entre los legisladores que finalizaron con una abrupta despedida. «Le voy a contar a Pichetto a ver qué opina», amenazó el senador. «Y yo lo voy a hablar con Rossi», cerró Puiggrós y murmuró por lo bajo: «¡Este siempre me quiere cocinar!».

En la vereda de enfrente, el entusiasmo también produce celebraciones, como la de Eduardo Duhalde el miércoles en el cumpleaños de su ex secretario de Medios, Daniel Basile, fiesta que consagró al hotel Etoile de la Recoleta como el nuevo santuario del peronismo disidente (se traslada ahí desde esta semana el almuerzo habitual que se hacía los martes en Lola; ¿se terminaron los descuentos?). Basile tiene tantos amigos que la fiesta fue casi una multipartidaria que juntó, por ejemplo, a Duhalde con su ex ministro de Salud y hoy embajador en Chile, Ginés González García, al ex gobernador Carlos Ruckauf, al albertista Héctor Maya, y un seleccionado del peronismo «ñata contra el vidrio» (el que no tiene poder bajo un Gobierno de su propio partido): Alieto Guadagni, Fernanda Ferro, Antonio Rattin, Daniel Amoroso, Cristian Ritondo, Miguel Toma, Toti Leguizamón, Miguel Saredi, Moisés Ikonicoff, Osvaldo Agosto, Manuel Gallardo, allegados al peronismo como el ucedeísta Jorge Pereyra de Olazábal, entre quienes se mezclaban dirigentes de fútbol como Juan Carlos Crespi (Boca Juniors) o magistrados como Fernando Mancini. La presencia de Duhalde conmovió a todos; el ex presidente le escapa a ir a la Capital, pero el último tiempo se aficiona a ciertas reuniones nocturnas, por ejemplo en la casa de Francisco de Narváez en Palermo Chico o esta aparición en el cumple de «Chicho» Basile; como si quisiera acreditar el rol de armador de la liga Macri-Solá-De Narváez. Con Ginés apenas se saludó, cordial, pero distante. Con otros se embutió en charlas de aroma conspirativo y tono apocalíptico como cuando dijo: «Días más, días menos, se viene una gran tensión social», o «El Gobierno entró en una etapa final, aunque ponga plata, el peronismo se le aleja». «¿En serio Negro»?, le preguntan. «Sí, los buitres estaban volando altísimo, pero ahora han bajado bastantes metros, ironizó». Celebró la alianza bonaerense y presumió que va a ganar las elecciones: «La clave es que Solá y De Narváez suman públicos distintos, pero ahora en una misma fórmula». También repitió uno de sus sketchs predilectos, que es la autocrítica entre risas de su error de haber apoyado a Kirchner a ser presidente. Ese sketch comienza con la pregunta ingenua: «¿Cómo le pudiste equivocar tanto, Negro?» Lo piensa un rato, se pone el dedo índice, vertical, sobre el bigote, mira al techo, y dice: «Sí, me equivoqué... Lo hice porque era un gobernador peronista... Pero ojo, ¡yo puse la mesa y yo la voy a levantar!». Y los muchachos estallan en aplausos y risas.

De quien nadie habla -aunque todos piensan en él- es de Carlos Reutemann, con lo cual se alimenta más el enigma sobre lo que hará. En el Gobierno especulan que el dilema principal es si será candidato del kirchnerismo -con lo cual enfrenta dificultades con el voto del campo que rechaza al Gobierno- o se aparta por una vía propia, con lo cual pierde el apoyo que puede darle el Gobierno nacional en su pelea con los socialistas. A éstos les cuesta sostener el voto con un Hermes Binner que se quedó sin argumentos el jueves cuando ingresó al despacho presidencial. «Espero que venga con alguna otra cosa que las retenciones porque con el campo ya estamos hablando», dijo Cristina de Kirchner a Sergio Massa y Florencio Randazzo antes de recibirlo, pasadas las 22 de ese día y sin fotógrafos. Salió el gobernador sin nada en las manos y se perdió en la noche, con silencio oficial sobre lo hablado, que fue que Cristina lo puso al final de la cola de los demandantes. «Con la situación fiscal ni hablar de bajar las retenciones», le dijo apenas entró. Los problemas se le acumulan al gobernador, especialmente en el área seguridad, un tema sensible en cualquier elección, con desmanejo policial y aumento de crímenes y secuestros. Este debate despuntó también en una reunión de congresales del Partido Justicialista de Santa Fe, llamada por el diputado Agustín Rossi, quien insiste en la idea de que haya internas para candidaturas en esa provincia. En la misma reunión, realizada en el Sindicato de Municipales de Rosario, se pidió que el Partido Justicialista convoque al congreso para la reforma de la carta orgánica, a los efectos de permitir mayor presencia de las minorías en las listas de candidatos. La reunión enojó a dirigentes y militantes justicialistas, quienes sostuvieron que plantear internas en las actuales circunstancias sociales y políticas es un verdadero despropósito. «Tenemos miles de trabajadores en situación precaria con motivo de la crisis y es un disparate hablar de internas», planteó un dirigente peronista. «Ello sin contar -añadió- los problemas en materia de inseguridad».
Contaron, a propósito de esto, que en la ciudad de Santa Fe hubo en el último mes y medio no menos de cinco secuestros, algunos de los cuales no fueron informados ni denunciados. El procurador de la Corte santafesina, Agustín Bassó -contó uno-, ha ordenado una investigación de esos hechos. Otro de los problemas que afectan a la provincia es la serie de homicidios que suceden, algunos luego de cometidos robos. Legisladores peronistas han pedido ya la interpelación del ministro de Seguridad de Santa Fe, Daniel Cuenca, algo a lo que se resiste el socialismo que, en todo caso, estudia acceder a que el ministro visite la Legislatura para dar alguna explicación. Como si no bastase, corren serios rumores, y se da como un hecho preocupante que en Santa Fe abundan las pistas clandestinas de aterrizaje que permiten a aeronaves de pequeño porte traficar droga. «Llueven los ladrillos de marihuana en todas partes», dijo alguien experto en el tema y sostuvo que es necesario que «prontamente se liciten los radares para poder detectar las avionetas ilegales que ahora sobrevuelan suelo santafesino sin que nadie controle». En cenáculos tan variados como Olivos o el disidente cumpleaños de Basile, la mirada sobre Lole es permanente porque lo que él haga resetea todas las conductas. Si se pega a Kirchner, nacionaliza la elección en Santa Fe; si se aparta, la provincializa. En los dos casos tiene desafíos duros.


La fiesta macrista tuvo varias sedes a lo largo de la semana. Elegimos la más brillante, la fiesta del cumpleaños 57 del diputado y sindicalista Dante Camaño, que preside la obra social de los gastronómicos que administra junto a su hermana, la kirchnerista (kirchneroide, prefieren decir en su entorno) Graciela, y su cuñado, Luis Barrionuevo. La fiesta fue el sábado en el bajo autopista de San Juan y Santiago del Estero, adonde el gremio abrió un espacio después de correr a linyeras y descuidistas para sus actividades sociales y deportivas. Camaño, otra multipartidaria como Basile, llevó a Francisco de Narváez y a los macristas Federico Pinedo, Carlos Walter - titular de la AFIP porteña, que anuncia perseguirá a quienes traigan capitales de afuera sin darles el blanqueo que promete de Nación y algunas provincias- y Esteban Bullrich, que celebraron con el duhaldista Barrionuevo el acuerdo con Solá. Claro que éste no estaba invitado, como tampoco Macri, pero se habló de las posibilidades del acuerdo como una carta ganadora con acumulación de argumentos que acercaron escuderos como Alfredo Atanasoff, Gustavo Ferrari, Miguel Toma y el sindicalista Juan José Minichilo. Compartieron la rica mesa de los gastronómicos (lomo con papas al hojaldre y helados, hecho por profesionales en serio) y compartieron las mesas con la cúpula de la CGT Azul y Blanca y un grupo de empresarios gastronómicos. El ánimo ganador, aunque no se refleje al final en las urnas -hablar del futuro en política es la mejor forma de equivocarse- le resuelve los problemas actuales a cada uno de los protagonistas. Macri mandó la orden de «pegarse a Solá y a De Narváez», que es la manera de estar en la elección de octubre con el solo apoyo a una fórmula ajena. Nadie que pretenda ser presidenciable en 2011 puede estar ausente en 2009; con esto Macri lo logra. A Solá y a De Narváez les resuelve todo, también. Reconstruyen ese 16% que sacó De Narváez en Buenos Aires en 2007 sin tener candidato a presidente. Al «Colorado» lo saca del ostracismo y lo pone seguramente en el primer lugar de la fórmula. El bingo de Macri sólo se compara con el de Solá; se instala como opositor discutiendo un lugar en la lista de los adversarios de Kirchner cuando hace dos semanas todavía le hacía el juicio de residencia por haber sido durante cuatro años gobernador de Kirchner en Buenos Aires y haber encabezado en 2007 la lista oficialista con Cristina a la presidencia. Rápido como pocos, los enloquece ya con aperturas tales como el viaje que mañana hace a San Luis a mostrarse con Alberto Rodríguez Saá o el argumento de que él puede resignar su candidatura a diputado si no le dan el primer puesto porque en realidad ya es diputado y, como Macri, hacer la campaña apoyando a De Narváez. Nunca nadie ganó tanto con tan poco, «es como cantar envido con un cuatro de copas», ilustró uno de los filósofos que se sentó a la mesa de Camaño y se emocionó tangueramente con los versos de Horacio Ferrer, otro invitado estrella a esa fiesta gastronómica. Como remate, sancionó que Macri, Solá y De Narváez han ganado tanto, que por eso sólo no se van a pelear (por ahora, claro).

En esa cena de Camaño supimos no sólo del viaje de Solá a San Luis. Macri se toma una semana de vacaciones y reaparece el fin de semana en Londres, invitado por el alcalde de esa ciudad y para trabar relaciones con la cúpula de la oposición conservadora de Gordon Brown. Llevado por Diego Guelar -su canciller- saludará al mítico Lord Montgomery (un experto en la Argentina que para los británicos es un agente de Buenos Aires y para los argentinos un agente inglés, pero igual todos hablan con él) y con William Haguel, el secretario del Foreign Office «en las sombras» del Partido Conservador. De ahí buscará mejorar, junto a Federico Pinedo y Julián Obiglio, las relaciones con el partido del gobernante Nicolas Sarkozy en Francia y el del opositor José María Aznar en España. Habrá escala en las fundaciones partidarias de todos esos dirigentes, de manera de activar los programas de cooperación que se han resentido mucho con la crisis financiera global.

No fue la única tenida sindical-gastronómica de la semana; hubo otra en el sindicato de los trabajadores rurales, convocada el martes por Gerónimo «Momo» Venegas para ejecutar las primeras achuras y costillares de la temporada con los integrantes de la comisión de homenaje a Juan Perón. En esa comisión hay gente de tantas extracciones que se habla poco de candidaturas, aunque mucho de minucias politiqueras. Hugo Moyano no fue esta vez -es uno de los miembros de la comisión-, pero lo reemplazó en el moyanismo el propio «Momo», que hace alardes de amistad con el camionero que no se veían hace mucho. Los invitados cubrían todo el arco peronista: Antonio Cafiero -se repone de una caída mientras hacía marcha aeróbica que le produjo una molesta herida en el rostro que lo retiró de algunas exhibiciones-, Teresa González Fernández (albertista), la diputada Teresa García (kirchnerista), Fernando Galmarini (duhaldista, suegro de Sergio Massa), Osvaldo Papaleo (albertista) y un seleccionado del peronismo de ayer, hoy y de siempre, que vuelve a molestar al Gobierno con sus algaradas nostálgicas. Por ejemplo, quieren instaurar el 24 de febrero -día que recuerda el primer triunfo electoral de Perón en 1946- la piedra fundamental del monumento al general en el predio que hoy usa el Gobierno como helipuerto presidencial. En ese espacio junto al Correo, la Casa de Gobierno y el galpón en donde se restaura el mural de Siqueiros, quieren que se sume un acto partidario del cual no pueden estar ausentes los Kirchner, que están ya comprometidos para un festejo por el mismo asunto con el intendente Amieiro de San Fernando. Reflota esto la negociación con el Gobierno que ya antes se oponía a que se instalase ahí el monumento; accedió por presión de Moyano, quien convenció a los Kirchner de que si le dejaban a Perón a los disidentes le abrían espacio, entre otros, a De Narváez, que ya tiene la biblioteca, el uniformes y otras memorabilia que le permiten presumir que ya se compró a Perón.

El sábado al mediodía, uno de los lugares para escapar al calor fue Puerto Madero. Las mesas al lado del río eran las más solicitadas, no sólo por los fumadores, sino por los que preferían la brisa del río al frío del aire acondicionado. En «Marcelo», una de las sobremesas se extendió hasta las 17. Venían de un viernes a la noche de revival de los 60 y 70 en el Bajo de San Isidro, cuyo dueño, Cristian Contestabile, fue disc jockey de Marrakesh, una disco que brilló en los años de Mau Mau. No faltó ninguno de los habitués de aquellas noches, incluso estuvo Marcelo Moura el cantante de Virus y Aquiles Roggero y Luis Posse que integraron el grupo Pintura Fresca que recuerdan los que tienen más de 45 años. Aquiles, después de su pasado de rock and roll fue pianista de Susana Giménez, autor de innumerables jingles y acaba de editar un CD de tangos a dúo con su hermano Luis, primer concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional. Alvaro Cañada, que había cantado la noche anterior con su banda Soul Road, estaba en ese almuerzo donde se mezclaba la nostalgia con la crisis de estos días. Claudio Dalle Mura, que fue ministro de Gobierno de Santa Cruz, cuando Sergio Acevedo fue gobernador, comentaba lo mal que está la zona norte de esa provincia por la caída de los precios del petróleo. Dalle Mura es comisionado de Cañadón Seco, un campamento petrolero de 750 habitantes. El cargo de comisionado equivale al de intendente, pero en los lugares de menos de mil habitantes no existe el Concejo Deliberante. El hombre explicó que con la crisis del petróleo estaban desapareciendo las pymes ligadas al sector. «Eran cuarenta y dos hace un tiempo, ahora quedan quince y pronto sobrevivirán menos de diez». Al lado, Mario Segura de Transpetrol Sur, que tiene su base en Caleta Olivia a pocos kilómetros de Cañadón Seco, asentía y le explicaba las dificultades para acordar con los obreros. Segura decía que si no hay un acuerdo entre empresas, Gobierno y obreros, no salen de la crisis y se van a perder más puestos de trabajo. Todas las empresas están pidiendo bonificaciones de entre el 10 y el 20% por los trabajos que hacen y los obreros siguen reclamando mejoras salariales. Dalle Mura desde su experiencia de ministro de Gobierno de Acevedo (en aquella época mataron a un policía en Las Heras durante un conflicto petrolero), contó que como los trabajadores vienen de otras provincias, algunos se vuelven muy combativos porque no tienen arraigo en la zona. «A veces son diez los que tienen problemas y nos cortan la única ruta que accede a Cañadón Seco. Allá no hay caminos alternativos como en Buenos Aires u otras provincias». Segura acotó que con la baja del petróleo y los últimos aumentos de sueldos, el costo salarial de las empresas petroleras subió del 40% al 70% de los gastos.

Vamos a terminar con un chiste de la línea sanitarista:
Un hombre saludable, gallego y de 45 años, concurre a realizarse un chequeo médico de rutina en la capital española. El médico controla su presión, examina algunas radiografías y observa que todo está en orden. Le pregunta entonces: «¿Cómo es su alimentación?» «Mi dieta es sana, doctor», responde el hombre. «Vegetales, fibras, carnes no grasas, agua mineral, algún fin de semana una copita de vino, y sidra sólo en fin de año. Y por supuesto no fumo». «Bien, bien. ¿Practica ejercicios?», sigue el médico. «Hago flexiones todas las mañanas, algo de aerobismo tres veces por semana, y mi transporte habitual es la bicicleta». «Excelente. ¿Y su vida sexual?», lo interroga finalmente el médico. «Pues... hago el amor dos veces al mes. Con suerte tres». «¡Ah, no, mi amigo! ¿Por qué eso? A su edad, un promedio saludable sería entre dos y tres veces a la semana». «¡Claro, hombre! Para usted es muy fácil porque es médico en Madrid. Yo soy cura en Lugo».

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