13 de julio 2009 - 00:26

Charlas de Quincho

La política en tiempos de la gripe porcina hace que todo se discuta en «mesas chicas», con poca gente y a puertas cerradas. Un clima ideal para la traición, desde ya. En ese clima fue que la Presidente convocó a su «mesa chica» (más el gobernador local) a la suite 707 de un hotel tucumano, para adelantarles parte de su convocatoria al diálogo, hasta ahora sólo motivo de sospecha entre quienes deberían ser los convocados. Otro diálogo, otro gobernador: de qué hablaron el chaqueño llamado «Coquipedia» -por sus casi ilimitados conocimientos- y un viejo cacique del PJ que regresa. Otro gobernador más (el bonaerense) y otro viejo caudillo (ex senador y ministro): queja del mandatario por una supuesta traición del veteranísimo dirigente. Veamos.

José Alperovich
José Alperovich
Ideal para las conspiraciones esta política en tiempos de la gripe. Entre el feriado extendido y la recomendación de no prestarse a aglomeraciones fue una especie de piedra libre para anudar nuevas lealtades y desencadenar otras a costa de nuevas traiciones, fraguar encuentros, cruzar datos que cambian el mapa político. El frenesí se limita hasta ahora al peronismo, el que manda y el que mira todo con la ñata contra el vidrio, pero desde alguna distancia, porque el vidrio puede estallar en cualquier momento. Lo que se cuenta en estos quinchos con gemidos y susurros, algunos entre cuatro paredes, otros en charlas telefónicas, en un marco de insinceridad que abunda mucho en tiempos de crisis y más en el peronismo, una formación que ha endiosado la lealtad, que es el recurso más escaso entre los compañeros. Lo más notable para el oficialismo no ocurrió desde el palco el 9 de julio, cuando Cristina de Kirchner lanzó la última quimera del Gobierno el llamado al diálogo, sino la noche antes, en la habitación 707 del Catalinas Park, el hotel que eligió la Presidente para esperar los fastos patrióticos del día siguiente.
Pasada la medianoche del miércoles 8, la Presidente tuvo una ronda de café (de consulta, se entiende, porque la mandataria no consume ese brebaje) con el círculo chico de acompañantes -Florencio Randazzo, Aníbal Fernández, Carlos Zannini, el gobernador José Alperovich, su esposa, la dipu-senadora (deja banca en la Cámara baja, asume el 10 de diciembre en la alta) Beatriz Rojkés-. En esa habitación llamada la suite presidencial del hotel que tiene una vista al imponente parque San Martín, Cristina habló casi en clave, adelantando sin adelantar la idea de la convocatoria.
«Hay que buscar conversar con los sectores, pero todos juntos, porque cuando uno habla con un solo sector y se acuerda algo, después vienen los damnificados y se quejan de lo que acordó». Pocos entendían, quizás sólo Zannini, que había estado en la fábrica de esta idea junto con Néstor Kirchner. Otra frase de la Presidente: «Cuando se habla con partidos, no sólo hay que hablar con los que tienen representación parlamentaria, porque se puede quedar afuera gente que puede traer ideas útiles». Entendían menos esa madrugada del jueves en esa habitación. El gobernador Alperovich había subido al piso 7º del hotel con un solo propósito: pedirle alguna explicación sobre el despido del director del APE (caja de reparto de dinero a las obras sociales), Mario Koltan, que duró 24 horas en el cargo porque intentó quitarle a Hugo Moyano el control de unos $ 1.000 millones que se distribuyen de manera graciable para pagar emergencias. La Presidente insistió en que había una incompatibilidad entre su actividad como empresario privado en el área Salud y ese cargo. Pero acá en Tucumán, intercedió el gobernador, estuvo al frente de Subsidio de Salud y de la Caja Popular de Ahorros, y no hubo incompatibilidad. «En Nación es incompatible», remató Cristina, quien le aseguró a Alperovich que Koltan tendrá igual un cargo, pero sin manejo de dinero, es decir, para no irritar a Moyano. Ponderó, para alegrar al anfitrión, el buen resultado de Alperovich en las elecciones en Tucumán. Se lo merece porque el kirchnerismo perdió en todos los distritos grandes de la Argentina, y hay que ir a Tucumán para encontrar al primero en dimensión en donde hubo un resultado airoso.

Cristina despachó a la gente del piso 7º pasada la 1 de la mañana del jueves para supervisar personalmente la instalación de la delegación en las diez habitaciones que había reservado la Presidencia. Se entiende la pasión por los cargos en gente que hasta le sobra el dinero (los Kirchner, un Francisco de Narváez, Mauricio Macri o Alfonso Prat Gay, para mencionar a las declaraciones juradas más ricas de este negocio de la política), porque con dinero de todos, y para estar en Tucumán menos de medio día, los acompañantes de la Presidente se desplegaron en esas diez habitaciones, algunas dedicadas a gimnasio personal de Cristina, en donde instalaron una bicicleta fija para spinning y una cinta para correr, además de colchonetas y mancuernas -usó este equipo al menos, antes del acto del 9 de Julio-. También hubo lugar para un peluquero y un asesor de vestuario y una buena provisión de frutas, jugos, chocolatines y otras viandas de urgencia para el viajero. La suite era la misma que usó Cristina en la cumbre del Mercosur y reclamó ocuparla para estar fresca el jueves en el acto de lanzamiento del acuerdo. Cuando hubo hecho el anuncio, entendieron los acompañantes de la madrugada anterior de qué se trataba; le reclamaron detalles y llevó a los ministros esa mañana al despacho del gobernador e improvisó una especie de reunión de trabajo en donde aclaró que ella nunca adelanta los discurso, pero les recordó a Aníbal Fernández y a Randazzo que en varias oportunidades les había dicho que reflotasen los trabajos viejos sobre reforma política que habían quedado archivados.
«No quise lanzar nada de esto -les dijo Cristina- antes de las elecciones, pero ahora hay que hacer algo». El nuevo jefe de Gabinete, cuando era ministro del Interior, había preparado algo; también Randazzo cuando era ministro de Felipe Solá y éste le reclamó hiciera algo en 2002 para mostrar que eran una administración reformista. En aquel momento habían copiado la ley de internas abiertas de Duhalde, pero les duró tanto como a éste cuando Elisa Carrió impuso la idea de que los partidos de candidato único no debían ir a internas. «Con eso se tiró abajo todo», le recordó Randazzo. ¿Voto electrónico? Los ministros le recordaron a la Presidente que hace un mes la Corte Suprema de Alemania declaró inconstitucional el voto electrónico a raíz de una denuncia de una cámara de hackers que demostraba cómo se podían truchar los resultados. «No vamos a ir para allá cuando ellos están de vuelta», advirtió uno de los presentes. Nos vamos, nos vamos; se movieron todos, pero Cristina los frenó: me voy sola, voy a El Calafate, ustedes van más tarde, allá me espera Néstor. Los dejó con la misión de armar la convocatoria y de buscar un método para que no sea un fracaso, algo muy difícil, porque el público ve al Gobierno de nuevo ante el mismo síndrome: cuando le va bien, no habla con nadie; cuando le va mal, llama al diálogo. Encima pone como gerentes del acuerdo a los dos ministros (Fernández y Randazzo) a quienes se les había confiado la tarea de mortificar todos los días por radio a opositores de la política, las empresas, el campo, la prensa, etcétera. Son los primeros que tendrán que dar la prueba de aptitud para el nuevo oficio de negociadores.


De estas formalidades del oficialismo no hay sospechas, como las que tiene el Gobierno sobre otras conversaciones que hubo en la semana y que son reveladoras de lo que puede pasar. La más importante es la que tuvo por teléfono Eduardo Duhalde con Jorge Capitanich, hoy el negociador más importante con que cuenta el Gobierno, aunque no sea cierto que le ofreciesen una Jefatura de Gabinete que fue de rebote a Aníbal Fernández. En esta crisis, el gobernador del Chaco hizo un relevamiento de opiniones entre políticos, empresarios, medios, analistas políticos y económicos para darle al Gobierno una tabla de marea sobre lo que se puede y no se puede hacer en los dos años y medio que quedan de Gobierno. La capacidad de trabajo de «Coqui» Capitanich produce admiración en los Kirchner y también en otros funcionarios del Gobierno, que se quedan pasmados cuando el gobernador recita leyes y dictámenes mirando hacia el cielo sin que nadie pueda contradecirlo.
Por eso los Kirchner lo consultan sobre todo, hasta conversando con él a dúo en el teléfono sin manos, como el lunes pasado, cuando Cristina de Kirchner le reprochó que lo desautorizase a Daniel Scioli como nuevo jefe del PJ. «¿Qué querés -se rió esa noche la Presidente-, tirarme el partido por la cabeza?». La Presidente parece no poder vivir sin el asesoramiento de este gobernador a quien sus admiradores llaman «Coquipedia» por la suma de sus saberes. Lo invitó el miércoles a la noche a ir a Tucumán; éste se disculpó porque tenía un compromiso de TV, quiso que viajase el jueves a la madrugada, pero «Coqui» se quedó, entre otras cosas, revisando proyectos del Gobierno con Oscar Parrilli y Carlos Zannini. Tanta consulta y tanta confianza hacen que se especule si Capitanich no terminará siendo de nuevo jefe de Gabinete, como en la era Duhalde, para quien inventó nada menos que el CER (aquella tablita para calcular actualización de deudas).

De Duhalde hablábamos, pero éste no estaba incluido en la lista de gente a la que quería consultar el Gobierno a través del gobernador del Chaco. Quizás sabiendo eso, Duhalde lo llamó a Capitanich con el pretexto de felicitarlo por la victoria en las elecciones en su provincia y, de paso, comunicarle su hipótesis sobre el futuro del peronismo, que Capitanich recogió y les pasó a los Kirchner sin comentarios, en particular porque el nombre Kirchner no estuvo nunca en la boca de Duhalde. ¿Nunca?, se interesaron en Olivos. Nunca; habló del futuro del peronismo, pero sin nombrar a los Kirchner. Para su tranquilidad, tampoco Duhalde mencionó en esa conversación telefónica a Francisco de Narváez, victimario del oficialismo en las urnas del 29 de junio. Éste es el diagnóstico duhaldista: 1) Acá lo único que queda en pie es el radicalismo y sus socios que tienen una buena fórmula, Cobos-Binner; 2) las posibilidades de Mauricio Macri de participar en una presidencial no son claras; lo que sí es seguro es que no va a ser el candidato del PJ; 3) Nosotros lo tenemos a Carlos Reutemann, que, si se decide, es el mejor candidato; 4) Antes hay que arreglar qué vamos a hacer hacia dentro del PJ, porque se repone el esquema bipartidista UCR-PJ, y la UCR está respondiendo bien, pero el que no responde bien hasta ahora es el PJ.

Ese diagnóstico que escuchó Capitanich es el mismo que volanteó en la semana que pasó Duhalde en varias mesas, una de ellas la que lo reunió con Gerónimo «Momo» Venegas (sindicalista del campo), Luis Barrionuevo y Alfredo Atanasof, el único de ese lote que ha quedado hasta ahora pegado a De Narváez. Todos conocen la flexibilidad de la lealtad de Atanasof, que hasta el año pasado era funcionario de Daniel Scioli. En esa mesa con Duhalde, este Atanasof debió soportar las críticas de Duhalde a De Narváez, a quien le reprocha haber bajado a muchos duhaldistas de las listas y de haber traicionado a muchos peronistas que llevaban «colectoras» colgadas de la boleta de De Narváez. El apoderado de éste se comprometió a la changa de acercárselas al juzgado, pero nunca llegaron.
«De Narváez ya fue, ya fue», es el dictamen de Duhalde, quien no cree que pueda volver a defenderlo después de que el diputado reelecto rompió, a su parecer, todos los códigos de la política, algo que en esas mesas les está vedado a los principiantes. Atanasof, quien logró entrar al Congreso de nuevo, fue el gerente del cierre de las listas de la liga Unión-PRO, y muchos duhaldistas le reprochan que él fuera el responsable de ese cierre que dejó tantas víctimas. Duhalde, por ahora, le cree que el responsable fue el apoderado «denarvaísta» Fernando Rozas, a quien también lo busca el apoderado macrista José Torello porque también le bajó decenas de listas de macristas en Buenos Aires. En esas mesas creen difícil que De Narváez vuelva a tener el favor de Duhalde, algo que el «Colorado», de paso, no cree ya que le haga falta porque tiene vuelo propio. ¿Podrá prosperar tan peleado con tanta gente -Macri, Solá, Duhalde, etcétera-?

Estas reuniones y charlas de pocos se repitieron en todos los andariveles del peronismo provincial, que es hoy el único ámbito político en donde la gripe deja espacio para alguna actividad. Hasta Antonio Cafiero fue citado un sábado por Daniel Scioli a la residencia del gobernador en La Plata. El gobernador se indignó con unas declaraciones que hizo el ex senador pidiendo internas en el PJ después de que Scioli asumiese en lugar de Néstor Kirchner. «¿Yo te hice algo, Antonio?», se enojó este Scioli que nunca se enoja, y lo llevó a Cafiero hasta La Plata. Le explicó el visitante que los que habían perdido debían dar un paso al costado, por lo menos por algún tiempo. «Estoy de acuerdo, Antonio, pero no ahora. Si dejamos el partido, va a ser un desastre para el peronismo», dijo Scioli, quien explicó la idea ya contada por este diario sobre que asumirá una mesa de gobernadores en una comisión de acción política que en un tiempo deberá llamar a una interna de autoridades. «Pero no por ahora», pidió Scioli. Entonces, le respondió Cafiero como si lo estuviera ungiendo caballero: «Vas a tener mi apoyo; sabés que a mí me respeta mucha gente que cree que soy casi una leyenda del peronismo». «Lo sé, bromeó Scioli, pero ya le prometiste apoyo al Lole». «Sí -respondió casi pícaro Cafiero-, pero a él lo apoyé antes de las elecciones; es otra cosa, otro precio».

El frenesí de reacomodamientos reabrió algunas peñas clásicas del peronismo, como la mesa de póker del banquero duhaldista «Chicho» Pardo, quien suele reunir a dirigentes amigos del ex presidente para comer asados y practicar el juego ciencia (el póker, claro). Al preestreno no concurrió Duhalde, pero sí varios intendentes del conurbano que esperan juntarse con su ex jefe en terreno neutral. Otra tertulia que reabrió fue la peña de Lola, que dedicó su almuerzo a celebrar la elección de Ramón Puerta como diputado nacional por Misiones, después de una semana de angustia hasta que terminó el escrutinio definitivo. Hubo más de cien asistentes de todos los antikirchnerismos, quienes discutieron la hipótesis política que defiende Puerta desde hace rato: el peronismo disidente tiene que sindicarse detrás de una candidatura de Mauricio Macri. Se lo discutieron varios de los asistentes: algunos creen que hay que ver qué dice Duhalde, otros que Macri no es peronismo, el resto que hay que pelearles la conducción del PJ a los gobernadores. La variedad de personalidades impidió una síntesis: Moisés Ikonicoff, Héctor Maya, Daniel Basile, Jorge Hugo Herrera Vegas, Mauricio Silva, Eduardo Menem, Mercedes Landa, Mariano Caucano, Santiago Lozano, Andrés Cisneros, Fernando Petrilla, Ana Tesler, Rodolfo Barra, Félix Borgonovo, Enrique Abogado, Jorge Pereyra de Olazábal (quien se despidió de su última querencia, el albertismo, al dejar la dirección de la casa de San Luis, exhibiéndose con una informalidad en la vestimenta que nunca se le había visto), Juan José Manny, Luis Fernando Herrera y el legislador del PRO Carlos Araujo.
Por eso la charla cedió a los brindis y también a las notas de actualidad: 1) ¿Quién autorizó la exposición de fotos de hombres desnudos de Marcos Zimmermann en el Palais de Glace, desatando una clásica querella sobre lo que se debe y no se debe mostrar en salas estatales? Es una herencia de José Nun, el que se fue, que ha puesto en pie de guerra a la Iglesia, que se cobró con la cabeza de Aníbal Ibarra aquel chiste de la muestra de León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta. 2) ¿Es cierto que el piloto del avión fantasma que se le atribuye a Ricardo Jaime es el mismo que conduce el Tango 01? 3) ¿Es cierto que Alberto Fernández urde una alianza con su vieja adversaria Graciela Ocaña para recapturar al PJ de la Capital, cuya conducción pelean hoy Jorge Telerman y el sindicalista de los porteros, Víctor Santa María? 4) ¿Qué pasó en Punta del Este que los precios de algunos consumos bajaron casi al 50% en dólares respecto del verano? Lo aprovecharon en la semana de receso los pocos que cruzaron, como Gerardo Werthein, instalado en La Huella de José Ignacio el sábado; Susana Giménez, firme en su chacra, y algunos de los aficionados a la lejana Rocha como los Soldati. Mientras, en Olivos se precipitaban los cambios de gabinete. En Tinto y Soda, parrilla de Pilar frecuentada por políticos, se doraba un esbelto cordero, gentileza de Gonzalito, conocido cronista de «CQC», y cuyo destinatario era la peña de los martes, especialistas en asado y truco, cuyas reuniones mezclan la Biblia con el calefón. En los estantes de atrás de la barra del restorán se veía una foto del gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, abrazado con uno de los propietarios del local, y reconocido rosarino desde hace muchos años en Buenos Aires dedicado a la comunicación. Sus amigos de la peña dicen que la foto sube de estante o baja de acuerdo con los políticos que visitan la parrilla. En una mesa al costado cenaba Graciela Borges con un grupo de amigos, quienes miraban y trataban de escuchar cómo los asistentes a la peña desmenuzaban el cambio de gabinete. Uno de los presentes, un penalista que intervino en la causa García Belsunce como defensor de un imputado, solicitó un reconocimiento a la gentileza de Gonzalito de haber enviado el cordero, a pesar de no poder estar presente por tener que cubrir una nota. Ésa fue la chispa que desató el fuego; desde la otra punta, un viejo futbolero que fue hace muchos años arquero de Platense sostuvo: «No como otros que olvidan cumplir con sus apuestas». El nombre del presidente del Club Atlético Independiente saltó a la parrilla, y refiriéndose a él comentaron que el hombre perdió una apuesta en la peña y debía hacerse cargo de una cena, pero parece que junto con la cena perdió la memoria; Rodríguez, uno de los ex dueños de Sunset e hincha del rojo intentó una tibia defensa de Julio Comparada, pero rápidamente fue llamado a silencio por un simpatizante de San Lorenzo, quien sentenció: «No tiene defensa; sepamos esperar, que se le pasará la amnesia temporal». Luego del cordero siguió el truco, un poco interrumpido por llamadas de ministros salientes, gobernadores y políticos que buscaban contención e información de uno de los anfitriones. El penalista fue vapuleado al truco al igual que uno de los integrantes del último equipo campeón, Lengüita de Colibrí; ambos se retiraron del local mascullando palabras irreproducibles. Ya tendrán revancha.

La reunión que convocó el embajador de los Países Bajos, Henk Soeters, para destacar la labor cultural de la Academia del Sur que preside María Pimentel de Lanusse, dejó algunas anécdotas que tuvieron que ver con el fútbol y el espectáculo. Hubo superávit de nobles. Por la residencia desfilaron la condesa Lily Sielecki; el duque De Luynes; la princesa Mercedes von Dietrichstein; el barón de Saint Cezare; Gloria César; Sarita Smith Estrada; Teresa González Fernández; Amadeo Riva; Martín Cabrales; el presidente de Club Atlético Independiente, Julio Comparada; Otto Born y su mujer Marina Supervielle; Alejandro y Cristina de Elizalde, Eva Soldati; Marcela Rabuffetti; Laura Buccelatto; Jorge Fassbind; Mirtha Arlt; María Sáenz Quesada, e Ivonne Bordelois, entre otros. El tema del fútbol estuvo presente y Héctor Cavallero, candidato a presidir River Plate, se encontró con una impensada promoción porque en octubre de 1993 fue el empresario que trajo a Michael Jackson a la Argentina. Un hombre cercano al candidato contó en la reunión algunas de las anécdotas del cantante que tuvo en vilo a los organizadores durante más tiempo que el esperado. Jackson llegó a Buenos Aires ocho días antes de lo previsto porque estaba aburrido e interrumpió sus vacaciones en Suiza. Cuando llegó a la ciudad comenzó el tedio porque era imposible que abandonara el hotel, rodeado de admiradores. Sus acompañantes eran dos niños que vinieron con sus madres. Michael patinaba con ellos por los pasillos de mármol y jugaban a las escondidas entre los centenarios muebles de «la mansión». Hizo descolgar los cuadros de importantes firmas de las suites y los reemplazó por posters de los más famosos personajes de Walt Disney, incluida una figura gigante de Mickey Mouse. Con sus dos amigos veían por televisión sólo programas infantiles.
Un día Jackson no soportó el encierro y partió de improviso con su custodia hacia el Patio Bullrich, a dos cuadras del hotel. La gente se arremolinó para verlo y hubo roturas de vidrieras. El cantante se refugió en un local de ropa y se encerró en el probador. Cavallero tuvo que ir a buscarlo y dejó su auto en la puerta del shopping. En medio de un fuerte operativo lo sacaron del negocio y por una puerta lateral salieron al subsuelo, donde está la playa de estacionamiento. Allí se dieron cuenta de que ninguno había llevado un auto a ese lugar. En ese instante apareció un Renault 12, flojo de chapa y pintura, manejado por un joven. Lo pararon y le pidieron como favor que lo llevara hasta el hotel. El joven dijo que sí y cuando hizo subir a su acompañante no podía creer que fuera Michael Jackson, que a esta altura se reía a carcajadas por la situación. Atrás subieron dos custodias. Al conductor le costaba poner la primera porque le temblaban las piernas. Cavallero le dijo por la ventanilla: «Ahora tenés algo para contar, pero me parece que no te lo va a creer nadie». En otra oportunidad decidieron llevar a Michael y a sus amigos a un parque de diversiones, Family Park, que funcionaba en Martínez, a un costado de la ruta panamericana. El gerente del lugar era «Pichuqui» Mendizábal, que aceptó cerrar el lugar toda una tarde. Michael se aburrió porque el parque era demasiado grande para los tres. Cavallero recuerda a Michael como un niño que no hablaba con los mayores. De la delegación sólo se comunicaba con una especie de mánager, amigo y segundo padre. Todo lo que les quería comunicar a otros adultos lo decía a través de él para que se lo repitiera, como si fuera un traductor. El cantante era un joven sin infancia. A los ocho años había sido número uno en el chart con los Jackson Five y a los 13 recibió su primer Grammy. Demasiada gloria para un niño.


Varios argentinos decidieron acompañar la muestra de arte local contemporáneo que se presentó la semana pasada en pleno centro de San Pablo, en el imponente Centro Cultural del Banco do Brasil. Las autoridades del banco celebraban haber podido concretar, finalmente, una invitación que cursaron en 2004 para que los argentinos presenten proyectos que ellos iban a financiar. El presupuesto del Centro Cultural Banco do Brasil supera los 11 millones de reales y la propuesta se publicó entonces en estas páginas, luego de un encuentro de la gente del banco con los forjadores de opinión argentinos, invitados por Itamaraty a conocer los principales centros culturales de Río de Janeiro y San Pablo. Lo cierto es que luego de cinco años de silencio y varios intentos fallidos, llevar una gran exhibición de arte argentino a tono con el país «maior do mundo» dejó de ser una misión imposible. Más allá de la excelencia de las obras, que desde su arribo elogiaron en Folha y O Globo, el envío dejó contentos a todos. El tema dominante, acaso porque estaban presentes, fue el cambio de roles de los coleccionistas Gabriel Werthein, que junto con el galerista Daniel Abate dedica su tiempo a un programa de TV que presentará en breve, y el del también coleccionista Ignacio Liprandi, que abrirá una galería apenas despunte la primavera.
Un tema mucho más serio es la renuncia de Fernando Farina a la Subsecretaría de Cultura de la intendencia de Rosario. Se aseguró que el rosarino no se quedaría tan sólo con su cargo de director del Fondo de las Artes, donde el economista Héctor Valle ya ha sido confirmado, sino que ocuparía la dirección de un importante museo porteño. La vernissage brasileña con vinos, abundante guaraná y la infalible alegría de ese país terminó, luego de cruzar la inmensa ciudad de San Pablo y el elegante barrio Jardins, cerca del parque Ibirapuera, en un cálido lugar para bailar samba. La anfitriona, Marlise Jozami, junto a Magdalena Cordero, Leandro Erlich, Diana Wechsler, Sergio Baur, Marina De Caro, Víctor Florido, Franklin Pedroso, Miguel Frías y Adriana Rosenberg competían en destreza con los danzarines lugareños, e incluso con la curadora de arte moderno del Pompidou, que llegó para ver la muestra argentina. Todos bailaban como Carmen Miranda, aunque les faltaba la frutera en la cabeza. Claro, después de unas cuantas caipirinhas, acompañadas por una secuencia rápida de pulpos y camarones, y deliciosos panes de queso y más quesos en milanesas. Los brasileños contaron que adoran Buenos Aires, y que el cambio los favorece ampliamente.

Vamos a terminar con un chiste religioso. Un hombre extravía su sobretodo y entra a una iglesia a robarse otro de la percha colectiva. Al ingresar, escucha que el cura está dando un sermón referido a los Diez Mandamientos. Algo en la prédica le enciende una luz en su interior, y después de la misa se queda en la iglesia para confesarse. Entra al confesionario y dice:

-Perdóname, padre, porque he pecado.

-Adelante, hijo mío.

-Hoy extravié mi sobretodo y vine a la iglesia con el único propósito de robarme uno. Hace frío...

-¿Es así, hijo mío?

-Sí, padre, pero algo que dijiste en el sermón me hizo recapacitar, cuando hablabas de los Diez Mandamientos..., y cambié de idea inmediatamente.

-¡Qué bueno, hijo, que hayas escuchado la Palabra de Dios...! Estoy seguro de que tu cambio se produjo cuando mencioné el mandamiento «No robarás», ¿verdad?

-La verdad es que no, padre... Cuando dijiste «No cometerás adulterio», ¡ahí me acordé en dónde había dejado el abrigo!