Charlas de Quincho

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La operación de Néstor Kirchner paralizó ayer al país, pero ¿de qué más se habló en quinchos veraniegos? En principio, del electrizante romance político que entablaron (aún en secreto, claro) Elisa Carrió y Lole Reutemann con vistas a 2011. Igualmente jugosa fue la cena que compartieron, en exclusivo yacht esteño, Pepe Mujica y Felipe Solá: «Voy a hacer todo lo contrario de lo que hace la Argentina», confió el mandatario electo. Para el final, un cónclave político filosófico donde no faltó el horóscopo chino. Veamos.

La emergencia de Olivos ayer por la mañana paralizó uno de los fines de semana más activos del verano, con el matrimonio Kirchner concentrado hasta la fatiga en la residencia presidencial en armar la batalla legislativa por la validez del decreto para usar las reservas del Central para el pago de deuda. Estas tribulaciones se vuelven en el acto pequeñeces cuando el cuerpo pide pausa, algo que le anunció un adormecimiento del brazo a Néstor Kirchner que motivó el llamado al médico, la internación y la operación que se relata en otras páginas de este diario. Los Kirchner habían permanecido un fin de semana más para celebrar, con funcionarios y amigos, la relativa fortuna que tuvieron con el tropezón de su principal adversario en la pelea por 2011, Julio Cobos, a quien esmerilan todos sus adversarios aprovechándose y hasta manipulando el contenido del informe que dio el vicepresidente sobre el desplazamiento de Martín Redrado, un documento secreto y que ha pisado Cristina de Kirchner para aprovecharse del efecto político negativo, basado sobre versiones y trascendidos pero no en la letra de ese dictamen que sólo ella puede dar a conocer. ¿Para qué hacerlo si con los trascendidos basta, porque todos los presidenciables de 2011 tienen como objetivo común bajarlo a Cobos, el mejor rankeado hasta ahora en las encuestas? Se permitió el Gobierno mostrarle ese documento secreto a la prensa amiga para que ayer se lo mortificase aún más al vicepresidente por lo que todos han querido mirar como un acercamiento al Gobierno del hombre en quien apreciaban todo lo contrario, que fuera el antikirchnerismo en persona. Esto y otras maniobras las explicó el matrimonio en la tarde-noche del viernes en Olivos, adonde concurrieron con promesa de fútbol y asado (lo primero lo frustró la tormenta) un grupo de ministros y otros allegados entre quienes estaban Carlos Zannini, Aníbal Fernández, Amado Boudou, el senador José Pampuro y algún curioso más.

El grupo, que se quedó hasta casi la medianoche en la residencia, se plegó a la alegría de Cristina de Kirchner con el fallo de la Suprema Corte que rechazó el reclamo por el uso de reservas del Gobierno de San Luis. Esa decisión, brindó la Presidente, es una señal al resto de la Justicia, porque le está diciendo a jueces y camaristas que no van a permitir ni que gobiernen los jueces ni que la oposición lo haga a través de los jueces. Pampuro, que había sido mensajero por adelantado de ese fallo (fue el responsable de hacer la recorrida en la Corte para asegurarse de ese fallo antes que se conociese) compartió el brindis, una forma de recuperar afectos después de criticarlo a Néstor Kirchner por haber hablado de «partido judicial» («No podía hacer otra cosa, voy a la reelección en 2011, algo ya difícil y debo defender la institucionalidad», explicó). Con cálculo malicioso, jugaron apuestas sobre el destino de la apelación que hizo, en su debut en el cargo, el nuevo procurador Joaquín Da Rocha, para que se autorice en la Suprema Corte el DNU de las reservas, frenado hasta ahora por el amparo de la oposición en primera instancia en Cámara. Después de los tropiezos de la brigada jurídica que integraban Zannini y el renunciado procurador Osvaldo Guglielmino, nadie se animó, salvo Da Rocha, a tocar de nuevo el tema. Esa mesa de ministros analizó las posibilidades que tiene el trámite después de la señal de Corte en el caso San Luis. Ese recurso lo debe tratar una cámara en lo contencioso administrativo y el Gobierno se conforma con que le dé vía libre a la Corte, aunque mantenga la prohibición de tocar las reservas. Se conformaban los ministros y los Kirchner con esto aunque implique un trámite más que lento, y que seguramente se volverá abstracto cuando el Congreso trate en marzo este DNU. Antes, les dijeron a los Kirchner los ministros, no hay muchas posibilidades de que la Corte trate el tema, aunque algo dirá cuando sea cuestión abstracta sobre la que los diputados no tienen tampoco legitimación para presentar amparos que interrumpan el trámite legislativo.

Ignorante, obviamente, de lo que el destino le preparaba a Kirchner ayer con una enfermedad que es un dato político porque afecta a quien ejerce el poder junto a su esposa, se preparaban los ministros para la semana regia que va del 19 al 24 de febrero, cuando se celebran los cumpleaños de Cristina (cumple 56 años el 19) y de Néstor (60 años el 24). Los Kirchner no son fiesteros y eludieron compromisos, que la enfermedad del ex presidente seguramente clausurará definitivamente. También queda en barbecho el primer compromiso de Cristina que es ir a Cancún, México, entre el 22 y el 24 de febrero, a una cumbre de los países del llamado Grupo de Río, una liga latinoamericana que se reúne por especial pedido de México, cuyo presidente busca ponerse a la cabeza de algún grupo regional que le dé gravitación ante Estados Unidos. Cristina, atraída cada vez más por el tercerismo, aceptó el reclamo mexicano de un favor para darle cierta chapa a un Gobierno que se siente sin poder de negociación.
Boudou se mostró esa noche del viernes como uno de los dueños de la agenda para esa reunión al relatar detalles de conversaciones con su colega ministro de Economía de Colombia, con quien charló los asuntos que se discutirán en Cancún y, también, los que hablará hoy en Buenos Aires Héctor Timerman. El embajador en Washington viene a una reunión con su colega sherpa del G-20 de Brasil para montar un sistema de consultas paralelo al del Grupo de Río: Brasil y la Argentina como referentes del cono sur y México como vocero del norte del continente y el Caribe.
La charla incluyó algunos chuscos, como el que se produjo en el PJ Capital cuando fue a dar una charla el director electoral, el radical Alejandro Tullio en defensa de la nueva ley de reforma política. Lo escucharon los hombres de Juan Manuel Olmos, que festejaron la cláusula que sepulta a los partidos chicos. «Eso le conviene al PJ». Ojo, replicó uno, que el PJ en la Capital es un partido chico, ¿qué están diciendo? «Pero por lo menos cumplimos la exigencia del 4 por mil para existir, ¿no?», preguntó Olmos. Creo que sí, lo tranquilizó Tullio.
El viaje, como los festejos, pasan a cuarentena a la espera de la recuperación del ex presidente que, decían anoche los médicos del sanatorio Los Arcos, lo va a dejar fuera de juego por lo menos durante un mes.

Esas sobremesas de Olivos las usan los Kirchner para instruir al gabinete sobre las pistas que deben seguir. Una de ellas, con destinatario cierto en esa mesa, fue la necesidad de que busquen alguna interlocución mejor con la Justicia. «No puede ser que no tengamos contactos en la Corte que nos avise de algunos fallos», se escuchó esa noche. Da Rocha, presumen con certeza en Olivos, tiene una buena red de amigos jueces, pero en la provincia de Buenos Aires; en cambio, en el fuero federal de la Capital Federal tropieza con algunos enemigos feos, como la jueza María Servini de Cubría y alguna otra estrella judicial que le impide cumplir con solvencia la interlocución de los jueces. Le queda algo de dominio sobre el Consejo de la Magistratura, en donde representó al Gobierno bajo Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, algo que al Ejecutivo le sirve mucho tener controlado desde este mes cuando se inicia el jury al juez Federico Faggionato Márquez (precisamente el 23 de febrero) en el cual la oposición se quiere dar un festival exhibiéndole como juez kirchnerista -es quien complicó a Francisco de Narváez en la causa de la efedrina. A propósito del «Colorado», su nombre apareció en esa sobremesa cuando el ex presidente deslizó que le preocupa que prospere como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires -descarta que tenga suerte presidencial- porque puede recoger la bronca de peronistas disidentes y antikirchneristas independientes. ¿Qué hay que hacer?, le preguntan. Trabajar, pero además alentar la candidatura de Eduardo Duhalde a cualquier cosa -presidente, gobernador, senador nacional, que todo se juega en 2011. Con Duhalde en la cancha, presumía Kirchner en Olivos, todo es más fácil para nosotros, junta gente pero nunca mucha, y tiene un negativo en las encuestas que lo hace el candidato ideal para ganarle en una provincia, recuerda siempre Kirchner, en la cual no hay balotaje para gobernador.

La conmoción por la enfermedad del ex presidente no tapa con su follaje estremecedor -Kirchner es para muchos quien gobierna el país- otras reuniones en quinchos veraniegos con revelaciones que pueden ser la noticia del año. La más importante, y que los protagonistas se ocuparán de negar pero jamás de desmentir, es la reunión secreta entre Carlos Reutemann y Elisa Carrió, la cita más lacrada de los últimos tiempos. Fue, se sabe ahora, en diciembre, en el departamento porteño del ex diputado y gerente de la fracción peronista del ARI Gerardo Conte Grand. Lole venía de una serie de reuniones con los peronistas federales -la última una cena en la casa de Adolfo Rodríguez Saá en la cual le propinó un pollo preparado con especias con sus propias manos-, y respondió a llamados subliminales de la jefa de la Coalición Cívica que desde hace un año viene consintiendo la posibilidad de algún acuerdo. En el pensamiento de ambos existe la idea de que juntos Lole y Carrió pueden arrastrar al peronismo «bueno», es decir el antikirchnerista, y a un buen lote de votos independientes. Reutemann en muchos aspectos es un conservador, linaje que no deja de gustarle a Carrió, pero tiene el peso de ser un peronista conspicuo. Está peleado con los Kirchner y hasta ahora posterga cualquier lanzamiento presidencial. Quería escucharla a Carrió, quien desde entonces, no se sabe si en serio o en broma, pero con entusiasmo, suele rematar los brindis con dos frases enigmáticas. Una de ellas es: «Yo lo espero al Lole», vaticinio que completa, entre risas, con el habitual «Es lindo, y los lindos me gustan». La otra frase es: «Cuando me retire voy a ser cosmetóloga, para vivir tranquila». Cuando le preguntan por qué dice eso descarga broncas contra los asesores de imagen que suelen hacer descarrilar las mejores intenciones de los políticos. «Son cosmetólogos», se ríe. Carrió y Lole (que llegó al país ayer desde Londres, vía Nueva York) guardarán hasta nuevo aviso el blanqueo de este encuentro por el efecto dañino que su publicidad puede tener en manos de adversarios peronistas y radicales. Unos le dirán a Carrió que resigna su sesgo «gorila», simpático a sus seguidores. Otro lo señalarán a Lole por acercarse a un ícono del antiperonismo.

Quien tiene planes para Cristina que pueden modificarse con la enfermedad del cónyuge es un amigo de la Argentina que no termina de resolver cómo demostrarla. El presidente electo del Uruguay, Pepe Mujica, se ocupó de voltear al embajador argentino Hernán Patiño Meyer, y viajó el fin de semana pasado más de 1.000 kilómetros en su país para estar en el asado de despedida que hizo el ex diplomático en su chacra de Nueva Helvecia, el sábado a la noche, y agasajar el domingo en Punta del Este a Felipe Solá, a quien le dijo que espera a Cristina de Kirchner el 1 de marzo en Montevideo, para su jura como presidente. Es el mismo día cuando ella tiene que abrir el año legislativo en el Congreso, ritual que marca la primera batalla política de 2010 con el dichoso DNU de las reservas. Mujica quiso agasajar a Solá llevándolo al Yacht Club de Punta del Este, el reducto más conservador de la costa uruguaya, adonde ninguno de ellos nunca había entrado. Los acercó el empresario uruguayo Carlos Garramón, amigo de ambos para compartir un jugoso arroz con mariscos que los retuvo hasta la madrugada del lunes en una extensa charla. La investidura de los dos, un presidente electo de un país con problemas con la Argentina, y uno de los jefes de la oposición, les hizo evitar rispideces. Solá planteó su posición al explicar las razones de ser opositor: «Sólo se hace en la Argentina lo que le conviene a Kirchner, nada puede tener costos, miran la encuesta y si dice que no hay que ir a la confrontación de los asambleístas, eso es lo que se hace». Mujica, que luce antes de la jura más flaco -lo vigila su esposa, que le dicta en público qué debe comer y qué no- merodeó con lenguaje sutil el entuerto con la Argentina. Se remontó a explicaciones científicas (que le extrañaron a Solá y a Garramón, que son ingenieros agrónomos), sobre una presunta acumulación de metano en los polos por el calentamiento global pero que puede ser aprovechado para producir energía. La mesa, tres matrimonios sin testigos, quiso saber más, pero impidió todo tipo de acercamiento. Hasta eludió referencias de Solá a compañeros de militancia como el ex montonero y ex tupamaro José Luis Nell, con quien Pepe compartió calabozo y fuga de penal de Punta Carretas (hoy el principal shopping de Montevideo), uno de los personajes más recordados de la insurgencia rioplatense que tuvo una biografía estremecedora. Fue baleado en los incidentes de Ezeiza cuando regresó Perón al país y quedó parapléjico hasta que a principios de 1975 le pidió a dos compañeros que terminasen con su vida, algo que hicieron en un terraplén de San Isidro. Solá hizo la referencia como de algo propio, que no puede olvidar; Mujica le respondió con el tono de quien habla de algo muy lejano. «Cómo me voy a olvidar», y cerró la conversación.

El resto fue puro Mujica, y para retener. «Me piden, ante lo de Botnia, que eche a los finlandeses. ¿Están locos? Es el país que más sabe de medio ambiente, son cuatro millones de habitantes e hicieron Nokia. ¡Quiero muchos finlandeses, que vengan más!». Y siguió: «Yo estoy mirando a algunos argentinos que hacen cosas interesantes. Me los quiero traer para acá». O: «Voy a bajar la pobreza, que está en el 18% o 20%, pero la indigencia, que es del 2%, directamente la voy a eliminar. Pero no voy a pedir ningún crédito internacional para cuestiones sociales. No sirve para nada, el dinero termina siempre quedándose en el camino. Todos los créditos tienen que ir a inversiones y a pymes». Enfático al terminar este rap que interesará a argentinos y a uruguayos, y se diferenció de la Argentina. «Tengo cinco años para cambiar cuatro o cinco cosas. Tengo que hacer todo lo contrario a lo que hace la Argentina. Tenemos que vender calidad, no cantidad, y eso surge de la inteligencia, no de andar asustando a nadie. Vienen algunos jóvenes del Frente Grande que se dicen... -se detiene unos instantes para reforzar la ironía- «so-cia-lis-tas». Está bien, que hagan lo que quieran, hasta les puedo dar algunas empresas para que hagan cogestión. Pero ojo, que compitan con los capitalistas. Si no, no sirve». Como había un par de argentinos a la mesa, Mujica se vio forzado a aclarar: «Y ojo que no voy a tocar nada de lo financiero, ni secreto bancario ni nada».

Tampoco presumía, sobre el enfermo Kirchner, otro destino que un buen año, el lote de peronistas que escucharon el sábado el dictamen de Jorge Asís, escritor, ex diplomático y experto en el horóscopo chino: desde el 14 de febrero, la semana que viene, se inicia el año del Tigre, que es el de Néstor Kirchner. Todo lo que le venía mal se le mejora en 2010, justo en la bisagra de los 60 años (los cumple el 25 de este mes). Escuchaban algunos de los invitados al casamiento de la hija del ex ministro menemista Julio César Aráoz, uno de los más conocidos «chiches» de la política vernácula, entre ellos el ex presidente Ramón Puerta, que nació en 1951, quien estalló: «O sea que 2011 es el año del conejo, soy conejo, del 51, y hay elecciones a presidente». Como había corrido del mejor vino no se ahorraron brindis en esa mesa a la que se acercaron, además, el ex viceministro Teodoro Funes, el ex administrador de la Corte Suprema Nicolás Reyes, el subprocurador de la Nación, Luis González Walcarde (el segundo de Esteban Righi), el ex viceministro del Interior y escudero de Miguel Toma, Marcos Franchi (conocido de todos por su paso por la SIDE de Duhalde) y un lote de hombres de la Justicia cordobesa. La cita fue en un entorno entre maravilloso y extravagante: una gran carpa tendida junto a la vieja pulpería La Querencia, en el camino que une a la cordobesa La Cumbre con Ascochinga, adonde llegó Aráoz junto a su hija Ximena en una volanta rodeada por veinte jinetes ataviados de gauchos. Los recibieron decenas de mozos que los atosigaron con todos los productos de la región, empanadas y choripanes, cuya rusticidad contrastaba con las sombrillas de colores, los abanicos y las capelinas de las más hermosas damas de compañía que se pueden imaginar. El asado que siguió lo remataron con una mesa de dulces incomparables ya que a La Querencia está a pocos kilómetros de la estancia El Rosario, donde se produce uno de los dulces de leche más famosos del mundo, pero que además ha generado una miríada de proveedores de dulces, berries y otros toppings que sirvieron esta vez para los postres. A distancia del resto del mundo, entre sierras y perfumes, la sobremesa se animó con una sesuda discusión en la que se trenzaron estos invitados sobre un tema que merecería un congreso de filosofía: la relación entre el peronismo y la verdad. Estaba invitado José Manuel de la Sota, como siempre en Brasil, contradictor histórico de Aráoz en la interna partidaria pero a quien todos lo señalan como candidato para volver a la gobernación. Eso le costó que en el resumen de ese seminario sobre peronismo y verdad se llevase una mala nota. Ese dictamen, que se escribió en una servilleta que hará historia, dijo por unanimidad lo siguiente: que de la Sota odia la verdad; Aráoz desprecia la verdad; Kirchner compra la verdad; Duhalde ignora la verdad; Puerta convive con la verdad; para los R. Saá San Luis es la verdad y Menem está por encima de la verdad. Interesante definición aunque haya costado desvalijar varias botellas de finos caldos. Como cuadra a la Argentina sectaria, no hubo radicales -salvo, quizás, los padres del novio, Leandro Hipólito Verrier- pero sí algunos hombres fuertes de esa provincia como Euclides Bugliotti -supermercadista y propietario del Orfeo- o Gustavo Filippo, a quien llaman el Magnetto cordobés porque es el propietario de la Cadena 3.

Hubo tiempo, entre tanto «homme a femme», para un repaso de nuevos apareamientos: el más notable es el que se le atribuye al empresario Matías Garfunkel Madanes con la modelo alemana Heidi Klum, tapa de la revista Sports Illustrated y de los catálogos de Victoria Secret. Durante su estadía en Aspen, Colorado, en la primera semana de enero, se lo vio en una cena íntima con la modelo y conductora, en el exclusivo restorán japonés Matsuhisa. La dispersión después de ocho horas de farra se hizo en diversas direcciones. Puerta y Funes se instalaron en el mítico castillo Mandl, hoy un hotel, antes residencia de verano de Hugo Anzorreguy cuando estaba en la SIDE de Menem, y aún antes de Fritz Mandl, empresario austriaco vendedor de armas a cualquier país en conflicto, una inmensa casona rodeada de historia. Asís se recluyó en las cercanías del cerro Uritorco, otro santuario con no menos historias.

Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte, que suelen reclamarnos nuestros lectores.
En plena batalla contra los indígenas en los EE.UU., un regimiento llega a un fuerte de campaña. Por la noche, un capitán va al urinario y allí observa, a su lado, a un caporal a quien por lo poco que lo había dotado la naturaleza lo llamaban «Little Dick». Sin embargo, el capitán se sorprende por lo que ve. «¡Little Dick!», exclama. «¿Qué milagro ocurrió?». El caporal, algo tímido, le revela lo acontecido: «Mi capitán, aunque usted no lo crea, detrás del roble que hay a diez millas de aquí, hacia el oeste, se esconde un genio que concede deseos por una única vez. Pues bien, yo le pedí tener un sexo igual que el de mi caballo. ¡Y funcionó!».
Una hora más tarde, sus soldados lo ven regresar al fuerte demudado, furioso, echando pestes: «¡¿Quién fue el reverendísimo cabrón que me cambió ayer mi caballo por una yegua?!»

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