CHARLAS DE QUINCHO

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Difícil viajar en tiempos difíciles; lo sabe Mauricio Macri, a quien lo culpan de diluvios porque se fue unos días a San Martín de los Andes -no a Bariloche, en donde se especuló con un encuentro con otro veraneante vip, Eduardo Duhalde, que todos negaron- y a Córdoba. También Cristina de Kirchner, que anoche se alojó en la soledad de la Master Suite que le asignaron en el fastuoso Grand Velas All Suites & Spa Resort de Riviera Maya, un «all inclusive» digno de mejor destino que mascullar sobre la agenda pendiente que dejó en Buenos Aires. Se aisló allí la Presidente apenas llegó a Cancún acompañada de algunos jefes legislativos -Agustín Rossi, José María Díaz Bancalari, Ruperto Godoy, el relator de programas con mandatarios por el canal oficial Daniel Filmus, que seguramente gastará los viáticos haciendo casting para sus programas, que lo ocupan más que su banca de senador- y, lo más importante y que pocos hicieron notar: todos los legisladores de Tierra del Fuego, opositores y oficialistas, para alzar la bandera malvínica en la reunión del Grupo Río que comenzó anoche, como siempre, con una cena de presidentes. Rara decisión esta de Cristina de Kirchner de hacerse acompañar en el Tango 01 por algún opositor, pero pelear por Malvinas bien vale aguantar esas presencias para demostrar que la causa no es de un sólo partido.

La acidez de la agenda pendiente la mortificó a la Presidente en el día del cumpleaños, que festejó casi a solas, salvo las salvas y saludos que recibió el viernes en Casa de Gobierno y en el ministerio de Julio de Vido, algo que la alejó de Olivos hasta mediodía del viernes. Mandó a cerrar los teléfonos de sus secretarios para frenar la andanada de llamados, pero más que nada para controlar que derivasen las comunicaciones a su esposo, a quien los médicos le recomiendan que no hable mucho de política para preservarlo del stress. Los pocos que lograron penetrar entre viernes a la tarde y sábado, antes de la partida a México a medianoche de ese día, escucharon el entusiasmo que tenía Néstor por el acto del miércoles en el club Atenas de La Plata, adonde pasará lista de leales y rebeldes en una sobreactuación de su retorno. Ese día se recuerda el primer triunfo de Juan Perón en 1946 y lo quiere usar Kirchner para lanzar la campaña de su candidatura y la de Daniel Scioli a gobernador. Quien se aparte de ese proyecto será expulsado a las tinieblas exteriores; el kirchnerismo es una formación política integrada exclusivamente por gente que tiene cargos y sueldos públicos. Por eso el castigo a la deslealtad cuesta plata; nadie hace nada allí con sentido testimonial.
El viernes, además, Cristina tuvo el último testimonio de la derrota del Gobierno en el control del Senado; se lo hizo llegar el gobernador de La Pampa Oscar Jorge a través de Florencio Randazzo: el senador Carlos Verna y María de los Ángeles Igonet apoyan el Fondo del Bicentenario sólo si sale por ley. A esa altura ya Verna había firmado la lista de los 37 senadores de la oposición para repartirse las comisiones y habilitar el quórum para voltear el polémico DNU que esta semana será la estrella de una batalla judicial. Los informes que le hicieron llegar a la Presidente desde la Justicia pusieron en duda la posibilidad de que una cámara habilitase el uso de reservas, ilusión que -como ha relatado este diario- le dio unas horas de alegría el jueves al Gobierno. El dato que se llevó Cristina al viaje es que la Cámara fallará a favor del traslado del caso del DNU a la Corte Suprema de Justicia por «gravedad institucional» pero que no puede suspender su vigencia. Sólo la Corte podría hacerlo; en casos anteriores como el pago de IVA de los medios, el expediente tuvo el mismo trámite, la Cámara dio el pase a la Corte que recién después de haber admitido el recurso dictó la suspensión del pago del IVA.


Esa noticia no bastó para recuperarla a Cristina de una de las broncas más fuertes que ha tenido en ese despacho desde que asumió y que los protagonistas se ocuparon de sumir en el secreto para no herir más. Estaba citada la cúpula de la CGT para hablar de los fondos de obras sociales pendientes de liquidación en el codiciado fondo APE (Administración de Programas Especiales), una cuenta que se forma con parte de los descuentos a los trabajadores y empleadores para atender tratamientos de salud infrecuentes o muy caros. Del total de los aportes se descrema el fondo APE que el Gobierno reparte entre los gremios necesitados. Desde que Graciela Ocaña era ministro de Salud, el Gobierno, según los sindicalistas, les debe una suma que está entre los $ 2.500 y los 3.500 millones, sujetos a interminables controles. Apenas entraron Hugo Moyano, Omar Viviani, José Caló y Oscar Mangone, Cristina, rodeada por el ministro de Salud y el titular del APE Daniel Colombo Russell, les dijo que se iba a instaurar un sistema informático para asegurar la transparencia del uso de ese dinero. Esa sola expresión provocó un murmullo entre los invitados, que amagaron con levantarse e irse.
¿Qué pasa? se exaltó la Presidente. «Creía que íbamos a hablar de cuándo nos van a liquidar lo que nos deben, es dinero nuestro y estamos desfinanciados», se quejó uno. Cristina, con tono más alto, respondió: «¡Ése no era el objeto de esta reunión!». Es lo único de lo que hay que hablar, insistió otro cacique. Cristina: «Tienen que entender que hacemos esto para dar transparencia a esos fondos». Responde con más rudeza del otro lado: «Pero hay que transparentar todo el uso del dinero, desde que se recauda en adelante, no sólo cuando se lo gasta». Cristina: «Pero entiendan que es para evitar que después la opinión pública y los medios no hablen tan mal de ustedes»-. Y fue entonces que Moyano abrió la boca: «Por favor... de lo que los medios hablan también es de vos y de tu marido». Ahí se levantó la reunión, los sindicalistas se negaron a participar junto al ministro Juan Manzur y los funcionarios de una conferencia de prensa para anunciar el nuevo sistema de transparencia por internet. Tan enojados salieron los caciques gremiales que prefirieron suspender esa noche una reunión de evaluación. «Estamos con demasiada bronca, vamos hablar de más y se va a filtrar a los diarios. Mejor dejemos todo para la semana que viene, a ver qué hacemos». Imposible imaginar una víspera peor para el cumpleaños presidencial, al que amargó además el alud de Comodoro Rivadavia que obligó a los funcionarios del Gobierno a ponerse en contacto con el siempre enojado Mario Das Neves, a quien se le ofreció ayuda para los damnificados, más de 700 casas destruidas de las cuales 80 van a tener que ser hechas totalmente de nuevo.

Las lujosas y apacibles estancias del Grand Velas lograron aplacar los nervios presidenciales. Ese hotel está aislado de los otros en los que se alojó la comitiva que viajó pasadas las 24 del sábado, viaje sin reuniones informales de Cristina con los viajeros ni confesiones de alto vuelo de ésas que alimentan titulares. Ni truco hubo, una práctica común cuando viajaba Néstor Kirchner y que sirve para las chanzas de su esposa. Durmieron toda la noche y al llegar los separaron a unos y otros. Solitario habitante del Grand Velas, un privilegio por haber llegado desde Washington en otro avión, el embajador Héctor Timerman, a quien Cristina dio una cita en Cancún (casi el título para una trama de espionaje) para recibir un informe secreto sobre sus tareas como sherpa en el grupo del G-20 que este año tendrá dos cumbres, una en Canadá y otra en Corea del Sur.
Como no había nadie de la comitiva, ni periodistas ni curiosos, Timerman no pudo contar cómo hará la Presidente para intervenir en la agenda de ese grupo con el mismo éxito con el que copó ésta del Grupo Río haciendo bailar a todos con la música de Malvinas. Tiene un tema para hacerlo, y ya lo adelantó Barack Obama en su discurso sobre el Estado de la Nación, y es la condena a los lobbistas de empresas y de paraísos fiscales que presionan a los Gobiernos a favor de sus intereses. Para la Argentina esto tiene un interés especial porque los esfuerzos para salirse de los juicios Griesa de bonistas defaulteados, o para lograr acuerdos para renegociar con los holdouts provocan encontronazos de los funcionarios argentinos y esos lobbistas.


Timerman llegó de apuro a Cancún cuando se enteró de que hoy y mañana no estaría Cristina en Buenos Aires, quebrando una agenda que lo distrajo de estos menesteres de sherpa. Mañana tiene previsto reunirse con la cúpula del American Jewish Commitee para hacer un repaso de la situación de la comunidad judía-argentina. El jueves, antes de viajar, debió abrir el comedor de la residencia de la embajada para un agasajo doble: recibir al nuevo embajador de Brasil en Estados Unidos, Mauro Vieyra, que viene de representar a su país en Buenos Aires durante varios años, y despedir al embajador de Chile que deja el cargo con el nuevo Gobierno. Se trata de otro experto en la Argentina, del mismo nivel de Vieyra, es José Goñi, quien fue consejero en la embajada de su país cuando la ocuparon Carlos Figueroa y Eduardo Rodríguez Guarachi. En esa mesa sentó al representante criollo en la OEA Rodolfo Gil (está en el cargo desde la era Duhalde; el chiste entre diplomáticos es que el día que se entere Kirchner que ese cargo existe, lo cierra), al economista Eugenio Díaz Bonilla, al reverendo Joseph Eldrich, al venezolano anti-chavista Moisés Naim (que es editor de la revista Foreign Policy) y a Claudio Grossman, decano de la Facultad de Derecho de la American University y una estrella en la defensa de los derechos humanos con desempeño en la Comisión Interamericana de esa especialidad. Invitada especial, Teresa González Fernández, musa del peronismo disidente y ex candidata a vicegobernadora de Buenos Aires en 2007 que se paseó una semana por Washington y Nueva York como referente de la organización Vital Voices que anima Hillary Clinton.

Con tanta biodiversidad (política), se neutralizaron esas personalidades que disienten en tanto. Supimos allí, sin embargo, que el modisto Gino Bogani se instaló en Nueva York por estos días para hacer avanzar un nuevo proyecto -no cerrado aún con el Gobierno- que es hacer una reforma de la imagen de Aerolíneas Argentinas. También que en la primera mitad del año Cristina de Kirchner va a concentrarse en la agenda internacional para cerrar en junio con la firma del acuerdo estratégico Mercosur-Unión Europea en Madrid, para culminar las presidencias respectivas de esos grupos de la Presidente argentina y el español José Luis Rodríguez Zapatero. En esa mesa estaba Vieyra, que no podrá negar que ese acuerdo puede demorarlo Lula da Silva, quien desde junio reemplazará a Cristina al frente del Mercosur. Es un secreto a voces que Lula en los dos mandatos de su presidencia no ha podido firmar acuerdos estratégicos de este nivel y puede querer que en Madrid no se firme nada para él rubricar el acuerdo meses después, cuando esté a punto de dejar la presidencia de Brasil (ocurrirá en octubre próximo)

Si hubiera que elegir entre los numerosos sanedrines radicales de la semana, el que más representó su estado de ánimo fue otra cumbre casi secreta, la que armó Ernesto Sanz el martes en el Comité Nacional con todas las fundaciones que se identifican con el partido. De esa reunión resultó que si el peronismo es una liga de gobernadores, la UCR es una liga de fundaciones, sedes de la resistencia política y financiera de quienes han sido Gobierno pero nunca pierden la ilusión de volver a serlo. En esa reunión se sentaron las estrellas del partido de ayer, de hoy y de siempre, cada uno con su fundación: Laura Montero (CODA o Fundación «Consenso para el Desarrollo Argentino»), Jesús Rodríguez, Juan Sourrouille (CECE, Centro de Estudios para el Cambio Estructural), Freddy Storani (Karakachoff), Juan Manuel Casella (Ricardo Rojas), Leopoldo Moreau (Espacio Progresista), Elva Roulet (Fundación Jorge Roulet), los jóvenes de la Fundación Moisés Lebensohn (hoy dedicados a publicitar la biografía de este ídolo partidario), el ex diputado José Bielicki, Aldo Neri (la FUALI desde donde gobernaba el partido Raúl Alfonsín), René Bonetto (a cargo de la Fundación Alem, la oficial de la UCR) y, entre otros que mantienen fundaciones propias, el ex jefe de gabinete Christian Colombo y Gustavo Grinspun (hijo del llorado Bernardo, numen de la rebeldía financiera del primer alfonsinista). Ese grupo admitió integrarse en el nuevo Instituto Radical de Políticas Públicas que presidirá Raúl Baglini (hombre del CECE de Jesús, pero que funciona también en la cobista CODA) y que hará la plataforma electoral del partido para las elecciones del 2011. Recordaron todos su última aventura, cuando en 1999 se unieron todos a las fundaciones del FrePaSo, que era otro malón de sellos de goma, en el Instituto de la Alianza, en donde estuvieron más que activos muchos de los kirchneristas de hoy, ex frepasistas que funcionan en ministerios como Economía y la Cancillería, amnésicos de su pasado delarruista.

No hubo mucho tiempo para la nostalgia, entusiasmados como están los radicales con la posibilidad de volver a ser Gobierno el año que viene. Tantos cerebros partidarios, además de la mesa chica, se concentraron en la misma discusión de todos los cenáculos de la UCR: ¿cuándo tiene que dejar Julio Cobos la vicepresidencia? El Gobierno presiona para que renuncie, algo que los radicales se sienten obligados a rechazar por deporte. Pero, acuerdan muchos de ellos, cada día que pasa Cleto en el cargo pierde el afecto popular. ¿Debería abandonarlo para preservar una candidatura? En el repaso fino de esta alternativa, los radicales -y Cobos- reparan en que el público que lo apoya lo hace en parte porque es vicepresidente de Cristina y eso trae un aire de tranquilidad a un Gobierno tumultuoso, como si fuera un seguro de normalidad. El sector del público que aprecia esto -como lo hacía con Daniel Scioli cuando era vice de Néstor Kirchner y lo apreciaba como el normal de un Gobierno de exaltados- dejaría de apoyar a Cobos en el llano. Las dificultades para remontar ese barquinazo serían grandes y hasta, piensan algunos, irremontables.
A medida que avanzaba la reunión, el análisis se hacía más profundo ante otro escenario que enfrentan los radicales esta semana: si apoyar a no a Juan Carlos Romero como nuevo vicepresidente provisional del Senado en lugar del poskirchnerista José Pampuro. En ese puesto, el senador que ocupe el cargo tiene doble voto: el propio y el que pueda ser necesario para desempatar en una votación legislativa. Algo plausible si persiste la división en dos de la Cámara, algo que aseguran los 37 votos que mostrará la oposición en la sesión preparatoria del Senado. ¿Cuál es el negocio de apoyar a Romero y darle a él, que es el peronismo, ese doble voto, si nosotros tenemos a Cobos para desempatar, y es radical? El consenso quedó así: este año Cobos se queda para desempatar en el Senado en favor de la oposición de su partido, que no es necesariamente la de los peronistas disidentes; el año que viene, quizás en marzo, licencia para ser candidato, si esta parada la puede sostener en ese filo que lo mortifica de ser dos en uno, gobernante y opositor, el sueño del travesti político. Este dictamen convenció a todos, que se fueron con la idea de que la suerte del ex compañero de fórmula de Carlos Menem está jugada porque no contará con el voto de los radicales ni tampoco con el de las aún «lilistas» Norma Morandini y María Eugenia Estenssoro.


Creyendo lo contrario, a menos que escondan el juego, se sentaron algunos de los principales caciques del peronismo federal el sábado en las fastuosas mesas que tendió el también peronista disidente Roberto Basualdo en la bodega Fabre Montmayou en Luján de Cuyo, bajo carpas que albergaron a ricos empresarios y elegantes damas. Era para celebrar el casamiento de la hija de Basualdo, María Celeste, con el rugbier Federico Genoud, sobrino del fallecido senador José Genoud, estrella de Los Tordos y que ha vestido la casaca de Los Pumas para halago del rugby mendocino. Basualdo es un fuerte empresario del rubro artículos de limpieza, y acaba de vender su distribuidora, una de las más importantes del interior del país, en una suma que algunos calculaban en esa fiesta en los u$s 35 millones, guarismo que crecía a medida que se tomaba más.
Es senador por San Juan y fue hombre de José Luis Gioja, pero en este mandato ya juega en la oposición. Se cobra viejas cuitas sacándole al hermano del gobernador, César, nada menos que la Comisión de Minería, algo que parecía escriturado por esa etnia; bajo las carpas que montó en la bodega, después de la ceremonia en la parroquia de Chacras de Coria (algo que en Mendoza, tierra del novio, equivale a casarse en el Socorro de la Capital) había brindis también por este triunfo político, que entusiasmaron al salteño Romero, a los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, al ex gobernador de San Juan Jorge Escobar, a los ex diputados Humberto Roggero, el ex senador Roberto Urquía, Guillermo Baigorri, Juan Agustín Pérez Alsina y Liliana Negre de Alonso. Miraban esto, con la curiosidad de quienes pertenecen a otra raza, el neorradical Samuel Cabanchik y el santafesino Rubén Giustiniani, que se enteraron de algún chisporroteo entre Romero y R. Saá sobre el voto al salteño para reemplazar a Pampuro. En realidad, Adolfo ya tiene asegurada la jefatura del bloque del peronismo federal y hasta allí llega su amor. La estrategia de estos opositores peronistas terminó de redondearse en algunas de las mesas de ese casamiento, que se extendió hasta la noche con interminables oleadas de asado y riquísimos postres: van a sostener la candidatura de Romero aunque sea para perder. Si, como especulan, los radicales le van a restar el voto a Romero en la elección de la presidencia provisional, van a acusarlos de ser cómplices del oficialismo, con lo cual pretenden esmerilar también al competidor seguro que ven en Cobos. Cuentan con que Elisa Carrió se sume a esas acusaciones, con la pretensión de usarla como ariete para achicar a sus adversarios en el Senado.

Todo era desazón en Tinto y Soda, en la mesa tradicional de los martes con empresarios y políticos. Silencio absoluto entre esos habitués, hasta que uno rompió el fuego con un reproche fatal. Lo dirigió al penalista Roberto Rivas, ahora devenido en criador de caballos, quien había convencido a sus amigos de jugarle a la potranca Juncosa en la quinta carrera de Palermo. Les había dicho que ese producto, de su propiedad, era un tapado que nunca podía perder. Le siguieron el consejo y, calculadora en mano, desfilaron por las ventanillas haciendo cuentas de los premios. Juncosa salió última y a varios cuerpos de distancia. Lo peor es que se enteraron de que el dueño sólo había arriesgado, a la hora de apostar, una cifra ínfima a las patas de la potranca. La discusión terminó cuando uno de los dueños de la famosa parrilla sentenció: «Qué podés esperar de alguien que durante toda su adolescencia fue del globo y el devenir de la vida lo pudo convertir en santo». En señal de venganza, todos se pusieron de acuerdo y lo dejaron por primera vez ganar esa noche al truco, bromeando sobre que quien lo conoce nunca se lo va a creer.

Vamos a terminar con un chiste de la tercera edad. Tres hombres charlan sentados en un banco de plaza. Uno de ellos dice:
-Mi edad, 65, es la peor: todo el tiempo tenés ganas de orinar, pero te parás frente al inodoro y no sale nada...
El segundo responde:
-Eso no es nada; yo que tengo 75, tomo laxantes, como salvado, yogur... ¡y nada! Me siento en el inodoro durante horas, hago fuerza y no sale nada...
El tercero replica:
-Miren, muchachos, eso no es nada... Cuando llegás a los 85, como yo, ahí sí que se pone bravo...
-¿Qué pasa?, ¿no podés orinar?
-Sííí... Todas las mañanas a las seis meo como un caballo.
-¿Entonces qué?, ¿no podés defecar?
-¿¡Cómo!? Todas las mañanas a las seis y media no saben cómo muevo el vientre... ¡Un espectáculo! Deberían verlo...
Los otros dos preguntan al unísono:
-¿Y entonces cuál es tu problema?
-Que nunca me despierto antes de las diez de la mañana...

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