Charlas de Quincho

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Fin de semana largo implica quinchos en lugares más o menos distantes. Como El Calafate, Punta del Este y La Plata. En su refugio sureño, la pareja presidencial veló las armas para el inminente combate por las candidaturas, y pergeñó «sorpresas» para atraer a sectores que hoy no los quieren. También se decidió convocar a un gobernador «second best» para acompañar a la Presidente a Estados Unidos. En el balneario oriental, un ex presidente reiteró que será el único que les dará pelea a los K por dentro del justicialismo. Más cerca, en un mítico bar de Recoleta, un grupo de radicales se reunió tras el homenaje a Alfonsín, que parece ser -a pesar de estar muerto- el único capaz de aglutinarlos a todos. Veamos.

Dispersión pascual en el fin de semana largo; políticos, empresarios y otros animadores de quinchos replegados hacia sus lugares de descanso, con familiares o con los seres queridos y desenganchados de las servidumbres institucionales. Oportunidad ideal para moverse según el instinto y que los mostró con crudeza más fieles que nunca a sus deseos personales. Por el retablo se los vio en extremos, como a Gabriela Michetti, orando el sábado por la noche -fue la única política presente- en la misa de Gloria que rezó Jorge Bergoglio en la Catedral Metropolitana, a la misma hora que Susana Giménez quemaba fichas en el casino del hotel Conrad de Punta del Este, o cuando -al mismo tiempo- Cristina de Kirchner jugaba las suyas a una movida que teñirá de proselitismo el viaje que inicia el jueves a los Estados Unidos: le comunicó a Daniel Scioli (en ese momento en Río de Janeiro visitando favelas más grandes que las que tiene en el conurbano bonaerense) que debe acompañarlo en esa gira a Washington.

Como el gobernador es el «second best» de cualquier candidatura kirchnerista sin Kirchner para 2011 será tema de debate esta presencia sciolista en ese viaje porque el centro no será la cumbre nuclear que lo justifica -además, hay cuatro sillas ya ocupadas por la Presidente, los embajadores Héctor Timerman y Elsa Kelly; la cuarta se la disputan los ministros Julio De Vido, Jorge Taiana y Lino Barañao-, sino el almuerzo del viernes en la American Chamber of Commerce con la élite empresarial de Estados Unidos y la serie de entrevistas con banqueros y empresarios que habrá ese día con agenda preparada por Amado Boudou. En todas esas entrevistas se sentará Scioli en su rol de pro candidato. Él y los kirchneristas se enojan con esta exhibición de proyectos presidenciales del gobernador cuando Néstor Kirchner es quien figura en la grilla oficialista para esta elección en la que juegan todos el oficio mudo. Están quienes quieren y no pueden (Kirchner, si los números en las encuestas siguen tan mezquinos con sus pretensiones; Francisco de Narváez, Eduardo Duhalde), los que pueden y no quieren (Carlos Reutemann), los que podrían, pero todavía no se sabe cómo harán (Julio Cobos, Ernesto Sanz, Mauricio Macri, Felipe Solá); en suma, un cuadro que alimenta la ansiedad del público que los ve, con una paciencia infinita, haciendo malabarismos para atraer la atención.



En esa soledad de El Calafate, los Kirchner saludaron una Pascua que les dio una pausa; el fallo de las cámaras que autorizó el uso de las reservas (aunque no disipó de responsabilidad a quienes ordenen los pagos si el Congreso no convalida los polémicos DNU) y la ola de prensa que vuelve a poner a Kirchner en carrera. Igual, el santacruceño se esforzó desde esa lejanía en desactivar a los operadores que andan contando detalles de sus estrategias. «Voy a desmentir a cualquiera que hable de mi candidatura», se enojó. También recomendó no se revelen sus movidas tácticas porque el secreto, como decía Carlos Menem, es la clave de sus movimientos. Entre esos movimientos que quiere se lancen por sorpresa hay alguno sobre YPF usando dineros públicos y otro embanderamiento nacionalista ligado a Malvinas, gestos pensados para recuperar algún crédito en los sectores medios que hoy alimentan su opinión con lemas de la oposición.

Para el bajo pueblo, lo de siempre, es decir, poner cada dos o tres meses otros $ 100 a los clientes de los planes sociales y a los jubilados de manera de amarrarlos hasta el momento de la elección. Toda estrategia se alimenta de restricciones -hoy es el estado de la opinión pública- y de temores. Para lo primero está la caja; para lo segundo, la política. El principal temor del protocandidato es Francisco de Narváez si se le presenta en las primarias de agosto de 2010 por dentro del PJ. Este diputado, a quien Kirchner llama alternativamente «el Tatuado» y «el Colombiano», tiene como recurso, además de su abultado morral, el tiempo de que dispone para recorrer distritos y mostrarse con adherentes de él o de su eficaz imitador. Pero también cuenta con un ardid técnico, la ley de primarias abiertas que prevé que un precandidato pueda anotarse dentro del partido sin necesidad de una validación por la Justicia electoral, que recién hará eso cuando se inscriban las candidaturas de cada fuerza política. Por eso De Narváez -le han dicho a Kirchner- puede disputar sin antes resolver si está en condiciones de ser presidente o no, debate que se disparará recién en ese momento. Con eso solo, ya gana más tiempo a la espera de un operativo clamor que, cree, puede presionar a la Justicia para que lo autorice a ser candidato no siendo ciudadano nativo ni hijo de nativo.




Lo sabe también De Narváez, que anunció con bombos y platillos que presentaría un pedido de declaración de certeza de esa posibilidad, pero le mandaron a decir de donde corresponde que esa presentación la tramitará la jueza María Servini de Cubría. Esta magistrada mandó el mensaje de que ese pedido tiene destino de archivo porque no hay elección presidencial convocada, con lo cual el debate es abstracto. De paso, no tiene nada de abstracto el expediente que también tiene pisado Servini sobre el origen de los fondos de campaña de las elecciones de 2007, en particular, los que aportaron grupos farmacéuticos que se hicieron famosos con el caso de la efedrina que rozan las muertes de Forza y de sus socios. Lo que ella decida en ese entuerto puede convertirse en un cañonazo para el oficialismo y también para Cobos, que integró esa fórmula y que debe tantas explicaciones como Cristina, con quien compartió la fórmula que les permite a los dos gobernar el país. No es nuevo esto de que Servini se adueñe del destino de los grandes protagonistas, pero hoy, que no pasa por sus mejores relaciones en el kirchnerismo, esa gravitación debe ser observada y analizada como uno de los escenarios centrales de la pelea política.

Servini ha sido intimada, como el resto de los jueces electorales de todo el país que demoran el cierre de la auditoría de los fondos de campaña de 2007, por la Cámara Nacional Electoral, pero no ha dado respuesta al reclamo. En los tribunales se fantasea hasta con una declaración de inconstitucionalidad de la acordada de esa Cámara que contiene esa intimación que pudo dictar Servini sin comunicarla aún. Puede estar en la caja fuerte de su juzgado para desenfundarla cuando el tema alcance un nuevo pico con la declaración de esos farmacéuticos de campaña ante la Justicia. El episodio es también una arista de pelea sorda de esa Cámara con los juzgados electorales que se resisten a dejar de manejar el padrón de votantes que, según la última reforma, pasa a ser responsabilidad de ese tribunal, una capitis diminutio del poder que cada uno de ellos tiene en su jurisdicción. Estas peripecias irán calentándose a medida que se conozca un paquete de decretos que prepara Cristina de reglamentación en cuotas de esa ley de reforma electoral, que a medida que se develen van a ir revelando más detalles de la estrategia electoral del Gobierno.



El primero que se publicará contiene una decisión en un tema muy de moda: eximirá a los partidos políticos de la aplicación del impuesto al cheque. Recoge la inquietud de quienes le reprochan a la aplicación de ese odioso tributo la preferencia de partido y candidatos de manejarse con dinero negro y en efectivo. Sin ese impuesto, confía el Gobierno, habrá algún blanqueo de los aportes, aunque se preguntarán si ese decreto es una invitación a que los partidos de la oposición (y del oficialismo que habla de derogaciones) se dejen de romper la paciencia con ese impuesto tan caro a todos, menos para los que tienen que hacer negocios. Scioli, dispuesto a desbaratar hacia afuera cualquier especulación que lo saque por ahora de la carrera por la reelección en Buenos Aires -fiel al dictamen interno de que el candidato presidencial es Kirchner-, no deja de lanzar señales que alimentan su destino nacional. No sólo por la pirotecnia que habrá con el viaje de Cristina a Washington -el primero que hará fuera del país con la Presidente-, sino por el nuevo armado de su equipo político. Lo presentó en un almuerzo que hizo con su gabinete en el comedor de la planta baja de la residencia del gobernador en La Plata -un edificio de Bustillo de una solemnidad que no ha podido mitigar ninguna de las primeras damas que han pasado por allí, de Teresa González Fernández a Karina Rabolini, pasando por Elena Chávez en la cual ensayó las paces con quien puede llegar a sucederlo como candidato bonaerense si él se va para arriba, Alberto Balestrini.

Venían chamuscados de la pelea en Pinamar en la cual Scioli hizo ganar al vecinalista Blas Altieri frente al candidato del PJ que preside el vicegobernador (salió tercero). «Mi principal apoyo es Alberto, y cuando pensamos diferente en algo, lo conversamos y lo arreglamos», les dijo a los ministros en ese almuerzo antes de irse a Brasil. Allí mostró juntos a quienes serán la cabeza de su equipo político para lo que venga, Alberto Pérez, el nuevo secretario de la Gobernación, Javier Mouriño, y el ministro de Gobierno, Eduardo Camaño. El primero está en el inventario del gobernador desde los comienzos de su carrera política; el segundo es un militante oculto del sciolismo y tiene chapa como miembro del grupo de socios fundadores a quienes el gobernador siempre escuchó. Aun cuando era portador sano de menemismo en el entorno del entonces vicepresidente y lo combatían los kirchneristas que lo veían en las oficinas del Senado. Ahora es el más veterano de esa facción del oficialismo que quiere presentarse como un grupo generacional que presume modernidad bajo el rótulo de peronismo 2.0 y que tiene como referente en el orden nacional a Amado Boudou y al grupo de jóvenes turcos que tienen empleos en la ANSES, pero que no pierden referencia en grupos clericales que alguna vez animó Celso Jaque (hay mucho mendocino joven en esa fracción). Aunque entre otros 2.0 hay algunos que no salen aún en el DOS y están clavados, cuanto más, en el XP, creen que pueden recrear aquel sueño cristinista-albertista de un Gobierno con gente de menos de 40 años desplazando a los kirchneristas de la vieja guardia, como De Vido y Moreno y cuyo bastonero fue Martín Lousteau, el de la 125. El tercer miembro del equipo, Camaño, aporta el conocimiento del entramado duhaldista, que nadie puede dejar de mimar en la provincia de Buenos Aires. Los Kirchner no lo quieren nada, pero Scioli lo ha sostenido siempre en uno de esos gestos que construyen el atractivo del gobernador en sectores del peronismo opositor que puede llegar a apoyarlo en una aventura nacional.




La otra ala generacional que se mueve en la política criolla hizo su opción preferencial por el cholulismo durante Semana Santa, aportando invitados al festejo de los 50 años de Marcelo Tinelli -también logística, ya que la esposa del jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, fue la organizadora del sarao en un local de la Boca que no perderán tiempo estos quinchos en relatar (ya lo hicieron otros imitadores de esta sección y con eso basta). Allí estuvieron Macri -quien oficializó su noviazgo con la señorita Juliana Awada-, y Larreta, presencias que motivaron la fugacidad de Scioli en esa fiesta -él tiene otra banda generacional-. Tanta exposición del jefe porteño es parte de un nuevo ánimo que le han recomendado cultivar desde la usina del asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba: mostrarse junto a la gente y, en todo caso, sus referentes como Tinelli y alejarse de los dirigentes. Éste y otros consejos lo escuchó el lunes la mesa chica del macrismo en una reunión reservada sólo para entornistas, ministros y Gabriela Michetti, quienes salieron encendidos por las palabras del ecuatoriano. La mesa se había dividido entre quienes creen que la candidatura nacional de Mauricio tiene que hacerse en función de una alianza con otros partidos, en particular el peronismo, idea sostenida por Larreta, a quien se le atribuye hablar de más con el ala «peruca» del macrismo.

Le aconsejaron a Macri tratar de sacar ventaja sobre De Narváez, que acumula fotos y reuniones con dirigentes del peronismo que al final son compromisos de algún apoyo. «Cuando nos sentemos con el 'Colorado', va a venir con todos esos apoyos y nosotros no vamos a tener nada». Durán interceptó esa hipótesis: «Mauricio va a ser candidato si se apoya en la gente. La de 2011 es una elección corta, de candidatos de último momento y todo lo que hace Francisco no le va a servir para nada». ¿Para nada? «Sí, para nada, porque al final no va a ser candidato a presidente ni tampoco a gobernador, por lo menos de nosotros. En todo caso empecemos a buscar un candidato a gobernador del PRO». Además, remató el gurú: «Francisco con esto se desgasta y va a ir a menos; la gente se va a cansar y va a buscar a quien esté con la gente, que es Mauricio. Barba se queda estos quince días en Buenos Aires bajando línea y entre los consejos al gobernante figura el de quitarle secretos ante el público sobre su figura. Por ejemplo, ir sincero a buscar el voto porteño para sacar de la calles a pedigüeños, limpiavidrios, cuidacoches y otros merodeadores, algo que piden, cree, sus votantes.



En esa zona de la intimidad del candidato cae también que se presente con su nueva novia o que haga las reuniones políticas nada menos que en la casa de su padre, Franco, en Barrio Parque, una manera de sincerar las relaciones familiares atosigadas, por ejemplo, por la foto que se sacó el patriarca con Cristina de Kirchner en Perú en el último viaje presidencial. Un capítulo de esa reunión de terapia con el ecuatoriano lo ocupó la mala performance del PRO en las elecciones a concejales de Mendoza, en la cual el corredor de rally «Orly» Terranova salió cuarto detrás del radicalismo de Víctor Fayad, el socialismo de Alberto Montbrun (en realidad un hombre de Fayad que no se resignó a quedarse sin candidatura y se pegó al sello del socialismo) y el peronismo de Celso Jaque. Hubo cruces de acusaciones y las explicaciones no satisficieron a Macri, quien cuando visita el interior suele quejarse: «Se me pegan siempre los peores, no sé qué hacer».

Alguien lo aconsejó mal al pedirle que fuera con Michetti a hacer campaña a Mendoza, un distrito muy celoso de las localías y al que no le gusta que vayan los porteños a meterse en sus asuntos. Pero ninguno dio mucha explicación. Nadie dijo por qué no hubo dinero para la campaña, al punto de que no se emitieron los spots grabados por Macri, Michetti y Terranova, quien para colmo pertenece a una empresa especializada en publicidad. Michetti contó que cuando llegó a Mendoza le preguntaban por la calle «¿A qué han venido con Mauricio?». «Venimos a apoyar al candidato PRO». «Ah, no sabía», le respondieron. «La gente no sabía que estábamos apoyando a un candidato PRO». Descontaron alguna merma de prensa por la pelea que hay entre los Terranova y operadores de medios locales, pero la sanción final la tuvo también Durán Barba, que conoce muy bien la Argentina (vivió aquí muchos años, tuvo esposa criolla) pero más que nada Mendoza, ciudad a cuya universidad fue a estudiar atraído en los años 60 por algunos profesores a los que admiraba a la distancia en su juventud ecuatoriana: «En esa elección votó el 50% del padrón y eso benefició al aparato de Fayad que además tiene fama de buena gestión. Si Mauricio se acerca a la gente, el poder de los aparatos se diluye y eso es lo que hay que aprovechar». Algunos de los presentes agregaron que al ir Fayad con dos ventanillas (la propia que contenía a todos los radicalismos, y la de Montbrun) era inevitable que ganase con comodidad.




Consejos antidirigenciales del mismo tipo -aunque no habla con el ecuatoriano, al menos que se sepa- le atizó Felipe Solá a Sergio Massa en una cena que compartieron en «Mal de Amores», el restorán de Pilar que usan para las conspiraciones los peronistas de zona Norte. Con Juan Amondarain y María Elena Chávez como testigos, el ex jefe de Gabinete intentaba convencer al ex gobernador y diputado de su estrategia en Buenos Aires: «Hay que alambrar la provincia y que vengan a negociar con nosotros». «¿Alambrar qué? ¿Y si quedás adentro y no podés salir?», le respondía Solá, que sabe de alambramientos provinciales y cómo han asfixiado a dirigentes como Duhalde, que alambraba y después no podía salir. Massa intentó convencerlo de que armaran una tira Solá presidente, Massa gobernador, para ir a las primarias del peronismo. Solá le respondió: «Dejame tranquilo con mi nuevo partido, País -que fue de Bordón- que me voy a mover solo por afuera del PJ. ¿De quién es País? De un ex embajador argentino en República Dominicana, que tiene un montón de afiliados en la provincia y que es otra de las formaciones que puede lograr rápida validación nacional para un proceso en el cual quien se duerma se queda sin partido por las exigencias de la nueva ley de transparencia electoral que hasta ahora sólo ha hecho oscurecer el panorama.



En esa dispersión pascual registró una aparición de Eduardo Duhalde en Punta del Este, albergado por los muchos amigos que por allí tiene (Oscar Rodríguez de Mûller, Antonio Arcuri), lo cual motivó que se sumase al elenco que se mostró en ese balneario (Miguel Toma, José María Vernet, Humberto Toledo, Ramón Puerta, Jorge Brito) y que, cada cual a su manera, dijo tener la precisa sobre lo que piensa el ex presidente. Primero, insiste en sus alardes de que todos los candidatos van a terminar bajándose y que él va a ser el único adversario dentro del peronismo de Néstor Kirchner. «Voy a pelearlo solo a Kirchner por adentro del PJ», comunicó. Frente a quienes dicen que es una amenaza para al final ir por afuera les responde: «Un candidato peronista tiene que ir por adentro del PJ porque los intendentes de la provincia van por adentro; ninguno quiere ir por afuera. No hay espacio para otra estrategia». Con esto está diciendo Duhalde que cree contará con el apoyo de intendentes que hoy tienen la camiseta kirchnerista por conveniencia pero que al final se darán vuelta».

Un enigma, como también sus relaciones con otros que corren en la provincia como De Narváez y Solá. «Hablo con ellos», responde secamente. Con todo esto sepulta especulaciones de un acercamiento con el macrismo como el que alientan los peronistas del Gobierno porteño (Cristian Ritondo o Daniel Amoroso, triple agente entre Macri, De Narváez y Duhalde) o la idea que transmite otro agente doble, Ramón Puerta, quien insiste en que hay que hacer una alianza que contenga a Macri y a Duhalde. La turbulencia del clima en Punta del Este impidió salidas a la caza de tiburones, una especialidad de Duhalde, y concentró al lomense con sus amigos en asados y otras reuniones bajo techo en las que reforzó esos argumentos.




Pese a la pausa del fin de semana largo, hubo espacio para que se sacasen el gusto algunos peronistas disidentes para juntar gente en donde el peronismo tiene poco calce, como la Capital Federal. Una fracción de lo que fue el movimiento de Carlos Grosso (Convocatoria Peronista) juntó a más de 300 militantes en el salón Unione e Benevolenza de la Capital Federal para calentar el fuego a favor del duhaldismo. Lo relevó que en la mesa principal y en la lista de oradores hubiera gente con Ramón Puerta, Miguel Toma, Jorge Todesca (fue viceministro de Economía de Duhalde), llevados por el puntero Martín Moyano. Todesca propuso una suerte de terapia que sorprendió «Tenemos que dejar de explicar al peronismo». «Si ni nosotros lo entendemos», le respondió un gracioso desde las butacas. Puerta, ingenioso, ensayó un nuevo lema: «El partido de Kirchner es el partido de la inflación», algo difícil para convencer a los peronistas que, como los radicales, han sido criados en el lema populista de que «un poco de inflación no hace nada mal», como si fuera una copa de vino. Explicó Puerta que con la inflación el Gobierno recauda más, emprobrece a los gobernadores que dependen más de los envíos de fondos, fabrica más pobres con lo cual hace clientelismo electoral, finalmente, alimenta el caos que puede provocar un adelantamiento de las elecciones, algo que también beneficiaría al kirchnerismo.

La actividad de la semana la completó ese inmenso quincho que fue el salón principal del bar La Biela, que coparon el miércoles de vigilia más de un centenar de radicales que habían participado del homenaje en La Recoleta a Raúl Alfonsín. Se distribuyeron por facciones observándose las compañías y el nivel de consumo, alto en quienes tienen cargos públicos, magrísimo en los radicales de a pie que hacen culto del empobrecimiento lícito que les causa el desempeño de cargos en el pasado. Aunque era un día de contrición -recuerda el día cuando Judas lo traicionó a Jesucristo, algo muy en la onda de la política de hogaño- alguno se entusiasmó con la estampa de un instante de unidad de radicales. «Sólo lo puede conseguir Alfonsín», pero ha muerto, reflexionó uno de los más veteranos. Ocurrió en 2008 en aquel acto, recordó, en el Luna Park por los 25 años del triunfo del 83, cuando se pasó el video porque ya estaba muy enfermo, pero pudieron entrar, sin que nadie los chiflara, Julio Cobos, Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. Ese mismo año, recordó, ganamos las elecciones en Río Cuarto, Bariloche y Santa Rosa (La Pampa). ¿Nos bastará Alfonsín muerto para seguir unidos como acá en La Biela.



Vamos a terminar con un chiste escuchado en el quincho del club Macabi, alegórico a las Pascuas -tanto judías, que terminan mañana, como cristianas, que terminaron ayer. Un chico llega del jardín de infantes de un colegio judío, y la mamá le pregunta qué hicieron. El nene responde:

- La maestra nos habló toda la mañana del Éxodo.

- ¿Y qué es eso, mi amor?

- Bueno, es Moisés, las diez plagas que Dios mandó a Egipto para que dejaran salir al pueblo judío, que era esclavo, hacia la Tierra Prometida... Después la maestra nos dijo que Moisés llevó a los judíos a través del desierto hasta el Mar Rojo, y ahí el ejército del faraón los rodeó y los querían matar a todos, y entonces...

- ¿Y entonces qué, mi amor, qué pasó?

El chico balbucea, mira a su madre y responde:

- Y entonces Moisés hizo que los judíos construyeran un puente, para cruzar el mar; y cuando lo terminaron, para que los egipcios no pudieran alcanzarlos, llamó por celular a Estados Unidos, y vinieron aviones de la fuerza aérea volando desde Washington y bombardearon el puente y lo destruyeron, y los judíos se salvaron...

La madre, atónita, pregunta:

- ¿¡Y eso es lo que te enseñó la maestra!?

- Bueno, no mamá, no fue exactamente eso, ¡pero si te digo lo que nos enseñó, no me lo vas a creer!

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