Charlas de Quincho

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En su noche más complicada, el jefe de Gobierno porteño eligió ir al cine a ver un film épico, no sin antes analizar con su «mesa chica» cómo reaccionar a la acusación que cayó sobre él. De sus males se alegró la pareja presidencial, de viaje por España. A bordo del avión que los transportó, el ex presidente explicó lo que considera un triunfal retorno a Córdoba, sus dificultades en Santa Fe y sus temores en el Gran Buenos Aires por el crecimiento de un «tatuado». En un cumpleaños de dos mundos, un jugador de la Selección se presentó con un raro atuendo; también se supo que es un hábil jugador de póker, el juego del momento. Finalmente, un ex candidato chileno sigue enamorado de la Argentina -pasa casi más tiempo aquí que en su país- y eligió Buenos Aires para volver a lanzarse para la presidencia. Veamos.

Porque las desgracias obligan a volver a los instintos básicos, o porque el liderazgo fuerza a los jefes a mostrarse en las malas con alegría y hasta temerarios, lo primero que hizo Mauricio Macri cuando se enteró el viernes del procesamiento por el polémico juez Oyarbide fue irse al cine. Eligió, además, una película que transmitiese algún aura de leyenda y se metió en la sala a ver «Robin Hood», el estridente filme de Ridley Scott que levanta a ese héroe al nivel de salvador del reino de un monarca al que odia, pero lo hace por la gobernabilidad (Robin pelea contra los franceses, en la ficción que exagera Scott, junto a Juan Sin Tierra, que le merece tanta inquina como la que tiene Macri hacia Néstor Kirchner).
Descontaba ese resultado, pero mirar el auto de procesamiento duele igual; lo leyó en su departamento de la calle Ocampo, que ha recuperado con Juliana Awada después de una temporada en la calle Tagle junto a la ex Malala Groba, junto a un grupo chico de funcionarios y entornistas (Horacio Rodríguez Larreta, Marcos Peña, José Torello), que venían de una larga peña a la espera del fallo en el nuevo santuario del gabinete porteño, el restorán de la calle Ricardo Rojas, casi esquina Leandro Alem. En el poco tiempo que les dio Macri a estos preocupados funcionarios antes de irse al cine, estalló el debate que divide a los macristas de la mesa chica. O peleamos este embate político (en que entienden los ataca Kirchner a través de Oyarbide) redoblando la gestión, o se habilita a los lobbystas que se ofrecen para llegar a algún entendimiento en los tribunales y cerrar la pelea con algún cañonazo privado.

Macri, airado, descartó lo segundo. Lo cree propio de la vieja política, de los viejos modos innobles de moverse en el mundo público. Pero ¿y si ganan en Tribunales? «Mi único pecado es andar bien en las encuestas», repetía para animar las caras largas. Si nos ganan en Tribunales con esta causa armada, es la respuesta del jefe, es que todo está tan podrido que no se puede hacer nada y nosotros hemos llegado tarde y ya no hay nada que hacer. Este dictamen no lo entrecomilla nadie, pero ilustra el ánimo de Macri, que sorprendió esa noche hasta a quienes presumen de conocerlo mejor que nadie. «Va para adelante, cree que todo queda en la nada y que la verdad va a prevalecer», decían esa noche después que los dejó para irse al cine. Los más viejos se aferran a este ánimo de Macri porque en realidad nadie les ofrece nada mejor que pegarse al instinto -hasta ahora resbaladizo- del jefe. «Estuvo secuestrado y no se quebró. No saben con quién se meten», se entusiasmaban sus entornistas más veteranos.
Creen que esas experiencias lo templan en la mala hora, aunque habrían preferido que le hubieran servido para moverse con más eficacia en este asunto: no enamorarse de más del comisario Palacios, escuchar a quienes le decían que lo arrastraría en su caída, pelear su designación contra los reproches de Guillermo Montenegro, que prefería como jefe policial a un civil o a un policía que no manejase, como intentó Palacios, ni la auditoría de gastos -es decir, la caja-, ni la formación de los nuevos policías para no heredar el veneno de los Ciro James. Ahora es tarde y lo único que queda son los abogados y el rostro del héroe que ven los macristas en Macri. Este clima desordena los espíritus; por eso, esa noche, en el departamento de la calle Ocampo, se oyeron otras consignas fuertes; por ejemplo, llamar a una manifestación popular a favor de Macri, sujeta a lo que cuenta éste que le dice la gente por la calle, que tiene que ir contra Kirchner. Que se vayan todos -menos él, claro-. No opinó todavía Macri sobre esa convocatoria, inoportuna en estas hora, cuando los que mandan están planchando sus ropas para las fiestas del Bicentenario o cuando el kirchnerismo estudia si hacer o no una manifestación anti-Bergoglio el 25 de Mayo, cuando el primado rece el tedeum.


El recurso a la calle es lo menos macrista que hay, lo más añejo de la política vieja, pero no hay mucho más si el ataque -cree Macri- viene con la artillería de la vetero-política. Encima, sus abogados tienen que moverse en un pantano en donde se mezclan las revelaciones de Héctor Maya a un diario sobre cómo el juez Oyarbide le adelantó la sentencia, algo que deberá probar en Tribunales, con fantasmas del mundo del espionaje criollo como un ex militar de apellido vasco que declarará como testigo mañana ante Oyarbide porque Ciro James usaba teléfonos a su nombre, cuyo hijo era socio de este oscuro personaje, pero que también, este ex militar, participaba de reuniones políticas con sectores del macrismo conservador que ha registrado la prensa frívola en compañía de funcionarios de su Gobierno.
Este puñado de contradicciones pueden ayudar o complicar a Macri, que tiene buenos argumentos para zafar de la peor imputación y que estudian sus abogados desde la noche en que su jefe se fue al cine. Se trata de la figura que le imputa Oyarbide de asociación ilícita, algo que los jueces le intentaron aplicar a Carlos Menem en la causa armas y que fue descalificada por el actual juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni cuando estaba en el llano. En una conferencia que dio cuando lo encarcelaron a Menem dijo que un Gobierno nunca se constituye para delinquir y que por eso, aunque sus integrantes cometan delitos, no pueden ser imputados por ese tipo de asociación mafiosa que sanciona la pertenencia al grupo, más allá de los actos individuales de sus miembros. Ese criterio lo usó la propia Corte de Justicia cuando excarceló a Menem y lo estudian ahora los abogados de Macri para argumentar en la apelación que harán ante una Cámara que creen que no estará unánime contra el jefe de Gobierno.

Esta noticia del procesamiento alegró al Gobierno, al que Néstor Kirchner mandó a callarse para que hablen las sentencias; ya habrá tiempo para el escarnio del adversario ideal: en problemas, aislado de la grey política que va a buscar apartarse de Macri hasta que mejore su perfil -recibió apoyos pero discretos de Eduardo Duhalde, Eduardo Amadeo, Ernesto Sanz y otros que aparecen apenas en redes sociales (Twitter, Facebook), pero no en las grandes planas ni en las pantallas-. Kirchner está obsesionado con las encuestas del segundo cordón del conurbano que lo muestran compitiendo con ventaja frente a Macri, que se redondea como el adversario perfecto.
Claro que dos más dos no son cuatro en política (viene al caso recordar la chanza de Carlos Grosso, que decía en los 90 «en el peronismo porteño dos más dos son cinco más Suardi y Padró»), y este declive de Macri puede reforzar la chance del único candidato al que, dicen quienes hablan con él, le teme Kirchner en elecciones, que es a quien llama «El tatuado», o sea, Francisco de Narváez. Una, porque ya le ganó a él una elección y eso deja mataduras difíciles de mitigar. Segundo, porque le acercan encuestas de la provincia de Buenos Aires que presumen que el «Colorado», si la elección a gobernador fuera hoy, está empatando con Daniel Scioli.


La urgencia del viaje a Madrid pareció más interesante. La oportunidad de refregarles el modelo K a los mandatarios europeos que van a la cumbre intercontinental de mañana en Madrid es una oportunidad dialéctica que no se van a perder los Kirchner. La presencia del ex presidente en el avión que llevó a la delegación motivó una fumigación de último momento para limitar las filtraciones sobre el movimiento íntimo del matrimonio. Subieron algunos diputados (Agustín Rossi, el «Mono» José María Díaz Bancalari, Ruperto Godoy), unos pocos ministros y secretarios (Carlos Zannini, Débora Giorgi, Jorge Taiana), Julio De Vido se va hoy recién para estar mañana en Madrid. A los senadores los dejaron en Buenos Aires; incluso le indicaron que regrese a José Pampuro, de gira parlamentaria por la península -estuvo en Sevilla junto a Adolfo Rodríguez Saá y Sonia Escudero hasta el fin de semana-. Los necesitan en Buenos Aires porque hay esta semana otra batalla en el Senado, donde la oposición va a intentar manotearle a Cristina los ATN que quiere usar para refinanciarles deudas a las provincias.

En la soledad del avión hubo sin embargo confesiones de Néstor, siempre, claro, de orden proselitista. Entre truco y truco, a miles de metros de altura, se mostró chocho por el nuevo amigo que ganó en el peronismo, José Manuel de la Sota, con quien ha mentenido en los últimos días larguísimas charlas por teléfono sostenidas por frases del cordobés como éstas: «Este -el de Kirchner, se entiende- es el único espacio que existe en el peronismo y voy a jugar ahí». «Está con nosotros», les confesó Kirchner a algunos de la comitiva. Eso, se ufanó, le permite cerrar Córdoba a su favor porque lo va a habilitar al «Gallego» a que sea candidato a gobernador. Además, festejó, Juan Schiaretti volvió al redil por la refinanciación de las deudas y con eso tranquilizó sus pininos opositores. Con estos dos más el intendente de la capital, Daniel Giacomino, y alguna estrella recapturada como Eduardo Acastello (Villa María), cree Kirchner que ya cerró un triunfo en Córdoba. Kirchner, que conoce los fijos del «Gallego», aventuró lo que esta chance puede significarle. «Gana la gobernación, si yo gano, dice que se queda ocho años allá y que después va a ser mi heredero»; dictamen que encierra otro ángulo del proyecto Kirchner, que si gana la presidencia, se queda él también ocho años. «Si yo pierdo, él va a decir que es el nuevo líder de mi espacio porque ganó la gobernación y se postula para el período siguiente».
Hay más para esta versión de la fábula de la lechera, algo a lo que ayuda mucho la soledad y la altura (de los aviones): con Macri en emergencia y Scioli peleando la reelección, se mostró optimista sobre la candidatura de la que no quiere hablar en público. Para la Capital sigue pensando en algún «blanquito» (diría Luis D'Elía) como Amado Boudou (después del no de Mercedes Marcó del Pont, a quien nadie convence de lo que no quiere, algo raro en el kirchnerismo), pero le faltan piezas para Santa Fe. Tratan de imponerle a Eugenia Bielsa como candidata a intendente de Rosario, pero sabe que viene con premio: la pretensión de su hermano Rafael de algún lugar como candidato a gobernador de esa provincia. Sabe además que se prepara para ese cargo un opositor interno como Jorge Obeid, que comenzó visitar instituciones y vecinos de diversas localidades santafesinas. El ex gobernador espera aún la decisión de Carlos Reutemann sobre una candidatura presidencial. «Si el Lole se presenta a presidente, lo apoyará -dicen sus entornistas-. De lo contrario, apoyará a Eduardo Duhalde». Kirchner sabe que Obeid, que gobernó ya dos veces, tiene atracción sobre un sector importante del peronismo y que para ponerle a alguien enfrente debe tener más peso que quienes se le ofrecen para representar al kirchnerismo en las elecciones provinciales.

A la llegada al hotel Intercontinental junto a Cristina, mandó a cerrar todos los grifos informativos, incluso bloqueando desde la custodia presidencial los teléfonos de las habitaciones de ministros y legisladores que integran la delegación. A quien pidiese por ellos ayer en ese hotel le derivaban las llamadas a un telefonista que se identificaba como «Punto Suite-Custodia Presidencial» y filtraban desde allí todas las comunicaciones. Es cierto que la plaza está muy contaminada; desde ayer llegaba a Madrid buena parte de los presidentes de la región ante quienes tiene que negociar detalles de su secretaría de la Unasur. Por ejemplo, qué sueldo tendrá y cuál será la cuenta de gastos a que tendrá acceso con la cual pagar asistentes y otras minucias.
Los hoteles están plagados además de empresarios de cuyo asalto hay que cuidar a los Kirchner; están en una cumbre de negocios que comenzó ayer. Llegan además a Madrid hoy observadores inconvenientes de la oposición, como el duhaldista jefe del sindicato de los rurales, el «Momo» Gerónimo Venegas, quien arriba para participar de una cumbre paralela de la OIT dedicada al agro. Este «Momo» es el jefe de Las 62 Organizaciones Peronistas, sello que querría para sí Kirchner, pero del cual se apoderó Duhalde. Venegas estuvo el sábado en un acto con el hombre de Lomas de Zamora en San Miguel después de que los dos decidieran suspender el viaje a Brasil del martes pasado. Ahí debían participar de una cumbre agroalimentaria y, además, acariciaban la idea de sacarse una foto almorzando con Lula da Silva. El viaje de éste a Irán, algo más interesante seguramente que escuchar las filosofadas duhaldistas sobre la globalidad, impidió ese encuentro que querían alzar contra el nuevo secretario de la Unasur, es decir, Kirchner.

El abogado Marcelo Salinas, ex secretario de Transportes de la efímera presidencia de Adolfo Rodríguez Saá y candidato a ocupar ese cargo si gana las elecciones presidenciales alguno de los postulantes del peronismo anti-K, celebró el sábado a la noche su cumpleaños en el Hotel Faena. Salinas está casado con la actriz y vedette María Eugenia Ritó, por eso los asistentes venían de mundos distintos. Colegas del abogado se mezclaron con artistas como Aníbal Pachano, quien después de que confesó padecer HIV se convirtió en un recolector de adhesiones en su pelea por TV con Graciela Alfano. La artista plástica Analía Bordenave, entusiasmada, le explicaba su obra conceptual sobre la individualidad a partir de la toma de huellas digitales de la gente para construir enormes paneles que van a derivar en la obra artística más grande del planeta a Ernesto Medela, el director teatral que va a dirigir la próxima obra en la que actuará la Ritó junto a Christian Sancho.
Raúl Lavié cantó tres temas cuando llegó el momento de apagar las velas. Con «Naranjo en flor» logró los aplausos más fuertes. Otro de los asistentes fue Aldo Jiménez, quien además de ser personal trainer de Salinas y la Ritó, lo es de Mauricio Macri, Juliana Awada y Christian Sancho, entre otros. Pero el invitado sobresaliente fue Carlitos Tevez, que desequilibró las emociones de todos como lo hace con sus enganches en la cancha de fútbol. Fueron decenas de personas las que se sacaron fotos junto al jugador de la Selección argentina y del Manchester City, que rompió con la convención de ir de elegante sport y se presentó con un look llamativo que incluía un sombrero color natural, con una pluma al tono, del estilo de los que usaba Nat King Cole en los 50. Fue solo, con su representante, y no probó alcohol en toda la noche pese a la variedad de vinos y champán que se ofrecían. Tevez, que es muy amigo de Salinas y su mujer, se ha convertido en un destacado jugador de póker y tiene una memoria asombrosa para recordar las cartas y calcular las posibilidades de triunfo en cada jugada.

En el evento había mesas fantásticas de mariscos y pescados, de carnes, de quesos y fiambres y de dulces. La comida era tan abundante y sabrosa como los comentarios. Así, se pudo saber que el tenis argentino definitivamente está pasando por su peor momento porque la lesión de David Nabaldian es más grave de lo que se pensaba y no va a jugar Roland Garros, el torneo de Grand Slam en polvo de ladrillo preferido por los argentinos. Su médico español le pidió que no compita hasta que el profundo desgarro de su pierna izquierda esté totalmente curado. Después de la operación de cadera, sus músculos se reacomodaron de manera distinta y está propenso a lesiones. El cordobés tal vez vuelva para la temporada de torneos en cancha rápida porque los peloteos son más cortos y eso favorece su recuperación. También se supo que en el mundo empresarial ha nacido un nuevo playboy. Matías Madanes Garfunkel, uno de los candidatos a comprar Telecom en la Argentina, estuvo comiendo el viernes a la noche con Lola Ponce en uno de los restoranes del Faena. Pero no fue la única figura del espectáculo que lo sedujo. Hace un tiempo viajó a Las Vegas con «Luly» Salazar. En el invierno estadounidense pasado estuvo en Aspen, el exclusivo centro de esquí, con la top model alemana Heidi Klum.

En la fiesta no faltaron los desencantados con Carlos Menem que se quejaban del aislamiento del ex presidente. Sus amigos más leales se alejaron de él porque no sólo no entienden cómo está votando leyes que favorecen al Gobierno, sino porque no los atiende. Por de pronto, ya no se hacen más las comidas donde los más íntimos lo agasajaban y reivindicaban su gestión. El comentario general fue que Macri está capitalizando el procesamiento que le dictó el juez Oyarbide. La juventud del PRO, por caso, organizó para cada día de esta semana actos en las principales esquinas de Buenos Aires explicando por qué Mauricio es inocente. Del mundo del fútbol tampoco faltaron datos. River Plate debería ser objeto de estudio y análisis para entender a la Argentina y lo que se vendrá. El club viene de una gestión de despilfarro con un enorme déficit que lo tiene al borde de la quiebra. La austeridad es tan grande que no se pueden pagar sueldos de jugadores de primera línea y hay que recurrir al endeudamiento a las tasas más bajas que se puedan conseguir. Su presidente, Daniel Passarella, para no soportar críticas por las fuertes medidas de austeridad que está tomando, no cambió su Mercedes- Benz, como lo hace todos los años, ni lo hará por el resto de su gestión. Donde cede en la austeridad es en el tratamiento a los jugadores de las inferiores. Por caso, erogó $ 8 mil de más para que en el viaje a Mar del Plata para enfrentar a Aldosivi se alojen en un lugar más cómodo y no en las pésimas instalaciones de Chapadmalal. Además ha privilegiado el pago puntual de los sueldos de los empleados del club, que en los años de Aguilar siempre fueron postergados.

Alguien tendrá que explicar alguna vez la pasión que le ha tomado a la Argentina el ex candidato a la presidencia de Chile, Marco Enríquez Ominami, una suerte de anarquista de centro que seduce a criollos de un arco tan amplio que va del kirchnerismo extremo al empresariado mal encumbrado, pasando por algunas bisagras de la política como el gobernador Juan Manuel Urtubey. Lo administra en sus viajes el ex insurgente secretario presidencial Rafael Follonier con la misma holgura con que se entiende con José Mujica o Hugo Chávez. Ominami asume que ya comenzó su campaña presidencial para dentro de cuatro años pero que todo lo que hace en la Argentina se nota más en su país que lo que hace propiamente en él. La semana que pasó vino traído por el salteño Urtubey para conferencias en esa provincia y un maratón gastronómico por la Capital Federal. El martes almorzó en la Rural invitado por José Urtubey (accionista de Celulosa y hermano de Juan Manuel) y el ascendente consultor Juan Cruz Díaz (hijo del «Chango» Rodolfo, ex ministro de Trabajo de Carlos Menem).
El argumento es fomentar la relación entre los políticos de menos de 40 años con estrellas de la cintura cósmica del sur como este ex candidato, algo que hicieron desde el último piso del Hotel Emperador, con una óptima vista del río y devorando una entrada de jamón crudo con verduras acarameladas y un plato principal de un lomo grillado, acompañado con un timbal de puré de maíz. Entre los invitados estaban los Ignacio Viale -padre e hijo- cuyo dato impresionó a Ominami sobre la exitosa vigencia del programa de su abuela, de quien es productor. Ominami, después de todo, es hombre de la TV; ha producido y dirigido filmes, tiene una empresa de «contenidos» (como dicen los cursis) y su mujer, Karen Doggenweiler es estrella de la TV chilena (estatal, se entiende), donde anima un reality desopilante y que sería inviable en cualquier otro país de la región porque simula la vida dentro de un cuartel. Se llama «Soldados» y tuvo como participante al más desopilante Carlos Nair Menem. Estaban Andrea Grobocopatel (Los Grobo y UCA), Jose Sánchez Elia (TESACOM Globalstar), el ex ministro de Economía Miguel Peirano, Santiago Bilinkis (Officenet), Juan Pablo Maglier (Rural), entre otros empresarios de la energía, transporte y las comunicaciones.

Ominami repitió comentarios acerca de la necesidad de la renovación generacional de la política y los empresarios y, si bien mencionó tangencialmente al peronismo argentino, prefirió no hablar sobre política local. Describió positivamente como audaz al presidente Sebastián Piñera en su reforma tributaria tras su asunción e hizo una autocrática refiriéndose a que varias semanas antes de las elecciones ya había presentado todas sus propuestas de campaña, dejando a sus adversarios la posibilidad que lo hicieran sobre el final. El se considera un emergente similar al de Mockus en Colombia, Sarkozy en Francia y, por qué no, el de Obama en EE.UU. que en 12 meses logró llegar al 20 por ciento de los votos por afuera de la estructura partido tradicional del Partido Demócrata, a cuya convención le había negado la entrada cuatro años antes por no tener la credencial correspondiente. Con estas explicaciones Ominami hace compatible su perfil chocantero (dirían en el interior para describir su intención provocativa) con el de heredero de una dinastía política: hijo de un líder del MIR muerto por Pinochet, criado por el ex senador Carlos Ominani, una de las estrellas de la Concertación que gobernó Chile durante 20 años.

Vamos a terminar con un chiste no precisamente sutil. Un hombre se emborracha de tal manera que no puede controlarse y vomita sobre el saco de su traje. Preocupado, le dice al mozo del bar donde está bebiendo:
-Uy, qué macana: me vomité el saco y ahora cuando llegue a casa mi mujer me mata...
El mozo se apiada del cliente (que es habitué y suele dejar buenas propinas) y le pone un billete de $ 50 en el bolsillo de la pechera del saco. El borracho pregunta:
-¿Y esto para qué es?
-Cuando llegues a tu casa decile a tu mujer que un borracho te vomitó encima, y que te dio $ 50 para pagar la tintorería.
Al rato el borracho se marcha hacia su hogar; llega y -tal como había previsto- su mujer lo encara y él le cuenta la historia del borracho imaginario que le vomitó el saco y le dio $ 50. La esposa revisa el bolsillo y descubre algo raro:
-Pero escuchame: ¿por qué hay dos billetes de $ 50?
-Ah, porque también me cagó los pantalones...

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