31 de enero 2011 - 00:00

Charlas de Quincho

Quinchos abundantes del último fin de semana de enero. Empezamos con varios cónclaves políticos, como no es para menos, ante la primera visita oficial de Dilma Rousseff hoy al país. Le contamos también al lector un desafortunado chiste futbolístico del canciller Timerman en reunión ministerial, del otro lado de la Cordillera, y la variada actividad del gobernador de Buenos Aires, que hasta incluyó el disparo de un tiro penal. Veamos.

Pisaré las calles de Santiago: Débora Giorgi, Héctor Timerman, el canciller chileno Alfredo Moreno, Julio De Vido y el embajador Ginés González García.
Pisaré las calles de Santiago: Débora Giorgi, Héctor Timerman, el canciller chileno Alfredo Moreno, Julio De Vido y el embajador Ginés González García.
Apurada por la agenda de un lunes que muchos en el Gobierno esperan como clave para su futuro inmediato, Cristina de Kirchner terminó anoche un encierro familiar en El Calafate rodeada de carpetas, memos y minutas de charlas telefónicas del fin de semana con funcionarios y operadores. La reunión de hoy con Dilma Rousseff la leen sus entornistas como un lanzamiento de candidatura con esta estrella de la región que debuta en viajes internacionales con una visita a la Argentina, una forma de echarle sombra a ese entuerto que le salió al Gobierno con el anuncio de que Barack Obama sobrevolará el país sin hacer escala entre Brasil y Chile, terminales de su primer viaje a la región. Por la tarde, cuando la brasileña esté volando de regreso a Brasilia, la Presidente irá a Santa Fe a inaugurar la refacción de un puente sobre el río Colastiné (ampliación de luz para evitar inundaciones) cerca del túnel subfluvial, donde ha asegurado la presencia del gobernador Hermes Binner, entregado al minué de una fórmula presidencial junto a Ricardo Alfonsín, pero que acompañará a la presidente y a Sergio Urribarri deponiendo inquinas opositoras por un instante en aras de cuidar su Gobierno. Binner lo espera desde mañana al precandidato radical, quien se instalará en Santa Fe hasta el miércoles, cuando compartirán la fiesta que recuerda -con una recreación con bombas y uniformes históricos- la batalla de San Lorenzo, donde podrá recuperar perfil opositor. La atención sobre Santa Fe no es banal, porque lo que allí ocurra adelanta y se refleja sobre lo que puede ocurrir en otros distritos grandes en donde el peronismo tiene escaramuzas de división, léase Córdoba y Buenos Aires, donde el peronismo mantiene refriegas con sectores kirchneristas que alientan listas paralelas a las de los jefes partidarios, vgr. la pretensión de la dupla Sabbatella-D'Elía de abrir una ventanilla auxiliar para recoger votos para una lista propia que perderá pero que aseguraría bancas para los amigos, colgados de la tira de Cristina presidente.

La Presidente se abrió el fin de semana algo más ante el público y salió del mutismo de anteriores presencias en su provincia. Por ejemplo, dijo que no piensa vender el chalé de El Calafate en donde sufrió Néstor Kirchner el infarto del cual murió, se rió de su ánimo al decir «Tengo la fuerza que tuve siempre. La fuerza que me da la Patagonia. Me bajoneo un poco con el calor del norte», en referencia al soponcio que le arruinó la semana por el golpe de calor en Buenos Aires. Festejó que las autoridades locales le entregasen un diploma de «vecina» ilustre de El Calafate, cartón que enmienda uno anterior que la declaraba apenas «huésped» ilustre. «Muy bien, ahora está bien», le dijo en tono de reto al intendente Javier Belloni, quien gestionó los dos diplomas. Lo demás, las frases habituales («Éste es mi lugar en el mundo», etc.) que halagan a los locales. Quiso que estuviera Julio De Vido en un acto de inauguración de una planta de aguas, pero el ministro se disculpó porque debía terminar de leer en Buenos Aires el texto de los convenios que hoy firmará con Dilma Rousseff.

De Vido venía, además, de un viaje el jueves a Chile con casi todo el gabinete y se había quedado sin aire para subir de nuevo al avión. La clave de la visita de hoy es la reunión a solas en Casa de Gobierno, donde esperan salir con un anuncio fuerte de corte comercial, crear un sistema que permita superar ese clásico de reclamos de los dos países por los frenos a las exportaciones, mecanismo ya desgastado y que, creen los dos Gobiernos, no tiene nunca beneficios. De esa visita, además de los oropeles que quieren las dos presidentes de mostrarse poderosas y juntas frente al resto de la región, importa una señal hacia los Estados Unidos en un asunto clave, el desarrollo nuclear. La Argentina cree que hay que seguir a Estados Unidos en la firma de salvaguardias de no proliferación, algo que no quiere Brasil y compromete al conjunto. Cristina pretende convencer a Dilma de que el negocio para los dos países es no despegarse de esas salvaguardias; Brasil cree estar a la delantera en materia nuclear por su desarrollo del ciclo del combustible, y la Argentina cree lo mismo por el desarrollo alcanzado en la construcción de reactores. De la redacción de los acuerdos que hizo anoche De Vido depende que este segundo resultado de la visita pueda anunciarse hoy.

En la visita del gabinete a Chile del jueves para reunirse con el equipo de Sebastián Piñera, De Vido también fue la estrella porque encantó a los ministros chilenos con largos monólogos sobre cómo administrar la energía. Los convenció de firmar con la Argentina un acuerdo de intercambio como el que tiene el país con Brasil para compensar el faltante del otro según la temporada. De Vido les habló en un almuerzo en la Cancillería como si fueran los anfitriones funcionarios del Gobierno argentino, los aconsejó, les dio de baja algún proyecto por impracticable y los retó por las demoras en licitar obras para la reconstrucción tras el terremoto en las que aspira a participar el club de la construcción de la Argentina. Los ministros que acompañaron a De Vido se entretuvieron con este show del ministro y también con las anécdotas de otra estrella de la reunión, el ministro de Minería y Energía chileno, Laurence Golborne, a quien se le atribuye el éxito del rescate de los mineros enterrados en Copiapó. Al regresar atosigados en un Fokker F-28, los argentinos marcaron las diferencias: qué prolijos son esos ministros de Piñera, formalitos, todos economistas, parecen los funcionarios de Menem; nosotros somos otra cosa, comentó un ministro argentino, ilustrando una diferencia obvia: el gabinete de Piñera es un extremo de formalismo chileno -país ya bastante formal- y el gabinete de Cristina es un extremo de informalidad. Esa distancia hasta obturó el humor: cuando se inició la reunión de los dos gabinetes en el hotel San Francisco, se le ocurrió a Héctor Timerman abrir diciendo que venía a anunciar que Bielsa seguirá siendo el entrenador de la Selección chilena. Los anfitriones abrieron la boca y Timerman remató: les mandamos a Rafael Bielsa, no a Marcelo. El canciller chileno, Alfredo Moreno, le respondió, seco: «Por favor, con eso no se hacen bromas». El enfrentamiento de Piñera con Bielsa le ha hecho perder popularidad al presidente de Chile y esa relación es hoy cuestión de Estado en ese país, por eso no se hacen bromas. Para alegría de los argentinos, en esa reunión se enteraron de que el Gobierno de Chile resolvió poner la estatua de San Martín que está frente a la Plaza de la Moneda en un pedestal más alto y visible. Es la respuesta a las quejas de los argentinos de que la figura de San Martín quedó postergada en los festejos del Bicentenario chileno frente a la de los hermanos Carrera, respondiendo a una vieja división que hay en ese país entre los que hinchan por Bernardo O'Higgins y San Martín, y los que hinchan por esos bandoleros que fueron los hermanos Carrera.

Dilma pensaba estar anoche en Buenos Aires, pero postergó la llegada a las 11 de hoy; irá directamente a Casa de Gobierno a encerrarse a solas con Cristina, de ahí se van a un megaalmuerzo en el Palacio San Martín con lista ampliada y generosa de invitados -no se recuerda en mucho tiempo que hayan sido convocados tantos funcionarios, gobernadores, legisladores y celebrities a un almuerzo presidencial-. En la charla a solas se hablará mucho de los Estados Unidos, país que eligió Brasil junto a Chile para pisar la región. El Gobierno resiste las críticas de opositores y opinadores por esa omisión del presidente Obama de la Argentina de su agenda. Se embala en respuestas que les hacen el juego a esos críticos cuando podría responder que si Barack no viene por acá, es porque no hay ningún tema de discordia que arreglar y porque la Argentina está alineada con Estados Unidos en todos los temas de importancia (lavado, narcoterrorismo, reformas a organismos multilaterales, G-20, etc.). Las diferencias que existen -y mostró una punta el canciller Héctor Timerman en su retorno a los twitters- no se hablan en reuniones tan expuestas como estas giras presidenciales; por ejemplo, la respuesta de los dos países a la demanda de los Estados Unidos de que Brasil y la Argentina le compren armas. Timerman mandó a decir en ese mensaje por su celular que el país no le comprará armas a Washington. De esas presiones sabe también Dilma, a cuya jura como presidente se ausentó, sorpresivamente, el presidente francés Nicolas Sarkozy. La razón fue que Brasil tiene previstas compras de armas por u$s 14.000 millones y el proveedor iba a ser Francia, pero Lula da Silva, antes de dejar el cargo, dijo que le dejaba a la sucesora la decisión de elegir al proveedor. ¿Cómo no iba a ir Obama corriendo a Brasil, país que además acepta -a diferencia de la Argentina- la doctrina de Washington de emplear a los militares para conflictos internos como el narcoterrorismo? El rigor de estos negocios también explica que Obama no pise Colombia -su socio más estrecho en el continente- en este viaje de debut latinoamericano. Tienen mucho más para quejarse los colombianos, pero Juan Manuel Santos puso en cámara lenta el proyecto de instalación de bases militares, y eso le cuesta figurar su país en la veintena que elude en este viaje Obama.

El equilibrio de las relaciones con Estados Unidos, además, es delicado por el cambio de las relaciones de fuerza internas en ese país después de las elecciones que perdió el oficialismo, y Brasil y la Argentina están listas para nuevas escaramuzas. Por ejemplo, por la asunción de la cubana-americana Ileana Ros-Lehtinen como presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. Esta republicana de la Florida, nacida en La Habana, lo que en la comunidad cubana de Miami llaman una «come candelas», es decir una furiosa opositora a los países del eje del mal (Venezuela, Cuba, Ecuador) con los cuales coquetean la Argentina y Brasil. Le atribuyen haber defendido el asesinato de Fidel Castro y ha dicho que no recibirá nunca a representantes de países que hayan reconocido como gobierno a la Autoridad Palestina, es decir Brasil y la Argentina. Todo un aviso de turbulencias que no existían cuando el Congreso tenía dominio demócrata y los funcionarios argentinos eran recibidos con mimo por las comisiones. Ni pensar en lo que significa para la complicación de esta agenda la crisis en Egipto, adonde el premio Nobel Mohamed ElBaradei pide la cabeza de Hosni Mubarak, empujado por la Hermandad Musulmana e instaurar un gobierno antiamericano encabezado o inspirado por un hombre como ElBaradei, que es acusado por los republicanos de haber sido complaciente desde la Agencia Internacional de Energía Atómica que presidió durante 12 años con el programa nuclear de Irán. Menudo entuerto, pero figura también en las minutas que sumó Cristina a sus carpetas abultadas de El Calafate, que incluyen además la elección del nuevo embajador en China en reemplazo del chachista César Mayoral, a quien relevaron del cargo por pelearse con Débora Giorgi y además por aparecer ante otros funcionarios como demasiado comprensivo con los chinos en materia de comercio exterior. Mayoral era un resto arqueológico de un mundo que ya no existe; fue a China después de estar en la ONU por gestión de Alberto Fernández-Vilma Ibarra, e integra esa lista de exfuncionarios -como Eduardo Sigal- que nunca habrían perdido el puesto si viviera Néstor Kirchner, quien les daba un sentido en el Gobierno dentro de una estrategia que ya no existe, o que si existe nadie entiende. Mayoral intentó reubicarse en otra embajada, Rusia vacante, por ejemplo, pero lo mandaron de regreso con el mensaje de que mientras Cristina sea presidente se olvide otros destinos. Hay operadores del Gobierno que dan órdenes que el fallecido expresidente nunca habría dado; habrá que esperar las consecuencias de estos gestos que pocos entienden. Los que sí lo hacen actúan en consecuencia, como el sector kirchnerista que fue a rendirse ante Daniel Scioli en el hotel Hermitage encabezados por Diana Conti. El gobernador los acogió en su seno y les propinó una gragea política que no olvidarán: «La lealtad es un camino de ida y vuelta». Estos relevos en la Cancillería entusiasman a los profesionales jóvenes, que festejan las jubilaciones de cinco veteranos el año pasado y otros cinco que pueden producirse -por jubilación- en los próximos meses. Para China busca Timerman -que confirmó a su jefe de ceremonial, Alejandro Bértolo, en el cargo- a un experto en comercio, pero los jóvenes se entusiasman con que en julio habrá otra ronda de ascensos y que habrá para todos.

Entre tanto trajín, tuvo Cristina oportunidad de reírse con el relato de la reunión que mantuvo en su oficina de Asunción durante la semana el embajador argentino en el Paraguay, Rafael Romá, para levantar el bloqueo al puente que une a Clorinda (Argentina) con Puerto Falcón (Paraguay) que habían montado camioneros y comerciantes argentinos que se quejaban de trabajar para ingresar productos al Paraguay. «Balito» logró sentar a las partes en la embajada y tarde en la madrugada logró que se firmase la paz. Cuando los paraguayos se retiraron, les dijo a los quejosos argentinos: «Bueno, ahora a levantar el corte». «Todavía no», le respondieron, falta lo más importante. «¡Qué falta!» se enojó Romá. Respuesta: «Que levanten los controles de la AFIP en Clorinda». Esa parecía ser la razón real del reclamo que el embajador, riendo, consideró un disparate. También dejó pendiente la Presidente a charlas con funcionarios esta semana dos decisiones en la que puede jugar su imagen. Una: asistir o no el 1 de Mayo al Vaticano a las ceremonias de beatificación de Juan Pablo II, fiesta que la Iglesia quiere dar por todo lo alto para recuperar, merced al prestigio del papa Wojtyla, algo de imagen, tan golpeada por acusaciones a los curas menoreros. Cristina y su marido -senadora y presidente en ese momento- asistieron a la asunción del papa Benedicto XVI, pero no a las exequias de Juan Pablo II, ceremonia en donde se produjo un milagro que seguramente alimenta su beatitud, por lo menos entre los políticos criollos: el reencuentro, después de años de pelea, entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde, a quienes subió a un avión el ex embajador y hoy senador italiano Esteban Caselli. Se amigaron desde entonces. Ahora tiene que decidir Cristina si viaja a Roma en esa fecha o no. Otra decisión es qué hará el Gobierno con la visita en abril al país de Mario Vargas Llosa, a quien lo han comprometido para que esté junto a ella en la inauguración de la Feria del Libro. Este escritor denigra al Gobierno Kirchner y opina sobre el país con datos, cree el Gobierno, que le acercan opositores a quienes visita cuando viene a la Argentina. Pero un premio Nobel es un premio Nobel y luce mucho; si lo leyeran en el Gobierno - algunos de cuyos funcionarios desaconsejan que se acerque la Presidente al peruano- verían que más allá de esas opiniones Vargas Llosa ha escrito en su última novela «El Sueño del Celta» un alegato contra el trabajo esclavo de una fuerza que envidiaría Carlos Tomada, y desde un ángulo libertario -el mismo al que quiere pegar el kirchnerismo cuando habla de estas cosas- que envidiarían Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Mattarollo. Un dilema de imagen para un Gobierno para el cual la imagen es todo. También para Héctor Timerman, quien se ha declarado admirador del escritor y que dijo, cuando recibió el premio Nobel, una frase indeleble: «Merece más que el Nobel, merece ser leído. Es imposible no sentirse más humano al finalizar sus novelas». Para pensar.

Hay debates abiertos en el país que se arrastran desde hace décadas, inconclusos, acompañan a los argentinos en épocas de bonanza y también de desazón. Uno de ellos es sobre quién hace las mejores medialunas, si la Boston de Mar del Plata, la confitería Quintana de la Recoleta o el café del Boulevard de la calle 59 de Necochea, que pudo probar ayer Ernesto Sanz en la visita de campaña que hizo por esas playas. Los catadores de medialunas restringen la competencia a la especialidad «de grasa» o «saladas» -las dulces pertenecen a otro universo, el de la repostería y creen que cualquiera las hornea- y no incluyen en la competencia, por ejemplo a los croissants de La Bourgogne, exquisitos pero fabricados por un francés con tecnología foránea. Se lo habían adelantado a Sanz quien, después de probarlas, ordenó que le llenaran el baúl del auto con esas medialunas para llevarlas a Mendoza, congelarlas y devorarlas, a solas y de a poco, que es como se deben degustar. Esa visita al café del Boulevard fue el final de la gira por la costa después de una reunión clave que mantuvo, sin medialunas, en Buenos Aires con su sucesor en la presidencia de la UCR, Ángel Rozas, Jesús Rodríguez, Gerardo Morales para resolver que las internas de finales de abril serán abiertas, como había pedido Julio Cobos, quien pese a esa concesión resolvió que no participará. Antes que él había pasado por la misma confitería necochense Ricardo Alfonsín, que es quien competirá con él pero se guarda el voto secreto sobre las medialunas para revelarlo cuando corresponda, y que como Cobos está más que molesto con Sanz por su lanzamiento. Cobos directamente le ha cortado los teléfonos porque dice que en Mendoza Sanz se hizo levantar el brazo por él diciendo que sería presidente de la UCR para asegurar la imparcialidad del partido en la competencia por la candidatura a presidente. Alfonsín sigue enojado porque dice que viajó a París junto a Sanz a una cumbre de la Internacional Socialista y nunca habló de candidaturas, pero que sin avisarle a nadie dio un reportaje a la corresponsal de Clarín anunciando su proyecto. Nos enteramos por los diarios cuando estábamos en el mismo hotel, se queja. Sanz se ríe de estas leyendas y reconoce que su candidatura ha enojado a los otros dos más de lo que esperaba. Cree que debe insistir porque se lo piden adonde va y porque solo tiene para crecer desde una popularidad que reconoce baja. Pero esa postulación, decía ayer mientras mojaba la medialuna en donde ya se sabe, atraviesa a todos los sectores en los distritos, que permanecen unidos abajo, pero que se dividen en cuanto al candidato a presidente. Se ufanó de que en el diario local de Necochea el sábado hubo una solicitada de 200 dirigentes radicales de esa sección (la 6ª) de todos los sectores, incluyendo a funcionarios del intendente local Daniel Molina, que ya decidió apoyar a Alfonsín. Éste hizo un acto con 5 mil personas a pocos kilómetros, en Mar del Plata, y endureció el discurso contra el Gobierno, entusiasmado por una concurrencia que los organizadores le aseguraron que fueron espontáneos y no llevados en micros como suelen hacer otros candidatos. Al salir del acto hizo una ronda de consultas con sus asesores sobre qué tiene que hacer ahora. Para algunos, la interna ya está ganada y lo que tiene que hacer es una gira internacional ya como candidato, arrancando por Estados Unidos, donde lo reclaman de universidades y centro de estudios que quieren examinar a este espécimen político que recoge prosélitos usando apellido y trajes heredados pero un discurso que prende en sectores medios. Otro sector de esos asesores le dice que la elección hay que ganarla acá y no en Washington y que hay que seguir recorriendo pueblos y canales de televisión.

Claro que todo esto ocurre en la costa en los espacios y turnos libres que deja Daniel Scioli, quien volvió a subirse a un escenario de artistas, esta vez para acompañar a Palito Ortega en un recital de Estado. Tan por encima de las divisiones se mueve el gobernador que no le importó que alguien le recordase que Ortega fue candidato a vicepresidente de Eduardo Duhalde -él, después de todo, fue secretario de la administración duhaldista-. Tampoco le importó ayer estar en la inauguración de la nueva cancha de Chacarita Juniors, club identificado con el también duhaldista Luis Barrionuevo (no estuvo presente porque ahora funge el gastronómico como hincha de Independiente de Avellaneda, con el mismo aire cambiante que un Sergio Massa pasó de ser un forofo de San Lorenzo a embanderarse con Tigre). El gobernador tenía un argumento para estar ahí: su padre era hincha funebrero y una escuela de fútbol que funcionará en el predio de San Martín llevará su nombre.

Scioli pasó un sofocón inesperado cuando debió enfrentar la queja de productores del espectáculo porque organiza recitales masivos en horas prime que le restan asistencia a espectáculos comerciales. Rápido, ordenó que los horarios no se superpongan e hizo un raid de visitas a artistas como Alfredo Alcón y los Calabró para mitigar el entuerto. Avanzó también en algo riesgoso: promover que se quiten carpas en las playas del centro de Mar del Plata para extender el uso público de la arena. Este tema lo charló el gobernador hace diez días con Diego Maradona en el asado que compartieron en la residencia de Chapadmalal. El Diez se dijo indignado por esa privatización de los balnearios, y el anfitrión contó que había recibido la queja de veraneantes en sus salidas a correr por la playa. Es un conato de enfrentamiento con los concesionarios de los balnearios que pueden reaccionar con recetas de mercado, cobrar más por las carpas, que serán menos. El cálculo de Scioli es que sale ganando de esa pelea; ya logró que esta semana un primer balneario elimine la primera línea de carpas sobre un mar que crece todos los años por el calentamiento global y en playas que se achican por la pérdida de arena por efecto de las olas. Es el balneario de su amigo Florencio Aldrey Iglesias, con quien terminó la noche del sábado en una cena en el Hermitage por donde pasaron muchos, entre otros el macrista Miguel del Sel, Palito, el intendente Gustavo Pulti, la voz auxiliar de los recitales de Ortega, el mítico Lalo Fransen y hasta Martín Palermo, que venía del partido que le ganó Boca a San Lorenzo con la copa que obtuvo su equipo. «Vení, mostrale la copa a un gallina», lo incitó Scioli (que es bostero) a Palermo mirando a Palito, que es de River. La noche terminó con lo aportado por el tucumano en las reuniones, exquisitas anécdotas de su relación con Irineo Leguizamo, que incluye relatos poco conocidos de la vida de Carlos Gardel, a quien Leguizamo -cuyos bienes, además, heredó Ortega- le corría los caballos. Salió futbolero de esa cena Scioli, quien ayer en la inauguración del estadio de Chacarita pidió algo fuera de programa: patear un penal. Se la dieron, la acomodó en el punto y la puso en el ángulo. Lo aplaudieron 20 mil asistentes, que se suman a los 100 mil de Ortega la noche anterior. Ésa es su campaña.

Final esteño, con una Punta del Este ya raleada de las multitudes de la primera mitad del mes y de nuevo recuperada por los veraneantes habituales, que no asisten a fiestas rumbosas y se dedican a cultivar afectos y habilidades de parrilla, castigadas por una crisis inesperada: la desaparición de las mollejas de todas las góndolas. Ese producto de primera necesidad en los quinchos lo han destinado los uruguayos a la exportación y de esa veda sólo se escapan algunos restoranes que tienen códigos con frigoríficos que se las entregan de madrugada y con cuentagotas; por eso aparecen las mollejas en algunos menús encumbrados. También se quejan esos visitantes de las largas colas en el paso fronterizo de Fray Bentos, del lado uruguayo. Los controles aduaneros se ceban con los turistas pidiendo que muestren la póliza del seguro del Mercosur, algo que muchos no tienen, pero que se sabe que está incluido en todos los contratos. Ese requisito ha generado una corruptela que funciona en un locutorio cerca del paso fronterizo adonde son dirigidos los turistas para que a cambio de unos pesos les bajen por internet una copia de ese certificado. Eso ha motivado colas de hasta diez horas en un lugar en donde podría cruzarse en pocos minutos. Escapan a esas servidumbres algunos habitués de la costa uruguaya que se entregan sin drama a sus aficiones, como Osvaldo Cornide, quien festejó en los links del Golf del Lago la proeza de un hoyo en uno (embocar la pelotita en el hoyo con un solo tiro desde la salida, algo inusual y que suelen premiar hasta algunas pólizas de seguro, ya que de seguros se trata). Cornide se prepara para las negociaciones previas que definirán las paritarias para este año y ya rechazó el pedido de Armando Cavalieri de un aumento del 35% para empleados de comercio. Hace dos semanas había prometido que lograría esa marca de 150 yardas y lo cumplió. ¿Habrá tenido seguro?

Vamos a terminar con un chiste finísimo, escuchado en un templo de Belgrano. A un joven estudiante de una «yeshiva» (escuela rabínica), que nunca salió con una chica, le arreglan un encuentro con una muchacha ortodoxa como él. Sin embargo, por su inexperiencia, el joven acude a su rabino para preguntarle de qué conversar. Y le sugiere: «Mirá, hay muchos temas... Podés hablar de sus gustos, de su familia, de metafísica...».

El chico se va del encuentro repitiendo para sus adentros: «Familia, gustos, metafísica; familia, gustos, metafísica...». Llega el día de la cita; sentados a prudente distancia, los jóvenes se encuentran en un incómodo silencio. El estudiante trata de romper el hielo, siempre repitiendo: «Familia, gustos, metafísica; familia, gustos, metafísica».

-¿Tenés hermanos?

La chica, más tímida que él, responde escuetamente:

-No.

-¿Te gusta el fútbol?

-No.

«Familia, gustos, metafísica. Ya le pregunté por la familia, ya le pregunté por sus gustos; me queda el último tema». Y con su tono más doctoral inquiere:

-Y decime: si tuvieras hermanos, ¿les gustaría el fútbol?

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