Charlas de Quincho

Edición Impresa

Con reuniones sureñas empezamos la primera parte de los quinchos de esta semana, a la que el accidente de Once alejó de cuajo del carnaval previsto. Esa tragedia no inmovilizó a la Presidente, quien en El Calafate, además de recibir al primer mandatario paraguayo y continuar con la estrategia Malvinas, estudia la forma de retomar la iniciativa: la falta de ataques por parte de la oposición la fortalece. Continuamos con otros desvelos, como los del sciolismo en Buenos Aires (siempre mediatizados por el fútbol), y terminamos con un ágape de verano tardío que reunió a empresarios del girasol. Veamos.

No inmovilizó al Gobierno, al menos a la Presidente, la tormenta de la semana que pasó, con las consecuencias de la tragedia ferroviaria de Once, que vaticina medidas con las que procurará Cristina de Kirchner retomar la iniciativa. Eso justificó la presencia de Julio De Vido en Santa Cruz, con la cobertura de acompañar al presidente del Paraguay en su visita al panteón de Néstor Kirchner el día en que hubiera cumplido años, una cena a solas de los dos en el hotel Patagonia de Río Gallegos y el viaje que siguió a El Calafate, donde Lugo cenó con la Presidente con una agenda hermética -quizás hablaron del relevo del embajador de su país en Buenos Aires, acosado por su estado de salud-. El mandatario paraguayo cesa en abril próximo su mandato, no va a la reelección, está en el club de los mandatarios enfermos y debe decidir si será candidato a senador. Eso justifica que buscase aparecer identificándose con los siete connacionales que murieron en el accidente. Más allá de cumplir con esa función humanitaria -pocos recuerdan que además es pastor, categoría «obispo en disponibilidad»-, cultivar el electorado paraguayo es una obligación de los políticos de su país desde siempre, y para eso tienen que contar con alguna ayuda del Gobierno argentino. Lo hacía en su tiempo el Gobierno Menem a través de Eduardo Bauzá, promoviendo concentraciones de paraguayos para que los visitase Lino Oviedo; lo hace más cerca de ahora el Gobierno nacional y el de Daniel Scioli para fomentar el contacto de Evo Morales con los miles de bolivianos que viven y producen riqueza en el conurbano, además de votar. Y ni qué decir de los uruguayos, cuyas elecciones se terminan decidiendo según el barómetro de los emigrados a la Argentina. Los días pasados en su provincia los protegió Cristina de Kirchner por la fecha del cumpleaños de su marido, que acompañó con los hijos y un núcleo íntimo de funcionarios, como su cuñada Alicia, De Vido o Carlos Zannini. Pero ese ánimo no impidió que abordase las medidas que tiene que anunciar esta semana sobre los trenes y, junto a Zannini, el texto del discurso que dirá el jueves en la apertura del Congreso, que tendrá como eje esperable la campaña por Malvinas. El secretario legal y técnico es el dueño de la lapicera en los discursos de la Presidente, quien no abre la boca en público sin consultarlo. De ahí que fuera compañero inseparable en el fin de semana, con las carpetas acercadas por los ministerios. No todo es formal o institucional en estas ocasiones; también lo político, y por eso el fin de semana hubo instrucciones a funcionarios para actuar. Por ejemplo, darle más protagonismo en actos al vicepresidente Amado Boudou, a quien pegará en sus actos como el de hoy en Rosario y acompañando, a lo largo de la semana, actos con ministros. El arranque de año legislativo será más que tenue por la falta de proyectos del oficialismo, o de la oposición, por que haya que dar vida y fomentar la presencia del vicepresidente en actos de gestión lo saca de otras peleas que el Gobierno sabe que, en el fondo, son entre empresas, y por ahora no conviene reconocer para el debate.

El asunto Malvinas, más que los trenes y otras desgracias, sigue siendo el que tiñe la agenda colectiva. A pocos kilómetros de donde Cristina de Kirchner revisaba lo que dirá en el Congreso sobre ese tópico, un malón de legisladores invitados por la gobernadora fueguina Fabiana Ríos festejó que, por un momento, le arrebatase la iniciativa al Gobierno. No dio para quincho ese viaje del sábado, del que se dieron de baja los socialistas en la medianoche del viernes porque habían visto por TV los clips de los incidentes en Once con vándalos que quemaban las instalaciones en protesta (?) porque se había descubierto el cuerpo de otra víctima de la tragedia. Igual viajó Rubén Giustiniani en decisión que quiebra el frente socialista, algo de lo cual debe hacerse cargo ahora Hermes Binner. (Tendrá oportunidad de remediar algo en el viaje que emprende mañana a Madrid, invitado junto a la diputada Alicia Ciciliani -ya está allí- a participar de un seminario organizado por una Fundación Ideas que quiere escuchar a los argentinos en un debate sobre el futuro de esa formación en Europa. Los socialistas españoles necesitan ayuda porque vienen de perder el Gobierno ante el conservador Mariano Rajoy. Los argentinos buscan también algún auxilio para su futuro después de salir segundos en las últimas elecciones desplazando a los radicales). Los viajeros debieron soportar dos horas de espera a que el avión charteado para la sesión de las comisiones de relaciones exteriores emprendiese vuelo. Llegaron a la hora del almuerzo y, como debían regresar a las 5 de la tarde, los dejaron sin quincho y los alimentaron con algunos sánguches de miga y gaseosas (que nunca están lo frías que debieran, ni en Ushuaia). En esa oportunidad, los diputados de la oposición se dijeron sorprendidos por la poca voluntad del oficialismo en imponer cláusulas propias en la declaración que aprobó ese plenario simbólico de comisiones. El texto es el que propusieron los bloques opositores y, cuando lo presentaron, esperaban alguna réplica del oficialismo para reponer en ese escrito alguna mención a lo que está haciendo el Gobierno. Nunca, desde 2003, habían visto tanta voluntad de acuerdo del kirchnerismo, que terminó aprobando una declaración hecha por Federico Pinedo y Eduardo Amadeo (que no viajó). Es cierto que el diputado PRO es una autoridad en el tema Malvinas al que el oficialismo escucha con atención, pero les intrigó a los opositores que esta vez no hubieran intervenido tampoco en la redacción de los legisladores los técnicos de la Cancillería que suelen pedir que se respete siempre cierto estilo y ciertas palabras para no perjudicar las posiciones oficiales del país en su política exterior. El oficialismo pareció entender lo que quería la oposición, que es controlar lo que hace el Gobierno, de manera que lo que está haciendo hoy por defender la soberanía del país en Malvinas no perjudique en el largo plazo la solidez de los derechos que se han esgrimido históricamente.

Ver a tu adversario en problemas, en política, mueve a dos actitudes: sumarse a la violación colectiva, o el silencio. Es lo que se nota en los principales contradictores del kirchnerismo en la pelea de poder. Calló Mauricio Macri cuando pidió reflexionar sobre lo que había pasado en Once. Mandó a callar a todos Daniel Scioli, que además tiene de qué ocuparse con el paro docente de mañana. No es la única provincia que no comienza por la demanda de aumentos de los gremios que Macri, porque actúa solo y sin socios en otras provincias, pudo resolver. Como tampoco comienzan Santa Fe, Mendoza o Córdoba, el conflicto no aísla al gobernador de la suerte colectiva. Pero lo obligó esta crisis a pasarse el fin de semana encerrado con sus ministros de Educación y de Trabajo analizando lo que harán esta semana sin clases y con anuncios de raras protestas, como una jornada de activismo mañana que puede encerrar la pretensión de los gremios de que los docentes vayan a las escuelas, registren asistencia y después hagan paro. Una manera de que después no les descuenten los días no trabajados. También debió el gobernador atender otras trincheras más odiosas porque desde ahí lo contradicen sectores del oficialismo nacional. Una es la seguridad, pero Scioli, que elude disputas en la superficie, se mueve con la idea de que quienes sacaron el 5% de los votos no les pueden imponer la política a quienes sacaron el 55% y ganaron las elecciones. (De paso, ¿ese 5% le podrá imponer la política de transportes a quien sacó en la nacional el 54% si prospera la leyenda de que Martín Sabbatella puede terminar al frente de un megaministerio de transportes?). Esos embates del kirchnerismo provincial se reproducen en el acoso al área Justicia, en donde se enfrentan con los intendentes, siempre gravitantes en el momento de designar no sólo al comisario sino también al juez local. O en derechos humanos, en donde el kirchnerismo promueve cambios porque entiende que, más allá de la gestión que haga la cartera de Sara Dorotier de Cobacho, los funcionarios que la integran no cumplen con el «phisique du rol» para ocupar los cargos. Esos dirigentes, como el saliente segundo Fernando Cano -yerno y conductor del área-, reportan políticamente al intendente de Merlo, Raúl Otacehé, un hombre que no es precisamente de izquierda, y que les parece a sus críticos algo insoportable. Cano salió para ser reemplazado por Gustavo Namías, un hombre que responde al jefe de Gabinete, Alberto Pérez, que es en quien Scioli descarga las tareas políticas.

También hubo otros desvelos, ahora de madrugada, en los lares del gobernador. Con las primeras horas del alba comenzaron los movimientos en la residencia de «Villa La Ñata». Un grupo de jóvenes con atuendos casi de carnaval ingresaron con el paso cansado pidiendo albergue. Era el elenco completo de Los Wachiturros, emblema de la música del conurbano que mezcla los ritmos de bailanta con la moda de marca en ropa, que buscaba descansar antes del partido que tenían comprometido con el equipo de fútbol 5 del dueño de casa. La popularidad de ese grupo, al que el gobernador incluyó en uno de los recitales de verano de Mar del Plata de más concurrencia, le da la oportunidad de ejercer, como otras formaciones, el relevo generacional. ¿Por qué siempre Cacho Castaña, Montaner o Julio Iglesias? En el sciolismo hay aire para los jóvenes, de cuyo ingreso a la política se ufana, como novedad, el kirchnerismo, con títulos a discutir, porque el macrismo en sus orígenes fue un movimiento de jóvenes en Capital. Hubo un subbloque de Macri en la Legislatura que recibió el nombre de «Festilindo» por la juventud de sus integrantes, algo que repitió el jefe de Gobierno cuando integró su primer gabinete. También el sciolismo se abre a las nuevas generaciones, y más si vienen del territorio hostil de los Sabbatella, Morón, como estos Wachiturros. Varios de los integrantes del equipo han jugado en equipos de la AFA y eso fue un desafío para los jóvenes de «La Ñata». Pese a esos antecedentes, los músicos debieron someterse a los rituales como pararse en la cancha, dar pelea pero reconocer después la derrota en ese juego, esta vez por 18 a 9, lo que se dice una paliza, aunque el encuentro tuviera fines benéficos.

Da los últimos coletazos el verano, que se despide con actividades de fin de febrero, cuando bajan los costos, y permite algunas reuniones de empresarios, como la que concentró a centenares de productores de girasol en las cercanías de Miramar para escuchar a expertos de empresas que desarrollan productos para ese cultivo. Un campo experimental de Paraje La Ballenera, partido de General Alvarado, sirvió para que discutiesen empresarios emblemáticos como Gustavo Grobocopatel -que no sólo hace soja- con gente venida de Serbia, Rusia, Ucrania, Rumania, Francia, Turquía, Sudáfrica, Eslovaquia, Alemania, España, Hungría, China, India y los Estados Unidos. El interés de la reunión es que la Argentina hace ya tres años que exporta semillas de girasol a Europa, en donde ya el 10% de la superficie de esa oleaginosa se hace con genética argentina. Allí se congregaron directivos y expertos de las principales empresas que aportan, entre otras cosas, el primer gen argentino, el CL Plus. En estas circunstancias, cuando se habla de semillas, es difícil no recordar a pioneros en la materia como Francisco Firpo, cuyo recuerdo estuvo en las palabras de «Baby» Romano y de su amigo Pablo Bergada. Los visitantes descansaron de sus largas caminatas por esos campos marítimos con un opíparo asado servido en el Cardón Miramar Links, de tan imponente arquitectura como buena atención. Los extranjeros pudieron apreciar buena carne y buen vino en compañía del intendente de Miramar, Patricio Hogan, que es hijo del intendente anterior y exdirector de la escuela agrotécnica de esa ciudad y nieto de un exministro de Agricultura. Se trata de Carlos Hogan, titular del área en el gabinete de 1952 y que era, junto a Antonio Cafiero, uno de los ministros más jóvenes de ese equipo. La fiesta terminó en el Sheraton de Mar del Plata -fue el quincho más encumbrado del fin de semana largo- donde el presidente de la asociación de productores de girasol Ricardo Negri, y el profesor de la UBA e investigador del Conicet, Antonio Hall, dieron por inaugurado el congreso. Hubo allí también clima de fiesta porque ese cultivo fue poco castigado por la feroz sequía que azotó a la zona núcleo y que matizó muchas de las conversaciones entre los especialistas vernáculos. También se congratularon algunos del resultado de la experiencia de desplazar el cultivo del girasol de la mejor tierra en beneficio de la soja, que según esos expertos no ha sido feliz porque allí la soja no dio los resultados esperados. Otro aporte que se discutió fue la calidad del aceite de girasol de alto oleico, que puede darle al aceite una calidad casi tan alta como la del aceite de oliva, y que está muy difundido en Estados Unidos y en Europa, pero que aún el mercado local no paga para favorecer su desarrollo. Para el final, un broche local de lo mejor, el recital de Polo Román, el salteño ex-Chalchalero que vive en Mar del Plata y que actúa solo y suena como si fuera un conjunto.

Vamos a terminar con un chiste breve, pero efectivo.
En un día muy caluroso, un hombre le pregunta a su esposa:
-Querida, tengo que cortar el pasto del jardín, pero me da tanta fiaca, con este calor... ¿Qué pensarán los vecinos si salgo desnudo?
-Y, van a pensar que me casé con vos por plata...

Dejá tu comentario