Charlas de Quincho

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En el horno, la última parte de los quinchos de este fin de semana largo; que se entienda bien: «horno», en sanjuanino, es quincho, y estuvimos justamente en esa provincia, junto al fogón del gobernador Gioja, acompañado por el vicepresidente y otros funcionarios. El tema central: minería y antiminería a cielo abierto. Seguimos con reuniones sureñas, donde la Presidente, después de su encuentro con su par paraguayo, terminó de diseñar la forma de retomar la iniciativa política antes del acto de ayer en Rosario, y continuamos con otros desvelos, como los del sciolismo en Buenos Aires. Al final, dos viñetas: un ágape que reunió a empresarios del girasol; y otro, a dos ministros macristas de cumpleaños. Veamos.

País de película. No sólo Sean Penn merodeó por la Casa de Gobierno en misión chavista -aunque la disfrazó de solidaridad con Haití, algo que abre puertas con más facilidad que el pase del bolivariano-. También Carlos Saura, el más grande cineasta español, se zambulló entre los cerros, las viñas y las peñas cuyanas, buscando imágenes para un proyecto de documental sobre el folclore argentino, y se topó con variosemblemas de la política criolla que arribaron a San Juan invitados por José Luis Gioja para entretenerse de tanta tribulación con la Fiesta del Sol, como Amado Boudou, José Manuel de la Sota, Luis Beder Herrera, el mendocino «Paco» Pérez, y un extraterritorial para el kirchnerismo, el puntano Claudio Pozzi, que hereda el legado de los Rodríguez Saá en la vecina San Luis. El mandatario Gioja ha logrado convertir esta celebración casi pagana -adorar al sol no está entre los preceptos de la civilización occidental y cristiana- en una oportunidad turística que lleva miles de asistentes de todo el país y que ya compite con títulos con la vecina Fiesta de la Vendimia en Mendoza. Por eso se acercan gobernadores como los mencionados, que se cuidaron de espaciar su participación para evitar fotos inconvenientes que puedan dar lugar a especulaciones inoportunas. La política argentina es una política de escenario y lo que cuida cada protagonista, antes que nada, es con quién se muestra y con quién no. Pozzi, el puntano, se reservó el jueves para exhibirse junto a Gioja; De la Sota fue el viernes, pero como tiene fama de cimarrón evitaron mostrarse con él «Paco» Pérez y Beder, que sí buscaron mostrarse el sábado con Boudou, que recorrió los stands de la muestra, acompañó carrozas y participó de la fiesta grande.

El vicepresidente fue uno de los privilegiados por la invitación que suele hacer Gioja a sus convocados. «Vamos al horno», dice y, como respuesta típica, recibe el: «Ya estamos en el horno». Risas. Ir al horno significa en sanjuanino ir al quincho que tiene el gobernador en el edificio viejo de la gobernación, adonde Gioja ha mantenido su despacho y salones de trabajo. Evitó ir al nuevo centro cívico de más de 80 mil metros cuadrados, adonde fue el resto de la administración, para cumplir con una de las cábalas más respetadas en política: cuando estás en un cargo público nunca cambies de despacho porque lo perderás. Gioja lo respeta y hace sufrir a sus funcionarios cuando los cita a esas vetustas oficinas en donde tiene además el horno de barro en el que les prepara unas empanadas que cree son lo mejor del mundo, y que el sábado compartieron Boudou, Gioja, «Paco» Pérez, algunos invitados chilenos venidos de la Cuarta Región (el intendente Sergio Gaona, que tiene rango de gobernador en su país; el alcalde de Coquimbo) y algún argentino, como Ginés González García, embajador en Santiago de Chile, pero que tiene solera sanjuanina. Allí produce sus caldos tintos, que ya han alcanzado fama en encumbradas mesas en sociedad con médicos con quienes estudió en la Universidad de Córdoba.

En ese reparo, que es el horno de la gobernación vieja, también buscó imágenes este Saura, quien estuvo el fin de semana con una cámara portátil hurgando rincones para futuros escenarios para un documental que seguirá el que ya dedicó al tango. Estaba con dos hijos que sacaban fotos y que lo acompañaron en la visita a varias peñas a escuchar tonadas de un seleccionado de figuras que les acercaron sus anfitriones (el Chango Huaqueño, Los Lucero, Los Inti Huama, Mario Zaguirre, el Dúo Díaz-Heredia, Los Hermanos Canto, Los Caballeros de la Guitarra y Gustavo Troncoso). Pero no era cerca del horno todo música y cine; «Paco» Pérez preguntaba a Gioja detalles de cómo había logrado la tercera reelección, cuando él, en Mendoza, no tiene ni una sola. Pérez ha lanzado ya el proyecto y busca aliados que apoyen una reforma constitucional en la única provincia, además de Santa Fe, que no prevé un segundo mandato al gobernador. En ese empeño toca cercos electrificados, como el apoyo que le ofrecen los ambientalistas que quieren llevar la prohibición de minería a cielo abierto, que en Mendoza rige por ley, a la Constitución. Pero ese proyecto va en contramano de la política oficial, como se vio en la derogación de esa ley en Río Negro en el breve mandato de Carlos Soria, y el proyecto para lo mismo que quiere hacer avanzar en Chubut Martín Buzzi. Gioja tiene a esos ambientalistas como sus principales adversarios y les va ganando, a golpe de amparos judiciales, la pelea que cree alientan desde fuera del país grandes grupos mineros a quienes no les conviene el desarrollo de la Argentina en ese terreno por lo menos en estos años. Si no, dice, no se explica el despliegue de medios con que cuentan para sus campañas. Boudou, vocero ante el horno de la política del Gobierno nacional, pidió en San Juan discutir de minería, pero «sin patrañas ni posiciones extremas». En este entuerto las empresas, que en muchas provincias son socias de firmas estatales locales, tratan de acomodarse al juego de que las corran los ambientalistas por izquierda, y los gobiernos por derecha para aumentarles las regalías. Esas firmas están resignadas a que el 3% de regalías que prevé el código de minería tiene poca vida. El santacruceño Daniel Peralta ya habla de llevar esas regalías del 3% al 12% que pagan las petroleras, para lo cual hay que votar una ley en el Congreso. Gioja, en cambio, prefiere mantener esa regalía, pero imponerles un canon a las ganancias que obtienen.

Como había un diplomático -político- como Ginés, también hubo tiempo para charlar junto al horno del frente externo, volcando algunas especulaciones sobre quién será el nuevo representante ante la ONU en este año en el cual esa organización será el escenario de grandes batallas por Malvinas, empezando por la sesión del 14 de junio del comité de descolonización. Todos parecen gozar del hermetismo presidencial cuando se trata de nombramientos, pero se escuchó junto al horno que ese cargo puede ir como premio a algún exministro del gabinete si hay una zaranda del equipo de Gobierno el próximo mes, y si no la hay para alguien que fue ministro en la era Néstor. A propósito de éste, se cumplía el sábado el cumpleaños 62 del fallecido presidente y a uno se le ocurrió un brindis. Antes del tintineo de copas, hubo turno de gastadas para Gioja al recordarle una vieja anécdota ocurrida en ese mismo lugar, junto al horno, en el último viaje que hizo Kirchner a esa provincia. Le pidió a Gioja, después de una cena, si podían servirle una copa de whisky, una de sus bebidas predilectas. El gobernador apareció con una botella de Old Smuggler, licor mítico de esa generación, pero de producción local. El visitante insistió en que quería scotch. Es lo que hay, respondió Gioja, acá tomamos de éste. Kirchner, más cachador que nunca, lo gastó al anfitrión hasta que se fue por su prodigalidad en caldos locales.

No inmovilizó al Gobierno, al menos a la Presidente, la tormenta de la semana que pasó, con las consecuencias de la tragedia ferroviaria de Once, que vaticina medidas con las que procurará Cristina de Kirchner retomar la iniciativa. Eso justificó la presencia de Julio De Vido en Santa Cruz, con la cobertura de acompañar al presidente del Paraguay en su visita al panteón de Néstor Kirchner el día en que hubiera cumplido años, una cena a solas de los dos en el hotel Patagonia de Río Gallegos y el viaje que siguió a El Calafate, donde Lugo cenó con la Presidente con una agenda hermética -quizás hablaron del relevo del embajador de su país en Buenos Aires, acosado por su estado de salud-. El mandatario paraguayo cesa en abril próximo su mandato, no va a la reelección, está en el club de los mandatarios enfermos y debe decidir si será candidato a senador. Eso justifica que buscase aparecer identificándose con los siete connacionales que murieron en el accidente. Más allá de cumplir con esa función humanitaria -pocos recuerdan que además es pastor, categoría «obispo en disponibilidad»-, cultivar el electorado paraguayo es una obligación de los políticos de su país desde siempre, y para eso tienen que contar con alguna ayuda del Gobierno argentino. Lo hacía en su tiempo el Gobierno Menem a través de Eduardo Bauzá, promoviendo concentraciones de paraguayos para que los visitase Lino Oviedo; lo hace más cerca de ahora el Gobierno nacional y el de Daniel Scioli para fomentar el contacto de Evo Morales con los miles de bolivianos que viven y producen riqueza en el conurbano, además de votar. Y ni qué decir de los uruguayos, cuyas elecciones se terminan decidiendo según el barómetro de los emigrados a la Argentina. Los días pasados en su provincia los protegió Cristina de Kirchner por la fecha del cumpleaños de su marido, que acompañó con los hijos y un núcleo íntimo de funcionarios, como su cuñada Alicia, De Vido o Carlos Zannini. Pero ese ánimo no impidió que abordase las medidas que tiene que anunciar esta semana sobre los trenes y, junto a Zannini, el texto del discurso que dirá el jueves en la apertura del Congreso, que tendrá como eje esperable la campaña por Malvinas. El secretario legal y técnico es el dueño de la lapicera en los discursos de la Presidente, quien no abre la boca en público sin consultarlo. De ahí que fuera compañero inseparable en el fin de semana, con las carpetas acercadas por los ministerios. No todo es formal o institucional en estas ocasiones; también lo político, y por eso el fin de semana hubo instrucciones a funcionarios para actuar. Por ejemplo, darle más protagonismo en actos al vicepresidente Amado Boudou, a quien pegará en sus actos como el de ayer en Rosario y acompañando, a lo largo de la semana, actos con ministros. El arranque de año legislativo será más que tenue por la falta de proyectos del oficialismo, o de la oposición, por que haya que dar vida y fomentar la presencia del vicepresidente en actos de gestión lo saca de otras peleas que el Gobierno sabe que, en el fondo, son entre empresas, y por ahora no conviene reconocer para el debate.

El asunto Malvinas, más que los trenes y otras desgracias, sigue siendo el que tiñe la agenda colectiva. A pocos kilómetros de donde Cristina de Kirchner revisaba lo que dirá en el Congreso sobre ese tópico, un malón de legisladores invitados por la gobernadora fueguina Fabiana Ríos festejó que, por un momento, le arrebatase la iniciativa al Gobierno. No dio para quincho ese viaje del sábado, del que se dieron de baja los socialistas en la medianoche del viernes porque habían visto por TV los clips de los incidentes en Once con vándalos que quemaban las instalaciones en protesta (?) porque se había descubierto el cuerpo de otra víctima de la tragedia. Igual viajó Rubén Giustiniani en decisión que quiebra el frente socialista, algo de lo cual debe hacerse cargo ahora Hermes Binner. (Tendrá oportunidad de remediar algo en el viaje que emprende mañana a Madrid, invitado junto a la diputada Alicia Ciciliani -ya está allí- a participar de un seminario organizado por una Fundación Ideas que quiere escuchar a los argentinos en un debate sobre el futuro de esa formación en Europa. Los socialistas españoles necesitan ayuda porque vienen de perder el Gobierno ante el conservador Mariano Rajoy. Los argentinos buscan también algún auxilio para su futuro después de salir segundos en las últimas elecciones desplazando a los radicales). Los viajeros debieron soportar dos horas de espera a que el avión charteado para la sesión de las comisiones de Relaciones Exteriores emprendiese vuelo. Llegaron a la hora del almuerzo y, como debían regresar a las cinco de la tarde, los dejaron sin quincho y los alimentaron con algunos sandwiches de miga y gaseosas (que nunca están lo frías que debieran, ni en Ushuaia). En esa oportunidad, los diputados de la oposición se dijeron sorprendidos por la poca voluntad del oficialismo en imponer cláusulas propias en la declaración que aprobó ese plenario simbólico de comisiones. El texto es el que propusieron los bloques opositores y, cuando lo presentaron, esperaban alguna réplica del oficialismo para reponer en ese escrito alguna mención a lo que está haciendo el Gobierno. Nunca, desde 2003, habían visto tanta voluntad de acuerdo del kirchnerismo, que terminó aprobando una declaración hecha por Federico Pinedo y Eduardo Amadeo (que no viajó). Es cierto que el diputado PRO es una autoridad en el tema Malvinas al que el oficialismo escucha con atención, pero les intrigó a los opositores que esta vez no hubieran intervenido tampoco en la redacción de los legisladores los técnicos de la Cancillería, que suelen pedir que se respete siempre cierto estilo y ciertas palabras para no perjudicar las posiciones oficiales del país en su política exterior. El oficialismo pareció entender lo que quería la oposición, que es controlar lo que hace el Gobierno, de manera que lo que está haciendo hoy por defender la soberanía del país en Malvinas no perjudique en el largo plazo la solidez de los derechos que se han esgrimido históricamente.

Ver a tu adversario en problemas, en política, mueve a dos actitudes: sumarse a la violación colectiva, o el silencio. Es lo que se nota en los principales contradictores del kirchnerismo en la pelea de poder. Calló Mauricio Macri cuando pidió reflexionar sobre lo que había pasado en Once. Mandó a callar a todos Daniel Scioli, que además tiene de qué ocuparse con el paro docente de mañana. No es la única provincia que no comienza por la demanda de aumentos de los gremios que Macri, porque actúa solo y sin socios en otras provincias, pudo resolver. Como tampoco comienzan Santa Fe, Mendoza o Córdoba, el conflicto no aísla al gobernador de la suerte colectiva. Pero lo obligó esta crisis a pasarse el fin de semana encerrado con sus ministros de Educación y de Trabajo analizando lo que harán esta semana sin clases y con anuncios de raras protestas, como una jornada de activismo mañana que puede encerrar la pretensión de los gremios de que los docentes vayan a las escuelas, registren asistencia y después hagan paro. Una manera de que después no les descuenten los días no trabajados. También debió el gobernador atender otras trincheras más odiosas porque desde ahí lo contradicen sectores del oficialismo nacional. Una es la seguridad, pero Scioli, que elude disputas en la superficie, se mueve con la idea de que quienes sacaron el 5% de los votos no les pueden imponer la política a quienes sacaron el 55% y ganaron las elecciones. (De paso, ¿ese 5% le podrá imponer la política de transportes a quien sacó en la nacional el 54% si prospera la leyenda de que Martín Sabbatella puede terminar al frente de un megaministerio de transportes?). Esos embates del kirchnerismo provincial se reproducen en el acoso al área Justicia, en donde se enfrentan con los intendentes, siempre gravitantes en el momento de designar no sólo al comisario sino también al juez local. O en derechos humanos, en donde el kirchnerismo promueve cambios porque entiende que, más allá de la gestión que haga la cartera de Sara Derotier de Cobacho, los funcionarios que la integran no cumplen con el «phisique du rol» para ocupar los cargos. Esos dirigentes, como el saliente segundo Fernando Cano -yerno y conductor del área-, reportan políticamente al intendente de Merlo, Raúl Othacehé, un hombre que no es precisamente de izquierda, y que les parece a sus críticos algo insoportable. Cano salió para ser reemplazado por Gustavo Namías, un hombre que responde al jefe de Gabinete, Alberto Pérez, que es en quien Scioli descarga las tareas políticas.

También hubo otros desvelos, ahora de madrugada, en los lares del gobernador. El domingo, con las primeras horas del alba comenzaron los movimientos en la residencia de «Villa La Ñata». Un grupo de jóvenes con atuendos casi de carnaval ingresaron con el paso cansado pidiendo albergue. Era el elenco completo de Los Wachiturros, emblema de la música del conurbano que mezcla los ritmos de bailanta con la moda de marca en ropa, que buscaba descansar antes del partido que tenían comprometido con el equipo de fútbol 5 del dueño de casa. La popularidad de ese grupo, al que el gobernador incluyó en uno de los recitales de verano de Mar del Plata de más concurrencia, le da la oportunidad de ejercer, como otras formaciones, el relevo generacional. ¿Por qué siempre Cacho Castaña, Montaner o Julio Iglesias? En el sciolismo hay aire para los jóvenes, de cuyo ingreso a la política se ufana, como novedad, el kirchnerismo, con títulos a discutir, porque el macrismo en sus orígenes fue un movimiento de jóvenes en Capital. Hubo un subbloque de Macri en la Legislatura que recibió el nombre de «Festilindo» por la juventud de sus integrantes, algo que repitió el jefe de Gobierno cuando integró su primer gabinete. También el sciolismo se abre a las nuevas generaciones, y más si vienen del territorio hostil de los Sabbatella, Morón, como estos Wachiturros. Varios de los integrantes del equipo han jugado en equipos de la AFA y eso fue un desafío para los jóvenes de «La Ñata». Pese a esos antecedentes, los músicos debieron someterse a los rituales como pararse en la cancha, dar pelea pero reconocer después la derrota en ese juego, esta vez por 18 a 9, lo que se dice una paliza, aunque el encuentro tuviera fines benéficos.

Da los últimos coletazos el verano, que se despide con actividades de fin de febrero, cuando bajan los costos, y permite algunas reuniones de empresarios, como la que concentró a centenares de productores de girasol en las cercanías de Miramar para escuchar a expertos de empresas que desarrollan productos para ese cultivo. Un campo experimental de Paraje La Ballenera, partido de General Alvarado, sirvió para que discutiesen empresarios emblemáticos como Gustavo Grobocopatel -que no sólo hace soja- con gente venida de Serbia, Rusia, Ucrania, Rumania, Francia, Turquía, Sudáfrica, Eslovaquia, Alemania, España, Hungría, China, India y los Estados Unidos. El interés de la reunión es que la Argentina hace ya tres años que exporta semillas de girasol a Europa, en donde ya el 10% de la superficie de esa oleaginosa se hace con genética argentina. Allí se congregaron directivos y expertos de las principales empresas que aportan, entre otras cosas, el primer gen argentino, el CL Plus. En estas circunstancias, cuando se habla de semillas, es difícil no recordar a pioneros en la materia como Francisco Firpo, cuyo recuerdo estuvo en las palabras de «Baby» Romano y de su amigo Pablo Bergada. Los visitantes descansaron de sus largas caminatas por esos campos marítimos con un opíparo asado servido en Miramar. Los extranjeros pudieron apreciar buena carne y buen vino en compañía del intendente local, Patricio Hogan, que es hijo del intendente anterior y exdirector de la escuela agrotécnica de esa ciudad y nieto de un exministro de Agricultura. Se trata de Carlos Hogan, titular del área en el gabinete de 1952 y que era, junto a Antonio Cafiero, uno de los ministros más jóvenes de ese equipo. La fiesta terminó en el Sheraton de Mar del Plata -fue el quincho más encumbrado del fin de semana largo-, donde el presidente de la asociación de productores de girasol, Ricardo Negri, y el profesor de la UBA e investigador del Conicet, Antonio Hall, dieron por inaugurado el congreso. Hubo allí también clima de fiesta porque ese cultivo fue poco castigado por la feroz sequía que azotó la zona núcleo y que matizó muchas de las conversaciones entre los especialistas vernáculos. También se congratularon algunos del resultado de la experiencia de desplazar el cultivo del girasol de la mejor tierra en beneficio de la soja, que según esos expertos no ha sido feliz porque allí la soja no dio los resultados esperados. Otro aporte que se discutió fue la calidad del aceite de girasol de alto oleico, que puede darle al aceite una calidad casi tan alta como la del aceite de oliva, y que está muy difundido en Estados Unidos y en Europa, pero que aún el mercado local no paga para favorecer su desarrollo. Para el final, un broche local de lo mejor, el recital de Polo Román, el salteño ex-Chalchalero que vive en Mar del Plata y que actúa solo y suena como si fuera un conjunto.

Final con una viñeta del cumpleaños doble de ministros macristas. Habían cumplido en el mes que termina Daniel Chain (60, apareció con pantalón al tono con la celebración carnavalesca, de fuerte color rojo) y Néstor Grindetti (57) y al primero se le ocurrió promover un festejo con amigos de la política. Fue el domingo por la noche, a metros del Palacio de Gobierno porteño, en el salón Pericles de la calle Bolívar 430. Como había abstinencia de fiestas por la tragedia de Once que oscureció los festejos de Carnaval, hubo más de 150 asistentes. La mayoría de los ministros, entre ellos Esteban Bullrich, a quien felicitaban por haber cerrado el acuerdo docente que permite hoy que en la Capital haya clases; Jorge Lemus, estrella total por el operativo que permitió atender a más de 700 afectados por el accidente de Once a través del SAME; Diego Santilli, Francisco Cabrera, Andrés Ibarra, Carolina Stanley, Miguel de Godoy y, a falta de Macri, la vicejefa María Eugenia Vidal con su marido Ramiro Tagliaferro. En torno de las cuatro tortas se juntó además un malón de legisladores (Raquel Herrero, Lía Rueda, Karina Spalla -la mujer de Grindetti-, Enzo Pagani, Lidia Saya con su esposo Carlos Walter -director de Rentas-, Rogelio Frigerio, el rabino Sergio Bergman, Gladys González, Jorge Triaca y, entre otros, el exlegislador Alvaro González.

Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte.

Un día un hombre se levanta y advierte que su miembro viril había aumentado levemente de tamaño. A partir de ese día sus erecciones son más prolongadas y frecuentes. Obviamente, tanto él como su esposa están encantados con el fenómeno. Sin embargo, el crecimiento no se detiene, y empiezan a preocuparse porque el órgano cobra dimensiones desusadas. Por eso deciden consultar a un eminente médico. El especialista revisa al paciente y dice:

-¡Qué raro! ¡Es un caso rarísimo, uno en millones! No se preocupen: esto se soluciona fácil con una pequeña cirugía.

El matrimonio cruza miradas, inquieto. Y la mujer pregunta:

-Bueno, está bien. ¿Cuánto tiempo va a tener que andar mi marido con muletas?

Extrañado, el médico dice:

-¿Muletas? ¿Y para qué va a necesitar muletas?

-Bueno, porque supongo que lo que usted está pensando es alargarle las piernas, ¿no?

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