Charlas de Quincho

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Quinchos que se inician con inconvenientes aéreos: tras la avería de una turbina del Tango 01, la Presidente debió hacer noche en Río Gallegos: el cambio de planes no le impidió, sin embargo, seguir coordinando (por ahora, en «mesa chica») uno de los temas fundamentales hoy para el Gobierno, el proyecto de reforma constitucional, o sea, de re-reelección. Se interesó también Cristina de Kirchner en el inminente viaje de su canciller a territorios estratégicos, como Indonesia y Armenia. En la provincia, el gobernador reveló al fin que será abuelo, sin que la alegría lo distraiga de su preocupación por la reforma fiscal. Continuamos con dos comidas importantes (en una de ellas se transformó una eventual interpretación canora de Macri en un planteo de su estrategia para 2015), y un cumpleaños futbolístico con una exestrella ofendida. Terminamos con un quincho truquero y otro artístico. Veamos.

Las tribulaciones del viajero frecuente alcanzaron a Cristina de Kirchner, quien el sábado debió trasladarse desde Río Gallegos hasta El Calafate en un avión privado contratado después de que se plantase una turbina del Tango 01. La nave permanecía ayer en el aeropuerto de esa ciudad a la espera de los técnicos que la repararán de modo de que esté lista para el compromiso en la última semana del mes, cuando trasladará a la Presidente y su comitiva hacia Nueva York para hablar en el mediodía del 25 de septiembre ante la Asamblea de la ONU, compromiso tópico de los Kirchner que, pese a que se trata de una rutina de agenda, funciona como el eje de la agenda internacional. Esa demora en el viaje obligó a la Presidente a pasar la noche del viernes en Río Gallegos, un problema porque la residencia familiar de la calle Marcarellos está en refacciones; por eso mandó a trasladar los equipajes y artículos que iban a El Calafate desde el avión presidencial hacia la nave que usaría el sábado. Después se fue a cenar a la casa de su hijo Máximo, en el barrio APAP, y desde allí se le perdió la pista. Si hizo noche en casa del hijo o si volvió a la suya en reparaciones queda en la privacidad de sus actos. Se había enterado estando allí de la nueva de Daniel Scioli, que será abuelo; el gobernador no le participó a nadie la noticia antes de revelarla el sábado en el transcurso de un partido en La Ñata, donde festejó un gol levantándose la camiseta naranja para exhibir otra con la leyenda de «Abuelo». Scioli lo sabía desde hacía dos semanas, pero quiso regular la publicidad en atención a la intimidad de su hija Lorena y sólo lo transmitió a pocos allegados antes del fin de semana.

La atención a estos acontecimientos familiares no distrajo ni a la Presidente ni al gobernador de darles alguna «sintonía fina» a problemas de gestión. La mandataria es mirada por la primera línea del Gobierno para que les dé luz verde a algunos proyectos. El de la reelección lo habilitó, por ahora, de puertas adentro y fue el tema de la publicitada cumbre de la mesa chica del kirchnerismo el miércoles en el tercer piso del palacio de los Diputados, en un lugar elegido por su peso simbólico, el despacho que se previó para oficina de Néstor Kirchner, pero que nunca llegó a usar y que es sede de conciliábulos discretos del kirchnerismo puro, una forma de darle trascendencia a un debate que a veces replican otros que se hacen a la luz del día. De esa cita, recibió un informe más que optimista sobre la suerte del proyecto de reforma con reelección, y un atisbo de cronograma que pretende adelantar debates en prevención de fracasos. Por ejemplo, si plantear el proyecto antes de las elecciones de 2013 de manera de que en octubre del año que viene ya se elijan convencionales constituyentes, arriesgando para la primera mitad del año la suerte final de la iniciativa en una campaña electoral en la que pueden o no lograrse los votos necesarios. Otra opción es esperar al resultado de las elecciones legislativas en las que la oposición, que ganó en 2009, entrega muchas bancas que le puede costar renovar. Apurar el proyecto para antes de esa elección tiene el costo de que si no se logra crear el clima para una reforma, se adelantará la disipación de poder que compromete a cualquier Gobierno, en cualquier país del mundo, cuyo mandatario no tiene reelección. De esa reu-nión salió la consigna, obvia pero que tiene que expresarse de alguna manera, de que la mejor candidata para 2015 sigue siendo Cristina de Kirchner. Lo demás, en el fin de semana presidencial, fue casi de rutina, como recibir informes previo a los viajes de dos ministros al exterior; Héctor Timerman salió anoche hacia Indonesia con temas lacrados para conversar con ese país que integra el G-20, y que además es uno de los principales productores de biodiésel y tiene problemas en los mercados parecidos a los de la Argentina con ese producto. De ahí sigue el canciller a tres países más, entre ellos Armenia, adonde llegará a media semana con un grupo de empresarios encabezado por Eduardo Eurnekian que, como se sabe, es por ahí casi un local. El otro ministro itinerante es Julio Alak, quien espera ser reconocido -el país, claro- en la Universidad de Cambridge por los avances en la legislación antilavado. Habla en una conferencia que organiza un centro dedicado a estudiar los delitos financieros -para que no ocurran, se entiende- que eligió a la Argentina y a China como países que salen de una etapa de economía negra con más rapidez que otros.

Más apurado, pese a las alegrías del inminente abuelazgo, Scioli acortó las sobremesas de La Ñata para orejear el mazo legislativo: en horas tiene que presentar el proyecto de nueva reforma fiscal que le aportará más de $ 1.200 millones a la tesorería bonaerense. La mirada, simuladamente, se dirige a la oposición, pero la preocupación de fondo es cómo actuarán ante ese proyecto las fuerzas que se reportan al vicegobernador Gabriel Ma-riotto, que hasta ahora promete apoyo, pero desde el sciolismo le reclaman seguridades porque, si no, suspenden el envío del proyecto. Con ese monto, más los efectos de la reforma anterior y los u$s 200 millones que pueden entrar en octubre por la colocación de otro bono «dólar link» -como les gusta ahora decir a los bonaerenses para describir la tasa enganchada al dólar- en los cuarteles del gobernador creen que habrá un final de año feliz y sin angustias.

La gastronomía política se ha convertido en el formato dominante de la actividad, con un Congreso con las luces casi apagadas y la pelea entre partidos y dirigentes limitada a festivales mediáticos en los que se discuten las noticias de la semana, muchas veces fruto del ingenio periodístico más que de la capacidad de los políticos de construir proyectos. Por esa razón fatigaron los restoranes y salones de la Capital y conurbano Mauricio Macri (tuvo una comida por día, por lo menos), Hugo Moyano, José Manuel de la Sota, con intervenciones que fueron recogidas día a día. De esos encuentros elegimos, en honor a la síntesis y a la importancia, dos de ellos. Uno es la cena que organizó el lunes el ministro porteño Esteban Bullrich con casi un millar de empresarios jóvenes de todo el país para fidelizar la organización G-25, que aspira a inocular macrismo entre los jóvenes. El «key speaker» fue Macri, presentado por el cómico Miguel del Sel y Bull-rich. La intervención del político santafesino incurrió en novedades de marketing, como cantar una canción de Rubén Blades o reírse de otro orador, Guillermo Dietrich, diciendo que si llega a gobernar Santa Fe «ni en pedo pongo bicisendas». Macri aprovechó la canción de Del Sel para bromear con una orden a la seguridad de que cerrase las puertas del salón porque ahora el que iba a cantar era él. El auditorio, muchos jóvenes de empresas que compraron mesas, funcionarios de la administración porteña y una rareza ajena -Patricia Bullrich, acompañada como siempre del poeta Guillermo Yanco- tuvieron el privilegio de escuchar de boca del jefe de Gobierno el desarrollo de un plan político, tema del que no suele hablar. Describió la tarea para una elección ganadora en 2015, que deben llevar adelante también los empresarios, discutiendo de política adentro de sus empresas. Recorrió el mapa de los grandes distritos, y de a uno, mostró cómo se pueden tener resultados ganadores en un padrón que representa el 70% del electorado. El resto, dio a entender sobre las provincias que no son Buenos Aires, Capital, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos, no importa porque las elecciones se ganan ahí.

El otro dato que pudo recogerse en las mesas, donde se sirvió un menú centrado en el «Cordero Hilton», que repite la receta del cordero recocinado por horas y desmenuzado para servirlo en forma de cono, fue la constancia de la resistencia de Gabriela Michetti a ser candidata por el macrismo en la provincia de Buenos Aires. Recorrió varias mesas en donde le preguntaron sobre ese proyecto y respondió que nadie la había convencido de las bondades de salir del distrito Capital, que no podía repetirse el rol de ella como juntavotos, y que había que pensar en otras fórmulas. Claro que no cerró el debate: repitió que en octubre daría a conocer la decisión final, pero todo lo que argumentó fue para rechazar esa idea de ir por Buenos Aires. Nadie explica tampoco en el macrismo qué quiere la fuerza para ella en Buenos Aires. No está decidido -es la razón de estas idas y vueltas- si el macrismo no volverá en 2013 a hacer una alianza como la de 2009 con Francisco de Narváez, a quien Macri, más allá de los reproches que le hace en privado, sigue considerando un buen candidato. Lo que nunca admitiría Michetti es ir como segunda en la lista encabezada por el «Colorado».

Tanta espesura política había que cortarla con algún quincho más festivo. Para eso referimos dos cumpleaños. El primero, los 79 años del médico deportólogo «Cacho» Paladino, una de las leyendas del fútbol criollo, que se celebraron en la parrilla La Raya el lunes, en la mesa de los tenores (llamada así por la estridencia de las voces de quienes la integran), esta vez ampliada. Estaban allí dos Basiles -Coco y Chicho, exdiputado duhaldista-, «Mostaza» Merlo, Carlos Babington, el exdiputado y protocandidato por la UCR a una senaduría porteña el año que viene, Rafael Pascual, y otros amigos. Era todo una fiesta hasta que «Coco» Basile levantó la copa y comenzó a hablar para ofrecer el brindis. A un gastronómico de la casa se le ocurrió servirle al anfitrión una copa de vino con la mano cruzada -lo entienden estos los expertos en quincho-, lo cual obligó a un comentario del comensal. Basile se sintió agraviado por la interrupción, cortó el discurso y se fue a sentar a otra mesa, donde se embutió en una charla con «el Inglés» Babington. Costó aplacarlo pese a intentos de otros invitados que tomaron la palabra para que volviese, pero se enojaron otra vez cuando alguien mencionó lo innombrable: quiénes de esas mesas ya legendarias pagan la cuenta y quiénes son invitados de la casa. De eso, señores, no se habla.

El miércoles fue noche de «Rodi Cup» en el salón Art Deco de «Tango Porteño», a pocos metros del Obelisco, en donde se desarrolló otra entrega de esta competencia que es como una Davis del truco y que lleva el nombre de un reconocido exégeta del derecho que fue su creador y al que todos conocen por «Rodi». La crudeza del torneo es tal que puede resumirse en la consigna «Para los ganadores, todo; para los perdedores, ni justicia». En esta ocasión la copa en juego llevaba como aditamento el nombre de una diva argentina y un coronamiento con dos réplicas de collares donados por un joyero paraguayo que quiso mantenerse en el anonimato. Las parejas de juego llegaron temprano y departieron una exquisita cena con buen vino y otras bebidas que se fueron consumiendo durante toda la noche. En las mesas se entremezclaban empresarios, como Rafael Garfunkel, Marcelo Figueiras, Diego Maser, Gustavo Weiss, Esteban Baume y Luis Cella, con algunos reconocidos hombres de ley como el «Chino» Olivares, «Poroto» Val, Alfredo Lijo y Marcelo Rochetti. Había hombres de la política como los sciolistas Alfredo Siviero, escribano de la provincia; el titular de Aguas de Buenos Aires, Guillermo Scarcella, que no dejaba de hablar de la normalización del servicio en Bahía Blanca y las obras planificadas. Estaba también un ex- sciolista que ha pasado a ser asesor estrella de Francisco de Narváez, Javier Goñi, el magistrado «Pipi» Mancini y Jorge Gallelli, ambos vinculados al Tribunal de Disciplina de la AFA, y que fueron requeridos por más de uno que interesadamente quería escuchar sobre la embestida de la AFIP contra los empresarios del fútbol (seguramente tenían alguna fichita puesta). Tarde, como es su costumbre, arribó uno de los principales ministros de Mauricio Macri, a quienes algunos sindican como eventual compañero de fórmula, quien con cara de preocupación y teléfono en mano no paraba de gesticular. Quienes prestaron atención pensaron en algún nuevo conflicto con la recolección de residuos o la profundización del de los subtes. Pero nada que ver: estaba inmerso en cuestiones domésticas combinando el programa de sus hijos para el día siguiente, tareas delegadas por su esposa que se encuentra de viaje. En el torneo, al ministro, caracterizado hincha de River, le tocó jugar de compañero con el peluquero Fabio Cuggini, pero la suerte les dio la espalda y fueron eliminados rápidamente. Para rematar la mala noche uno de los mozos cuando lo vio perder disparó a mansalva una frase lacerante: «¡Ah... llegaste último y te vas primero!», ante lo que su rojo natural se vio acentuado como zarzamora en llamas y sin decir palabra se retiró del lugar mascullando bronca por lo bajo, mientras partía a su domicilio a acostar a sus hijos, cumpliendo su rol de padre ejemplar. Los que decepcionaron en su primera participación fueron Luis Cella y Rubén Mousali (una de las sombras de Daniel Scioli), quienes llegaron como una de las parejas favoritas y fueron eliminados en un trámite exprés. Muchos preguntaban si Alfredo Cahe no sería un buen sustituto para la próxima. Pero esta «Rodi Cup» tuvo un lamentable e inesperado final cuando la pareja de Javier Goñi y Gustavo Weiss, que salieron segundos, fueron compensados con parte del premio por los ganadores, el Dr. Alfredo Lijo y «Poroto» Val; abogados tenían que ser. La situación fue rápidamente denunciada al Tribunal de ética, que decidió eliminar a las dos parejas y dejar vacante la entrega del premio, borrando el grabado del nombre de los ganadores de la copa. No se descarta que haya sanciones para las parejas finalistas, protagonistas de un papelón para el olvido que contó con el repudio de todos los presentes, quienes se retiraron al son de la consigna «La Rodi Cup no se mancha».

El sábado, el día primaveral y la apertura del flamante Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires justificaron el madrugón de artistas y operadores culturales. Quienes esperaban a las 10 de la mañana una vernissage con medias lunas y café con leche se equivocaron. Allí, en la calle San Juan, se celebraba desde temprano con champán y bocaditos. Ante la fachada vidriada del MACBA, los gestores del emprendimiento, el broker de la Wells Fargo, Aldo Rubino, y su mujer, la bella arquitecta e historiadora de arte Coni Cerullo, recibían a los invitados. La muestra -vale la pena verla- pone el acento en la abstracción, el fuerte de una colección de 150 obras. Para presentarla llegó el curador estadounidense Joe Houston, quien ideó una exposición estratégica. En los 1.500 metros del MACBA, las obras de artistas de España, Canadá, Francia, EE.UU. y Venezuela, entre otros internacionales, establecen un diálogo fecundo con las de los argentinos Manuel Espinosa, Marta Minujín, Rogelio Polesello, Julio Le Parc, Luis Tomasello y Guillermo Kuitca. Así, varios de los presentes festejaban estar a la par de los grandes del arte en el mundo. Entretanto, en el balcón del sexto piso se cruzaron temas urticantes. Ángel Navarro negó terminantemente haber organizado la muestra de Soldi en el Museo Fortabat, mientras Santiago Bengolea criticaba la insensata pelea entablada por la institución lindera, el Museo de Arte Moderno, contra alrededor de 700 artistas. «¿Cómo puede ser que les manden la Policía?». Los funcionarios porteños negaban el gesto de censura y pretendían justificar lo injustificable. Las imágenes hablaban por sí mismas. Allí estaban los artistas Beto De Volder, Yuyo Noé, Fabián Burgos, Gachi Harper, Charlie Squirru y Dalila Puzzovio, Delia Cancela y Karina Peisajovich, quien aclaró que se trata de una genuina protesta, aunque no faltan medios que los humillan diciendo que es una obra, una performance.

Para escuchar esta versión estaban los operadores culturales Alejandro Corres con su mujer, Sarita Smith Estrada; el director del Museo de Bellas Artes de Neuquén, Oscar Smoljan; el presidente de arteBA, Facundo Gómez Minujín, con Marta, su mamá, Julia Converti y Felisa Larivière; Claudio Massetti y Alejandro Vivone del Gobierno de la Ciudad; Florencia Solanas Pacheco, Luis Ovsejevich, Sonia Becce, Marina Pellegrini, Álvaro Castagnino y, entre otros, los académicos Ricardo Blanco y Matilde Marín. Se habló de la gestión de Guillermo Alonso, director del Museo de Bellas Artes que acaba de terminar una restauración donde se luce la arquitectura de Bustillo, desdibujada hasta hoy por laberínticos paneles. Alonso utilizó los recursos del Estado en una obra faraónica y (oh, milagro) devolvió el dinero sobrante.

Vamos a terminar con un chiste sutil. Un hombre está en el supermercado esperando pagar, y al final de la cola ve a una bellísima rubia. Para su sorpresa, la joven le sonríe, luego se le acerca y

-sin perder la sonrisa- lo saluda. Asombrado, el hombre le pregunta: «Perdón... ¿nos conocemos?»

«Claro. Sos el padre de uno de mis chicos...».

Desconcertado, el hombre trata de recordar, y desde el pasado le vuelve la imagen de su despedida de soltero, una orgía a la que sus amigos le llevaron una rubia espectacular. Y le dice a la chica: «No puedo creerte que seas la que hizo strip-tease sobre la mesa de billar, y con la que después nos trenzamos en una noche de sexo salvaje frente a todos mis amigos. ¡Qué noche, por favor, qué noche! Pero... ¿tuviste un hijo mío y no me avisaste nada?». Ya sin sonrisa, la mujer le responde: «No. Soy la profesora de inglés de tu hijo».

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