CHARLAS DE QUINCHO

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Como la canción de Sinatra, la comitiva presidencial a Nueva York parecía «Strangers In The Night» antes de las conferencias y ágapes (que incluyen también a Washington). Cristina de Kirchner, Héctor Timerman y Jorge Argüello cenaron en mesas y lugares separados. Con este paisaje melancólico abrimos la primera parte de los quinchos de este fin de semana largo, que continúan en la Gran Manzana con los entretelones de la portentosa ONG de Bill Clinton. Continuamos con otro quincho internacional, el de la boda de la nieta del legendario cacique político Ideler Tonelli (e hija del diputado macrista Pablo Tonelli), que se celebró en Punta del Este, sin que el escenario estuviera reñido en su caso con el ideario político: los temas intrigantes, por encima del volumen de la música, fueron los cacerolazos y el peronismo entendido como una «mamushka» rusa con sorpresas adentro. Continuamos con el desayuno quinchesco de un grupo conservador en Recoleta, y terminamos con dos reuniones elegantes: la de una fundación en el hotel Alvear y una avant première shakespeariana top. Veamos.

Se hablará en algún momento (en particular, en la prensa que observa la conducta de los políticos desde el ángulo de la psicología) de un rubro que fascina pero que no explica mucho en una actividad en donde la necesidad domina por sobre la voluntad individual, de las soledades del Mandarín, a propósito de Cristina de Kirchner, quien llegó ayer a mediodía al hotel Mandarín en la soledad más absoluta y se encerró en su habitación para no salir hasta media tarde, cuando lejos de las miradas hizo una caminata casi aeróbica junto a Carlos Zannini, vestida con un conjunto negro de neoprene, zapatillas y gorra con visera, también negras. No la acompañaron familiares -como ocurrió en algún momento con su hija Florencia, vecina hasta hace algún tiempo de Nueva York-. En el pequeño avión arrendado apenas estaban Zannini y el vocero Alfredo Scoccimarro, con quienes la Presidente se reunió durante algunos minutos para algunos arreglos de agenda del viaje que inicia hoy y hasta el jueves con el propósito de tres intervenciones, la de la ONU mañana, el miércoles en Harvard y el jueves, antes de regresar por la noche, en Washington. Desmontó la abultada comitiva de otros años antes de salir de Buenos Aires; a Julio De Vido le indicó que hoy viaje a China e India por un asunto de represas y hasta dejó en Buenos Aires -en realidad en Mendoza, donde estaba ayer- a la nueva representante en la ONU, Marita Perceval, cuyo debut le podía dar alguna emoción a este viaje de soledades. En realidad, aún no ha sido designada. Cristina de Kirchner firmará el decreto a su regreso a Buenos Aires, junto a otros, quizá también el del nuevo representante ante la OEA, silla a la que algunos apuntan para el actual director nacional electoral, el radical Alejandro Tullio. A solas también se fue a almorzar el frugalísimo Héctor Timerman, que se pasó la tarde hurgando novedades en el New York Times e igualmente solo lo hizo el no tan frugal Jorge Argüello -pelea con el sobrepeso con éxito- con su esposa Erika Grinberg. Solo se quedó el «Corcho» Scoccimarro redactando comunicados para tratar de lograr algún titular con nervio, como la confirmación de la reunión a solas de Cristina de Kirchner con el presidente de Egipto Mohamed Mursi, un hombre que sale de la novísima política, como que llegó al cargo después de una revolución cruenta que nadie había imaginado podía ocurrir jamás en esas dictaduras árabes que parecían eternas, hecha con redes sociales y cacerolazos. Será seguramente mañana, en algún salón de la sede de la ONU, donde la Presidente tiene previsto hablar después de mediodía.

De ese repaso sumario de la agenda antes de embutirse, sola, en su suite, salieron más dudas sobre si la delegación argentina -en realidad, Timerman- aceptará el pedido de reunión del canciller de Irán Alí Akbar Salehi. «No vamos a contestar a esa pregunta», repitieron los funcionarios que estaban en el hall del hotel Mandarín cuando los periodistas pidieron alguna precisión sobre esa cita. Tampoco hubo claridad sobre la asistencia de la Presidente esta noche a la cena -en el Waldorf Astoria- que le ofrece Barack Obama a los jefes de Estado que van a la Asamblea de la ONU. Las dudas las explica el protocolo: si hay oportunidad de una foto de los dos, seguro que asistirá. Si no, no vale la pena, más cuando Cristina tiene el día libre, salvo para la eventualidad de recibir en el hotel al CEO de la Exxon, Rex Tillerson, y al empresario George Soros y la asistencia, al atardecer, a una muestra sobre Eva Perón en el consulado argentino en Nueva York. Esta austeridad de la comitiva pareció alentar el cuentapropismo de políticos y empresarios para sumarse, aunque fuera de manera lateral, a lo que es en realidad el comienzo de dos semanas de argentinismo en la Gran Manzana, que comienza con esta visita presidencial y sigue la semana que viene con algaradas como los fogones que va a montar el cocinero Francis Mallman en la 42 East 20th Street, un show argentino organizado por el célebre Michael Anthony, el chef del restorán Grammercy Tavern, premiado como el mejor cocinero de Nueva York por el menú y el ambiente de ese comedor que suele frecuentar, entre otros, Bill Clinton. Después viene el turno macrista para la ciudad, con la llegada de una tanguería ambulante que trae el ministro Hernán Lombardi, que incluye al conjunto del hijo de Astor Piazzolla, que tocará en el mismo salón del Council of the Americas en donde comerá y hablará este viernes el «Mago» Miguel Galuccio en el cierre de su road show ante inversores de los Estados Unidos, buscando socios para levantar los negocios de YPF. Para mirar y acompañar este desembarco criollo en tierra de infieles comienzan a llegar hoy otros curiosos, como el sindicalista Víctor Santa María, quien se ha anotado para acompañar a la Presidente el jueves a la conferencia en la Universidad George Washington, donde se inaugura una cátedra permanente dedicada a la Argentina. Ya están allá Eduardo Eurnekian, uno de los sponsors de esa cátedra y que no se pierde ninguno de estos viajes. Estuvo en junio en Nueva York cuando Cristina de Kirchner participó de la reunión sobre Malvinas en la ONU y en la reunión del Council. Después acompañó a Timerman en Armenia -compartieron una cena a solas en Ereván- y estará en Washington junto con uno de sus asesores, Eduardo Valdés, exlegislador y exjefe de Gabinete de la Cancillería, quien llega también hoy a Nueva York. A ese grupo se agregarán, en subrepticio goteo, otros argentinos que seguramente estarán todos el viernes, junto a Galuccio, en el Council, ya cuando la Presidente esté de regreso en Buenos Aires.

A propósito de Clinton, ayer abrió en el hotel Sheraton de la 6ª Avenida la cumbre de su ONG Clinton Global Initiative, que hace todos los años para competir con la Asamblea de la ONU, con un acto en donde presentó un elenco que no puede mostrar ni un presidente de su país. Están, entre otros, la reina Rania de Jordania, el secretario de la ONU Ban Ki-moon, el presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim y el CEO de Walmart, Michael T. Duke. Clinton sigue demostrando que no es necesario tener cargos, sino dinero, que recauda a paladas en todo el mundo, para hacer política con más eficacia que los gobiernos. En esa organización los empresarios hacen cola para poner millonadas con el compromiso de presentar proyectos y después les toman examen sobre si los realizaron o no. Si no, los dan de baja, pero ya tienen su foto con Clinton, que vale más que mil palabras. En vida de Néstor Kirchner, el matrimonio asistió a esa cumbre a la que siempre están invitados, pero desde que Cristina es Presidente no ha aceptado formar parte de paneles.

El fin de semana largo ralearon mucho los quinchos, tanto que hubo que salir a buscarlos más allá de las fronteras, por ejemplo a la Quinta de Arteaga, una chacra a 12 kilómetros de Montevideo, donde Lucrecia Tonelli y el abogado uruguayo Diego Mongrell celebraron su boda. La novia es la hija del diputado macrista Pablo Tonelli y, tanto o más importante, la nieta del legendario Ideler Tonelli, que fue diputado de la UCRI en tiempos de Arturo Frondizi, ministro de Raúl Alfonsín e interventor en Corrientes bajo el menemismo. Lúcido a los 88 años, concentró la atención en las mesas donde había argentinos, la mayoría perteneciente al palo macrista, como Federico Pinedo, Omar de Marchi (demócrata de Mendoza), Gabriela Michetti, Silvia Majdalani, el exdiputado Julián Obiglio -armador nacional del macrismo junto al binguero y presidente de Boca Daniel Angelici-, el neomacrista Eduardo Amadeo y el exministro duhaldista, vinculado en su momento como diputado también a Mauricio Macri, Jorge Reinaldo Vanossi, acompañado de su bella mujer, Sara Llorente, y, entre otros, el banquero Edgardo Srodek y el exprocurador adjunto de la Ciudad de Buenos Aires, Carlos Guaia. Esperaban asado, pero les dieron lomo con papines. Esperaban estos invitados sumarse a alguna conspiración política, pero el volumen de la música dedicada a la mayoría de jóvenes presentes los aturdió y los obligó a alzar la voz por sobre los ritmos de The Beatles (afición principal del novio). Por eso pudimos saber mucho de lo que hablaron. Primero de la resignación de Michetti a ser candidata a diputada nacional por Buenos Aires el año que viene, algo que ya se contó en estos quinchos y que «Gabi» se ha ocupado, de a poco, de filtrar a la prensa. Aunque todos ya suponían que acompañará a Pinedo en el ticket para la senaduría por Capital, ella puso cara de póker mientras los demás hablaban. Deslizó que le queda todavía una reunión a solas con Macri (que estaba invitado al casamiento pero prefirió quedarse en su quinta de Del Viso a jugar al fútbol y acompañar una muestra gastronómica en el Planetario) para hacer un anuncio formal.

La charla en la quinta de Arteaga, entre los argentinos, trató de buscar alguna claridad entre tantas perplejidades de las que ofrece la agenda política. Primero, qué suerte política pueden correr las manifestaciones vecinales como el cacerolazo de hace dos semanas. Todos estos opositores miran con cariño esas algaradas, pero saben que si se meten los políticos, se desvanecerán, porque esos vecinos, creen, salen a la calle porque no sólo están enojados con el Gobierno, sino también con la oposición. Vanossi contó que le tocó estar hace dos sábados en San Rafael, Mendoza, y que vio una manifestación vecinal en rechazo de las reformas al Código Civil y Comercial, una rareza en materia de protestas que nadie pudo prever y que, en realidad, nadie entiende por lo hermético del asunto, salvo el rechazo que en sectores conservadores y eclesiásticos tienen las reformas al régimen de familia. San Rafael, recordaron, tiene uno de los obispos más ortodoxos de la Argentina, Eduardo Taussig, y eso puede explicar esa protesta mendocina. También hubo especulaciones sobre el futuro de Hugo Moyano, que fue hombre fuerte del sindicalismo kirchnerista y que, pasado a la oposición, se saca fotos con todo el arco enfrentado con el Gobierno. Desconfían estos políticos de la andadura política de estas exhibiciones, más cuando el camionero ha dicho que no es candidato en 2013 o, como advierte Luis Barrionuevo, siempre queda la duda sobre qué haría Moyano si el Gobierno busca alguna reconciliación. Los sindicalistas argentinos, se escuchó en una mesa, están hechos para arreglar, no para pelearse con nadie, pero estas adhesiones que recibe Moyano generan por lo menos envidia entre los políticos.

Vanossi, experimentado político -conoce al radicalismo y al peronismo por dentro- y uno de los que tiene desarrollado un temperamento irónico inusual, desplegó su hipótesis de las mamushkas o muñeca rusas que se abren y contienen otras muñecas más chicas, para especular sobre lo que va a pasar de ahora en adelante. Centró las claves en el peronismo, que dijo es una suma de mamushkas que tiene que revelar qué tienen dentro. Una mamushka, dijo, es el cristinismo, que tiene que abrirse y ver qué tiene dentro y qué van a hacer sus integrantes si hay o no reelección. Otra mamushka es el kirchnerismo, que es más amplio; otra, el Frente para la Victoria, y otra el PJ, todas con otras muñecas escondidas que no se sabe qué contienen. Puso énfasis en la conducta de Daniel Peralta, gobernador de Santa Cruz quien, dijo, revela una punta de lo que pueden llegar a hacer los demás gobernadores peronistas, que mantienen silencio sobre el proyecto de reelección presidencial y que van a jugar al final como siempre, recién cuando todos hayan mostrado sus cartas.

Resignados a permanecer en casa el fin de semana, un grupo de conservadores improvisó el sábado por la mañana una reunión en el bar La Biela, a la hora del desayuno, para concertar -junto a modestas medialunas y café con leche, con lo cual también se puede armar un quincho- una actividad en la que esperan relanzar alguna formación con destino electoral. Eran dirigentes de la llamada Confederación Demócrata Federal como Alberto Allende Iriarte (titular del Partido Demócrata de la Capital), Ricardo López Murphy, José Antonio Romero Feris, Andrés Grau (presidente del Partido Demócrata de Mendoza) y los exdiputados Nora Ginsburg y Carlos Caballero Marti (del Partido Demócrata Progresista de Santa Fe). Quienes juntaron ánimo para lanzar una cumbre en Mendoza el 20 de octubre a la cual dicen haber comprometido a otras estrellas, como el exsenador por Salta Ricardo Gómez Diez a la actual diputada de Jujuy Isolda Calsini, y al exdiputado Jorge Enríquez. La reunión la han bautizado el «Grito Federal» y lanzarán un documento en contra de la reforma de la Constitución y de la reelección. Otra rareza de la política criolla esto de que los conservadores se llamen «federales» cuando su referencia es la tradición política de los unitarios del siglo XIX y que juntan para palearlo a un gobierno como el actual que reivindica a las figuras federales del siglo XX, pero gobierna con un formato unitario. El grupo piensa anotarse en once distritos (uno de ellos Santa Fe, donde el Partido Demócrata local está a punto de obtener su personería) en un Partido Demócrata Autonomista. Bastante rédito para un modesto quincho de bar y billares (¿tuvo alguna vez billares La Biela?).

La cena benéfica de la semana con la asistencia empresarial más fuerte fue la de la Fundación Educando en el hotel Alvear el jueves. Bettina Bulgheroni la fundó en 2000 y ya tiene 119 sedes en 18 provincias. Entre los 350 asistentes estuvieron Alejandro Bulgheroni acompañando a Bettina, Mirtha Legrand, Bruno Quintana, Héctor Méndez (expresidente de la UIA), Juan Carlos López Mena (Buquebus), Alberto Taquini, German Neuss, Enrique Garrido, el embajador de Uruguay Guillermo Pomi Barriola, Gustavo Castagnino (Mercedes-Benz), Guido y Mónica Parisier, Carlos Pulenta y entre otros, Mariano Yesse. Hubo un recital con baile del Chaqueño Palavecino con todos sus músicos, quienes donaron su actuación. Entre el salmón ahumado con duxelle de portobellos, el lomo en salsa de tres hongos sobre gratén de papas y antes de que llegara el Triat de chocolate se habló mucho de la economía local y cómo llega de cara a las próximas elecciones legislativas de 2013. La sensación es que este año el crecimiento será del orden del 2%, pero sería bastante superior el año próximo. De nuevo, la Argentina sale bendecida por la recuperación de Brasil (se huele ya en la industria automotriz) y una mayor cosecha y mejores precios de granos. ¿Y los mercados financieros? La Argentina acompañó el despegue que tuvieron los papeles de mercados emergentes con Venezuela y Ucrania, por ejemplo. ¿Seguirá el alza? Si no hay anuncios en contrario, el silencio es salud financiera dado el hambre de rendimientos existentes en el mundo. El Boden 2015 deja un retorno del 10,5% anual en dólares (y paga en esa moneda aquí o en cuentas del exterior) para quien lo conserva hasta su vencimiento, un mes antes de las elecciones presidenciales dentro de tres años.

Terminamos esta primera entrega de los quinchos con una mexicaneada, porque setiembre es un mes especial para los nativos de México. La embajada lo demostró con calendario nutrido. Para comenzar, con un despliegue de cine, fotografía y música por doquier, sin que faltaran los sabores exóticos. Luego, la conmemoración del Día de la Independencia se hizo escuchar en la Plaza México -restaurada para la ocasión y más florida que nunca-, cuando mexicanos y argentinos dejaron oír sus voces y gritaron «¡Viva México!». La celebración continuó en la Embajada de México, en la bella casa de la calle Arcos y Virrey del Pino que supo abrigar el exilio de Héctor Cámpora y Juan Manuel Abal Medina (padre). Los anfitriones, el embajador Francisco del Río y Elena Calero, y el consejero cultural Ricardo Calderón, recibieron allí a políticos, empresarios y la cúpula del cuerpo diplomático internacional. Entre ellos, la embajadora de EE.UU., Vilma Martínez, sus pares de Francia, Jean Pierre Asvazadourian, e Italia, Guido La Tella, el encargado de negocios de Irán, varios representantes de las fuerzas armadas de distintos países latinoamericanos, y el Nuncio Apostólico, Monseñor Emil Paul Tscherrig, un arzobispo suizo que llegó este año a la Argentina, su primer destino en Latinoamérica, y parece sentirse cómodo; al menos, escuchó con dedicación a los mariachis. El comentario generalizado fue la llegada del presidente, Enrique Peña Nieto, que pasaría como una ráfaga en viaje previo a la asunción (estuvo con Cristina de Kirchner el viernes por la noche y antes pasó por Chile, donde se reunió con Sebastián Piñera y empresarios). La seguidilla inagotable de margaritas vino acompañada por tacos con guacamole, enchiladas y otras delicias, todo servido en grandes platos de artesanía azteca.

La gala anual de la Asociación Amigos del Teatro San Martín se celebró con el tradicional objetivo de buscar asistencia dineraria para nuestro Coliseo Metropolitano. Para esa noche de fiesta eligieron «Macbeth» y la letra encendida de Shakespeare, es decir, el estímulo del talento debería ejercer su efecto: tornar generosas las 550 celebridades convocadas por Eva Soldati. «Macbeth», una tragedia donde se cruzan la traición, la ambición y la muerte, un verdadero cortejo de furor poético, mantuvo a los espectadores durante dos horas y media, cinco actos sin intervalos, todos quietos en sus butacas, sin poder lucir su propio glamour. «No lo puedo creer», dijo suspirando una dama; luego confesó que había pasado la tarde con su maquilladora. Finalmente, se corrió el telón y llegó el anhelado momento de ver y ser visto. Atrás quedó la ficción y su trágico desenlace -creyeron algunos-, hasta descubrir que los actores los perseguían. En el foyer iluminado y cargado de bandejas, disfrutando del bufet froid estaban Norberto Morita, Alberto Sendrós, Virgilio Tedín Uriburu, Horacio Rodríguez Larreta, Camila Mackenson, Silvia Corcuera, Emilio Basaldúa, Silvia Pondal Ríos, José Miguel Onaindia, Carmelita Herrera Vegas, Francisco Soldati, Norberto Frigerio, Adriana Rosenberg, Daniel Chain, Mauricio Wainrot, María Casado, Roberto Villambrosa, Adela y Johnny Casal y Lily Sieleki. Pero, en efecto, los actores de «Macbeth» no les dieron tregua. Las brujas, obispos y labradores; las señoras opulentas, príncipes y damiselas; los pajes y guerreros, con sus trajes de época, trataban de discurrir con los invitados, hablaban hasta por los codos y pretendían alternar con espectadores que ya estaban en otras cuestiones. Les interesó a muchos saludar -casi con una reverencia- a Jorge Zorreguieta, el padre de la princesa Máxima de Holanda. Ella sí, una estrella verdadera, de la vida real.

Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte.
Mario tiene 85 años y vive en un elegante asilo de ancianos. Cada noche, después de la cena, se sienta en el gran salón del hogar para recordar su vida y sus logros. Una noche, Juana, de su misma edad, se le acerca y comienzan a conversar. La charla dura horas, hasta que Mario sorprende a su interlocutora:
- ¿Sabés qué es lo que más me gusta de la vida? El sexo.
- ¡Ja ja ja! Pero sin «ayudín» no podrías hacer nada, y acá no te dan la pastillita azul porque podría hacerte mal al corazón...
- Ya sé, ya sé... Pero he encontrado amigas que han hallado gran placer, y lo han dado, tocándome las partes íntimas. ¿Vos no harías eso por mí?
Juana lo piensa un momento y, sin decir palabra, abre el cierre del pantalón de Mario y procede a acariciarlo. Después de esa experiencia, acuerdan verse cada noche en ese rincón del salón para charlar y para practicar esa actividad extracurricular. Hasta que una noche Juana llega, busca a Mario y no lo encuentra. Durante varios días no lo ve. Pregunta al personal qué pasa con él y le dicen que está recluido en su habitación. Juana sube al cuarto de Mario, golpea y entra. Para su sorpresa lo ve acostado con otra residente haciendo con él lo que ella practicaba hasta pocas noches atrás. Enfurecida, grita:
- ¡Traidor, pensé que lo nuestro iba en serio! ¿Se puede saber qué tiene esta vieja que no tenga yo?
Mario, con una sonrisa beatífica, responde:
- Mal de Parkinson...

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