Charlas de Quincho

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Dominada la atención política por el flamante argentino en el trono de San Pedro, le contamos al lector algunas claves de estos días, empezando por el almuerzo de hoy (no sólo una mera audiencia) del Santo Padre y la Presidente. Este encuentro será, gracias a la determinante presencia de una abogada allegada al pontífice, mucho más que un quincho religioso, ya que se zanjará en él una división que -según algunos kirchnerólogos-, pone en peligro la unidad del Gobierno. También revelamos cuáles y a quiénes fueron los primeros llamados de Francisco al país y algunos de sus usos y costumbres que le depararán, con seguridad, más de una sorpresa al Vaticano. Hacemos lugar también para ágapes no papales, como una cumbre antisciolista en Paraná y el cumpleaños de un sindicalista legendario. Veamos:

La exaltación de los ánimos que produjo a media semana la elección del papa Francisco arrasó, es sabido, con todas las agendas. Hasta ese día permanecía en trámite de velatorio el cuerpo de Hugo Chávez y los locutores se distraían discutiendo quién heredaría su liderazgo, imaginando que lo ejercía más allá de las fronteras del bolivariato, y ponían a Cristina de Kirchner en ese escrutinio. Ya tienen al líder, Jorge Bergoglio, que pasa a ser, hasta nuevo aviso, una de las figuras más importantes de la Argentina en todos los tiempos, sólo por la altura de su silla y más allá de lo que haga o diga, o haya dicho o hecho. Esa exaltación de los espíritus desató un ajedrez fino y fuerte en la cúpula del poder, del cual son testimonios dos hechos que se conocieron ayer. El primero, que la cita de hoy en el hotel Santa Marta del Vaticano entre el papa electo y la Presidente se amplió a un almuerzo, no sólo a un contacto distinguido pero protocolar, como era hasta el sábado a la noche. En los alrededores de la Trattoria da Luigi, en la via del Corso de Roma, adonde concurrieron en la noche del sábado y del domingo los adelantados de la delegación argentina -Héctor Timerman, Guillermo Oliveri (secretario de Culto) y Juan Pablo Cafiero- se supo que la iniciativa de la reunión partió de Bergoglio y provocó el viaje adelantado de Cristina a Roma. Ese gesto le puso luz a un personaje del cual se va a hablar mucho en adelante y que es el verdadero enlace entre el Gobierno y el propio Bergoglio, monseñor Guillermo Karcher, un argentino que es funcionario desde 2001 en el protocolo de Vaticano y que es quien tiene hoy el celular del nuevo papa. Es, ya se contó en algunas crónicas, quien le sostenía el micrófono a Bergoglio cuando habló por primera vez desde el balcón apenas fue electo.



De ese trajín entre Roma y Buenos Aires salió la jugada de este lado, que es lo que premió la invitación al almuerzo a solas que será hoy a las 13.45 (hola de Italia) en el Santa Marta, de la cual se anotició por sorpresa la delegación oficial cuando partió ayer en Ezeiza: la incorporación de la abogada Alicia Oliveira, una de las allegadas más cercanas a Bergoglio y que significa en la petit histoire que refluyó en los últimos días sobre el pasado setentista del Santo Padre, la posición anti-Verbitsky. Oliveira es casi una leyenda dentro del peronismo y fue quien con más énfasis desmintió las leyendas que venían del periodista, y a las que se plegó durante algunas horas Nilda Garré, sobre un Bergoglio entregador de curas durante la represión clandestina de las guerrillas. Sumando a Oliveira a la delegación de los 12 que la acompañarán mañana en el corralito de la delegación argentina, Cristina zanja dentro del Gobierno una disputa que la evaluación del fin de semana fue diagnosticada como una desgracia para el oficialismo si prosperaba. El activista mayor para frenar esa pelea entre el Gobierno y el sector D'Elía-Verbitsky-Garré fue Guillermo Moreno, quien desde el miércoles, como contó este diario, intentó reprimir las voces críticas sobre la designación, que juzgó era un error descomunal. Se le atribuye haber acercado a Olivos la advertencia sobre una división del Gobierno, que él dijo haber percibido por primera vez y en serio desde 1983. Hay, se le atribuye al movedizo secretario de Comercio, un 80% del peronismo que festeja, quizá sin expresarlo, la designación de este "argentino y peronista", al que se enfrenta un 20% de progresismo que podría dividirlos sin entender lo que pasa. Este dictamen fue rápidamente entendido en el vértice del poder, de ahí que Roma diera, además del encuentro, comida, y que Buenos Aires la subiera a Oliveira, para que todos entiendan.



Este ajedrez pacificó los ánimos, algo cuya iniciativa todos coinciden en atribuirle al nuevo papa no sólo cual invitó a la Presidente a la reunión de hoy, sino que antes admitió el pedido de que la delegación argentina fuera más amplia y que no quedara limitada a los dos acompañantes que el protocolo admitirá mañana para cada mandatario que vaya a la asunción. Bergoglio, a través de Karcher, le comunicó ya el jueves a "Juampi" Cafiero que podían sumar hasta doce acompañantes. Ese gesto fue la antesala de la fumata Oliveira, que es lo que abre la tregua en una pelea que en realidad nunca existió. Obligó el trámite a que Oscar Parrilli abriera su despacho el sábado, donde recibió a la abogada y terminó de cerrar su incorporación al viaje. No es trivial esta decisión, porque es la victoria del sector Bergoglio dentro del Gobierno, que parecen haber entendido que más allá de lo anecdótico de que el Papa sea argentino es una oportunidad de valor inconmensurable. En esas charlas entre Olivos y el despacho de Parrilli hubo quien se entusiasmó y dijo: ¿Qué juez, organismo o acreedor se va a animar ahora embargar a un país que tiene el Papa? ¡Zafamos de todo! Oliveira no es prenda de acuerdo porque sí; es una dirigente legendaria en el peronismo. Fue en 1973 la primera jueza penal de Capital en la historia, fue el primer magistrado cesanteado el mismo 24 de marzo de 1976, fue la abogada que más pedidos de hábeas corpus firmó en reclamo de detenidos-desaparecidos con la singularidad de que no era parte, ni patrocinaba partidos ni familiar de detenido, sino que lo hacía por coraje y convicciones. Cercanísima a Bergoglio desde aquellos años, da los testimonios de lo que el nuevo papa hizo por los perseguidos de entonces. En 1979 redactó junto con Nilda Garré y el exembajador Mario Cámpora el informe del PJ presentado a la misión de la Comisión de Derechos Humanos que visitó el país y en el que denunciaban desapariciones, fundó el CELS junto con Fermín Mignone y Augusto Conte, todos comprometidos con la Iglesia de Bergoglio. El nuevo papa la tiene tan cerca que fue el padrino del tercer hijo de la abogada que nació siendo ella soltera. Es la persona de Bergoglio en la comitiva de Cristina de Kirchner y eso cierra cualquier discusión.



Más sobre Oliveira: fue convencional en la constituyente en la que se reformó la Constitución en representación del Frente Grande, en el bloque en que se destacaba monseñor Jaime de Nevares, el obispo neuquino que ha influido en tantos actores de esta trama vaticana, como Eduardo Valdés -también de aquella provincia y formado con los salesianos, que son toda una orga, como los jesuitas-, quien fue protagonista de una historia que es oportuna hoy, porque tiene el raro mérito de haberle puesto letra en un discurso del propio papa Juan Pablo II, con Bergoglio como intermediario. Fue en 2000, cuando a Valdés -quien compartió con Oliveira el staff de la Cancillería de Rafael Bielsa- se le ocurrió la idea de llevarle a la Iglesia la iniciativa de crear un estatuto laboral universal que supusiese un sueldo mínimo y la estabilidad laboral para frenar la llamada flexibilización laboral que alentaba otro frentegrandista como Chacho Álvarez desde la vicepresidencia de Fernando de la Rúa. Valdés fue a ver a Bergoglio para contarle la idea y éste le redobló la apuesta: lo mandó al Vaticano para que le explicase al propio Juan Pablo II la idea. El exlegislador viajó junto con Irma Roy, Wojtyla lo recibió a solas, escuchó la idea y cuando habló por primera vez en público reclamó el fin de la flexibilización laboral que reclaman, dijo, las multinacionales cuando hacían inversiones en países emergentes. El papa, viendo la movilidad potencial de Valdés, le encargó que viajase a Ginebra para explicarle el proyecto al chileno Juan Somavía, director entonces de la OIT, quien también repitió en intervenciones públicas la idea de Valdés (Somavía estaba en ese cargo desde 1999, después de una elección muy disputada en la OIT que zanjó el voto argentino, promovido por Raúl Alfonsín, amigo de Somavía y de otros socialistas chilenos a quienes había protegido durante su Gobierno de la persecución pinochetista). Tampoco estuvo lejos Valdés de otra de las andanzas secretas de Oliveira, que fue el acuerdo entre Bergoglio y Raúl Zaffaroni cuando éste era legislador y se discutía en 1998 en la Ciudad de Buenos Aires el trajinado Código de Convivencia. Ese acuerdo permitió que se aprobase la versión negociada entre los bloques, pero que bombardeaba entonces el obispo auxiliar de Buenos Aires que Bergoglio había heredado de Antonio Quarracino, el ultraconservador Héctor Aguer, hoy obispo de La Plata. En esa oportunidad el nuevo papa apoyó las posiciones moderadas, como lo hizo años después en otras polémicas. Cuando se produjo la pelea entre el vicario castrense Antonio Baseotto con el Gobierno de Néstor Kirchner por el reparto de preservativos y alguna frase resbaladiza de Ginés González García sobre el aborto. Bergoglio se reunió en secreto con el ministro Ginés y le explicó que él no iba a apoyar las posiciones extremas de Baseotto, y pidió moderación a las partes. El castrense había dicho que Ginés escandalizaba y que "quienes escandalizan a los pequeños merecen que le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar". En esos tiempos Ginés estaba excedido de peso y puede haber pensado el entonces primado que si se cumplía ese atroz castigo bien podía Ginés arrastrar él la piedra y no al contrario. De esas reuniones Ginés y Bergoglio salieron más amigos que antes. Condenados en este quincho a Valdés, fue él quien acercó a Bergoglio a los familiares de las víctimas de Cromañón en la operación política más exitosa del obispo como obispo, que fue la destitución de Aníbal Ibarra. Aunque Valdés tiene el timor dei por su formación salesiana no pertenece al círculo de íntimos de Bergoglio, pero como éstos, permaneció en Buenos Aires después de que el nuevo papa recomendó a los suyos no viajar. Como muchos de ellos, lamenta que esta elección les signifique no verlo más porque quedará, si sobreviven las murallas vaticanas, aislado del mundo anterior. Le queda, como recuerdo, la viñeta de cuando se encontró hace un par de meses con Bergoglio cuando caminaba junto al "Oso Charly" (Carlos Monti, leyenda en vida de la gastronomía política criolla) por una vereda de la Plaza de Mayo y lo encontraron al purpurado saliendo de una boca del subterráneo y tuvieron lo que creen fue la última charla.



El hermetismo que estas tramas imponen no va a durar mucho y se quebró desde el miércoles de la elección, pese a que este papa se ha mostrado más locuaz y descontracturado que su antecesor Ratzinger. Había hecho lo mismo Juan Pablo II, a quien le descubrieron novias, amigos y aficiones como el tenis y el trekking. Ese día y en los que siguieron hubo saturación de llamados de Bergoglio a sus amigos y allegados. Les impuso a muchos que no viajasen, pero a los íntimos de su staff los habilitó para que fueran a Roma. Las primeras llamadas a Buenos Aires fueron para remediar minucias humanas inexcusables en un hombre de bien. A uno de sus acompañantes en la vida personal le transmitió la preocupación por el estado (y el futuro) de Juan. ¿Quién es Juan? Un perro que tiene como mascota y para el cual pidió especiales cuidados. También autorizó a una persona para que entrase a sus habitaciones privadas del departamento que tiene en el Arzobispado y que le seleccionase ropa para llevarle de inmediato a Roma. Una señal interesante sobre que seguirá apareciendo con los mismos atuendos que usaba como obispo y que hará a un lado las vestimentas ostentosas que suelen usarse en el Vaticano. También desdramatizó la estatura de su cargo, cuando uno de los interlocutores desde Buenos Aires que accede al tuteo en su relación le preguntó cómo debía llamarlo de ahora en adelante. Llano y riendo, respondió Bergoglio desde el otro lado de la línea: "Dejate de j..."



En una de esas charlas preguntó Bergoglio qué repercusiones había en la Argentina sobre la elección. Le contaron de la algarabía callejera cuando se conoció la fumata celeste y blanca, pero también de que habían salido algunos críticos a hablar de su pasado: "Ay, de eso no quiero saber nada ahora, por favor", respondió mortificado.



En ese rastreo de lo que deja en Buenos Aires supimos que en las últimas reuniones de despedida se mostró nervioso ante la posibilidad de ser electo papa. Se franqueó ante amigos cercanos a la política y les dijo que no se sorprendieran si en los primeros momentos los cambios parecían lentos, pero que en poco tiempo introduciría su propio estilo. Para eso, les dijo, les iba a pedir que viajasen a Roma después de su asunción, pero que no lo hicieran de inmediato porque no los podría atender. Ese interlocutor sintetizó esa charla en términos de la política de cada día: "Es comprensible, el hombre tiene que armar su propio espacio". Este ánimo que promete sorpresas parece haberlo entendido, desde la gráfica, el viñetista Giannelli, del Corriere della Sera, quien dibujó el viernes a Bergoglio rodeado de cardenales diciendo: "Mis hermanos cardenales me han dado una sorpresa eligiéndome papa", y en un aparte, como por lo bajo agrega: "Pero ni se imaginan las sorpresas que vienen". Ayer dio una sorpresa, cuando rezaba la misa en la iglesia de Santa Ana y advirtió que en el público estaba el sacerdote uruguayo Gonzalo Aemilius, que trabaja en Montevideo con chicos de la calle y fue apartado por el arzobispo de Montevideo de esa tarea. Desde Buenos Aires Bergoglio lo protegió y le envió dinero de la curia para sostener su obra en el Liceo Jubilar. Al verlo ayer, lo llamó al altar y lo hizo participar de la celebración ante la sorpresa de quienes se preguntaban quién era. Estas charlas que se conocen ahora disparan la pregunta sobre si sabía, ya antes de viajar, que tenía mayoría de votos antes de ir a Roma. La rapidez de la votación hace presumir eso, quizá porque las votaciones de antes, sin internet ni celulares, podían durar semanas de discusiones. Hay que imaginar que buena parte de esas negociaciones se pudieron hacer por mail o por mensaje de texto en los celulares. Aunque se cuenta que Bergoglio no es hombre de la cibernética -usa una máquina eléctrica para escribir lo que después le transcriben en computadora para mensajear-, tiene una red de comunicaciones eficaz en la que se monta el hermetismo de sus operaciones. Y sabe lo que importan las comunicaciones. Tanto que el viernes el arzobispado de Buenos Aires suspendió un servicio de prensa que se distribuye por internet todos los días con material del interés de la Iglesia. Hasta nuevo aviso no habrá vocería de la oficina que fue de Bergoglio; él ya no tenía vocero desde hace tiempo, cuando separó de esa función al sacerdote Guillermo Marcó sin que supiesen nunca las razones.



Esta elección papal, por excepción a lo que ocurría en el resto del país, no pareció distraer a los peronistas que se juntaron el viernes a la noche en uno de los comedores del hotel Mayorazgo de Paraná a cerrar la cumbre antisciolista de Gestar. Se dejaron quizás arrastrar por el amague de la prensa que había imaginado, con apresuramiento, enojo en Olivos por la elección de Bergoglio. Eso hizo que el hecho casi no fuera mencionado en ninguno de los largos discursos que se escucharon ese día. Algunos de los participantes, sin embargo, habían adelantado su alegría por la elección, en el caso de Jorge Capitanich, lo hizo a través de su Twitter después de recordar una frase de su novela predilecta, "Las sandalias del pescador", de Morris West, que es cuando un cardenal le dice al papa electo que después interpretó Anthony Quinn: "Te espera un largo calvario, desde ahora y hasta el final de tu papado". Para Bergoglio, como para el gobernador que ocupa el segundo cargo detrás de Daniel Scioli en el PJ, esa imagen del papa que vende las propiedades vaticanas para atender a los pobres está incorporada a su imaginario personal. En esa reunión le tocó a Capitanich la novedad de introducir el tema de la reelección que no había sido tocada, hasta que le tocó hablar, por nadie. Ni por el "Cuervo" Andrés Larroque, a quien todos escuchan como un vocero de Olivos. El chaqueño blanqueó el tema y fue tomado por otros, pese a que por ahora es un proyecto de campaña más que un proyecto político. El lema de la reelección es el mejor llamador de unidad para el kirchnerismo y por eso entusiasma, aunque falta el resultado de las elecciones (en especial, la renovación del Senado) para saber si hay o no hay adhesiones del conjunto de la población. El tema del Papa sí salió en la comida que cerró el encuentro, que terminó con una demostración del estro musical de algunos de los presentes. Animaba la cena (un modesto menú de pollo) un conjunto que tocaba música del Litoral, hasta que desde el escenario llamaron a algunos de los asistentes a que exhibiesen sus capacidades. El local Sergio Urribarri se adelantó y lo siguió Juan Manuel Urtubey, quien empuñó la guitarra y juntos cantaron ese himno salteño que es "Balderrama". El público pidió más y saltó José Alperovich, que entonó, obviamente, "Luna tucumana". No se quedó atrás Amado Boudou, quien pidió la guitarra para cerrar con su versión del hit "Arde la ciudad".



En donde sí se habló, y mucho del nuevo papa, fue el viernes por la noche en el comedor de la sede del gremio de gastronómicos, donde un centenar de amigos y asociados le festejó a Luis Barrionuevo los 71 años. El grupo, entre quienes estaban Enrique Nosiglia, la esposa Graciela Camaño, Dante Camaño, el empresario Aldo Elías, los sindicalistas Carlos Acuña (estacioneros), Horacio Valdés (del vidrio), el exsecretario menemista Miguel Ángel Vicco, la pianista Marta Noguera, el expresidente de Independiente Julio Comparada, un grupo de golfistas del San Andrés en donde juega el cumpleañero encabezado por el "Beto" Norberto Alonso, el cantante Raúl Lavié, el médico forense "Chiche" Dantón (queridísimo por los presentes que lo quieren tener bien lejos por su especialidad) y una de las estrellas de la noche, que fue recibido al grito de "¡Francisco, Francisco!", quien entró con una sonrisa casi papal. Era Francisco "Pancho" Baigorria, párroco de la iglesia de San Ignacio, que es una de las predilectas del sindicalismo y en particular de los gastronómicos. Tanto que Camaño integra el selecto grupo de Amigos de San Ignacio, integrado por empresarios como Juan Born y Federico Zorraquín, dedicados a juntar dinero para apoyar la restauración del templo católico más viejo de Buenos Aires. Baigorria era esa noche un representante de Bergolio, que acaparó los brindis más que Barrionuevo. Hubo relatos de todos en reuniones con el nuevo papa y salieron de allí varias presunciones. Una, que la libertad que tiene para hacer cambios sale de la rara mezcla que hay en él de una ortodoxia a ultranza con el progresismo social que va más allá de lo que alardean los que se llaman así. Uno contó el diagnóstico que le había escuchado de los Kirchner, una frase alegórica que les llevó tiempo interpretar: "Qué lástima, es una gente que no tiene equilibrio".



Con gente tan enterada de todo, se levantaron apuestas sobre las elecciones de diciembre en River y por las chances de la fórmula de candidatos que integran, dedicados a reunirse con socios del club en el barrio de Palermo. Llevan trabajando en su candidatura más de dos años, si bien lanzaron oficialmente el Frente Ahora River en octubre pasado, cuando hicieron una campaña agresiva de vía pública. En esas reuniones explican su proyecto para lo cual han comprometido a socios caractizados en la actividad empresarial que están hoy en oposición a Daniel Passarella. Muestran un buen equilibro entre ese sector y quienes son veteranos en la pertenencia al club. Los dos son socios desde el año 75, Patanian (43 años) es ejecutivo del Grupo Eurnekian y Ballotta (39 años) empresario naviero, y buscan ser los referentes de la juventud en esas decisivas elecciones.



Vamos a terminar con un chiste de mascotas.

Una mujer, tras el insistente pedido de sus hijas, se decide a comprar un loro. En el negocio, el empleado le comenta que sólo tiene uno, pero que perteneció a la madama de un burdel y, en consecuencia, es muy grosero en su vocabulario. A la señora no le importa, le dice que lo reeducará, y se lo lleva.

Al llegar a su hogar, destapa la jaula y el loro dice: «Nueva casa, nueva madama». La señora suelta una carcajada y espera ansiosa a que sus hijas lleguen de la escuela para que vean la sorpresa que les tiene. El loro, cuando las ve entrar, dice: «Nueva casa, nueva madama, nuevas putas». Las hijas no pueden contener la risa y esperan a que su padre llegue para que vea al loro. A la hora de la cena, el padre llega a la casa con toda su familia rodeando la jaula. Entonces, el lorito exclama: «Nueva casa, nueva madama, nuevas putas, mismos clientes. ¡Hola, doctor González!».

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