15 de abril 2013 - 00:50

Charlas de quincho

Iniciamos estos abundantes quinchos con una cena en Caracas, previa a los sufragios, que ofreció para un selecto elenco internacional el director de un diario venezolano, elección que Cristina de Kirchner siguió desde Río Gallegos en la nueva casa de su hijo Máximo (le contamos al lector, desde allí, los últimos detalles del idilio con el Vaticano). Seguimos, en ámbito bonaerense, con el paisaje después de la bajada de las aguas, en especial en una peña de kirchnerismo probado en la que se habló de literatura y la reforma judicial. Y a propósito de literatura, estuvimos en diversos quinchos con Mario Vargas Llosa y otros visitantes de dirigentes conservadores. Terminamos con una boda top, dos almuerzos singulares, y la elegante “interna” en Bellas Artes. Veamos.

El presidente de Portugal Cavaco Silva, recibió las cartas credencialesdel embajador argentino Jorge Argüello (izquierda). El expresidentede Uruguay, Julio María Sanguinetti, pronunció una conferencia en el museo de Bellas Artes (derecha).
El presidente de Portugal Cavaco Silva, recibió las cartas credenciales del embajador argentino Jorge Argüello (izquierda). El expresidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, pronunció una conferencia en el museo de Bellas Artes (derecha).
Esperable la tensión anoche en la expectativa del resultado de le elección venezolana, que retuvo a Amado Boudou en su hotel hasta tarde por la demora en conocerse los resultados. Tenía previsto acompañarlo a Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores, casa de gobierno de Venezuela, junto con delegados de la Unasur que fueron a mirar las elecciones. Pero debió esperar a que el candidato chavista resolviera si iría ahí o esperaría los números finales en el comando del Ejército, que es donde reposan los restos de Hugo Chávez. Sin el bolivariano como protagonista mermó en esta elección la presencia de políticos argentinos como observadores. Sólo se los vio visitando escuelas en donde se votaba al director electoral Alejandro Tullio, acompañando al vicepresidente Boudou, al director de la Biblioteca Nacional Horacio González (quien prologó el viaje que hizo para atender actividades de bibliotecnología para ver la elección, una delicia para quien presume de ser un cientista social), el diputado cordobés Daniel Giacomino (que fue intendente de la capital de su provincia) o la senadora pampeana María de los Ángeles Higonet y Chacho Álvarez. Ninguno de ellos, y eso que son peronistas, había logrado hasta anoche que el embajador Carlos Cheppi abriera el monedero para algún cóctel o recepción; la razón que dieron sus acólitos fue que debía atender a la abultada agenda de Boudou y que eso le absorbía toda la atención.



Los curiosos de a pie, como los periodistas que fueron a seguir la elección, intrigados por las encuestas que dribleaban la veda y daban cuenta de un progresivo acotamiento de la brecha entre Maduro y Capriles, acompañaron a políticos, empresarios y cronistas locales e internacionales el sábado a la noche a la recepción que dio Miguel Henrique Otero, director de uno de los grandes diarios tradicionales de Venezuela: El Nacional. La consigna de éste, nieto del fundador del periódico, para los invitados originales era llevar a todo el que quisiera ir; la concurrencia fue importante. La moderna quinta, ubicada en el estado de Miranda (que muerde parte del Gran Caracas e incluye tanto zonas chavistas populosas en el Petare como lo más denso de la clase media alta del país), tenía una verdadera fortuna colgada de las paredes, en las que se destacaban pinturas del muralista Siqueiros. Una de las más animadas era la atractiva María Corina Machado, diputada, ingeniera y abanderada de una causa que en la Venezuela de hoy requiere manual de instrucciones: el conservadurismo popular a la Margaret Thatcher. Además de la ansiedad por lo que podía pasar en las elecciones de ayer, muchos comentarios de los presentes giraban en torno a las condiciones en que se desarrolló la campaña. La titular del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, era la villana preferida, y se señalaba su mirada negligente como la causa por la que el chavismo pudo usar a su antojo los recursos públicos para hacer campaña y se sintió fuerte para violar de todas las formas posibles el período de veda. Muchos presagiaban que, si la oposición observaba desprolijidades demasiado flagrantes, "esta vez" no se las iba a dejar pasar. Esos comentarios escondían un reproche sordo que los sectores más duros de la oposición le hacen a Henrique Capriles: ser demasiado moderado frente al chavismo. Hubo catering de lujo, pero se acabó antes de la llegada de muchos rezagados. Y pese a la "ley seca" preelectoral, se bebió champán y whisky, con hielo y agua, bien al uso local.



En ese entrevero circularon, a medida que avanzaba la noche, leyendas sobre pajaritos y otras sombras, una moneda que vale mucho en esos espacios de realismo mágico en los que prospera el populismo, que exalta la sinrazón como manera de justificar la demolición de los castillos racionales de sus adversarios. Una de ellas la tiene a Cristina de Kirchner como presunta protagonista, cuando preguntó por qué se vigilaban tanto las imágenes del féretro de Hugo Chávez en el megavelorio al que asistió, aunque en su primer tramo. Un edecán iría, según la leyenda que circuló esa noche en la residencia de Otero, a preguntar las razones y recibió como respuesta que en realidad el cuerpo no había terminado de prepararse y que era una simulación, quizás un muñeco. Quienes contaban esa extravagancia citaban a testigos militares y también políticos locales que no le dieron demasiada importancia porque consideraban que el velorio y entierro se justificaba por la magnificencia y no porque estuviera o no el bolivariano en el cajón. Entre los comentarios más escuchados estaban también los testimonios de la crisis económica de Venezuela, por ejemplo el desabastecimiento evidente en los supermercados, en donde se registró la falta de harina para hacer las arepas, el alimento más básico y popular de los venezolanos, o de tabaco para liar cigarrillos, faltante desde diciembre en las tabaquerías.



Cristina de Kirchner siguió los resultados de Venezuela, país que visitará el próximo fin de semana para acompañar los actos de asunción de Maduro, desde Río Gallegos, adonde viajó el viernes por la tarde con el propósito, según los lenguaraces santacruceños, de estar en la inauguración de una nueva casa que ha terminado de refaccionar Máximo Kirchner en la propiedad familiar de la esquina de Monte Aymond y Cañadón Seco, donde el hijo de la Presidente vive junto a Rocío García. El último acto de la semana que había protagonizado pasó algo inadvertido pero dio mucha información. Fue la visita que le hizo el presidente del episcopado católico, José María Arancedo, en la Casa de Gobierno, acompañado por el secretario de ese cuerpo, Enrique Eguía Seguí, y con el secretario de Culto Guillermo Oliveri como testigo. En esa reunión de más de hora y media hablaron mucho del desastre que otra inundación provocó en Santa Fe, tierra de Arancedo, y de la acción de la Iglesia en la atención de los dañados. También se habló, obviamente, del papa Francisco y cómo le ha dado a la Argentina un golpe de prestigio que todos quieren aprovechar. De esa reunión salió una noticia que puede poner en suspenso la prometida visita del papa Bergoglio a la Argentina, porque le dio la decisión de fecha y formato al actual secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, un funcionario que tiene salida asegurada en el nuevo esquema de gobierno, es decir que no hará mucho. Bergoglio ya avisó que el viaje a Brasil en julio, para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud, será cortísimo, apenas dos días y una sola noche para dormir allí. Quedó de ese encuentro en Casa de Gobierno la idea de que puede postergarse la visita del Papa para los primeros meses del año que viene, pese a que la fecha de diciembre fue avalada por Roma, como lo consignó la prensa. La agenda navideña del Santo Padre está cubierta desde el 8 de diciembre (fiesta de la Inmaculada), cuando rezará una misa en Piazza Spagna, hasta el final del año. Lo que sí aseguró Cristina a sus visitantes de la noche del viernes fue que la delegación oficial a los actos de asunción el sábado próximo del nuevo arzobispo Mario Poli será más que importante. Ella no irá porque ya se comprometió con el viaje a Venezuela, pero concurrirán desde el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y los ministros hasta un seleccionado de legisladores kirchneristas. Toda una novedad para un acto en la Catedral y en el distrito de Mauricio Macri. La Presidente cerró la reunión invitando a los obispos a visitar la capilla que está cerca de su despacho en Casa de Gobierno y les mostró dos novedades, el retrato de monseñor Enrique Angelelli, presuntamente asesinado en 1976, y otro, inmenso, de Jorge Bergoglio. Cristina les explicó que ese retrato del nuevo papa se lo habían regalado dirigentes del SMATA para que se haga, en las próximas semanas, un acto de instauración con transmisión por cadena. Otra muestra de la actitud de la Presidente frente a la novedad del papa argentino y que desmiente al sector minoritario del kirchnerismo que mostró los dientes durante unas horas por esa elección de quien consideran el verdadero jefe de la oposición. Esa visita a la capilla replica un acto similar de Cristina en diciembre, cuando la visitó el cardenal Leonardo Sandri, y cuando terminaron la charla lo invitó a visitar una exhibición de pesebres. Los memoriosos recuerdan, sobre estos rituales presidenciales, que cuando Carlos Menem visitó a Juan Pablo II, al terminar el cruce de saludos, rosarios y regalos y los estaban despidiendo, el riojano interrumpió el acto y pidió: "Santo Padre, ¿puedo hablar a solas con usted un minuto?". Se exaltaron ujieres y camarlengos, y Menem explicó el pedido: "¿Podemos pasar al oratorio a rezar juntos unos minutos?". Los presentes reprimieron su sorpresa, pero el papa Wojtila aceptó el pedido, no podía hacer otra cosa ante tan piadoso reclamo. Fue como cantarle a Gardel.



La baja de las aguas distendió las agendas y comenzaron a moverse bandas y dirigentes en el rearmado de la agenda del corto plazo. Siguió el silencio desde "La Ñata", santuario del sciolismo, para algaradas futbolísticas, con el gobernador y sus funcionarios embutidos el 100% de su tiempo en remediar las consecuencias de las inundaciones en La Plata. Hubo encuentros con ministros y asesores con los primeros datos de encuestas y un balance alentador de cómo la desgracia dejó a un lado las inquinas internas con el kirchnerismo. Con las aguas bajas vuelven sin embargo los forcejeos financieros y celebran los sciolistas que en horas más habrá una señal positiva del Gobierno nacional de algún endeudamiento para superar el serrucho del pago de sueldos a estatales. ¿De cuánto se habla? Por lo menos de unos u$s 100 millones con un bono "dólar linked", modalidad que prospera en las administraciones provinciales y que requiere una autorización nacional que en los cuarteles de Daniel Scioli ya descuentan y festejan. Pero quieren más, porque lo necesitan.



También volvieron las peñas calificadas, por ejemplo, la que reúne cada tanto a un grupo de los "principals" (es como llaman en los Estados Unidos a las segundas líneas de operadores que tienen la responsabilidad de armar escenarios para que el Gobierno resuelva cuellos de botella), en la parrilla Happening de Puerto Madero, y que integran el vicepresidente del Banco Central, el radical Miguel Pesce, el secretario de Culto, Oliveri, el exlegislador Eduardo Valdez (quien espera el trabajo de un músico muy famoso que le va a poner ritmo de tango a su poema sobre Bergoglio) y el titular de la Oficina Anticorrupción, Julio Vitobello. El grupo se remonta a los tiempos del Gobierno de la Alianza en la Capital, cuando Pesce manejaba la economía para Fernando de la Rúa y Enrique Olivera y los peronistas de esa peña eran legisladores que debían negociar leyes y dictámenes. Con el moverse de la red del tiempo (Pesce se alineó en el radicalismo K), terminaron todos del mismo lado. En esa mesa se celebró la fortuna de uno de sus integrantes, el embajador Jorge Argüello, que se sienta con ellos cuando anda por Buenos Aires. Fue porque presentó cartas credenciales ante el presidente de Portugal, Cavaco Silva, y el canciller, Paulo Portas, y recomenzó su tarea diplomática después del misterioso portazo a la representación en Washington (una historia que todavía falta contar en detalle). Argüello ya inauguró su página web Embajada Abierta para levantar el perfil después de la crisis que vivió al salir de Estados Unidos y se mostró el viernes en un acto literario en donde debatieron el escritor chaqueño Mempo Giardinelli con Santiago Roncagliolo, un crítico literario peruano que vive en Madrid y experto en la obra de Mario Vargas Llosa que es hijo del canciller de Ollanta Humala. Ese diálogo tenía por objeto hablar de "Escribir en la crisis, literatura y presente". Pero al estar Argüello en el público (la embajada patrocinaba la soirée), muchos de los asistentes le pidieron reuniones para que explique la crisis en la Argentina de 2001 que, según los portugueses, puede enseñarles algo para la que ellos están viviendo hoy.



Esa mesa, de kirchnerismo probado, dedicó un buen rato a los pronósticos sobre el destino de la reforma de la Justicia en que ha comprometido el Gobierno a sus militantes. Esto se expresa así porque es la razón de fondo del emprendimiento: arrastrar a todo el kirchnerismo en una batalla mayor, más por tenerlos a todos atados y juntos en momentos en que los dirigentes pueden buscar nueva querencia ante la incertidumbre de un Gobierno que no tiene reelección que por los temas que se discuten. En suma, lo que importa acá es la forma y la estrategia de mantener al oficialismo unido ante las elecciones que si las cautelares son buenas o malas, largas o cortas. Allí consintieron la percepción que dio este diario el viernes en la nota del periodista Pablo Ibáñez de que lo que importará más en las elecciones de octubre -si no las frena antes un amparo, algo que nadie descarta- será el protagonismo de los candidatos a consejeros de cada partido en una elección nacional, y no tanto los candidatos locales a legisladores de cada provincia. Esto lo aseguró el último retoque al proyecto en el Senado, antes de emitirse el dictamen, que abrochó la cláusula de pegar la tira de consejeros a la de legisladores y evitar así, por ejemplo, que toda la oposición presentase una candidatura única. Eso obligará a que cada partido presente una estrella del derecho pero que además sea algo popular. Por el kirchnerismo, ¿qué tal Raúl Zaffaroni, que ha prometido dejar la Corte y protagoniza en estas semanas un show cinematográfico que le da alta popularidad en el canal oficial de TV, aunque sea presentando películas de una espesura tal que pueden atraer más a cinéfilos que al amplio público? O León Arslanian, un hombre que tiene la mejor relación con el Gobierno, que lo ha querido en algún momento como ministro de Seguridad o Justicia. Para competir con estos abogados el radicalismo debe mover a Ricardo Gil Lavedra, que si fuera candidato debería declinar su pretensión de reelegir como diputado. Y la Coalición Cívica a Elisa Carrió, que en este tipo de temas es temible por su ciencia y por su arte.



Más miga les dio el tema de modificar el régimen de las cautelares, un sistema que siempre fue combatido por sectores empresariales por temor a los megajuicios. Se recordó en esa mesa que los ajustes de tarifas que negoció en 2002 el Gobierno de Eduardo Duhalde con las empresas de servicios públicos con Rafael Bielsa a la cabeza fueron congelados por amparos. O que el sistema de concesiones ferroviarias que hizo el Gobierno de Menem -canon y obras a cambio de subsidios y tiempo de concesión- fue volteado desde mediados de la década de los años 90 por un amparo del exdiputado Héctor Polino sobre un paso a nivel en la Capital Federal. El sistema quedó paralizado hasta ahora; las empresas no pagaron el canon, reclamaron amparos para seguir en las concesiones y el sistema, fuera malo o bueno porque nunca se sabrá, fracasó hasta hoy. Valdez, que fue convencional constituyente en Santa Fe en 1994, contó cómo funcionaba el lobby empresarial en aquella reforma para frenar la ampliación de garantías, entre ellos el amparo. La comisión de Nuevos Derechos que presidía la radical Elva Roulet con el "Chango" Rodolfo Díaz de vice (y que integraban, entre otros, Valdez y Juan Pablo Cafiero) aprobó un dictamen que aseguraba el acceso a la "información veraz" del público sobre salud y otras actividades de compromiso empresarial. La liga de medios ADEPA entendió que era una manera de consagrar el polémico "derecho a réplica" y buscó que esa cláusula fuera modificada en la Comisión de Redacción que presidía Carlos Corach, quien negociaba el texto final con el radical Antonio "La Tuta" Hernández. Roulet fue a verlo al "Choclo" Augusto Alasino y pergeñaron un ardid que figurará en la historia del constitucionalismo criollo. Cuando iba a tratarse el Art. 42° de esa norma, lo hicieron ir a Corach a la secretaría del bloque inventando que lo estaba llamando desde Buenos Aires Eduardo Bauzá (no había celulares en el recinto). Aprovecharon el momento para hacer votar el artículo en general y lo aprobaron en el momento en que ingresaba a los gritos Corach diciendo que la letra era otra y que había que modificarlo en el tratamiento en particular. Eduardo Menem, que había negociado esto con Raúl Alfonsín, tomó la palabra para decir: "Lo votado ya tiene sanción constitucional". Protestó Corach y le reprochó la maniobra a Roulet, en cuya defensa airada salió Alfonsín, cerrando el debate. Hoy existe el derecho a la información veraz, que tiene el mismo nivel como garantía que las cautelares.



Como gente del distrito Capital dedicaron los comensales de Happening también un párrafo sobre el PJ local, atentos al lanzamiento que hace esta noche de lunes el ministro Carlos Tomada en Obras Sanitarias de su candidatura a presidente del partido. Va contra el sector Juan Cabandié, que todavía no tiene candidato, y contra el sindicalista Víctor Santa María, que tiene el apoyo de Andrés Rodríguez para lo mismo. En realidad, Tomada, que lleva ya diez años de ministro de Trabajo, aspira a una candidatura a senador por Capital, empeño difícil para el peronismo, pero que luce mucho por el aire épico que tiene. Ya quiso dejar el ministerio en 2011 y Cristina de Kirchner se lo impidió. Las grandes decisiones hay que tomarlas, dice el I Ching, en momentos de fuerza y eso querría aprovechar Tomada para una nueva singladura. En esas mesas peronistas hay pesimismo porque miran encuestas donde quedan como favoritos, por ahora, para octubre, el PRO y como segunda fuerza la de Pino Solanas. Descuentan ya que Gabriela Michetti no quiere ser la segunda de un Roberto Lavagna y quiere ir como candidata a renovar la banca de diputada. Como segundo senador el PRO deja correr el nombre de Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad, pero deberían resolver la exigencia de que el ticket incluya a una dama. También despuntaron el vicio sobre otros distritos y dieron por descontado que en Santa Fe se unificarán las posiciones y que la lista de candidatos a diputados nacionales la encabezarán Jorge Obeid y Agustín Rossi, con migraciones del kirchnerismo como la del diputado Daniel Germano -antes espadón del reutemismo- hacia el PRO del cómico Miguel del Sel.



La venida en malón de dirigentes conservadores a un seminario con el auspicio del macrismo movió la agenda porteña. Mario Vargas Llosa estuvo en un cóctel en el Colón el viernes a mediodía departiendo con Mauricio Macri, Mirtha Legrand, Hernán Lombardi -que esta semana tiene show borgiano en el Council of the Americas en Nueva York- y, entre otros, Norma Aleandro. Sigiloso para protegerse de escraches en manos de quienes se resisten a ver en este novelista y premio Nobel al autor del más grande alegato contra la esclavitud, el imperialismo y a favor de los oprimidos: "El sueño del celta", que merecería por lo menos un reconocimiento del Ministerio de Trabajo de este Gobierno o de la CGT, estuvo también en una comida en el Club Americano. Más rumboso estuvo José María Aznar, otro invitado de la cuerda conservadora, quien comió en lo de Alejandro Gravier y Valeria Mazza, en su casona de Acassuso frente al río. Los dueños de casa son íntimos amigos de la familia Aznar (este verano Ana Aznar, su marido Alejandro Agag y sus hijos veranearon en la casa de los Gravier en Punta del Este) y esta vez honraron a unos 30 invitados distribuidos en el amplio living, el comedor, el escritorio y la terraza con vista al río. Estaban Mauricio Macri con su mujer, Juliana Awada, Alejandro Macfarlane y Petu Anzorreguy, el rabino Sergio Bergman, Santiago Soldati, Ramiro Otaño (Chandon), Dolores Cahen D'Anvers y Horacio Mazza, Tato Lanusse y Silvina Pueyrredón, Hugo Eurnekian, "Papo" Roca y Vicky Fariña, Gianfranco y Eliane Macri y Gabriel Martino (HSBC), entre otros. Obligado por la situación el grupo celebró la participación de Balthazar Gravier en el mundial juvenil del esquí en Canadá, donde el mayor de los Gravier Mazza logró el 4° lugar representando a la Argentina entre 400 chicos de 22 países. El rabino Bergman compitió con el relato de su encuentro con su amigo el papa Francisco.



Algunos de los presentes el martes chez Gravier aparecieron el sábado en lo que puede considerarse el casamiento. Fue en Alvear, protagonizado por María Blaquier, hija de Charlie Blaquier y María Taquini y nieta de Carlos Pedro con el empresario Patricio Neuss, hijo de Jorge Neuss y Silvia Saravia. La ceremonia religiosa, con misa de esponsales, se realizó en la Iglesia de la Merced, que estaba con iluminación especial para la ceremonia y unos arreglos florales con velas pocas veces visto. Fue complicada la llegada dado que estaban todas las calles cortadas. La recepción fue en los salones del subsuelo del Alvear con entrada por Ayacucho, donde había mesas con todo tipo de fiambres y otras con todo tipo de frutos de mar. Luego se pasaba a los salones de la planta baja, donde todos los salones hasta el jardín de invierno tenían mesas para los invitados. Alrededor de 650 invitados se sentaron a comer, la decoración estuvo a cargo de Martín Roig y la wedding planner Bárbara Diez, a quien su marido, Horacio Rodríguez Larreta, acompañó a realizar su trabajo. El menú, ensalada de patas de centolla con langostinos y carpaccio de pulpo de entrada, el primer plato costilla de ternera con salsa de mostaza limousine con papas rosti y profiteroles rellenos de helado de postre. Mesa de dulces. Entre los invitados se encontraban Macri, los abuelos de la novia, Nelly Arrieta de Blaquier y Carlos Pedro, acompañado de su mujer Cristina Kalouff y de sus hijos Santiago, Ignacio, Alejandro y María Elena. También estaban Inés de Lafuente (quien cumplía años), Elena Olazábal de Hirsch, Lili Sieleki, Macri, Bruno Quintana con su mujer, la elegantísima Mariel Llorens (premiada hace unos días en Qatar como la mujer más elegante del gran premio de Qatar), Federico Braun (La Anónima), Carlos Fontán Balestra, Jorge Aufiero, Jorge Fiorito, Federico Nicholson, Alberto Kohan (íntimo amigo de "Charlie" Blaquier, con quien estaba cazando cuando sufrió el disparo en una pierna hace algunos años), Teddy García Mansilla y Verónica Pueyrredón, Niki Caputo -hiperoperador de Macri-, Santiago Sánchez Elía, María Podestá, Gino Bogani, Roberto Devorick y Woods Staton, dueño de Mc Donald's en Latinoamérica y su mujer, Erica Roberts.



Con tanta actividad reseñamos, "just for the record" dos actividades de alto quincho. Una es el almuerzo que dio el embajador de Alemania, Bernhard Graf von Waldersee, el jueves a los legisladores Jorge Landau, Eric Calcagno, Roy Cortina y Cornelia Schmidt, grupo que viajó a Alemania a fines de febrero. Charlaron del proceso electoral de Alemania que también es en octubre y de quien puede ser el/la próximo/a canciller. Gana Merkel, pero si no reúne los escaños, la coalición PSD-Verdes puede hacerse con el nuevo Gobierno. Apasionante. También en el rubro diplomático, en la mañana del jueves la Fundación del Hospital de Clínicas a través de su presidenta, la princesa Mercedes von Dietrichstein de Zemborain, le entregó el premio Asklepios al embajador de Francia, Jean Pierre Asvazadourian, por ser benefactor de la Fundación. Varios amigos del diplomático se hicieron un lugar en la agenda para asistir al evento: Lili Sielecki, Martín Cabrales, el director del Hospital de Clínicas, Ernesto da Ruos, Teresa Del Solar Dorrego y Elisabeth Boote, entre otros.



Y vamos con el clásico final con arte, que lució mucho también en esta abultada semana quinchesca, porque el MALBA presentó el lunes una gran exposición de la artista brasileña Adriana Varejão. Eduardo y Clarice Costantini recorrieron la exhibición paso a paso junto a Varejão, escuchando con atención el "portuñol" del experto Adriano Pedrosa que Clarice Costantini entendía a la perfección, sencillamente porque es brasileña. El arte de Varejão ostenta la exuberancia y la tensión del barroco y, aunque la muestra es dramática, resulta visualmente muy atractiva. El tema, simplificado en exceso, trata sobre el sufrimiento que significó el trabajo artesanal de los azulejos, oficio que llegó a Brasil junto con los portugueses. Las bellísimas paredes de azulejos se abren y muestran la carne lacerada, la sangre y el suplicio que esconde el dominio de esa tradición secular. Deslumbradas con el montaje del MALBA estaban las poderosas galeristas de San Pablo Marcia Fortes y Alessandra D'Aloia, al igual que el neoyorquino David Maupin, quien, dicho sea de paso, le presentó a Ruth Benzacar grandes coleccionistas como el venezolano Alfonso Pons, y Rosa y Carlos De la Cruz. Se cruzaban por la muestra curadores, coleccionistas y artistas de aquí y de allá, como Marta Minujín, Rogelio Polesello, Guillermo Kuitca, Dudu Von Thielmann, Jean Louis Larivière, Cristina Carlisle, Silvia Braier, Elena Nofal, Erica Roberts, Ferdinando Bocca, Mercedes Avellaneda, Ferdinando Bocca, Patricia Pearson, Juan Vergez, Felisa Larivière, Graciela Speranza, Alberto Sendrós, Mariano López, Orly Benzacar, Karina El Azem y María Marta Pichel. Unos quesos, buen vino y el champaña circulaban sin cesar.



En la comida, a pocas cuadras de allí, en la casa de Eduardo y Clarise, que parece otro museo, estaban los íntimos del MALBA (Marcelo Pacheco, Philip Larratt Smith, Victoria Giraudo, Lupe Requena, Gustavo Vázquez Ocampo y Emilio Xarrier) para agasajar a los extranjeros y celebrar la nueva apuesta al arte de Brasil. Luego, comida gourmet, pero con bajas calorías, unas ricas albóndigas de bacalao, langostinos, cous cous, ensaladas y hasta una torta de crema y frutilla, tan ligerita que aseguraron que no engordaba ni un gramo. Para desquitarse estaba la mousse de mburucuyá y la torta de chocolate. La misma tarde de la vernissage del MALBA, en la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, el brillante orador y expresidente del Uruguay Julio María Sanguinetti mantuvo en suspenso al auditorio del Bellas Artes, con el relato de la vida de Pedro Figari. Contó la apasionada vida del pintor que trabajó como abogado defensor de pobres y que en 1895 defendió al alférez Enrique Almeida, acusado falsamente de un crimen. Después de cuatro años, Figari demostró la inocencia de Almeida y publicó una causa que se hizo célebre y puso en evidencia el interés de la prensa por inculpar a Almeida. Luego de ocupar varios cargos políticos, tenía casi 60 años cuando cruzó el Río de La Plata y consolidó en Buenos Aires su carrera artística. Entretanto, el presente traía sus propios sobresaltos. El presidente de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, Julio Crivelli, y su presidenta honoraria, Nelly Arrieta, no imaginaban que esa misma tarde los funcionarios de la Secretaría de Cultura nacional visitarían el MNBA. Y no llegaron para escuchar a Sanguinetti, sino para despedir al director Guillermo Alonso que acaba de cumplir los cinco años de gestión ganados por concurso. Así, sin ninguna explicación, el director de Patrimonio y Museos, Alberto Petrina, dispuso que la funcionaria Marcela Cardillo ocupe la dirección hasta que el jurado (Diana Saiegh, Cocó Larrañaga, Virgilio Tedín y Petrina) designe al director a través de un nuevo concurso. En la deliciosa comida que programaron Crivelli y Ana Bustamante para homenajear a Sanguinetti, Nelly Arrieta, María Herrero, Eugenia y Eduardo Grüneisen, Mario Terzano y hasta el propio uruguayo barajaban interpretaciones para tanta urgencia. La recorrida por la estupenda colección de Crivelli, los salmones y la crème brûlée no lograban aplacar la inquietud que provocó la medida. Desde luego, se barajaban nombres. Lo cierto es que el cargo desata una voracidad ya legendaria. Ahora, Alonso supo convertir una institución decadente en el Museo más importante de la región.



Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte. En el Lejano Oeste, un joven indio llega a un burdel, toca la puerta y le abre la madama que le pregunta qué quiere.

El indio responde:

-¡Una mujer!

-¿Tenés experiencia?

-Pues... no...

-En ese caso, volvé al bosque donde vivís, conseguite un tronco de árbol que tenga un huequito, practicás un mes y volvé.

El joven se va. Practica durante todo un mes con un árbol y regresa al prostíbulo con una tabla bajo el brazo.

La madama lo hace entrar y llama a una de sus "pupilas". La pareja sube al cuarto y ella comienza a desvestirse, pero antes de que termine, el indio le pega un tablazo en las nalgas. La mujer, azorada, se da vuelta y le grita:

-¡¿Pero qué hacés, pedazo de animal?¡ ¿Por qué me pegás?

-Quiero asegurarme de que no hay avispas.

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