22 de abril 2013 - 00:00

CHARLAS DE QUINCHO

Semana de quinchos abundantes que iniciamos desde EE.UU., donde coincidieron muchos argentinos en reuniones cumbre, incluyendo una borgeana, y todos presa de la curiosidad foránea sobre misterios criollos (vísperas de un fallo sobre bonos, presunta rivalidad kirchnerismo vs. sciolismo, etc.). Damos las claves con una perspectiva optimista sobre la segunda parte de esta década. Seguimos con un quincho piadoso y político en la asunción del nuevo arzobispo, y otros dos, más profanos, con dirigentes radicales en diversos ágapes de donde surge, cada vez más, una convicción: no aliarse con nadie en las elecciones. No tuvo desperdicio la cena anual de la ONG CIPPEC, y contamos al lector sus detalles. Veamos.

En fila ante el arzobispo  Mario Poli: Amado Boudou, Juan Manuel Abal Medina, Julián Domínguez, Florencio Randazzo, Mauricio Macri y Alicia Kirchner.
En fila ante el arzobispo Mario Poli: Amado Boudou, Juan Manuel Abal Medina, Julián Domínguez, Florencio Randazzo, Mauricio Macri y Alicia Kirchner.
Da cierto aire pasearse por el mundo cuando el país parece de moda. Les ocurrió esta semana que pasó a las decenas de argentinos que se acumularon en la costa Este de los Estados Unidos para estar en una serie de reuniones, cumbres, saraos, seminarios y exposiciones que tuvieron como tema la Argentina, desde la conferencia del FMI en donde el país aún no tiene un programa con el organismo a la exposición sobre Jorge Luis Borges en la Americas Society de Nueva York, pasando por las decenas de reuniones de financistas que se preguntan, frente a un muro de lamentos, qué diablos ocurrirá mañana en la Corte de Manhattan que debe decidir la suerte del juicio de los holdouts o bonistas que no entraron en el canje. Esa trascendencia del alma criolla más allá de las fronteras por sus problemas de pagos o, dígase de nuevo, por la elección de un papa argentino, la acompañó, claro, la cadena de tribulaciones para el oficialismo que van desde las denuncias de la prensa a empresarios amigos hasta la protesta del jueves a la tarde que, como corresponde a una Argentina globalizada, la replicaron algunos residentes argentinos de Nueva York ante la sede del consulado. Fueron más bien pocos, pero entusiastas, y ocurrió a la misma hora cuando se hacía uno de los actos sobre Jorge Luis Borges y su amigo el pintor Xul Solar en otra esquina de la ciudad, con el ministro macrista Hernán Lombardi como principal funcionario presente.



La mirada quinchesca fue atraída por esa corriente argentina que voló por las calles de Washington y Nueva York, y detectó reuniones y rondas de consulta sobre los misterios de la política criolla y cómo pueden ver los extranjeros el futuro inmediato y el mediato del país para saber si conviene mantener inversiones o estudiar otras nuevas. Cada argentino que aparece por allá en ciertos niveles es atracado y sometido a hábiles interrogatorios sobre qué pasará después de las elecciones de octubre, si Cristina de Kirchner intentará lograr un tercer mandato, si el peronismo se dividirá entre kirchnerismo y sciolismo, o qué hará el Gobierno argentino en el caso de que salga el martes la peor decisión en el juicio de los bonistas. La respuesta a tal fárrago de cuestiones arrinconó a los más informados, que los había y muchos entre quienes asistieron a la reunión del Fondo y que fueron exprimidos para conocer algo de la Argentina misteriosa y profunda, que a veces fallan en entender los propios nativos. Los escenarios que manejan los extranjeros con intereses en el país dependen mucho, a veces, de las leyendas periodísticas que se instalan en origen y que estás ligadas, como es comprensible, a los intereses de quienes juegan las partidas del ajedrez político. Les cuesta a quienes se pasean por el mundo explicando la Argentina que es difícil hasta en el oficialismo más entusiasmado creer en un resultado electoral en octubre que abra una reforma constitucional. También cuesta explicar que el kirchnerismo es una sociedad de los Kirchner con Daniel Scioli que equivale a un matrimonio, o cuanto más, una unión civil, y que no está en el interés de ninguna de las partes ir a un divorcio justo cuando uno necesita del otro más que nunca. En esa sociedad, los Kirchner ponen el bote y Scioli aporta el agua para que ese bote navegue. Quien no lo entiende puede dejarse llevar por las fantasías de divorcio que sí le convienen al peronismo disidente o a la oposición, que sabe que un peronismo dividido es un bombón para arrebatarle poder, como ocurrió en 1983 y 1999.



Igual incertidumbre que la que ya hay frente al fallo de mañana sobre los bonistas existe entre los interesados de afuera sobre qué haría el Gobierno en caso de un fallo totalmente en contra. Quienes lograron juntarse con otro grupo de argentinos el viernes en el restorán Le Bernardin, uno de los más calificados de la Gran Manzana (es uno de los cuatro que tiene tres estrellas Michelin), acordaron en lo obvio, que habrá una apelación a la Suprema Corte de los Estados Unidos, pero también que la Argentina sigue atada al discurso de que quiere pagar, aunque no más de lo ya pagado, y que le digan cuánto y cómo sin producir una quiebra de la Tesorería. Se preguntaban si el tema tendría influencia en el proceso electoral, y se convencieron de que no llega al gran público. No sólo porque la tenencia de bonos no es, a diferencia de los EE.UU., algo habitual en el público común de la Argentina. Es porque ya descuenta la opinión pública las dificultades que tiene el Gobierno en el control de la crisis financiera y un fallo en contra no agregaría mucho a esa percepción. Un fallo a favor sería una buena noticia en una lista larga de dificultades. En cualquier escenario, Cristina de Kirchner dirá que esa es una deuda vieja, contraída por otros gobiernos, y que ella quiere pagar. Si le replican dirá que esa deuda fue tomada por gobiernos de partidos que hoy se oponen a ella. De todos modos, cuando terminan esas charlas la de Le Bernardin fue una serie de siete degustaciones de frutos de mar acompañada por un vino distinto en cada "course" o miniplato ofrecido por el chef francés Eric Ripert hay brindis de argentinos y americanos sobre el futuro argentino, al entender que en cualquier escenario que surja en el mediano plazo la situación mejorará. Las chances que están en el mercado, fueran del oficialismo o de la oposición, permiten pensar en que será una Argentina mucho más amigable para los negocios y que tratará de salir de los cepos, cambiarios o de precios, de la inflación y del clima agresivo a los negocios. No hay que beber mucho para imaginar que el país de la segunda parte de esta década puede ser de nuevo un país de moda en el mundo, y no ya por su fútbol, su Papa o sus facturas impagas.



Si algo merece respeto es la fe ajena; hacerlo es honrar el derecho de los demás, base de cualquier convivencia civilizada. La mirada de Florencio Randazzo en la misa del sábado a la tarde sobre Amado Boudou y Julián Domínguez en el acto de asunción del nuevo arzobispo de Buenos Aires buscaba entender las razones por las que los dos funcionarios se diferenciaban del resto de los que habían ido a ver cómo se sentaba en la cátedra el sucesor de Jorge Bergoglio. "En este tipo de actos uno no se arrodilla", explicó un funcionario kirchnerista. Cuando llega la consagración, detalló, "uno baja la cabeza y se pone serio, pero nada más". El vicepresidente y el jefe de los diputados, con poder para expresar la piedad como les dé la gana, cumplieron con su fe y eso lo entendieron los hombres de la Iglesia presentes en la Plaza de Mayo. Esos sí que comprendieron bien la señal. Cristina de Kirchner había ordenado una asistencia masiva de funcionarios al acto. Ella ese sábado estaba en Caracas visitando el túmulo que contiene los restos de Hugo Chávez y retuvo allá a Julio De Vido, Oscar Parrilli y Héctor Timerman, pero el resto del gabinete fue todo a la plaza, con la excepción de Carlos Tomada, cuya ausencia fue tan inexplicable como otra, la del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. En esa coreografía muda hay que incluir encuentros audaces a la vida de todos, como el de Domínguez con el hombre con quien comenzó a militar cuando estudiaba Derecho de joven (dejó la carrera para trabajar y se recibió, después de retomar los estudios, cuando ya tenía su actual cargo, el año pasado), el secretario de Culto Guillermo Oliveri. Fue en la parroquia 13 y también en la 15, adonde los acompañó el exviceministro de Defensa Fernando Maurette. También fraternizó Julián con Aldo Carreras, amigo de la infancia de Bergoglio y hombre de penetrante aroma clerical. Fue funcionario de Carlos Menem en Educación y en Migraciones y ahora lo es de Daniel Scioli. Los rituales suelen forzar a los participantes a quebrar preconceptos, y eso se vio en el momento del saludo de la paz, cuando Mauricio Macri y Boudou buscaron a quién saludar hacia el lado opuesto. Sí se desearon el "la paz sea contigo" Domínguez con Macri, María Eugenia Vidal y el secretario de la administración macrista Marcos Peña, quien se saludó también con afecto con Juan Manuel Abal Medina. Fue llamativa la presencia de delegaciones extranjeras, entre ellas la de los Estados Unidos, encabezada por Vilma Martínez, que está despidiéndose del cargo porque Barack Obama la reemplazará por uno de los principales sponsors de su campaña. En el sector de los funcionarios macristas se destacó la oculista Graciela Reybaud, quien sin esperar que se reclamara al estilo alfonsinista "un médico a la derecha", en varias oportunidades se levantó de su ubicación para atender desvanecimientos de otros feligreses. Sin mostrar invitación, como siempre, se ubicó en primera fila junto a los funcionarios el bombista Tula. Nadie se animó a sacarlo de allí, porque tiene los mismos fueros de temor que Hebe de Bonafini. Hace lo que quiere. Más en segunda fila se ubicaron hombres vinculados a la Iglesia como el auditor Santiago de Estrada y el consejero de la magistratura Jorge Enríquez, que fue desafiando la convalecencia de la operación de rodilla. Sólo se apartó de la recomendación de reposo para estar ahí y en la protesta del jueves; pero declinó estar en grandes actos, como los festejos de cumpleaños del abogado Zenón Cevallos, una contravención que le costará caro.



Pero existe vida más allá de las algaradas públicas, como lo manifiestan radicales y conservadores que tienen quizá menos piedad que los peronistas, pero que también manifiestan señales de vida. A falta de votos para contar, las diferentes tribus radicales se entretienen y de paso hincan el diente en tertulias con excusas gastronómicas de lo más variadas. Algunas de cuño tradicional, como la del restorán La Raya que convoca el exsenador delarruista José "Pepe" García Arecha, y la del Grupo Progreso, que a través de más de dos décadas coordina el exdiputado José Bielicki en el Centro Lalín. Esta semana los de la boina blanca tuvieron, además de las señaladas por tradicionales, otras dos más originales. Una de tipo clásica en el Club del Progreso de la calle Sarmiento al 1300 -donde luce la mesa en que depositaron el cuerpo ya sin vida del suicidado fundador del partido, Leandro Alem- en la que participó un variado arco de dirigentes bonaerenses en el que se vislumbra una incipiente línea interna en apoyo a la precandidatura presidencial en ciernes del senador Ernesto Sanz, el único radical que admite públicamente su pretensión en tal sentido y ya cuenta con agenda, sponsors financieros y equipo de campaña. Allí estuvieron el martes la exvicegobernadora de Bueno Aires Elva Roulet, el expresidente del comité provincia Daniel Salvador, el exministro de Educación José Dumón, el exministro de Defensa de tres presidentes (Alfonsín, De la Rúa y Duhalde), Horacio Jaunarena, el actor y exdiputado Luis Brandoni, el defensor penitenciario Francisco Mugnolo, el exministro de Gobierno Juan Portesi, Rubén Luis Blanco, Alfredo Irigoin, Gustavo Grinspun, Jorge Elustondo, Juan Radonjic, entre otros. Los unía un propósito: que la UCR vaya a las elecciones sin aliados, manteniendo la identidad de la Lista 3, frente a la idea de caciques partidarios que flirtean con el FAP de Hermes Binner o con fracciones de centroizquierda que no convencen a este grupo radical.



La otra reunión gastronómica radical fue en el comité de la calle Rojas al 400 en Caballito, base de operaciones de los autodenominados "Irrompibles" (algo inexplicable en un partido que según su líder fundador debe romperse y no doblarse), grupo de jóvenes que lo bancaba a Raúl Alfonsín en todas las paradas, incluso con un minicampamento en la vereda de Hospital Italiano mientras duró su convalecencia luego de aquel terrible accidente que casi le cuesta la vida en Ingeniero Jacobacci, provincia de Río Negro. "Los Irrompibles", en el otro extremo del dial partidario, llevaron a comer un asado al izquierdista polifuncional Humberto Tumini, hombre que supo ser de las filas de Tosco, luego dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores (brazo político del ERP) comandado por Manuel Gaggero -hoy en dorado exilio- y que como líder del Movimiento Libres del Sur pasó de una alianza táctica con los Kirchner en sus dos primeros mandatos a una furibunda oposición que lo llevó a integrarse al FAP y allí intenta catequizar a los socialistas (más sectarios aún que él) sobre las bondades de un acuerdo electoral con los radicales. Éstos lo convidaron con la cerveza Hipólita, original producción elaborada en la cocina de ese local partidario que está intentando ingresar al mercado comercial del rubro por la puerta grande en sus tres variedades: rubia, negra y colorada.



Los demócratas porteños, hoy en la alianza que sostiene al Gobierno de Mauricio Macri, se permitieron un alarde de vigencia al reunir anoche en su sede de la calle Rodríguez Peña al 500 a un grupo de militantes propios y de amigos que podrían ser -en el léxico comunista- sus compañeros de ruta. Fue para poner en sus funciones al nuevo presidente de la formación, Eduardo Santamarina, y al de la Convención, Alberto Allende Iriarte (quien terminó su tercer mandato como presidente de la junta de gobierno). Estaban Juan José Guaresti (nieto) y Cristina Quinteros, Enrique Aramburu, Federico Toranzo, Diego Ibarbia, Mónica Alonso, Juan Carlos Pietrovelli, Gustavo Criscuolo, de la burocracia partidaria, pero también estrellas del conservadorismo de antaño y de hogaño como Ricardo Balestra y Emilio J. Hardoy (h), Carlos María Martínez, los diputados Nacionales Roberto Pradines, Omar De Marchi, Federico Pinedo, Carlos Brown, Julián Obiglio y Paula Bertol, los exsenadores Ricardo Gómez Diez y José Antonio Romero Feris, los exdiputados Guillermo Alchouron, Armando Ribas, Alfredo Castañón, Ricardo Balestra, Juan Carlos Lynch, Nora Ginzburg, Martín Borrelli, Cristina Guzmán, Cynthia Hotton, Miguel Jobe, José Manny Lalor, y los exlegisladores Carlos Araujo, Elena Mitjans, Aldo Pignanelli, Eduardo Sadous y Juan Carlos de Marcos (Partido Demócrata Conservador) y Jorge Enríquez.



Inevitable a esta hora del año y aunque se adelantó ya algo en las páginas de este diario, darse un garbeo por la cena anual de la ONG Cippec que se hizo el lunes en el hotel Hilton y que llevó un lote de dirigentes, empresarios, funcionarios y políticos que superó el millar de asistentes. El encuentro ha ido con los años ampliando el acto, que dejó de ser opositor porque de a poco va sumando a oficialistas y hasta a kirchneristas. Lo explican los acuerdos de la ONG con gobiernos de ese signo que le han sacado el aire macrista y denarvaísta que tuvo hasta hace unos años. Les pasó a otras ONG que nacieron como expresión de la sociedad civil no partidizada, crecieron con el respaldo de empresas y benefactores, pero su éxito las hizo crecer y necesitaron más fondos para sostener ese crecimiento y ahí estaban los gobiernos para hacerse cargo de la changa. Eso explica que además de los clásicos saludos entre Daniel Scioli y Macri, acompañados esta vez del santafesino Antonio Bonfatti, estuvieran en las mesas dos kirchneristas de peso como Jorge Landau (apoderadísimo del PJ) y el subsecretario de la Presidencia, Gustavo López, a la cabeza de otros oficialistas como Diana Conti y un lote de intendentes integrado por Sergio Massa (Tigre), Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas), Osvaldo Caffaro (Zárate), José Eseverri (Olavarría), Joaquín De La torre (San Miguel), Darío Giustozzi (Almirante Brown), Darío Díaz Pérez (Lanús), José Manuel Corral (Santa Fe), Mónica Fein (Rosario) y Fernando Gray (Esteban Echeverría), que convivieron con alcaldes opositores como Gustavo Posse (San Isidro) y Ramón Mestre (Córdoba).



Las mesas estaban compradas por empresas, pero los parroquianos se las ingeniaron para sentarse con amigos. La mesa más entretenida de la noche fue un lujo: estaban en ella Teresa González Fernández (que en este acto reaparece en estos quinchos, de los que estuvo ausente varios meses), Enrique Nosiglia, el exsenador Héctor Maya, el expresidente Ramón Puerta, el ex UIA Héctor Méndez, el senador Rubén Giustiniani y el camarista electoral Alberto Dalla Vía. Observada con envidia por todos, que hubieran querido sentarse allí y escuchar los cuentos que hacían estallar en risas a esos privilegiados, la mayoría de los presentes pasó por ahí a saludar. Entre otros, José Bordón, acompañado de su hija, que honra la donosura de las González Gaviola, el movedizo diputado Mauricio Dalessandro, Francisco de Narváez, el juez Ariel Lijo, Federico Pinedo, Ricardo Gil Lavedra, quien tiene que decidir si será candidato a renovar su banca o a representante en el Consejo de la Magistratura, Ricardo Alfonsín, Norma Morandini, Graciela Camaño, Gabriela Michetti (quien insiste en acompañar a Roberto Lavagna en el ticket de senadores en la Capital), los empresarios Juan Pablo Maglier, Hernán Maurette, Tato Lanusse, Fabián Falco, el segundo de la embajada de los Estados Unidos Jeff Brown, Cristina Guzmán, Hermes Binner, el sindicalista Andrés Rodríguez y una selección de empresarios en la que se lucieron Woods Staton, Paolo Rocca y José Ignacio de Mendiguren, entre otros tantos.



Volvamos por un instante a Nueva York para dar los detalles más importantes de la velada borgesiana junto a tantos argentinos. "Lomo con chimichurri" fue el plato principal para homenajear con un menú criollo a los invitados de la Americas Society en los salones del Upper East neoyorquino. Allí se presentó la muestra "Xul Solar y Jorge Luis Borges: El arte de la amistad", curada por Gabriela Rangel (directora de Americas Society), en colaboración con Beverly Adams y la escritora argentina Lila Zemborain (directora del departamento de escritura creativa en español en la Universidad de Nueva York). En la exhibición estaban los patrocinantes, para comenzar, Erica Roberts, Eugenia y Eduardo Grüneisen, Diego Costa Peuser, el ministro Hernán Lombardi, acompañante oficial de María Kodama en todas sus presentaciones. Sobre la amistad de Borges y Xul habló el embajador Sergio Baur, un conocedor del grupo Martín Fierro. Xul, con su inventiva y su caudal de conocimientos sobre lingüística, religiones, música, astrología y filosofía hermética despertó en el escritor un sentimiento de "esencial afinidad", se dijo. Ambos aspiran en la década del 20 a recuperar la tradición criolla. "Ya Buenos Aires, más que una ciudad es un país y hay que encontrarle la poesía y la música y la religión y la metafísica que con su grandeza se avienen. Ese es el tamaño de mi esperanza", escribía Borges. Y no es casual que dedicara ese libro a Xul, creador entre otras lenguas del neocriollo, destinado a facilitar la comunicación de una utópica "Confederación de los Estados Latinoamericanos del futuro". Tampoco es casual que Xul ilustrara "El tamaño de mi esperanza" y "El idioma de los argentinos". Entre quienes escuchaban embelesados estaban Susan Segal, Silvia Molloy, Claudia Caraballo, Diego Herbestein, Fito Fiterman y gente de Aeropuertos Argentina 2000, la Diane y Bruce Halle Foundation. La noche culminó con una comida en el lujoso comedor del tercer piso de la institución, con el mencionado menú organizado por una chilena, el pintoresco lomo con chimichurri, vinos argentinos y frutas de la pasión.



Vamos a terminar con un chiste académico pero algo guarro. En una clase de física en una alta casa de estudios el profesor les plantea un problema a sus alumnos:

-Si estoy en una cámara a volumen constante, con una presión de una atmósfera, y la temperatura sube de 15 °C a 25 °C, y contiene el 25% de hidrógeno y el 15% de oxígeno... ¿qué edad tengo?

Silencio en el aula por unos segundos, hasta que un alumno contesta:

-¡Cuarenta y cuatro años!

El profesor, pasmado, lo mira y le dice:

-¡Es verdad! ¿Cómo lo dedujo, alumno?

-Fácil: lo que pasa es que tengo un primo medio pelotudo y tiene veintidós...

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