Charlas de quincho

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Un clima de distensión campea en los quinchos de hoy, con el Gobierno más calmo en relación con el dólar y con viejas rispideces (hasta la Presidente compartió acto en El Calafate con el díscolo gobernador Peralta). Le contamos al lector detalles de la minuta económica, no menos optimista, que allí llevó el jefe de Gabinete, y la reunión secreta de un mentado cuarteto opositor y el titular del Banco Central, quien cumplió con creces con las demandas de sus visitantes. De allí nos fuimos a Córdoba, siguiendo el encuentro de radicales y socialistas con la mesa del campo (donde fueron testigos de una picardía), y a Nueva York, tras los pasos del gobernador bonaerense donde selló su imagen de candidato presidencial. Terminamos con quinchos top en Punta del Este, pasados por agua. Veamos:

Un final de veraneo en el que parecían chocar los planetas termina distendido y casi apacible, celebrando todas las tribus que les van cumpliendo los planes y buscando salirse de los titulares ríspidos. Cristina de Kirchner no sorprendió mucho yéndose por una semana a Santa Cruz aunque sí por la afabilidad que mostró con Daniel Peralta, gobernador que enfrentó al kirchnerismo de familia en elecciones, con quien compartió el acto del Calafate junto a Julio de Vido, convertido de nuevo en ministro bastonero de reuniones con gobernadores e intendentes para mantener en función piloto la relación de Olivos con esos niveles para contener dispersiones y con un axioma que repiten todos al salir: "El kirchnerismo no tiene candidato", una definición por la vía negativa que abre un arco iris de ilusiones. Peralta convivió en armonía con la Presidente y deslizó que existían diferencias entre ellos pero que debían superarlas para asegurar gobernabilidad, una audacia horizontalista que Cristina parece permitirles sólo a sus comprovincianos, si se lo compara con el verticalismo que se les impone a los demás. Se solazó la mandataria bajo el sol tibio del Calafate con bromas desde el estrado y hasta con un paseo en una caravana de autos antiguos que adornó esa Fiesta del Lago que quiere competir ya con los otros festivales del verano, que son muchísimos y los aprovechan los políticos para rodearse de turistas. Esa distensión coincidió con una agitada agenda de viajes de todos los actores del retablo político, no sólo de la Presidente, con un Mauricio Macri mostrándose con radicales amigos en la Fiesta del Trigo de Leones quitándole visibilidad a la virtual cumbre del radicalismo formal en esa misma ciudad y pocas horas de diferencia con Héctor Timerman, de viaje por Dubái y Arabia Saudita junto a unos pocos funcionarios y una cuarentena de empresarios a quienes el Gobierno quiere abrirles la puerta de esos mercados para vender tecnología criolla, algo que falta por allá, tanto como sobra el petróleo y el gas. O con un Daniel Scioli que extendió el fin de semana la permanencia en Estados Unidos con un par de días en Miami para recuperarse de tanto frío que pasó en Nueva York con la gira de reuniones con inversores, que se cansaron de preguntarle qué hará si es presidente y que eludió respondiendo que el suyo era el viaje de un gobernador.



La distancia con Buenos Aires no desconectó a Cristina de las usinas del Gobierno, con las que mantuvo charlas por teléfono viernes y sábado, y la distensión veraniega le permitió evaluar algún balance que ensayan sus asesores sobre el primer trimestre del nuevo gabinete. Ese pergeño de análisis celebra haber sacado el tema del tipo de cambio de los titulares, haber mitigado la ansiedad por la caída de reservas y tener aún las riendas en el debate con los hombres de negocios sobre los precios. Eso, y el anuncio del nuevo índice de precios por el cual brindaron todos, oficialistas y opositores, analistas de aquí y de afuera, se suma a resultados positivos del ingreso de divisas por exportaciones. El balance diario de ingresos y egresos es positivo, dice la minuta que se llevó al Calafate el viernes, y el balance fiscal de enero y febrero también lo es. Ese paquete, cuyo trámite se atribuye a Jorge Capitanich, le permite al Gobierno ver el futuro inmediato con optimismo; inmediato quiere decir hasta el primer fin de año, que será el comienzo de la Copa del Mundo en Brasil, el 12 de junio, que en todos los análisis -en serio- figura como el deadline de todos los proyectos. Los políticos son tiempistas y creen efectivamente que desde ese día el mundo -o sea, la Argentina- se detendrá por un mes y que, vaya como le vaya a la Selección, después de julio la realidad será otra. Antes de esa fecha, dice la minuta, debe haber noticias buenas en este orden: 1) una respuesta efectiva del directorio de Repsol sobre las condiciones del bono que se les dará a los españoles en resarcimiento por la estatización de las acciones de YPF; 2) un mensaje del Club de París para cerrar ese capítulo de la deuda. Hernán Lorenzino ya está en París y llama todos los días a las oficinas del director del Tesoro del Gobierno de Francia, Ramón Fernández, que ejerce la presidencia del Club de París y que tiene pisada, en análisis, la oferta que le llevó en enero Axel Kicillof para el arreglo, que significa otro bono y ciertas condicionalidades atadas a inversiones de países de ese grupo en la Argentina, 3) más incierto es el efecto de lo que vaya ocurriendo en la Justicia de los Estados Unidos en la demandas de los holdouts, pero con un avance en los otros dos temas el Gobierno cree que el mundo empezará a soltar dinero hacia la Argentina, fuera en inversiones directas frenadas por esos entuertos, fuera por suscripción de deuda a tasa y plazos más razonables que los que se han ofrecido hasta ahora. Una buena fecha para el festejo público de esos avances cree el Gobierno que es finales de marzo, cuando se haga en Costa do Sauipe, Bahía (Brasil), la junta anual de gobernadores del BID. La delegación argentina a esa cumbre la encabezará el propio Capitanich, quien hará una presentación del programa del Gobierno en un escenario que asegura máxima visibilidad. Para el jefe de Gabinete será la primera salida del país desde que asumió el cargo.



En lo político esta percepción de optimismo del Gobierno se alimenta del hecho de que la oposición está haciendo su trabajo, que es construir formaciones y candidaturas y que eso le impide integrarse en un bloque unificado para las elecciones de 2015, algo imprescindible para que el peronismo enfrente con chance las elecciones de ese año. Creen que el UNEN nacional se fragmentará, que la UCR sostendrá sólo la alianza con el socialismo y que el macrismo seguirá aislado. Con eso se asegura la hipótesis Capitanich de que en 2015 habrá, por lo menos, siete candidaturas presidenciales. Eso le pone tensión porque la primera vuelta es un enigma y un balotaje es una buena oportunidad para reunificar el peronismo. Ojalá todo fuera tan sencillo como estas profecías.



En el rango de esa distensión que gana los ánimos figuran entendimientos que parecen extraños si se limita la mirada a la gresca diaria de oficialistas y opositores en la superficie, algo que parece pedido por el manual de la política pero que no permea hacia las profundidades de algunas decisiones, en donde se suelen encontrar los que por arriba viven peleándose. Suelen ocurrir estos entendimientos por debajo entre sectores de oficialismo y oposición cuando se juegan cuestiones que afectan a todo el país, y saludan en Gobierno que exista entre sus contradictores un sector de los "normales" que entienden que deben apoyar algunas decisiones, siempre con algo a cambio cuyos detalles, eso sí, quedan en la máxima discreción. Mirando hacia atrás ocurrió cada vez que el Gobierno debió promover reformas a leyes como la que reprime el lavado de dinero para adecuarse a las exigencias del GAFI y sectores de la UCR, la Coalición y el PRO flexibilizaron posiciones para que saliesen. Ese encuentro motivó hasta cenas de agradecimiento -quinchos ocultos, secretos, nunca revelados- de ministros del gabinete con legisladores opositores para agradecerles la changa. Quedan por ahora los nombres lacrados en la categoría de enigmas, sobre los que se pueden levantar apuestas. Esta vez el acuerdo que nadie blanqueará hasta nuevo aviso permitirá el regreso a una función del exjefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina. Su nombre lo agita desde el día de su renuncia el Gobierno para cubrir la silla de defensor general de la Nación, un cargo de la Constitución para cuya designación hace falta una mayoría especial del Senado. El radicalismo se había alzado de manos cuando en diciembre se hizo circular su nombre, después del blooper del anuncio de que Abal sería embajador en Chile ("Me ofrecieron el cargo, pero no puedo aceptarlo, tengo un hijo chico, no sé, le aclaró en aquel momento a otros miembros del gabinete). Pero al calor del verano el bloque opositor que conduce Gerardo Morales acercó posiciones con el oficialismo para que la acefalía en ese puesto no se perpetúe. En 2009 ese cargo quedó sin ocupante cuando terminó el mandato del peronista Eduardo Mondino, que estuvo allí una década. A finales de diciembre pasado caducaron también los defensores adjuntos y esa oficina abrió más cargos que se pusieron en la negociación. Este acuerdo con los radicales prevé que se acepte el nombre de Abal Medina y que algunos de los adjuntos vengan de la oposición. Este cargo ha sido muy trajinado porque ya en 1999 el Gobierno de la Alianza quiso que fuera para el frentegrandista -o sea, aliado del Gobierno- Raúl Zaffaroni. La lentitud del trámite fue tan grande que la designación nunca salía y al actual juez de la Corte Suprema terminaron dándole un cargo consuelo, presidente del INADI (Instituto contra la Discriminación). Con ese sello terminó Zaffaroni la gestión de la Alianza, con el beneficio de que cuando el Gobierno Kirchner lo propuso como miembro de la Corte ya tenía recorrido el espinel de adhesiones en el Senado porque le habían aprobado ya el ingreso al INADI (oficina que se cubre también desde el Congreso). En cuanto lo anunciaron para la Corte ya tenía el favor del Senado de las dos bancadas: del radicalismo, que lo había aprobado para la Defensoría bajo la Alianza, y del peronismo, que ahora lo quería en la Corte. Le sobraba crédito, se diría. Ahora ese crédito parece tenerlo Abal.



Si algún escéptico o descreído necesita pruebas de estas conversaciones, que van por encima o por debajo del follaje del día a día, debió pararse el miércoles a media tarde en la calle Reconquista, a metros de la Plaza de Mayo, portal egregio del Banco Central de la República Argentina, para mirar cómo ingresaba, serio y circunspecto, mucho más que cuando salió por la misma puerta, el cuarteto más sonado de la oposición: Ernesto Sanz, Gerardo Morales, Mario Negri y el economista y excandidato a vicepresidente Javier González Fraga. El protocolo de la casa los atendió con la celeridad de los visitantes vip; lo eran, porque el dueño de casa Juan Carlos Fábrega los había invitado con mimo especial. Los radicales Morales y Negri le habían mandado una carta seguramente un mail pidiéndole que cumpliese con la norma que indica que el presidente del BCRA rinda un informe anual ante las comisiones de finanzas de las dos cámaras. Fábrega, directamente, los invito a visitarlo en su despacho para decirles que cumplirá con eso en cuanto se abra el período ordinario de sesiones. Con el gesto hubiera cumplido, pero para beneficio de los visitantes, el funcionario se prestó a un interrogatorio sobre política económica y financiera a cuya precisión ayudó la presencia de González Fraga. La primera cuestión fue la suba de tasas y Fábrega explicó que era una medida imprescindible para sacar pesos del mercado y arrinconar el mercado del dólar. Dijo además que es una medida transitoria, que no puede durar mucho, porque castiga al crédito, encarece los préstamos, el descubierto de las empresas y hasta el financiamiento de las tarjetas de créditos. No les dijo cuándo sacarán el pie del acelerador. Cerró la explicación sobre la tasa contando que el gobierno trabaja sobre los bancos privados para que dispongan de una suma que calculan en $ 23.000 millones para darle créditos a las pymes a una tasa que no puede superar el 17%. ¿Para cuándo?, le preguntan. Antes de junio, ese dinero tiene que estar, les responde. Fábrega se mostró como un baqueano más de la política que de la banca y mencionó varias veces su vieja relación con los Kirchner en Santa Cruz, como funcionario del Banco Nación. Les dejó la idea a los radicales de que él habla a solas con Cristina de Kirchner de economía por vías paralelas a los funcionarios de Economía. Los radicales le preguntaron qué había detrás de la medida para que los bancos vendan los dólares y Fábrega respondería que modificó una resolución de la era Martín Redrado que facilitaba el juego con futuros de los bancos, pero no avanzó en más detalles. Se dijo optimista sobre lo que viene en economía y cumplió, más allá de las cortesías, con el cuarteto.



De ahí se fueron los radicales de viaje el resto de la semana. Jueves y viernes convivieron estos visitantes secretos de Fábrega con los legisladores de las dos cámaras y el resto de la cúpula partidaria en el seminario de San Ceferino (Luján) de donde salieron hacia Córdoba a participar en actos en Villa María y Leones. El trío Sanz-Morales-Negri se reunió en esta ciudad con Hermes Binner y Rubén Giustiniani, y con la llamada mesa del campo y todos firmaron compromisos de campaña; se divirtieron con las andanzas de su correligionario Jorge Aguad, quien había aparecido en los diarios del viernes sosteniendo una posición que no había expresado en San Ceferino, a favor de algún tipo de alianza con el Pro de Mauricio Macri. "Debió decir algo en el seminario, más cuando en ningún momento se debatió lo de Macri, tema que estuvo ausente en ese encierro", se extrañó uno de ese trío. Más los animó la picardía de Aguad de aparecer sin aviso en la mañana del viernes en la fiesta del Trigo cuando los radicales tenían turno para ir a la tarde. Era porque estaba allí Macri, con quien se fotografió profusamente. Se disculpó de no estar a la tarde con sus amigos de la UCR porque debía viajar para participar de una fiesta de casamiento. Aguad tiene una buena relación con macristas como Federico Pinedo y expresa esa amistad proponiendo algo que divide a los radicales y que está en los papeles del jefe porteño, quien hoy se siente más cerca -de cara al 2015- del radicalismo que del peronismo, formación que sabe, como ya se enteró también Massa respecto de él que nunca le ofrecerá nada. Los miembros de la mesa chica de la UCR están más cerca de la estrategia que urdió en charlas con ellos Elisa Carrió: integrar el grupo del UNEN nacional con dos integrantes por cada fuerza y en 40 días publicar un documento describiendo cuál será el método para elegir la fórmula presidencial. De ese grupo, que articula la estrategia del radicalismo, no participa el Pro. Además Carrió le dijo a los suyos antes de viajar a México y a EE.UU. que está empezando a analizar una candidatura a la jefatura de gobierno en 2015 y que por eso acentuará sus críticas a Macri.



Inevitable un sobrevuelo por los quinchos que generó la visita de Scioli a Nueva York. El equipo bonarense que lo acompañó no pudo mantenerse alejado de la carne. A poco de desembarcar en la ciudad, marcharon a almorzar a Smith and Wollensky, lo más parecido a una parrilla que hay en el midletown de Manhattan. Desde allí Cristian Breitenstein, ministro de la producción de Scioli, Gustavo Marangoni, presidente del Banco Provincia y Juan Courel, secretario de Medios de la provincia chequeaban casi con histeria la lista de bancos de inversión y fondos que en fila iban entrando en la habitación de Scioli en el Hotel Península. Les quedó tiempo, despues de probar pinzas de langosta de Maine y unos langostinos de entrada cortesía de la casa, para discutir sobre las bondades del "Colorado Rib Steak" que pidió cada uno de los integrantes de la mesa. Marangoni y Breitenstein defendían las bondades de la carte argentina alimentada a pasto (cada vez menos frecuente frente al avance tambien aquí del feedlot), frente a esos casi 400 gramos de bife ancho de costilla sometido al proceso "dried and aged" (secado y añejado) que hoy compite en el mundo con la mejor carne. Afuera, la nieve que no paraba de caer complicaba todos los movimientos. Salvo los de Scioli: el fotógrafo oficial tuvo que soportar la nevada para poder seguir al gobernador que se le escapó a la custodia para un paseo a pie por la 5ta, Avenida, haciendo gala, hasta con el idioma, de manejarse en esa ciudad como en su casa. Silvina Batakis, la ministra de Economía de Daniel Scioli, intentó mantenerse en segundo plano durante toda la estadía en Nueva York. No lo logró: ella fue la primera en arribar a la ciudad, un día antes que toda la comitiva para arrancar con la agenda de encuentros con fondos de inversión. Se relajaba solo siguiendo, aunque con preocupación, las noticias sobre Juan Roman Riquelme, que por su lesión estira el regreso a la cancha. Batakis no solo es fanática de Boca sino que es la encargada en la familia de llevar a su hijo a la cancha, frente a su marido mucho menos futbolero que ella. Batakis se mostró en Nueva York como una defensora de la gestión de Scioli, de su forma de relacionarse con el gobierno de Cristina de Kirchner, pero sobre todo como una fiscalista, al estilo Juan Carlos Pezoa , aunque en este caso parece cuidar la caja más que a su vida. Ese perfil fue el que gustó en Wall Street mientras sacaba de su maletín cientos de planillas para intentar demostrar, casi en un giro clintoniano, que había podido domar el deficit provincial. Y se fue con la promesa de que si vuelve en mayo a pedir plata para obras, le prestarán. La partida de Daniel Scioli de Nueva York no fue el final de la algarada bonaerense en esa ciudad. El jueves, el gobernador suspendió una presentación por televisión a la tarde por temor a que la tormenta de nieve que cayó sin piedad sobre Nueva York impidiera los despegues. Para ese momento ya había logrado lo que pretendía; mostrarse como candidato presidencial ante fondos de inversión y empresas pidiendo tiempo para que los grandes temas pendientes se solucionen. Llegó, como un regalo, a festejar el índice de inflación de Axel Kicillof como si fuera una promesa cumplida. Algunos de los argentinos que quedaron en Nueva York partieron el viernes hacía el Soho, a la librería McNallyJackson donde un argentino que reside desde hace tiempo en la ciudad, Hernán Iglesias Illa, presentó en la intimidad del auditorio de ese local "American Sarmiento", la historia del viaje en el que ex presidente tomó el modelo de las escuelas estadounidenses que trajo al país.



Nada mejor que un vino rosado bien frío para acompañar un atardecer también rosado y comentar entretanto los avatares climáticos de Punta del Este, algunos, dignos del mejor surrealismo mágico. Al promediar la semana pasada soplaban vientos huracanados y el mar, tan turbulento como pocas veces se vio, llevó hasta la playa el cuerpo rígido de un ternero y un árbol casi completo, además de una variedad de algas y plantas marinas. En la galería Xippas, dueña de un espacio que a pesar de su excelencia no resistió los embates de los aguaceros, celebraban el fin de las goteras que amenazaban anegar las salas colmadas de valiosas obras de arte internacionales. Sofía Silva Guggeri, Nené Dozo, Bernardo Thompson y el galerista Renos Xippas recordaron entonces otra lluvia torrencial, esta vez en París. Así contaron un accidente en el edificio de la sofisticada Fundación Cartier diseñada por el célebre arquitecto Jean Nouvelle, autor de varios museos notables y del Instituto del Mundo Árabe. La noche del vernissage del argentino Guillermo Kuitca diluviaba, y el propio artista tuvo que salir corriendo a salvar sus cuadros antes de que los bañara el torrente que bajaba por las paredes.



Las recepciones no abundan en estos días, en parte por el mal tiempo y en parte porque muchas casas están vacías. Acaso por esta razón los invitados del coleccionista Carlos Abud partieron temprano rumbo a la chacra de Punta Ballena, donde se homenajeó al escultor francés Denis Monfleur. Durante la comida, brochettes, pizzas, quesos y bocaditos que culminaron con un risotto y una torta Rogel, el tema candente fue el proyecto -dos, en realidad que hasta hoy coexisten- de realizar una feria de arte en Punta del Este, en enero de 2015. Un proyecto es uruguayo y el otro argentino. Laetitia d'Arenberg lidera el de Uruguay y tienen como antecedente la exitosa Bienal de Montevideo que abrirá sus puertas el próximo verano. Ella misma contó su plan durante la comida. Luego, la Fundación arte BA, con la exitosa trayectoria de 22 años de feria, ha puesto en juego sus cartas para expandir el negocio argentino.



Dudu von Thielmann y el artista Rafael Bueno escuchaban a Cristina Carlisle (Christie's) cuando aseguró que la firma recaudó más de 320 millones de dólares en las subastas de Londres de arte moderno e impresionista. Entre esas obras había un dibujo de Picasso que había pertenecido a Audrey Hepburn, dato que elevó su valor. Ante esos números, los costos que debe afrontar la galerista de Manantiales Silvia Arrozes (la luz o el enmarcado de una muestra, rondan los 1.000 dólares) casi parecían austeros. Se dijo entonces que los coleccionistas tienen la costumbre de regatear y pedir descuentos que suelen ascender al 25%. Luego de una temporada que todos consideraron tibia, la voluntad de reunir unos miles de dólares para invertir en el stand de una feria se adivina difusa. Finalmente, dados los altos precios de los restaurantes del Este, se comentó el libro que la editora Sofía Pomar dedicó a aquellos donde se come bien por poco dinero. El texto pasa de mano en mano. Allí descubrieron una parrilla ubicada en Maldonado. "Si bien la especialidad de la casa son los chivitos, la pizza de camarones es una delicia", subrayaron. Otra nota tan afín al surrealismo mágico como la de ternero en la playa, fue la de un pequeño supermercado donde los compradores descubren que venden las muestras gratis y que los precios que cobran superan el que está marcado en el producto. "Es la política de propiciar el turismo interpretada al revés. El precio bajo es para el invierno, cuando sólo quedan los uruguayos; el alto, para los turistas que llegan durante el verano. ¿Para qué remarcar si el tiempo vuela?", concluyeron, en tono casi filosófico.



Vamos a terminar con un chiste escuchado en Hacoaj.

El esposo judío se casó con una mujer religiosa y, después de dos meses de casados, toma coraje y le pregunta:

--Querida, ¿es cierto que tuviste relaciones con otros hombres antes de que te casaras conmigo?

La esposa lo mira y le dice:

--Mirá, querido. ¿Tenés buena y sabrosa comida?

--Sí.

--¿Tenés la ropa bien planchada y limpia?

--Sí, claro...

--¿Y la casa está limpia y ordenada?

--Sin dudas...

--¿Y en la cama estás conforme conmigo?

--¡Pero por supuesto!

--Entonces decime, querido: ¿donde creés que se aprende todo eso? ¿En el templo?

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