- ámbito
- Edición Impresa
Charlas de quincho
Los quinchos de hoy son, en su mayoría, de cabina presurizada: tantos fueron los vuelos y no sólo al Mundial de Brasil. Empezamos con la ambivalencia amor-odio hacia el Uruguay durante la cumbre de Santa Cruz de la Sierra; saltamos luego a Montevideo mismo (donde un grupo argentino se encontró con Tabaré Vázquez y se filosofó sobre el eterno retorno), e inevitablemente nos detenemos luego en Río de Janeiro, donde frecuentamos tanto a la clase turista como a los vip. Por supuesto, también hay quinchos locales, como el del sensible Encuentro de Relaciones Institucionales celebrado por una división de Idea, y una suculenta juntada, con mucho radical, en la que Fernando de la Rúa relató cosas no sabidas sobre la crisis de la Alianza. Veamos.
Daniel Scioli juega en la previa de Boca - Villa La Ñata por nueva fecha del futsal de la AFA.
Merece mención en este recorrido por quinchos diplomáticos la leyenda de que se les ha cerrado las puertas de la Cancillería a un grupo de exembajadores, que ahora tienen que presentar el DNI en la guardia y justificar el ingreso como el resto de los visitantes. Hubo pedidos de aclaración entre funcionarios del Gabinete y, desde las oficinas de la calle Esmeralda, se respondió que esa decisión no tiene nombre y apellido y que no prohíbe nada a nadie. Es general y responde a reacciones inconfesables ante hechos también inconfesables: la presunción de que algunos exembajadores, empleando su prestigio entre los funcionarios en actividad, pudieron tener acceso al uso de teléfonos, secretarias y aun a cables de comunicación oficiales que pudieron alimentar publicaciones críticas al Gobierno o actos de la oposición política. ¿Caza de brujas? Se enojan los funcionarios que tomaron la decisión y bufaron: éste no es un club de jubilados, tampoco en otros ministerios ni en empresas ni en unidades militares se permite el ingreso sin más de exfuncionarios. El tema es delicioso para los debates que libra con sus contradictores la cartera de Timerman, quien niega que haya ordenado prohibir ningún ingreso. ¿Había puertas demasiado abiertas? La leyenda dice que sí, y consta el caso de un exdiplomático político que se desempeñó en Brasil en tiempos de Carlos Menem y cesó en el cargo al asumir el Gobierno de la Alianza, pero que mantuvo durante un largo tiempo una oficina en la Cancillería con uso de teléfono y secretaria, sin que se le dijera nada. Nadie lo había autorizado pero tampoco nadie se lo impidió. No se dice aquí el nombre porque se trata de un hombre que ya falleció y que además es una leyenda del peronismo. Ya pasó.
Inevitable que estos quinchos hagan una escala en Río de Janeiro, poblado el fin de semana de argentinos de todas las escalas sociales, desde los hinchas que por centenares se agolparon frente el hotel Sheraton en donde alojó la Selección de fútbol que jugó anoche, cantando consignas hasta la madrugada que les pidieron moderaran porque impedía el descanso de los jugadores. Parecían enviados por Bosnia por este magro favor a la concentración. Un Cristo Redentor "pintado" de celeste y blanco fue un adelanto de lo que se vivió anoche. El lugar de encuentro fue el Fan Fest que montó la FIFA en Copacabana, un inmenso predio dentro de la playa para ver los partidos en pantalla gigante, pero además con un gran predio para comprar merchandising alusivo de la Copa del Mundo y, por supuesto, los infaltables stands con los sponsors, sin nada demasiado interesante. Se gastaron casi 10 millones de dólares para montarlo y puede albergar más de 20.000 personas. Los argentinos festejaron la previa durante todo el día (y sobre todo por la noche) en la playa, banderazo incluido y también cortaron las calles de la rambla, pero no en señal de protesta como sucede con algunos grupos locales, sino como manera de festejo. Todo se desarrolló de manera pacífica y a los pocos minutos el ruidoso grupo, acompañado de banderas gigantes accedió sin problemas a desalojar el lugar para que fluya el tránsito. La mayoría de los argentinos llegó hasta Río en plan gasolero. Las quejas se repetían por la mala calidad del alojamiento, pero no había demasiadas alternativas. Cualquier hotel tres estrellas arrancaba en un piso de 850 reales la noche (unos u$s 400) la habitación doble, un valor que pocos están dispuestos a enfrentar. No faltó la venta ambulante de remeras, calzas o gorros argentinos de aquellos que llegaron hasta aquí con auto o casa rodante. El objetivo era conseguir algunos recursos para pasar lo mejor posible los días en la ciudad. Dejando de lado los cálculos "científicos", por lo menos 20.000 argentinos llegaron hasta Río para el primer partido del Mundial. Lo impresionante de esta ciudad es que además había gente de prácticamente todos los países que hicieron base aquí para seguir los distintos partidos de sus selecciones en distintas sedes. Ése también es el plan de algunos argentinos que se quedarán hasta el viernes en las playas de Río para viajar a Belo Horizonte, donde la Selección enfrentará el sábado a Irán en su segundo compromiso.
Pero más allá de la vida en las playas, hay otro Mundial mucho más glamoroso. Frente a las playas está el imponente Copacabana Palace, el hotel más glamoroso y emblemático no sólo de Río, sino de todo Brasil, de la cadena "Luxury Hotels" y donde la habitación trepaba hasta los u$s 3.000 la noche para el Mundial. Allí paró Marcelo Tinelli con su mujer, Guillermina Valdés y su pequeño hijo Lorenzo, y el resto de su familia. Julio Grondona, que participó de un congreso de la FIFA en San Pablo, también se hospedó allí junto a sus hijos y nietos. "Don Julio" comentaba orgulloso, en su rol de tesorero de la organización internacional del fútbol, que pudo mostrar una utilidad en el último período de u$s 72 millones y un capital de reserva de nada menos que u$s 1.400 millones. Además, se repartieron entre todas las selecciones que forman parte de la FIFA u$s 750.000, sin incluir los premios relacionados con la Copa del Mundo. Grondona, en nombre de la AFA, ofreció un imponente cóctel en uno de los salones del Copacabana, al que asistieron además de los Grondona y los Tinelli los presidentes de Boca y River, Daniel Angelici y Rodolfo Donofrio -venían de un "seminario" de la FIFA en San Pablo-, Juan Bruchou, del Citi, el funcionario Tristán Bauer -responsable del operativo de transmisión de la señal de los partidos a la Argentina-, el embajador argentino Luis Kreckler. Éstos son algunos de los conocidos que fatigaron las calles de Río, como Mauricio Macri y algunos de los miembros de la delegación que partió anoche, después del partido, hacia Israel para una cumbre de ciudades capitales, como el rabino Sergio Bergman y su canciller, Fulvio Pompeo, el embajador en Chile, Ginés González García (quien aclaró que está de licencia por vacaciones) y, entre otros, Horacio Rodríguez Larreta, los empresarios "Lolo" Longinotti, Carlos Martinangelli (presidente de NEC Argentina), Jorge Sánchez Córdova, Alejandro Blaquier (había salido en avión privado completo desde San Fernando), "Nacho" Viale, Marcela Tinayre, Martín Cabrales, Julio Fraomeni, Fernando del Carril (Procter & Gamble). Macri tuvo alguna actividad de gestión porque viajó invitado junto a Juliana Awada por el alcalde de Río, Eduardo Paes, uno de los amigos que tiene allí también Scioli, que también fue invitado pero que avisó que por ahora no irá al Mundial porque tiene mucho que hacer (hoy estará en un almuerzo en Mar del Plata con embajadores de países europeos en los que, por supuesto, dominarán el fútbol y los resultados de esta copa que ya todos denominan el "campeonato sorpresa"). En el cóctel había furia de precalentamiento y entre los empresarios circularon comentarios sobre los efectos que puede tener la firma que pusieron el miércoles los gobiernos de Brasil y la Argentina para remontar el protocolo automotor, que todos creen hará repuntar la actividad de bandera en el terreno industrial. También se preguntó mucho sobre hasta qué medida Dilma Rousseff remonta o no en su candidatura a la reelección en medio de las quejas del público por la oportunidad de haber gastado tanto en este Mundial, algo que sólo se puede reivindicar si la casaca local sale campeona. Nunca un destino político dependió de tan riesgosa chance. Pero los políticos son como los artistas, una mezcla de cálculo y fatalismo irracional.
Los que se quedaron en casa tuvieron un más modesto consuelo con el cóctel que organizó el embajador Everton Vieyra Vargas en la Embajada de Brasil el día previo al comienzo del Mundial, y con el objeto de celebrar la copa. Entre los anfitriones estaba Joel Souza Pinto Sampaio, jefe de prensa y protagonista porque trabajó en su momento con Lula Da Silva en la campaña para que Brasil obtuviera la sede. Se acercó buena parte de la colectividad política con Ernesto Sanz, Hermes Binner y Julio Cobos, y de los diplomáticos, con la embajadora de Italia, Teresa Castaldo, el embajador de Gran Bretaña, John Freeman, el francés Jean-Michel Casá, y empresarios como Daniel Felici (Oderbrecht), Juan Pablo Maglier (La Rural), los exembajadores José Octavio Bordón y Jorge Asís.
Algo había que trabajar, y eso hizo un grupo de empresarios en el Encuentro de Relaciones Institucionales organizado por la división de Idea que capitanea Juan Pablo Maglier, y que se realizó en el hotel Sheraton de la avenida Córdoba. Allí se presentó un estudio comparativo de empresas que realizó CIO y que presentó su directora, Cecilia Mosto, en el que se muestra que el 87 por ciento de las gestiones de lobby se hacen sobre el Poder Ejecutivo y que el 68 por ciento lo hace sobre el Congreso. Una evidencia de esta extraña experiencia republicana. El programa se orientó exclusivamente a la gestión de intereses y arrancó con un jugoso panel en el que, moderados por Santiago Pezzatti (Philips), se lucieron dos brillantes profesores, Luciano de Elizalde (Universidad Austral) y Ariel Casarín (de la chilena universidad Adolfo Ibáñez), y un ejecutivo de empresas, Hernán Maurette (Nidera), a la sazón presidente del Consejo Profesional de Relaciones Públicas. Maurette y Elizalde se mostraron a favor de la autorregulación de una actividad que va dejando de lado las viejas prácticas que caracterizaron al lobby en favor de un modelo muy informativo, transparente y profesionalizado, en tanto que Casarín tensó en favor de la regulación. Al cierre, el exjefe de Gabinete Alberto Fernández planteó sus dudas: para que haya corrupción tiene que haber corruptores. "Se ve que no escuchó lo que se discutió antes", se lamentó uno de los concurrentes en los pasillos alfombrados del Kempinsky, "eso no es lobby, ni es tarea de lobbistas; eso es choreo y es laburo de chorros disfrazados de empresarios o de lo que sea", se quejó alguno. Entre lo más interesante estuvo la presentación de la lobbista de la empresa Bayer en Washington, Lisa Coen, que compartió estrado con el embajador español, Alfonso Díez Torres.
Noche de jueves, en un lugar que es mejor no precisar de La Plata, un ministro se entregó a uno de sus placeres secretos, cocinar para un elenco exclusivo de invitados y amigos. Se trata del bonaerense Ricardo Casal, que se calzó el delantal para una entrada de pulpo y un primer plato de chernia a la placa sobre rúcula, y peras al oporto para el postre. Un feliz hábito, para los que son invitados, el de este ministro de Daniel Scioli que armó una mesa judicial de alto voltaje para la provincia más grande del país porque juntó al ministro de la Corte bonaerense Luis Genoud, al juez federal con competencia electoral Manuel Humberto Blanco, al exvicegobernador Federico Scarabino y al abogado Alberto Piotti, hombre informado y con vínculos en la Justicia federal. Piotti, a quien los demás comensales llaman "Tano", comparte con el ministro-chef Casal y con el cortesano Genoud el haber sido jefes políticos de la Policía Bonaerense, aunque el primero lo fue con Eduardo Duhalde, el segundo en tiempos de Felipe Solá y el tercero hasta el año pasado con Daniel Scioli. Conocen, por eso, como pocos la Policía Bonaerense que ahora está en manos de Alejandro Granados. Asuntos de fútbol, infaltables, mientras Genoud, hombre que surgió políticamente desde Florencio Varela, no quería hablar de otra cosa que del ascenso a Primera A de Defensa y Justicia, el equipo del que fue presidente hace unos años y al que religiosamente va a ver cada domingo desde la popular. Blanco, que contó novedades de su viaje por Rusia, se dedicó a escuchar novedades que lo involucraban con cara de no saber nada. Blanco subroga el Juzgado Federal 3, que dejó vacante Arnaldo Corazza, pero circuló la intención de correrlo de ese lugar para designar un juez que, eventualmente, subrogue el juzgado de Blanco, el número 1, que tiene a su cargo la estratégica cuestión electoral, un asunto que en 2015 será, una vez más, primordial. Nada, por ahora, parece prosperar en ese sentido pero están alertas en todos los despachos vinculados con la Justicia federal y a los temas electorales sobre novedades en el rubro.
"¿Ustedes quién creen que gobernaría hoy, en 2007, si la soja en 2001 cuando el presidente era De la Rúa en vez de cotizar 100 dólares, cotizara 500 como ahora?" preguntó el economista, profesor universitario. "Iríamos por el tercer mandato de De la Rúa" respondió un interlocutor y entre los demás se avaló esa interpretación. "No -retrucó el economista- estaríamos en el primer mandato de Inés Pertiné". La risa en la disertación se replicó, el viernes pasado, en la juntada que Raúl Timerman, presidente de la Agencia Braga Publicidad, y primo del canciller cristinista, en el restorán Pizza Piola de Barrio Norte cuando Fernando Suárez Lastra relató la anécdota, oportuna para el invitado de ese mediodía, justamente Fernando de la Rúa que llegó junto a su primo, Eduardo, y el expresidente de la DAIA, Jorge Kirszenbaum, quien patrocinó al expresidente en el juicio por los sobornos del Senado. La difusión de ese fallo -o la escasa difusión en los medios- constituye una de las obsesiones de De la Rúa en estos tiempos no sólo porque según el tribunal determinó la historia que contó Mario Pontaquarto "no existió" sino que pidió investigar a Alberto Fernández, exjefe de Gabinete de Néstor Kirchner, por su intervención en el proceso que derivó en la denuncia de Pontaquarto -a quien, se contó allí, se le ofreció un cargo en el exterior que nunca se le otorgó- y además porque imputó falso testimonio a Aníbal Ibarra. De la Rúa habló de la sentencia, contó pormenores del juicio -como un episodio de lipotimia y el "careo" con Carlos Chacho Álvarez,
su renunciado vicepresidente- y algunas historias sobre Alfredo Palacios, pero luego se adentró en pormenores jugosísimos, que con la distancia adquieren otro color y dimensión, de sus últimos meses en el Gobierno.
Atentos, en corro, lo escucharon además del anfitrión Timerman, Suárez Lastra y Kirszenbaum, el inquieto Claudio Polosecki, los consultores Manuel Mora y Araujo y Juan Manuel Aurelio, el CEO de KPMG, Alberto Schuster, Soledad Peralta, gerente de la Fundación Banco Provincia junto a Karina Rabolini; el sciolista Roberto Reale que conduce la Subsecretaría de Modernización del Estado; Marcelo von Schmelling, al que muchos apodan "Maradona", asesor de Santiago Montoya, que lo llama el "alemán pobre"; y Ángel Mercado, director de Yacimientos Mineros Aguas del Dionisio, esposo de la gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci, y sobrino del fallecido Armando "Bombón" Mercado, a quien se asume como el hacedor del primer despegue de Néstor Kirchner, de quien era cuñado ya que estuvo casado con Alicia K. Pausado, mientras la mesa se encargó de las pizzas en horno de barro que se sirvieron como entrada y luego se repartió entre carpaccio de lomo, gambas en reducción de malbec y pastas varias -De la Rúa probó la tagliata di manzo alle erbe- con el multipremiado tinto Famiglia Bianchi que aportó, como un detalle personalísimo de cada encuentro, Timerman. Ante ese elenco, el expresidente comentó que durante el juicio, su exministro de Trabajo, Alberto Flamarique, relató que tres legisladores del Frepaso lo fueron a ver para que asuma públicamente como ciertos los sobornos, para de ese modo avanzar con un juicio político contra De la Rúa pero que se negó.
Pasada la evocación judicial, De la Rúa se detuvo en pormenores interesantísimos como que el 20 de diciembre, pasado el mediodía, el entonces jefe del Ejército, general Ricardo Brinzoni, le hizo llegar el apoyo de la fuerza y le ofreció intervenir militarmente ante la crisis social que se había desatado, pero que por medio de Ricardo Ostuni, su secretario y vocero, le hizo llegar la negativa, y que aquel mensaje le hizo entender, finalmente, que debía renunciar pero que no lo sintió en ese momento como una derrota sino como un gesto de "renunciamiento" porque su salida podía devolver la paz. Contó también que la noche antes, el 19, el entonces gobernador bonaerense Carlos Ruckauf hizo retirar a los efectivos de la Policía Bonaerense que custodiaban la quinta de Olivos. Esos episodios dieron lugar a otros, anteriores en el tiempo, que De la Rúa pidió relatar para entender el desenlace de aquellos días aciagos del 19 y del 20 de diciembre de 2001. Uno de los relatos que más interés generó en la mesa fue la charla que De la Rúa mantuvo, según contó entre ristrettos, con Raúl Alfonsín en octubre de 2001, luego del triunfo del peronismo en las elecciones de ese mes. "El peronismo quiere que la Alianza termine el mandato que empezó en 1999, pero que lo haga otro presidente" sugerencia que el expresidente entendió como un mensaje de Eduardo Duhalde. "Todos me decían: el peronismo viene por todo, pero nadie me sabía decir cómo lo haría", respondió cuando le preguntaron si había tenido algún informe de inteligencia sobre un "golpe" del PJ, en particular el bonaerense.
El otro tramo muy atractivo, y que De la Rúa por momentos contó casi como si se tratara de una comedia de enredos, estuvo ligado a la economía y al recambio de ministros. Atribuyó a José Luis Machinea la propuesta de poner a Domingo Cavallo como presidente del Banco Central en reemplazo de Pedro Pou, mientras daba indicios de renuncia. "Una mañana vino a Olivos a decirme que no habíamos cumplido las metas puestas por el FMI y que estaba pensando renunciar. Yo le dije que no era el momento y él se fue. Pero a la tarde apareció en los medios que se iba, "por eso yo después dije que me tiró la economía por la cabeza", precisó y recordó que nadie quería ser ministro: Adalberto Rodríguez Giavarini se excusó, quiso llamar a Roberto Lavagna pero "el partido lo rechazó", y tuvo que convocar a Ricardo López Murphy, que estaba en París. Cuando vino, contó De la Rúa, le pidió que no ajustara nada en Educación pero el ministro le dijo: "Yo ya hablé con el Financial Times" sobre recorte de gastos en esa área. La salida fue inevitable y cuando De la Rúa volvió a Olivos, luego de un viaje a Chile, se encontró con un tumulto de dirigentes radicales. En una reunión, unos gobernadores le dijeron que querían de ministro a Domingo Cavallo. "Si ustedes quieren a Cavallo que venga, anda por acá porque le iba a ofrecer la presidencia del Banco Central", dijo De la Rúa esa tarde, y adornó el dato con otro hecho desconocido para la mayoría: "Después vino Darío D'Alessandro a decirme que Chacho estaba dispuesto a volver al Gobierno como jefe de Gabinete si Cavallo iba como ministro de Economía". La Jefatura de Gabinete la ocupaba Christian Colombo y De la Rúa entendió que si Álvarez ya había dejado el Gobierno una vez, podría volver a hacerlo. Cuando se lo encontró en el juicio por los sobornos, le pasó esa factura: le recordó que en su renuncia a la vicepresidencia había hablado de irregularidades intolerables en el Gobierno, pero "unos meses después quiso volver a formar parte de ese Gobierno". Historias viejas pero que conviene retener.
Vamos a terminar con un chiste de profesionales de la salud mental.
Un psiquiatra visita un hospital de la especialidad. En la recorrida, le pregunta al director del neuropsiquiátrico cómo hace para decidir la internación o no de un paciente.
-Sencillo: después de la revisión y del interrogatorio le hago el test de la bañera.
-¿El test de la bañera? ¿Y en qué consiste, doctor?
-Muy fácil, doctor: llenamos una bañera, le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un balde y le pedimos que la vacíe.
-Ah, entiendo: una persona normal usaría el balde porque es más grande que la cucharita y la taza.
-No, querido colega: una persona normal sacaría el tapón. ¿Quiere una habitación con o sin vista?



Dejá tu comentario