Charlas de quincho

Edición Impresa

Quinchos de post-Pascua con la casa en orden, o casi, porque luego de la Obamamanía, y con muchos empresarios y funcionarios que debieron reprogramar vuelos a Punta del Este, las perspectivas inflacionarias para abril (eso se comentó en varios ágapes, como el cumpleaños de Juan Nápoli, titular de la Bolsa, en La Huella de José Ignacio) no eran del todo tranquilizadoras. Los encuentros fueron varios, y como fuimos de uno a otro también le contamos al lector los diálogos en la casa de Las Palmas de Gustavo Mascardi, en cuyo suculento asado hubo varias figuras del fútbol. Y, desde ya, todos los detalles del paso del presidente norteamericano por el país, más los vericuetos del viaje que emprenderá Mauricio Macri a Washington. Veamos.

La casa está en orden. Tras el paso de Obama, Mauricio Macri optó por recluirse en la estancia Lago Escondido de Joe Lewis, el británico nacionalizado norteamericano que hiciera aún más dinero que George Soros en 1992 apostando a la salida de la libra esterlina del Sistema de Cambios europeo. Lewis es conocido, además, por su torneo de golf, el "Tavistock Cup" que organiza todos los años en el mes de marzo en la Florida, evento en el que recauda millones de dólares para caridad. Lewis compró Lago Escondido en 1996; los anteriores dueños impedían el paso a turistas. Invirtió 80 millones de dólares en mejorar la zona e incluso quiso construir para donar un hospital y un aeropuerto pero pedidos oscuros de otras colaboraciones particulares lo hicieron desistir de los proyectos. Dentro de su predio da clases de computación y de inglés a los hijos de los habitantes de la zona. Su idea también era la de crear un orfanato pero sus abogados le recomendaron no hacerlo por las denuncias que le podrían crear. Optó entonces por colaborar por un centro cultural; en alguna oportunidad hasta hizo traer a entrenadores de fútbol europeo para que entrenen a los vecinos, amantes de ese deporte. Allí se quedó el Presidente todo el fin de semana junto con Juliana Awada y su hija Antonia. La breve estadía de Obama en el sur estuvo caracterizada por condimentos típicos de la seguridad presidencial. El más común era el de asegurar determinada agenda de encuentros que luego se modificaban a último momento.

Precisamente la cena del miércoles a la noche en el Centro Cultural Kirchner con el presidente Obama hizo postergar el viaje a Punta del Este de varios empresarios. Ante la escasez de pasajes aéreos debieron ir vía el aeropuerto de Carrasco en Montevideo. Es lo que le pasó por ejemplo a Aldo Roggio, Eduardo Tapia y familia, y a Adolfo Rodriguez Saa. Ya agotados de la obamamanía, los temas de conversación pasaron a ser más económicos. Por ejemplo que la inflación de marzo nuevamente viene bastante elevada y en torno del 5% tanto para el Estudio Bein como para el M&S (el de Melconian y Santángelo, que ahora dado que el primero está en el Banco Nación, es el estudio "S"). Según "Word Panel", el consumo de la canasta básica cayó un 8% entre enero y febrero. Ahora bien, si bien el presente no es fácil, hay bastante optimismo a futuro con un tema que cada vez va ganando más cuerpo: el blanqueo de capitales. El problema en varios empresarios es que para invertir en la Argentina no tienen suficiente "blanco" disponible. En paralelo, en varios países, Suiza por ejemplo, se está complicando por nuevas normativas, el mantener dinero no declarado con bancos cerrando cuentas de sus clientes. ¿Cuántos dólares podrían venir a la Argentina con un blanqueo? Banqueros, optimistas por cierto, señalaban que todo depende del costo o precio que le ponga al que quiere blanquear. Y si se mantiene la posibilidad eventualmente de mantener el dinero en el exterior para los que así lo desean. En caso de cumplirse estos requisitos, trepan a u$s 25.000 millones los cálculos de los banqueros. Varias eventos sobresalieron este fin de semana en Punta del Este. El primero fue el 46° cumpleaños de Juan Nápoli, titular de la sociedad de Bolsa homónima y vicepresidente del Mercado de Valores. En La Huella, en José Ignacio, juntó a 20 personas el sábado al mediodía, entre los que se hallaban su hermano José, Gabriel Martino (HSBC) y Florencia Perotti, Kony Strazzolini, Juan Pablo Gusmano (ex Goldman Sachs) entre otros hombres del mercado. La intensa lluvia y lo agradable del encuentro hicieron que recién a las 18 culminara lo que comenzó como un almuerzo de cumpleaños. Gustavo Barbero y Martín Pittaluga, dueños del célebre restaurante, se unieron sobre el cierre a la mesa. A la noche, Gustavo Mascardi fue epicentro de un variopinto encuentro en su casa de Las Palmas. Asado para todos y un vino tan generoso como de calidad. A lo del representante de futbolistas fueron Alejandro Dominguez, el paraguayo nuevo presidente de la Conmebol; Lorenzo Spadone, Fernando Niembro y el diseñador Carlo Di Domenico, entre otros. Todos prometieron repetir manaña en Asunción con la excusa de presenciar el partido entre la selección local y el alicaído -económico y futbolístico- Brasil.

En la previa de la charla del presidente Obama en la Usina del Arte hubo un intertesante almuerzo de emprendedores argentinos. Fue en la parrilla "El obrero", mientras aguardaban el inicio de la misma dado que había cuatro cuadras de cola para ingresar. Allí estuvo Mariquel Waingarten quien lanzara junto a su marido Gastón Frydlewski, en Estados Unidos y luego en otros paises, la empresa Hickies para reemplazar los cordones de los zapatos. En EE.UU. ya venden sus productos en las principales cadenas. En la Argentina recién ingresaron con un acuerdo con Topper. Ambos, Waingarten y Frydlewski ayudan a emprendedores argentinos a ingresar al difícil mercado norteamericano, tanto en lo legal, patentes y crear una sociedad, como en lograr financiamiento de fondos de inversión. Lo más reciente: la creación por un cordobés, de una mesa de luz inteligente, algo que ya despertó el interés de cadenas de hoteles. Otro: el reciclaje de velas de barcos en mochilas. Waingarten llegó a Buenos Aires desde Nueva York sólo para participar del encuentro con Obama. En "El obrero " se cruzó con Marcos Galperín, el argentino que creó "MercadoLibre" mientras cursaba en Stanford University, Andy Freire (el de "Officenet", hoy con Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires) y Mariano Meyer, secretario de Emprendedores y de la Pequeña y Mediana Empresa. Después del desfile de la valorada carne argentina en los platos vino el ingreso a La Usina del Arte, y el despliegue de Obama casi como si fuera una charla "TED".

La visita de Obama le dejó anecdotario de sobra al Gobierno para animar los quinchos del fin de semana en zona bonaerense y también por Villa La Angostura. Más allá del embelesamiento de Juliana Awada y el propio Macri con los Obama (tema que alimentó ampliamente los comentarios políticos, sobre todo por la profesional familiaridad que demostró el matrimonio estadounidense en su paso por el país), hubo datos en algunos actos que sirven para leer el código con el que este Gobierno organiza su vida social.

Sin dudas el cóctel-cena en el Centro Cultural Kirchner (que será rebautizado en algún momento pero el Gobierno no creyó que fuera este) provocó demasiadas confusiones en algunos concurrentes y muchas más en sus asesores de protocolo. El horario de la convocatoria, clásico para una cena en los Estados Unidos pero demasiado temprano para Buenos Aires, ayudó en esos mareos.

También que algunos invitados fueran notificados del evento sólo 24 horas antes, lo que originó corridas de vestuario y peluquería que hicieron protestar sobre todo a las mujeres. La vestimenta, entonces, respondió a ese canon. Las primeras damas optaron por un largo de pollera para cóctel, que no respondió a la convocatoria a una cena de gala. No importó demasiado porque las anécdotas de esa noche, incluida la ensamble de colores entre las corbatas de Obama y Macri y también los vestidos de las damas, pasaron por encima de cualquier desprolijidad protocolar.

De la lista de 476 invitados a esa cena, muchos de los que aparecen después del 400 tuvieron la confirmación que contarían con una silla recién 24 horas antes del evento.

En esos lugares, como es obvio, estuvieron algunos de los funcionarios que acompañaron a Obama, de los que en la Argentina tuvo noticias recién comenzada la visita. Son ajustes de listas que siempre deben hacerse en estos casos.

Hubo otros que llegaron al país sobre la hora. Es el caso de Bob Cox, exeditor del Buenos Aires Herald. El lunes de la semana pasada Cox estaba en su casa de Charleston, North Carolina, cuando recibió una llamada por teléfono del Departamento de Estado en Washington. Le comunicaron que el presidente Obama quería tenerlo en Buenos Aires junto con su esposa Maud, y Ted Harris, diplomático estadounidense que junto a Cox y Patricia Derian tuvieron un rol clave en salvar de la muerte detenidos por la dictadura. Cox, que tuvo que dejar la Argentina en 1979 y regresó muchos años después, aceptó inmediatamente y a las pocas horas estaba volando a Buenos Aires. Llegó casi al mismo tiempo que Obama y tuvo su silla en el CCK.

En el protocolo argentino a Gabriela Michetti ya la dan por casada formalmente. Juan Tonelli, con mucha relación entre empresarios, tenía hasta ahora el tratamiento de novio vicepresidencial. En la gala con Obama, donde ocupó junto a Michetti la mesa principal, comenzó a aparecer como "esposo".

No está absolutamente claro por qué el Gobierno decidió que no hubiera directivos de medios de comunicación en la cena con Obama. Por el contrario, y siguiendo una costumbre netamente washingtoneana, sí hubo figuras del show business y el cine local, como suele suceder en las galas de la Casa Blanca.

Mirtha Legrand tuvo su lugar entonces, aunque debió sufrir el cóctel inicial que siguió al besamanos con los Obama y esperar el tiempo en que una decena de invitados seleccionados se reunía a solas con el matrimonio estadounidense en un vip que se organizó allí.

En esa espera, Legrand no pudo más y enfilando hacia Alfonso Prat Gay casi suplicó: "Yo sé que vos sos ministro de Economía, pero por favor podés traerme una silla". El ministro, obviamente, cruzó el salón para conseguirla.

Quizá fue la euforia, el vino y el champán o la emoción de tener cerca a los Obama, pero lo cierto es que las damas presentes comenzaron a hacer transitar a Macri por un camino en el que en otro momento las mujeres también pusieron a Carlos Menem, cuando el riojano estaba en tren de asentarse en el poder. El comentario general fue que las presentes vieron al Presidente más buen mozo que cuando asumió, una cuestión de dudoso gusto que armó discusiones en algunas mesas como la que animaba Ani Mestre.


La visita presidencial no alteró la rutina de los martes en la residencia de Olivos desde principios de enero: el fulbito que se juega allí es un escenario obligado para los funcionarios nacionales. Puntuales, el partido comienza a las 20.

El martes pasado volvió a ganar el equipo de la Casa Rosada, por 5 goles contra 4. Los titulares fueron Marcos Peña, Rogelio Frigerio, Fernando de Andreis, Jorge Grecco, Javier McAllister, Diego Santilli, Sebastián García de Luca, y en reemplazo de Iván Pavlosky atajó Ezequiel Fernández Langan.

Para el equipo de Ministerios jugaron Andrés Ibarra, Carlos Melconian, Iván Petrella, Hernán Iglesias Illa, Germán Garavano, "la Coneja" Baldassi, Hernán Lacunza, Martín Ocampo y Santiago Otamendi.

Frigerio se despachó con tres goles y fue la gran figura de la cancha. El cuarto lo hizo el colorado MacAllister y el quinto un asesor. Los cuatro goles del equipo de Ministerios fueron de los goleadores usuales: Andrés Ibarra y Hernán Lacunza, otra vez de tiro libre. Los otros dos fueron de asesores. "Se arman el equipo para ganar siempre y el referí bombea para la Rosada", se quejaba pospartido uno de los derrotados.

Desde el banco de suplentes observaron los dos asesores jurídicos de Macri, Fabián Rodríguez Simón y José Torello. Ya en el asado, los temas obligados fueron la visita de Obama y la votación de holdouts en el Senado. "Vamos a tener buenas noticias en las próximas semanas, tenemos que prepararnos para lo que se viene", relataba un ministro.

El Gobierno de Macri está entusiasmado en que la agenda internacional de este año no se agotará tan rápido. Más con Obama, con el que el Presidente se cruzará en otras tres ocasiones en lo inmediato. Susana Malcorra se encargó, además de firmar acuerdos con Noah Mamet, de pulir los detalles de la visita de Macri a Washington para la Cumbre de Seguridad Nuclear. Macri llegará allí el próximo viernes y se reunirá casi inmediatamente con el presidente chino, Xi Jinping. Esa noche está prevista una cena en la Casa Blanca con 53 presidentes.

Macri hizo este fin de semana un ejercicio de equilibrio anticipándose a esa reunión. China es el principal inversionista de la Argentina en este momento y deberán cumplirse muchas de las promesas de inversión de Obama a largo plazo para que esa proporción se modifique.

Los estadounidenses que pisaron Buenos Aires con Obama participaron también en corrillos tanto en el CCK como en reuniones en la Amcham, que el futuro de las dos represas del sur en la que los chinos participan aún no está cerrado. Si esos contratos se pueden o no dar de baja aún es tema a discutir.

En Washington, Macri tiene un encuentro acordado con otra novedad para la política continental como lo es él en estos días: el canadiense Justin Pierre Trudeau, primer ministro de su país. En materia de marketing político le compite a Macri con una diferencia: tiene sólo 44 años y ya dirige un país. Además de Trudeau se reunirá con el indio Narendra Modi y volverá a verse con François Hollande. Modi, ya que cuenta con el respaldo de Francia, le pedirá a Macri que se sume también al apoyo a su país para ingresar al Nuclear Suppliers Group. La llave para entrar a ese selecto grupo de países la tiene el argentino Rafael Grossi, candidato a presidir la OIEA, el Organismo Internacional de Energía Atómica. El listado de bilaterales que divertirán a Macri en su paso por Washignton lo cierra el japonés ShinzAbe, que llegará a la suite del Presidente con la idea de recordarle al argentino que si quiere inversiones debe recordar que Mitsubishi estuvo de ronda por Vaca Muerta, claro está, cuando los precios del petróleo andaban por otros carriles.


Vamos a terminar con un chiste de un rubro clásico.

Manolo va a una feria y se compra unos anteojos de tecnología de punta que, según le promete el vendedor, le permitirán ver a la gente sin ropa. Encantado, se los coloca para probarlos, mirando el pasillo de la feria. Entonces observa que todas las mujeres caminan por allí desnudas. Se los quita y las ve vestidas, se los pone y vuelve a verlas desnudas. "¡Genial!", exclama. Paga los anteojos, muy caros, y sale a la calle. En una esquina hay una rubia espectacular que está esperando cruzar la calle. Manolo se pone los anteojos y la ve desnuda, se los saca y vuelve a estar vestida. "¡Qué maravilla, qué maravilla!", vuelve a exclamar. Y así, camino a su casa, vuelve a probarlos una y otra vez, viendo a todas las mujeres desnudas. Cuando llega a su hogar, y antes de abrir la puerta, se coloca los superanteojos, para ver sin ropa a su mujer. Al entrar allí está ella con su mejor amigo, en el sofá, sin ropa. Manolo se sonríe, se quita los anteojos, pero para su gran sorpresa sigue viéndolos sin ropa. Se los pone, sin ropa. Se los saca, sin ropa. Se los pone y se los saca, siempre sin ropa.

-¡La reputa madre! -exclama furioso-. ¡Nuevos y ya no funcionan! ¡Chinos tenían que ser!

Dejá tu comentario