Crecen las nuevas rutas del vino en Sudamérica

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Algunos aseguran que los vinos uruguayos hoy compiten de igual a igual con sus similares de la Argentina y Chile. Bodegas y enólogos del país oriental han merecido, en los últimos años, el reconocimiento mundial por su permanente búsqueda de niveles de excelencia en los distintos procesos de elaboración de sus caldos.

El clima y los terrenos fértiles para el desarrollo de los viñedos han facilitado esta evolución, así como la instrumentación de una política nacional de progresiva eliminación del azúcar, con la que en el pasado se aceleraban los procesos de fermentación y se aumentaba la graduación alcohólica. Los vinos uruguayos más premiados internacionalmente han sido los elaborados con la cepa Tannat (emblema de ese país), pero los hay también de muy buena calidad en otras variedades de tintos, rosados y blancos, tales como Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Pinot Noir, Riesling, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Existen a lo largo y ancho del territorio uruguayo 280 bodegas que producen vinos de calidad tanto para el consumo local como para exportar, algunas de las cuales tienen más de 135 años de antigüedad. Hoy hay casi 9.000 hectáreas de viñedos, que le permiten producir una media anual de 95 millones de litros de vino. Un diez por ciento de esa producción se exporta. Uruguay se ha incorporado a la selecta nómina de países que a través de la promoción del turismo enológico abren a los visitantes la posibilidad de recorrer sus bodegas y catar las bondades de sus vinos. Así como la Argentina, Australia, Francia, España y Estados Unidos llevan bastante tiempo en este camino de recorrer y cotizar las rutas del vino de sus tierras, también Uruguay decidió incursionar por el enoturismo.

«Senderos del Tannat» es un tour a las seis bodegas más destacadas. Los circuitos incluyen el traslado y degustación de vinos finos en las bodegas, acompañados de tablas de quesos y fiambres.

Con acento y sabor carioca

Brasil también apuesta fuerte al turismo del vino. Se trata de un país compuesto por una multitud de culturas que con fuerte identidad fueron volcando sus propios conocimientos evocando sus tierras natales. Europeos que fijaron sus marcas originarias en estas tierras, inmigrantes provenientes de distintas regiones de Italia, Portugal y Francia desenvolvieron en este lugar de América Latina un contexto memorativo con expresiones particulares, como lo es la añeja cultura del vino.

Si bien los mejores meses para visitar la regiones vitivinícolas son enero y febrero (cuando se realiza la vendimia), cualquier época del año es una buena excusa para conocer las virtudes de un mercado emergente que tiene con qué mostrarse al mundo.

En Sierra Gaucha, en el estado de Río Grande do Sul, la sierra y los valles marcan la belleza del Valle de las Viñas, en el municipio de Bento Gonçalves, destino ideal para quienes aprecian el enoturismo. En una área de 82 km2, que representan más del 50% de toda la producción vitivinícola del país, las vides y las pequeñas propiedades rurales dividen el espacio con explotaciones renombradas. A lo largo de los últimos años, los productores lograron destacarse en el mercado nacional e internacional por la calidad y personalidad de sus caldos.

Aventurarse en la región es descubrir sabores, no sólo de los vinos, sino también de jugos y mermeladas, especialmente preparados en los emprendimientos vitivinícolas. Además de la gastronomía, el turista disfruta del encanto de la arquitectura colonial de la región, inspirada en construcciones del Veneto y de la Calabria, en Italia.

Los municipios de Caxias do Sul (Valle Trentino), Cotiporã, Garibaldi, Nova Prata, Protásio Alves, Veranópolis, Vila Flores y Bento Gonçalves son parte de la ruta del vino.

Valle del río San Francisco

El valle del San Francisco, en Pernambuco, presenta una creciente consolidación en la vinicultura brasileña. Responsable del 95% de la uva de mesa cultivada en Brasil y de la producción de cinco millones de litros de vino por año, el estado viene destacándose como modelo de desarrollo para el Nordeste. La vinicultura pernambucana ya abarca un 15% del mercado nacional y emplea, directamente, a 30 mil personas en el valle de San Francisco, única región del mundo que produce dos cosechas y media por año.

Santa María de Boa Vista

A pesar del poco tiempo de emancipación política, el municipio de Laguna Grande ya ostenta una historia prometedora. La localidad, que en 1997 dejó de ser distrito de Santa María de Boa Vista para ser elevada a la categoría de ciudad, hoy es uno de los atractivos del Polo Vitivinícola de Pernambuco. El municipio posee una producción anual de 20,5 millones de kilos de uva y de siete millones de litros de vino, y exporta parte de este volumen a otros países y diversos estados brasileños.

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