7 de julio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

... Y lo que viene por delante es como todo en nuestro medio: una charada. A la que habrá que ir resolviendo y sin tener por sentado que aquello que se acertó una vez pueda durar para la siguiente. El contexto internacional continúa mostrando realidades que no concuerdan con la verborragia mediática. Las inyecciones de optimismo de gobernantes se derriten frente a los ratios de base que se van anunciando. Y en lo que hace al contexto local, el interrogante es si ciertas corrientes de actitudes seguirán el mismo curso, o si se podrán modificar hacia dirección más razonable. Si será la sangría de divisas una constante, o si el supuesto nuevo escenario político conseguirá contener el drenaje. Si es que habrá variantes muy notorias en las políticas que se llevan adelante, o si solamente será la ofrenda en sacrificio de algunos personajes de tono menor para que el llamado «modelo» prosiga siendo la conducta de las autoridades. Muy amplio el espectro que se debe digerir, demasiadas preguntas por contestarse, con un mercado bursátil que tiene a los bonos como estrella del programa -que aguardan el destape- y una nómina de acciones con excelentes trayectorias dentro del año. Hasta dónde se podrá insistir con los mismos nombres -a riesgo de saturarlos- es otra de las inquietudes que flotan. O si habrá un recambio, por el viejo cuento de jugar a las «atrasadas» y resucitando papeles con la sola virtud de haber quedado rezagados en precios, respecto de otros. Todo está bien revuelto, en ebullición, con la obligación de abrir operaciones a diario y consumir novedades de todo tipo.

Todo puede llegar a suceder, y es la única certeza que se puede asegurar. Ayer, ante quizás el asombro de muchos, hablábamos de cómo alguien que no le hace nada bien a la imagen del país -y con amplio poder- gran responsable de enviar a la Argentina a formar parte del desagradable grupo de países con calificación de «fronterizos» para la inversión acaso no sería aconsejable que fuera erradicado, en estos momentos.

Y el fundamento para ello es que en tiempos de debilidades políticas un pésimo modelo a seguir, puede ser mejor que una anarquía de variables que aceleren la imagen mala y la fuga de capitales.

Con las cartas políticas sobre la mesa, comienza el desarrollo del segundo semestre bursátil y la necesidad de apuntalar lo muy bueno conseguido, o que se empiece a notar la rajadura en lo hecho antes.

No hay paz para el inversor, siempre a la parrilla.