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SCIOLI SE BAJÓ DEL AVIÓN A EE.UU.

Daniel Scioli llevó a la mesa del almuerzo la consternación del peronismo por la salud de Alberto Balestrini, un personaje raro de la política que siempre ha jugado solo, ascendiendo hasta la actual vicegobernación. Esa trayectoria hace que todos tengan alguna deuda pendiente con él, pero todos también le deben algún favor. Eso explica la conmoción, que va más allá de la jerarquía del cargo que ocupa hoy. «Nunca un sí ni un no», se derramó Scioli. Dio por cerrada alguna inquina vieja de cuando Balestrini alentaba una renuncia del gobernador para que asumiese la banca ganada el 28 de junio, una quimera nacida en Olivos. «Nada es cierto, lo único que nos separaba era la sopa», dijo para sorprender a sus compañeros de mesa. «Sí, la sopa, porque almorzábamos una vez por semana; yo tomo sopa, él no». Apenas se sentó, avisó que no viajaría anoche a los EE.UU. junto con Cristina de Kirchner y que se sumará el lunes por la mañana a la delegación que va a la cumbre nuclear. En ese viaje estará junto a Néstor Kirchner. ¿Van a esa reunión técnica? «No, vamos a acompañar, sólo a acompañar».



ESCAPANDO DE LOS MANGAZOS

Julio de Vido parecía el más acosado por los empresarios presentes - un lote que incluía desde Sebastián Esquenazi a Santiago Soldati, pasando por Enrique Pescarmona, Jorge Brito, Marcelo Fernández, José Ignacio de Mendiguren, Guillermo Stanley, Hugo Eurnekián, Juan Carlos López Mena, Claudio Cirigliano, Aldo Roggio, Pablo Minardi, Carlos Wagner, Horst Paulman, Jorge «Corcho» Rodríguez - también avisó que no subía anoche al avión. Estará el lunes también pero con un pase para participar junto a Cristina de Kirchner en las cuatro meses de la cumbre nuclear que presidirá Barak Obama. Para diferenciarse trató de llamar la atención hacia otro negocio, el acuerdo que la Argentina firmará la semana que viene con Rusia, cuando llegue Dmitri Mevdevev. «Ojo, que ese es un acuerdo en serio». Le disputaba atracción su secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi. «No puedo venir a estos almuerzos porque todos me mangan, gobernadores, empresarios, no puedo caminar» se quejó. ¿Qué le piden, si todo está comprometido en el presupuesto? «No, hay mucho que no está cerrado y todos piden, caminos, puentes, puertos». En la mesa que compartió con el tunelero Eduardo Valdéz - operador del túnel trasandino a Chile que proyecta el grupo Eurnekián - y el secretario del Mercosur Agustín Colombo Sierra contó curiosidades de su vida política, como su amistad con el gobernador de Río de Janeiro Sergio Cabral. «Con Serginho soy como hermano desde que compartíamos las juventudes políticas. Por eso me tiene de cábala de campaña y cada vez que lanza una campaña quiere que lo acompañe a visitar una favela». También presumió este funcionario de tener también acuerdos en serio, como el que pretende firmar el gobierno de Australia para hacer un tren que una la cordillera con San Antonio Oeste para sacar productos de minería por el Atlántico.



POR QUE KIRCHNER QUIERE IR A UNASUR

En una mesa casi a contrafrente, lo sentó el protocolo del almuerzo presidencia al asesor y enviado discreto al tercer mundo y al planeta de los piqueteros, Rafael Follonier para que compartiese el lomo a la salsa con un grupo de legisladores chilenos. En la charla con un democristiano, un ex pinochetista y un ex comunista que se pasó a la Concertación trasmitió un optimismo definitivo sobre la elección de Néstor Kirchner como secretario de la liga regional Unasur. Sabe de eso porque ha sido el encargado de juntar de a uno, personalmente, todos los votos de los países que integran ese sello. «Ya tenemos los votos de todos, menos de Guyana, que se lo dejamos a Taiana. Además ese país siempre vota último y se pliega a la mayoría. Con eso tenemos ya la unanimidad para la reunión del 4 de mayo en Buenos Aires». Lo más jugoso que se conoció en esa mesa es la verdadera razón por la cual Kirchner quiere esa dignidad. No es porque quiera dedicarse a la política internacional, ni porque le guste viajar, o porque crea que ese invento de Lula y de Eduardo Duhalde para mortificar a la OEA sirva para mucho, La verdadera razón es que no aguanta más ser diputado. «No puede caminar por el Congreso porque lo asaltan todos los diputados, asesores y curiosos para mangarlo, para pedirle cosas. Es imposible que pueda hacer algo como diputado», dice la explicación. Follonier no se prestó a repreguntas porque a mediodía de ayer tenía tres almuerzos, el de Piñera, otro con el vicepresidente de Bolivia Alvaro García Linera, que despachó en pocos minutos para ir al tercer almuerzo, el que le ofreció Antonio Cafiero al ex presidente Martín Torrijos, que participa de la cumbre socialista que presentó Ernesto Sanz. Este, de paso, fue una de las raras presencias opositoras en el almuerzo de ayer, algo que dejó pasar el protocolo a,l asignarle una mesa más que lateral.



JULIAN: EL CAMPO ES BUENA GENTE

Rientes, los ministros del gabinete se repartieron entre las mesas de empresarios y gobernadores (Celso Jaque, José Luis Gioja, Walter Barrionuevo, Luis Beder Herrera, Maurice Closs). En un rincón, Julián Domínguez se esforzó ante quienes le preguntaban por negar que alguna vez disputase espacios con Guillermo Moreno. festeja este funcionario haber logrado bajar bastante al conflicto del campo de los titulares de los diarios. «No me peleo con nadie, ni con los dirigentes del campo, son buena gente, buena gente... lo digo en serio». Lo escuchaban Beder Herrera y Zannini, que habían saludado a Agustín Rossi por haber frustrado la sesión de Diputados que iba a voltear al DNU de reservas. Con pocas ganas de festejar, el diputado musitó ante pocos: «No sé cuánto va durar. en algún momento nos van a ganar». Se distrajo también con anécdotas de la interna política de Rosario, que adelantó ayer otro nombre para la carrera por la intendencia local, el del peronista Juan Carlos Venesia, ex funcionario de la gobernación de Jorge Obeid.

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