“El silo racionaliza la explotación agropecuaria”

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En tiempos de cosecha y almacenamiento el silo es fundamental para el campo y se transforma en una herramienta que, lejos de mantenerse estática, evoluciona al compás del avance del sector. Eloy Juez es un experto en la materia, ya que es responsable de toda la capacidad de almacenamiento de Terminal Quequén, Asociación de Cooperativas Argentinas filial Necochea, del grupo Glencore, de la desaparecida Genaro García, de la Cooperativa de Agricultores Federados y de muchos acopiadores de la zona con plantas en la ciudad de Necochea.

Periodista: ¿Cómo evolucionó la construcción de silos?

Eloy Juez: Si entendemos como silo a un contenedor vertical para almacenar materiales a granel, podemos incluir dentro de esos materiales forrajes y granos en general. Los materiales más utilizados para la construcción son la chapa y el hormigón. La evolución tecnológica de estos materiales ha sido acompañada por los cambios en la tecnología de la construcción. Antiguamente se hacían silos de mampostería de ladrillos con barras de hierro a diferentes alturas que cumplían la función de zunchos. Desde que apareció el primer silo de forraje en Maryland en 1876, cobró rápida difusión en EE.UU. hasta constituirse en la actualidad en un elemento fundamental para la racional explotación de un establecimiento agrícola o ganadero.

P.: ¿Desde qué sector proviene la mayor demanda?

E.J.: De las cooperativas y semilleras, con silos en el caso de las primeras en el orden de 2.500-3.500 toneladas y hasta 5.000. En el caso de las terminales de embarque son silos de 25.000 toneladas. Los productores también invierten en almacenaje en sus instalaciones, pero por la imposibilidad de tener en muchos casos acceso a sistemas de control de temperatura, aireación, secado en caso de recoger con mucha humedad, control de plagas etc., esta demanda se limita a silos del orden de 200 a 300 toneladas.

P.: ¿Cómo cambió el mercado con la aparición del silo bolsa?

E.J.: La aparición de los silos bolsa data de 2001, como adaptación del productor argentino a los cambios de tecnología. Modificó la comercialización sustancialmente. El productor se convirtió en administrador de sus necesidades, manejando su propio stock de granos y sus necesidades de venta; eliminando el castigo de precio, al no colaborar con la concentración que se produce en épocas de cosecha. Si la siembra se realiza en campos alquilados, es muy difícil que quien arrienda realice inversiones permanentes; los silos bolsa solucionaron dicho problema, permitiendo mantener mínimas condiciones con respecto al lugar de ubicación de la bolsa y la forma de llenarla, el mantenimiento de los granos. El riesgo de mantenimiento aumenta almacenando granos con tenores de humedad altos, pues existe la posibilidad del desarrollo de microorganismos anaeróbicos. La temperatura exterior también influye en el comportamiento interior; se interpreta que los granos húmedos almacenados en invierno tienen mejor comportamiento que en verano.

P.: ¿Qué materiales y cualidades tiene que tener un silo de última generación?

E.J.:
Los materiales mencionados -chapa y hormigón- son los que tienen las mejores cualidades, siendo superior el hormigón. Los enemigos de los cereales son pájaros, roedores, insectos y microorganismos. Una primera impresión nos permite afirmar que cualquier tipo de silo protege al cereal de los dos primeros enemigos. No ocurre lo mismo para los dos últimos, ya que el único silo que evita la reproducción de ellos es el de hormigón. La razón de ello estriba en que son herméticos y atérmicos. Estas propiedades inherentes al hormigón constituyen por sí mismas un seguro de vida para el cereal.

P.: ¿Cómo cambiaron las normas de seguridad en la construcción de silos? ¿Qué es lo que se prioriza, lo que piden las empresas y lo que ofrece el mercado?

E.J.:
Cambiaron desde dos puntos de vista. Desde la construcción se manifiestan cambios en las tecnologías utilizadas, desde la utilización de las dovelas y la mampostería, hasta los silos de chapa y hormigón construidos con encofrados deslizables, cada una de ellas con sus propias normas de seguridad. Desde el cálculo de las presiones que soportan las paredes y los pisos o las tolvas, según corresponda, en el momento del llenado y en el vaciado, la seguridad está dada por la utilización en el cálculo de dichos esfuerzos de diferentes normas, según cada tipo de silo. Las prioridades tanto de las empresas como del mercado son similares, puesto que en todos los casos se prioriza la estabilidad, la durabilidad y la relación costo/capacidad de almacenaje. En ese sentido, cuanto mayor es la capacidad de almacenaje menor es el costo por tonelada.

Entrevista de Patricia Van Ploeg

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