22 de febrero 2013 - 00:00

KLM, en deuda con sus pasajeros

La lectora de turno, Carla Vanesa Repetto, abogada de profesión, escribió a la redacción de Ámbito del Placer para contar una amarga experiencia de un viaje en avión que realizó junto a su marido, en la reconocida línea aérea de bandera holandesa. El destino final fue Europa, pero eso es parte de otra historia.

La experiencia de volar puede ser a veces la parte menos placentera de las vacaciones.
La experiencia de volar puede ser a veces la parte menos placentera de las vacaciones.
En mi vida viajé peor en una compañía aérea y tuve la suerte de viajar por varias en diferentes países. KLM, la compañía que tiene título de realeza, parece que ya no hace gala de su historia y el buen servicio quedó en el pasado. La odisea comenzó una mañana de agosto en el vuelo KLM 708 con conexión a París por el vuelo KLM 2017. El primer problema devino en el inicio mismo del viaje. Mi asiento estaba roto. Es decir, cuando posicionaba el asiento en posición recta, éste se reclinaba automáticamente. Un grave problema si consideramos que es la posición obligatoria de despegue y aterrizaje del avión. Al hacérselo notar a la azafata, no sólo no me solucionó el inconveniente sino que se negó a darme un lugar alternativo, al menos para poder despegar y aterrizar como corresponde, con el asiento en posición de 90 grados y el cinturón de seguridad puesto como indican las normativas vigentes.

Evidentemente no era la única butaca con problemas. La pasajera del asiento de adelante de mi marido padecía el mismo inconveniente. Producto de esto, durante la cena, la persona mencionada hizo un movimiento brusco y volcó la bandeja encima de mi pareja. Ergo, terminó lleno de gaseosa, vino y salsa en sus pantalones y en sus pies. Obviamente, al no tener otro asiento ni respuesta de parte de la empresa, viajó más de 10 horas empapado y con la butaca sucia.

Para evitar tener los pies mojados le pedimos un par de medias (de esas que entregan en los kit de primera) a la zafata. La respuesta fue "trajimos justo una por asiento, no tenemos más". Viajó descalzo. Obviamente no iba a ser en vano viajar tantas horas empapado, el premio fue un resfrío que le generó estar medicado los 7 primeros días del viaje a Europa. Párrafo aparte merece la suciedad del avión en sí. Directamente parecía que no lo habían aseado antes de salir.

Mi disgusto no termina ahí. En el vuelo de París a Roma de American France (AF1204) tuvimos otro inconveniente. Al llegar al aeropuerto de Roma recibimos una de las valijas despachadas destrozada. La verdad dudamos si reclamar o no y finalmente lo hicimos en el lugar. Gentilmente tomaron nuestro reclamo, certificaron que la valija se rompió estando en custodia de la compañía. Se disculparon e incluso admitieron que es algo que les ocurre seguido. Esto evidentemente era cierto ya que junto a nosotros había varios pasajeros quejándose y reclamando por su equipaje.

Algo similar nos ocurrió en el vuelo desde Roma a Ámsterdam (KLM 1596), cuando otra de las valijas despachadas llegó rota. Mismo proceso, reconocimiento por parte de los empleados de la compañía. Pedimos que nos paguen la valija y se negaron, argumentando que teníamos que reclamarlo en las oficinas de Buenos Aires. Obviamente, tuvimos que comprar valijas nuevas. A la vuelta, nos excedimos en unos kilos y nos cobraron exceso. Pedí que nos descontaran de las valijas que debían pagarnos y la respuesta de la oficina de la empresa en Schiphol fue "primero pague y después reclame en otro lado". Probablemente, a la futura reina Máxima no la atiendan como a nosotros. Es cierto: la casa real de Orange Nassau ha tenido por varios años acciones de la compañía, yo soy una simple turista que pagó con esfuerzo unos u$s 2.000 cada pasaje y ni cerca estuve de viajar como princesa.

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