La actividad demanda más seguridad jurídica

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La consecuencia de la turbulencia ge-nerada a nivel internacional por las hipotecas subprime, el colapso inter-no a partir del conflicto con el campo y el clima político inestable de estos momentos es un cóctel explosivo que produjo una retracción general del mercado.

De cualquier manera, hay que notar que dentro de este contexto podríamos definir esta retracción como llamativamente moderada.

El hecho positivo para nuestro mercado, apalancado con capital propio, ha sido precisamente no estar endeudado, lo que motivó que el grueso de la gente no tuviera necesidad de vender y, contrariamente a lo sucedido en épocas recientes, volcara sus ahorros en el ladrillo como refugio de inversión. Esta situación balanceó el mercado y evitó una importante baja en la propiedad.

SEGMENTACIÓN

El sector inmobiliario se encuentra muy segmentado y con diferentes respuestas acordes con la envergadura, características y ubicación de la propiedad. Sin duda, las unidades chicas son las más requeridas y el resto mantiene su público. A pesar de esto se observa que hay demanda de tierra para construir. Evidentemente, se apuesta por una mejor situación que constituya una ventaja al momento de una reactivación más importante en el mercado.

Ya hay algunos signos positivos en ese sentido en los mercados inmobiliarios del exterior, que oxigenan algo las decisiones. Hay también expectativas de suba en los precios y la demanda internacional de commodities y si el clima, nefasto últimamente, mejora, provocará ingresos muy importantes que se volcarán seguramente al sector inmobiliario.

También deberá volver paulatinamente el crédito. Esto se dará indudablemente dentro de un contexto general de mayor estabilidad y confianza.

Habrá que despejar los fantasmas provocados por situaciones a contramano de la inversión con proyectos trasnochados como el reciente intento de la modificación a la ley de alquileres, que lo único que produjo fue una reacción contraria, negativa y recesiva.

Entre otros aspectos, habría que frenar la salida de capitales, incentivando la inversión, con férreas políticas de fondo. Dar facilidades a quien invierta y sobre todo seguridad jurídica para fomentar la construcción, que es una invalorable fuente dinamizadora de la economía. Tengamos en cuenta que se estima un déficit habitacional de 3,5 millones de viviendas.

Cuando la inversión se vuelca a la propiedad, ésta ingresa mayoritariamente al mercado de alquileres, ampliando ostensiblemente el stock de ofertas y, consecuentemente, provoca un beneficio para quien tiene que acceder a la vivienda debido al mayor número de propiedades a elegir y también a la estabilización de los valores.

Finalmente, considero que el año próximo va a ser activo, con valores estables en comparación con los actuales, sin mayores cambios, por lo que, de no haber diferencias sustanciales en la cotización del dólar y de no existir algún imprevisto, aventuro un 2010 favorable para nuestro mercado.

Como presidente del Colegio Único de Corredores Inmobiliarios de la Ciudad de Buenos Aires, debo recordar que siempre debe exigirse para realizar una operación un profesional matriculado.

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