La dolce vita ahora es una pasión turística

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Cuando Federico Fellini estrenó en 1960 su famosa película «La dolce vita» (La dulce vida) expuso una emotiva pintura de aquella Italia del resurgir económico, tras la Segunda Guerra Mundial. A través del personaje de Marcello (Marcello Mastroianni) describió esa década y media en la que el país creció y vio nacer a grandes artistas y popes de la moda.

También fueron tiempos de consumo y de «americanización». Medio siglo después, todo el mundo sabe qué significa «vivir la dolce vita», algo que, de hecho, es lo que cada vez más busca el turismo que masivamente viaja a la Italia actual.

La tendencia se da, paradójicamente, en una época en la que la crisis le gana la pulseada al optimismo. Pero el mundo del turismo se maneja con motivaciones especiales, algo que encuentra evidencia en los visitantes que llegan a una Italia que atrapa en forma creciente a viajeros ávidos de disfrutar la oferta cultural, los hoteles de lujo, las apetitosas comidas, los buenos vinos y el glamour de las mejores marcas de moda.

Encuesta

Así lo revela una encuesta hecha a unos 600 operadores turísticos internacionales, realizada en forma anual por TTG Incontri, la organizadora de la feria comercial de la industria turística líder en Italia. «Italia es considerada un destino de lujo cada vez con mayor frecuencia», sintetizó Paolo Audino, funcionario ejecutivo de la mencionada firma.

Al observar las razones principales por las cuales los turistas optan por Italia, éstas develan lo mucho que ha captado la atención el estilo de vida. Según la encuesta, por segundo año consecutivo tanto el vino como la comida (incluidos en una única categoría) se mantienen en la cima en términos de preferencia de los visitantes, seguidos de las atracciones culturales.

Las visitas a los spas ocupan el tercero y cuarto lugar, respectivamente, mientras los tours de compras se ubican en el quinto, lo que no sorprende debido a la atracción que ejercen las marcas italianas de fama mundial como Gucci, Prada, Ferragamo y Armani, entre otras. Sobresale el hecho de que Italia ocupa el segundo lugar a nivel mundial, detrás de Francia, como poseedor de marcas de lujo de bandera propia, tomando al sector en forma amplia, es decir, abarcando productos que van desde moda y joyería hasta automóviles y hotelería, por caso. A su vez, la romana Via

Veneto integra la élite de las principales calles comerciales del mundo, una cualidad que ostenta hace varias dé-cadas, algo que también fue descrip-to en la inolvidable película de Fellini. La Via Condotti es otra arteria romana dedicada a las grandes marcas.

«La oferta como un todo es vista en el contexto de un destino de alto nivel, con precios altos y un esperado grado de calidad superior. Los turistas extranjeros ya no comparan a Italia con otros sitios más económicos, como Grecia, España o Croacia. En cambio, la comparación es efectuada con Francia, algunos países asiáticos como Japón y otros destinos exóticos», agregó Audino.

Italia también se revela como un destino familiar, sector que agrupa al 70% de los paquetes vendidos por operadores turísticos extranjeros. A su vez, en términos geográficos, los viajantes extranjeros continúan bajo el hechizo hipnótico de tres regiones en especial: Toscana -requerida por clientes del 86% de los operadores turísticos internacionales- Véneto y Lacio.

Las tres regiones más visitadas se sustentan en gran parte gracias a sus capitales: Florencia, Venecia y Roma, respectivamente, que están repletas de hermosos edificios históricos, hoteles de lujo y algunas de las ofertas culinarias más refinadas.

Vale mencionar que Italia se mantiene como uno de los destinos más buscados por el turismo mundial, tal como indican las cifras recientes provistas por la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas, que indican que la península ocupó el quinto puesto entre todos los destinos del mundo en 2011, atrayendo un poco más de 46 millones de visitantes.

Aun así, la industria turística itálica todavía flaquea en algunos puntos, incluyendo la oferta hotelera que no siempre está a la altura de los estándares internacionales, las tarifas que no siempre son claras y las promociones engañosas de operadores locales en mercados extranjeros.

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