“La gastronomía es la puerta de ingreso a lo mejor del turismo local”

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Platenses de nacimiento, Carlos María Contino y Mabel son pareja desde hace casi tres décadas. Trabajan juntos en el sector turístico desde entonces. Compañeros de vida y de ruta, el matrimonio decidió sumarse a la sección «Viaje de lectores» para contar las experiencias en sus visitas a las rutas gastronómicas locales. «Prometo escribir sobre un viaje maravilloso que hicimos por toda Europa, pero con tiempo», se compromete Contino. Le tomamos la palabra.

Llevo 26 de casado, y desde entonces me une a mi pareja -entre tantas otras cosas- la pasión por viajar. Nuestro trabajo, en el área de turismo, y ser parte de la misma empresa, nos permitió descubrir juntos el mundo. Desde aquel viaje de tres meses con las mochilas a cuestas por Europa, a fines de los 70, hasta esta última escapada a Mendoza que acabamos de hacer en agosto pasado, hemos conocido todo: mar, montaña, playa, ciudad. Nos alojamos en inmensos complejos hoteleros en ciudades consagradas, pero también en precarios campamentos en los lugares más inhóspitos. Pasamos de la pasividad de una playa del Caribe a la efervescencia de ciudades como Nueva York o Shanghái. De la pobreza en Nueva Delhi al lujo de Dubái...

Como cualquier viajero frecuente, nuestra idea fue siempre conocer más, y en el afán de conocer, un día nos dimos cuenta de que habíamos recorrido mucho, pero que no conocíamos nuestro país. Fue así que decidimos armar itinerarios dentro de la Argentina, y desde hace unos años sólo hacemos viajes de cabotaje. Hace dos años, a raíz de la proliferación de las rutas gastronómicas, decidimos ir en busca de los sabores de nuestra tierra. Lo interesante fue descubrir que estos recorridos gastronómicos (siempre viajamos en auto a pesar de que en algunos casos las distancias son grandes) son una puerta de ingreso a lo mejor del turismo nacional.

¿Cómo es esto? Imposible ir a Tucumán en busca de la empanada campeona del mundo (un circuito entre San Miguel, Yerba Buena y Famaillá) y no tentarse con una escapada a los Valles Calchaquíes. Con Mabel coincidimos en que Tafí del Valle es uno de los lugares más maravillosos del mundo. Una sensación parecida nos dejaron pueblitos como Villa Traful y Pehuenia, en la provincia de Neuquén, lugar de paso en nuestra travesía en busca de los sabores patagónicos, un camino que incluye las provincias de Río Negro y Chubut y que reúne establecimientos productores y elaboradores de frutas finas, carnes ahumadas, licores de frutas, chocolate, cerveza artesanal y carnes especiales como guanaco, jabalí o yacaré.

En Córdoba, los salames y quesos nos llevaron de paseo por Colonia Caroya, Oncativo, Villa María y Luque. Los cabritos (chivitos) nos llevaron de viaje por el valle de Traslasierra, repleto de microemprendimientos productores de miel, repostería artesanal, comidas de origen alemán. El paisaje tiene contrastes increíbles. Una parada en Mina Clavero y una visita obligada a la Villa de Merlo, en la vecina San Luis, completaron uno de los viajes en auto que más disfrutamos. También en auto llegamos hasta Corrientes y Misiones, dos provincias que se unieron para mostrar la Ruta de la Yerba Mate. Lo interesante en este caso es que aprovecharon la movida para mostrar sus atractivos emblemas, como las Cataratas del Iguazú, las Misiones Jesuíticas, los Saltos del Moconá o los Esteros del Iberá, ya del lado correntino.

Pero si hay productos que identifican a los argentinos en el plano internacional son el vino y la carne. Y la mejor combinación de ambos se da en Mendoza, con el agregado de un atractivo turístico de una provincia que lo tiene todo. Mendoza integra la red de capitales vitivinícolas del mundo, junto con Melbourne (Australia), Bordeaux (Francia), San Francisco y Valle de Napa (Estados Unidos), Porto (Portugal), Bilbao y Rioja (España), Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Florencia (Italia) y Mainz-Rheinhenssen (Alemania). Lo increíble es que con estos pergaminos llegás en busca del vino mendocino con la idea tomar buen vino, conocer un par de bodegas y ver lindos paisajes, pero terminás descubriendo una provincia que te atrapa y no te deja ir. En principio, y en referencia a la industria vitivinícola, hay mil formas de conocer la ruta del vino: en caballo, en bicicleta, a pie, a bordo de un Citroën 3 CV, en vehículos 4x4. Desde pequeñas cavas atendidas por sus propios dueños hasta grandes emprendimientos con tecnología de última generación. Existen más de cien establecimientos habilitados para recibir turistas en cuatro valles productores: Centro, Valle de Uco, Sur y Este de la provincia.

Podés ir a pasar el día a una bodega, pero también dormir entre vinos y viñedos al pie del Aconcagua, comer un costillar mientras degustás el mejor Malbec del planeta y -casi sin querer- muchas veces terminás esquiando en Las Leñas o en Penitentes, o disfrutando de la que -personalmente- considero la ciudad capital más hermosa de la Argentina o haciendo cualquier actividad que te proponen decenas de agencias especializadas en turismo.

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